sábado, 25 de marzo de 2017

Barbie en Fundación Canal

Parece mentira lo que una exposición gratuita puede ofrecer a veces.
Si creía que iba a ver una exposición sobre los modelitos de Barbie y su cambio de imagen desde su creación hasta nuestros días, me quedaba más que corta.
La exposición de "BARBIE Más allá de la muñeca" es precisamente eso: algo que va más allá.


Claro que se pueden ver las primeras Barbies, de 1959 y de la década de los sesenta, con sus mofletes hinchados, sus ojos rasgados y su pecho pequeño. Después las que yo conocí entre los 80 y los 90, con unas caderas inexistentes y un culo totalmente plano, mientras que sus enormes pechos retaban a la fuerza de la gravedad. Y, finalmente, las más actuales, la serie de alta, baja y curvy, para dejar atrás precisamente ese cuerpo que apareció en mi infancia y que tanto fue criticado.

Pero, si bien creí que había terminado la exposición en la primera sala (bastante extensa para una exposición gratuita, la verdad), enseguida me di cuenta de que la exposición continuaba.
Barbie en el mundo, Barbie profesiones...

Aunque lo mejor estaba por llegar: Barbie diva, Barbie de alta costura, Barbie de fantasía, Barbie reinas, Barbie actriz, Barbie cantante y un largo etcétera.

A continuación muestro muchas de las fotografías que tomé.
Son muchas, sí, porque me fascinó lo que vi a pesar de que no soy una gran fan de esta muñeca. Pero invito a todo el mundo a acercarse a la Fundación Canal (si vives en Madrid y si pasas por aquí de visita) y disfrutar de este despliegue de muñecas. Supera en mucho a lo que aquí muestro. ¡Hasta el 2 de mayo!







viernes, 17 de marzo de 2017

¿Pensando en un bralette?

Es curioso cómo a una le ha podido gustar algo durante años sin saber que tiene un nombre... Y, cómo no, cuando una descubre que tiene dicho nombre no se sorprende de ver que el nombre es de procedencia francesa o anglosajona. Como casi todo en el mundo de la moda. Me refiero en este caso al bralette. Mucho más chic por eso de provenir del francés.

Durante muchos años fui seguidora del blog de Rumi Neely. Me gustaban mucho sus looks en apariencia sencillos pero siempre cargados de glamour. Telas vaporosas, transparencias, superposiciones... Me parecía que tenía un gusto muy especial y, por otro lado, ¡que vivía en un lugar cuyo clima le permitía estos conjuntos! Rumi era asidua a los bralettes y le gustaba lucirlos (entre otras prendas de ropa) a la vista o sugeridos: aquí una puntilla, aquí un tirante. También llevaba mucho tops lenceros y, si bien estos últimos no me llamaban puesto que los viví en los 90 y con un tipo bastante distinto, me llamaban la atención los ya mencionados bralettes.


En aquel entonces los llamaba "sujetadores sin relleno", "sujetadores con copa triangular" o "sujetadores con faldilla". Y es que los bralettes tienen un poco de todo esto. Hoy hablan de ellos como una mezcla del sujetador de toda la vida (si bien en su versión más femenina y sofisticada) y el crop top, otra prenda para mí también endemoniada por ser descendencia directa de los 90.
¿Los 90 de nuevo? ¿Estamos hablando acaso de las Spice Girls? Porque Mel B era una abanderada del sujetador a la vista y Mel C del crop top...
Pues no, no y no.


Tuve un par de ellos. Me parecen perfectos para quienes tenemos poco pecho. Son bonitos, sensuales y, aunque en mi caso no me gusta llevarlos a la vista, se siente una sexy hasta con una simple camiseta.
Pues ahora vuelven, están muy de moda y hay quien se atreve a llevarlos como si de una camiseta se tratase. No es para mí pero, lo reconozco, ¡son una pasada! Hay mucho donde escoger y, sin duda, en cuanto acabe con la lactancia iré a buscarlos (¿se habrán acabado para entonces? porque con la moda nunca se sabe...).

Como comentan aquí:

"Las transparencias siempre serán una apuesta segura para lucir sobre cualquier modelo; los de tamaño mínimo de encaje o blonda pueden asomarse a través de los tirantes y bajos de camisetas cropped de algodón, pero también mostrarse gracias al recurso francés por excelencia (y universalmente conocido) de dejar abierto un botón de más en la camisapara enseñar la parte central. O, por qué no, que esa blusa actúe como chaqueta ultraligera, sujetada únicamente por los cierres finales, para dejar ver un bralette más tupido"

¡A la búsqueda del bralette perfecto!


*** Sobre Rumi Neely, ya que la he mencionado, hace mucho que no sigo su blog. En un momento dado me empezó a parecer repetitivo y, sinceramente, ahora que he hecho nuevas búsquedas ya no me parecen las suyas imágenes bonitas. Es algo subjetivo, supongo, pero por ahí se dice de todo... Sólo ella sabe lo que hay pero tiene sus fans y supongo que ella se siente a gusto.

lunes, 6 de marzo de 2017

Grace and Frankie

Con mi permiso de maternidad, la excedencia y la exitosa irrupción de Netflix en nuestra casa, el poder ver series a la carta ha copado buena parte de mis mañanas los días de mal tiempo.

Ha habido auténticas maravillas (lo comentaré en otra entrada, ya que he visto muchas series en muy poco tiempo), pero hoy me gustaría reseñar "Grace & Frankie". Quizá no diga mucho el nombre, no he oído nunca a nadie hablando de ella en la calle, pero creo que merece la pena verla por muchas razones. Y, quizá, la más llamativa: que los protagonistas son sexagenarios y septuagenarios. Y muchos dirán: "¿Qué me importa a mí esa serie? ¿Qué tengo en común con los protagonistas?". Pues yo respondería que, bien, quizá hoy yo no sea esa mujer sexagenaria, pero podría ser su hija, su nieta... y algún día seré ella. Además, ¿qué tengo yo en común con Daredevil o con Sherlock Holmes? ¡Pues eso!

La serie arranca con una idea cómica (aparece en la sinopsis de la serie, en la intro y en los primeros diez minutos del primer capítulo): a estas edades, los maridos de Grace y Frankie les dicen, durante una comida en un restaurante, que quieren divorciarse porque hay otra persona. Y esa persona es... ¡el otro! Les confiesan llevar décadas siendo amantes y ellas jamás lo habían sospechado. Eran compañeros de trabajo, amigos... ¿¡pero amantes!?

Parte de la primera temporada (de momento hay dos) gira sobre este descubrimiento. Sobre el trauma del divorcio, la explicación de un divorcio a hijos de treinta y cuarenta años, el salir del armario a esta edad (de cara a socios de negocios, tus hijos, tus nietos...).

Pero, para mí, lo más importante no es esto. Y es que la serie empieza a hablar de otros temas para mí mucho más trascendentales.
Porque Grace y Frankie no tienen nada en común. Grace (Jane Fonda) es una mujer de negocios, con sus joyas, con sus tintes, con su ropa conjuntada; levantó una empresa de cosméticos que va viento en popa y tiene la familia perfecta de cara a la galería. Frankie (Lily Tomlin) es una mujer que vive la vida con entusiasmo y con principios pero que no valora tanto lo material: es hippie, fuma marihuana, es una pintora, una artista, una activista... Y cuando sus maridos se divorcian ellas ponen tierra de por medio y se mudan al chalé que los cuatro compartían en los Hamptons. El chalé de fin de semana que comprado entre cuatro era posible y que ellas ven como el "nido de amor" de sus ex y hoy el único lugar en el que refugiarse.

Y, así, ahí van los temas que más me han interesado:

    * Menospreciamos la tercera edad, como si fuese un momento de declive.
A menudo se representa en las series y en las películas la problemática que viven adultos, adolescentes, minorías étnicas, mujeres... Pero no es tan común que veamos gente mayor en una serie o en una película con un papel protagonista. Incluso en nuestra vida diaria, parece que la gente (ya ni mayor), cuando se jubila, "desaparece". Pasa a un segundo plano y no se les considera ni población activa (no lo son en cuanto a lo laboral pero, ¿qué ocurre con el ocio, por ejemplo?) ni población objetivo para publicidad a no ser que hablemos de compresas para retener los escapes de orina o el pegamento para la dentadura.
¿De verdad? ¿Es esto lo único que podemos pensar de nuestros mayores? ¿Somos tan inconscientes como para pensar que nosotros también llegaremos a los 60, a los 70, nos jubilaremos, y nos sentaremos para siempre en un sillón orejero, sin hacer nada y sin consumir nada, sin, en definitiva, vivir?
Cierto es que en determinados momentos y según la vida que se haya llevado y la herencia genética, los problemas de salud pueden llegar. En la serie vivimos de hecho un infarto y una muerte. Pero es parte de la vida y así se trata. De hecho, hablar de cáncer, de muerte, de tratamientos o de eutanasia es algo que no había visto así antes en la televisión. Y he de decir que la serie no se convierte en ningún momento en un pozo de lágrimas ni en un drama tal que le deje a una con mal cuerpo. Incluso diría que es todo lo contrario. Un canto a la vida y a ser conscientes de que podemos estar más cerca del final pero, precisamente por eso, estamos llamados a vivir con más intensidad y a decidir más rápidamente lo que realmente queremos.

    * Amistad en la tercera edad y lo absurdo del rencor o la rabia.
Enlazando con lo expuesto anteriormente, ¿por qué negarnos lo nuevo? ¿Por qué no dejar nuestros zapatos de tacón de aguja o nuestro cardigan de cachemira de lado y tirarnos en la arena de la playa a fumarnos un porro con una hippie aficionada al canto difónico?
Lo que no tiene sentido en la juventud, lo que nos separa de aquellos "diferentes" (etiquetados como diferentes pero iguales en esencia), deja de existir en la tercera edad. Mucha gente ha desaparecido. De muchos nos hemos despedido. Y lo que la vida nos da lo debemos tomar.
No tiene sentido un enfado tonto. No tiene sentido dejar de hablar a alguien o no perdonar "hasta que" o "durante", ya que no sabemos de cuánto tiempo contamos. Qué ilógico vivir esperando que algo suceda para cambiar una actitud propia que en el fondo nos está haciendo daño. ¿No es otra lección de vida que merecería la pena aprender antes de llegar al último tercio de nuestra vida?

    * Sexo y amor en la tercera edad.
Si primero fueron nuestros padres los seres asexuados como los ángeles (¿salimos realmente de un repollo? ¿nos trajo la cigüeña?), después lo son "los abuelos". Parece increíble que se plantee el sexo a la tercera edad. ¿Pero dejamos de emocionarnos, de sentir, de vivir con ganas e incluso pasión sólo por llegar a una edad determinada? Más bien son los tabúes y también el conservadurismo lo que nos ata, como a Grace. Será Frankie quien le grite en la cara la palabra "vagina" (por favor, ruego a los traductores de las producciones estadounidenses que empiecen a traducir como "vulva", poco me importa que ellos digan vagina) a Grace. Será una de sus amigas quien le regale un consolador. Y ella, por supuesto, se escandalizará, porque es... Lo Que Toca.
Ambas viven un verdadero shock cuando sus maridos les cuentan la realidad de los últimas décadas, pero son capaces de reponerse y, ¿por qué no?, de intentar encontrar el amor. A veces con poco éxito (ya sea amoroso o sexual), a veces viviendo un cuento de hadas o una aventura canalla con un ex presidiario. Nada se le niega a uno más que lo que uno se quiere negar.


Pero, para mí el gran toque de atención de esta serie es la creación de Frankie: un lubricante de base natural (ñame) para mujeres. Natural, ecológico (luego su lucha contra el aceite de palma) y pensado para las mujeres mayores que sufren de sequedad vaginal. Sí, porque mucha viagra para ellos pero... ¿y ellas? Ah, no, que sólo son ellos los que tienen pulsiones sexuales y viven su sexualidad con jovencitas (¡ja!). De hecho, ambas tienen un anuncio que hacer a sus hijos y a sus ex en el último capítulo. Los dejan a todos de piedra y salen a ritmo de hip hop de la casa, dejándoles a todos pasmados. La mejor escena, el resumen del ninguneo y de la revolución que sufren y viven. La dejo para el disfrute de aquellos que se animen a probar con esta serie.

lunes, 20 de febrero de 2017

Rimel Neffati: de nuevo una artista francesa

No suelo escribir sobre artistas realmente, pero de vez en cuando aparece alguien que me hace soñar con su trabajo. Son personas de las que seguramente no olvide el nombre (porque, lamentablemente, sufro un constante y agradable bombardeo visual del que no suele quedar nada...) pero, en casos contados, como el de Miss Van y éste, quiero dejar algún tipo de constancia.

En una de tantas páginas sobre arte que sigo en Facebook, compartieron una fotografía realizada por Rimel Neffati. Y todo se convirtió en hacer búsquedas y más búsquedas para dar con más trabajos tuyos.

Neffati es una artista francesa que trabaja básicamente el autorretrato. Autodidacta, su obra fusiona en una misma imagen fotografía y pintura.


El estilo es fantasioso, onírico, sensual y en ocasiones tenebroso. El blanco y negro, la neblina, los toques de color rojo; todo ello me trae a la mente otros nombres. ¿Por ejemplo? Krysten Ritter o Miss Pandora.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Restaurar: ¿hacer nuevo o acentuar lo viejo?

Un día cualquiera, mientras intentas echar la siesta, recibes una llamada de tu chico que está yendo ya camino al trabajo. Te preguntas: ¿qué se le habrá olvidado? ¿le habrá pasado algo con la moto?
Pero, no, no es eso. Te sorprende con un: "No sabes lo que han dejado los vecinos al lado del contenedor. Una silla de las que tanto te gustan, parecida a las de nuestro salón. Baja corriendo antes de que se la lleve otro. ¡Seguro que se te ocurre qué hacer con ella!"
Y tú, que siempre has aborrecido eso de recoger las cosas del contenedor pero que llegaste a leer un artículo sobre el tema en una revista de decoración, le has empezado a coger el gusto al tema... No se trata de recoger porquerías o cosas totalmente desahuciadas, pero a veces la gente deja las cosas ahí (y no dentro) precisamente porque saben que esos objetos y muebles pueden tener perfectamente una segunda vida en otra casa.

Eso es lo que ocurría con la silla de estilo Tapiovaara que había dejado en la calle algún vecino. Obviamente no era una silla de diseño, pero estaba inspirada en ese estilo nórdico que tanto me gusta y que, para un toque en casa, me parece todo un detalle. Al mismo tiempo, el encolado seguía siendo perfecto y el peso de la silla denotaba una calidad nada desdeñable. Así que a casa se vino, si bien no sabía qué iba a hacer con ella ni dónde ponerla.

La silla estaba muy rozada en las patas y en el respaldo. Además, el asiento, lo que peor se veía, estaba en algunas zonas cuarteado. Es decir, que para pintarla habría que lijar sí o sí, y bastante cansada acabé de lija ya con la mecedora infantil.
Aparte de ser la salida fácil (soy experta en eso), ya que no me apetecía mucho pintar y habría supuesto mucho trabajo, me acordé de la técnica japonesa de arreglar los objetos con oro: el 金継ぎ (kintsugi). Se trata de una técnica por la que no se intenta tapar o disimular aquello que pudiera parecer roto o viejo, sino precisamente de acentuar de un modo bello lo que el paso del tiempo deja en todas las cosas. Es también de lo que hablaba Tanizaki en su ensayo "El elogio de la sombra" que tanto me gustó. Es decir: cuando algo tiene historia, cuando algo nos permite ver su pasado a través de sus muescas o sus vetas, ¿es necesario disfrazarlo de color y fantasía para que parezca recién sacado de fábrica? A veces no lo es en absoluto. A veces, aquello que es imperfecto es bello.

Con mi material de décopatch (barniz-cola, brocha, papel de décopatch, agua para limpiar de vez en cuando la brocha y un paño), me puse manos a la obra. No fue difícil encontrar un papel blanco con vetas doradas para que, por un lado, el blanco no cubriese totalmente los defectos de la madera y, por otro, para que el dorado hiciese un poco el juego de (salvando las diferencias) el kintsugi.


 Cortando el papel en pequeños trozos o incluso tapando grandes áreas con trozos más grandes, lo más complicado fue rasgar el papel para conseguir líneas más o menos gruesas que se fuesen estrechando al final y que permitiesen tapar las grietas de una forma natural. Esto es lo que mejor funcionó en el asiento de la silla.


Como en otras entradas he explicado, tan sólo hay que mojar la brocha en el barniz-cola, aplicarlo sobre la superficie que se va a cubrir, colocar el pedacito de papel y volver a tapar con otra capa de barniz-cola. No hace falta ser muy exagerado con la cantidad y, aunque el papel es difícil que se empape hasta el punto de romperse, sería un desperdicio utilizar un producto que no es necesario. Tan sólo hay que asegurarse que debajo del papel en toda la superficie hay producto para que no se formen las indeseables burbujas.
Una vez pegados todos los papelitos que se quiera, ya que en este caso no se trataba de tapar toda la superficie sino de marcar aún más las imperfecciones del mueble, tan sólo hay que dejar el producto secar. Si es verano bastarán tan sólo unas horas para que el producto esté seco. Esto es interesante a la hora de aplicar más papeles o pintar algo encima si así se desea. Si lo que se quiere es utilizar el mueble, aconsejo dejarlo bastante tiempo secando. Es también bastante difícil que se desprenda el papel, pero es cierto que el barniz-cola queda pegajoso durante un tiempo. Existe un líquido vitrificador que deja la superficie totalmente igualada y se puede hasta mojar el objeto sobre el que se ha hecho décopatch, pero yo de momento no lo he utilizado ni lo he necesitado.


Después de terminar la silla (un trabajo que me llevó unas tres o cuatro horas en total), quedaba la cuestión de dónde colocarla. Me gustan los espacios abiertos, las paredes sin cuadros y sin mucho artificio y, la verdad, nuestra casa ya estaba prácticamente terminada en cuanto a decoración se refiere. Así que, por casualidad, la coloqué en la cocina. Había otro hueco en el recibidor, pero en el futuro lo necesitaríamos para el carrito de la bebé, así que allí fue a parar mientras no tenía lugar ni función. Con el tiempo, se ha demostrado el sitio perfecto para dar charla a quien cocina y, no hay duda: va muy bien con el aire semi vintage y semi industrial de nuestra cocina.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Renovar los cojines

A veces, comprar determinados productos con unas imágenes que nos encantan encarece mucho el precio de aquello que compramos. Ya no se trata de la calidad de la tela o de la calidad de impresión sino, simple y llanamente, de que aquello que pintamos pueda estar de moda.

Se nos estropearon los cojines del salón y queríamos comprar algo nuevo. Como ya teníamos los rellenos y sólo queríamos cambiar las fundas, nos volvimos locos mirando en internet. El catálogo es extremadamente amplio. Pero no nos poníamos de acuerdo con lo que queríamos. Yo no quería meter ningún elemento figurativo, ya que en casa tenemos varios cuadros con muñecos, animales, dibujos, etc. Y, especialmente, en la zona del sofá, es donde más se concentran esos motivos. Pero él no quería tampoco estampados tribales ni geométricos que, ahora, la verdad, están muy de moda.

¿Y qué es lo más sencillo (y, además, ¡lo más económico!) cuando no encuentras nada que te guste en el mercado? Pues hacértelo tú mismo: DIY al poder.
Como otra de las discusiones del hogar era "el poco friquismo que rezumaba" (lo entrecomillo porque no comparto en absoluto esa afirmación), se me ocurrió hacer un guiño en los cojines. No creo que muchos de los que los vean sepan lo que es pero, para mi marido, es una fricada porque se trata del emblema de Gondor y, para mí, aunque es hasta cierto punto figurativo, también se trata de un dibujo esquemático y mucho menos rimbombante que un dibujo muy realista y recargado.

Así que, como otras veces, acudí a mis pinturas para textil de Setacolor. Hasta el momento esta pintura me ha dado estupendos resultados en ropa y calzado. Es cierto que el calzado, al estar más en contacto con suciedad, barro, etc., sí que pierde algo de brillo. Pero no así  la ropa, que ha aguantado muy bien los lavados.
Cómo no, la aplicación en textil del hogar es también muy sencilla, puesto que se trata de un material liso y, en el caso de mis cojines de lino, al ser un material bastante grueso la aplicación fue especialmente fácil.

Los pasos son los siguientes:

1. Elegir el dibujo y recortarlo a modo de plantilla.
2. Utilizar un lápiz o una pintura de fácil borrado para marcar los bordes que después se recortarán. Supongo que lo ideal sería el jaboncillo que utilizan en costura para los patrones pero, como no lo tengo, utilicé pasteles.
3. Colocar un cartón debajo de la superficie que se va a pintar. Ya no sólo por proteger la mesa sino, sobre todo, para que la pintura no traspase y no cale la superficie que no se quiere pintar.
4. Rellenar los contornos esbozados con la pintura permanente para textil.
5. Dejar secar al menos 24 hrs. Si el ambiente es húmedo y se ha aplicado mucha pintura, podría ser recomendable dejarlo bastante más tiempo.
6. Colocar un paño sobre la superficie pintada y pasar una plancha por encima para fijar la pintura.
7. Borrar con un paño húmedo los restos de jaboncillo / pastel que hayan quedado a la vista después de pintar la decoración.
8. Quitar el cartón.
9. Lavar, secar y colocar el relleno.



Veo este método, incluso con cinta de carrocero, muy inspirador a la hora de crear motivos geométricos que, como decía, ahora están muy de moda. Precisamente porque se llevan, estos cojines suelen ser bastante caros (aunque, por supuesto, Ikea también nos hace la vida más asequible) y, al mismo tiempo, cuando su precio haya bajado, probablemente ya los veamos un poco "pasados".


En casa estamos encantados con el resultado. Y, curiosamente, han sido renombrados por nuestra hija como "los cojines de Frozen" en lugar de Gondor. Discútele tú la denominación...

martes, 23 de agosto de 2016

Manualidades con niños

Hay cientos de recursos para hacer manualidades con niños. Páginas webs, tutoriales, libros... De momento no tengo ninguno, pero me parece una gran idea cuando mi hija (mayor) es una niña a la que le gustan mucho las actividades tranquilas como pintar, decorar o recortar.
Mientras tanto, lo que he ido intentando en los últimos meses, dado que mi hija (pequeña) estaba por llegar, ha sido implicarla lo máximo posible en las tareas y proyectos referentes al cambio que iba a sufrir nuestro hogar. La recién llegada y su habitación pero también ser cuatro y no tres.
Aparte de hacer algún proyecto para la mayor y que no se viese relegada, se encuentran fácilmente proyectos en los que ella puede ser parte activa. Y, además de aprovechar la creatividad que como niña desprende, ella se siente orgullosa de ayudar y de poder mostrar a todo el mundo lo que ha creado.



¿No son una monada? Con tan sólo unos salvamanteles de corcho y un rotulador edding. Y, como otras veces, irrepetibles.

jueves, 11 de agosto de 2016

Gordibuenas y modelaje

Lleva años hablándose de que en el mundo de la moda el canon de belleza, totalmente antirrealista, se basa en la extrema delgadez. De hecho, incluso modelos anoréxicas, con enfermedades diagnosticadas y en muchos casos sin necesidad de diagnóstico para que cualquiera sepa que padecen una enfermedad, han desfilado en pasarela y han protagonizado campañas publicitarias de gran alcance.
Suele argüirse que este tipo de imágenes impactan enormemente a las chicas jóvenes y pueden llevarlas a padecer anorexia. Es cierto que muchas chicas y mujeres viven con culpa, con baja autoestima… y que lo que venden el mundo de la moda y las revistas “femeninas” no hace sino acentuar todas esas inseguridades. Pero, al mismo tiempo, la anorexia no es un virus “que se coge”; no cualquiera ve una persona huesuda en la pasarela y se ve tentado a dejar de comer. Se trata de un trastorno alimentario bastante complejo que de hecho tratan psicólogos especializados.
En 2006, la Pasarela Cibeles prohibió desfilar a aquellas modelos que tuviesen un IMC menor de 18. Al parecer, según la OMS, el IMC mínimo para considerarse “saludable” es de 18,5.
En abril de este año, en Gran Bretaña se prohibió un anuncio de Gucci por mostrar a una modelo “insalubremente delgada”.
Unos y otros se tiran los trastos a la cabeza cuando discuten sobre este tema, que no deja de levantar ampollas.

Yo, en cambio, y aunque es cierto que en algún punto hay que marcar el límite, no discuto tanto el problema de la delgadez como que creo que la pasarela debería mostrar gente bonita y saludable. No ya por la lectura que se dé a lo que se muestra, sino porque el modelaje es una profesión de belleza. Por ello hay modelos de pasarela, modelos de cabello, modelos de manos… Una modelo de manos o una modelo de crema hidratante para la cara, no tendrá quizá un cuerpazo; ¿por qué habría de tenerlo?
Y, por ejemplo, ¿pondríamos el grito en el cielo porque las modelos de “melenaza” no muestran todas las realidades? ¿Por qué no más pelos cortos, más encrespados, con canas?
En fin, ¿queremos que la pasarela sea bonita o que enseñe personas “reales”? De nuevo, me quedo con bonita.

Como apuntaba antes, para mí “bonita” no significa flaca o gorda. Bonita no era Luisel Ramos, modelo uruguaya de 22 años que murió de una parada cardiorrespiratoria después de un desfile (basta ver la foto y que te digan que llevaba varios días sin comer antes de desfilar para comprender el motivo del fallo). No al menos en su extrema delgadez.

Pero, en cambio, de algún modo parece que las chicas “flacas por naturaleza”, chicas que usan una talla 34 o 36, que las hay, no sean bonitas. Y, en cambio, empiezan a proliferar las pasarelas de “talla grande”, de chicas “XXL”, etc. Creo que ambas, por arriba y por abajo, siempre que tengan un aspecto saludable, pueden ser bonitas y podrían desfilar juntas. De hecho, sería interesante que alguien se planteara colocar el mismo modelo a una 36 y a una 46, que caminasen juntas por la pasarela y que se hiciese ver a la gente que en la diversidad y en lo sano también está lo bello. Porque parece que ahora se quiera, en cierto modo, invertir el cliché y que las chicas “reales” sean sólo las que más pesan.

Dentro de tantísimas bellezas de “talla grande” que hay en los medios últimamente, ¿qué decir de Tess Holliday? (1,65 de altura y 120 kg) Obviamente, no la voy a comparar con Isabelle Caro, pero no sé hasta qué punto es una persona sana. Sí, quizá lo sea, igual que estoy defendiendo que hay mujeres muy delgadas que no tienen ningún problema de salud ni son “feas” por tener un aspecto algo más “extremo” que la norma. Pero sólo quiero que nos planteemos por un momento por qué a unas se las echa de la pasarela y a otras se las invita a entrar. ¿No tienen todas cabida? ¿Por qué se habla de un IMC mínimo saludable y no se un IMC máximo saludable para las modelos de talla grande? Sobre todo para no utilizar un doble rasero a la hora de poner los límites de lo “admisible” y lo peligroso de lo “copiable”.


Y entonces, después de las modelos de talla grande, XXL, curvy, etc., etc., etc… aparece el término gordibuena.
Para gordibuenas, Tara Lynn, Ashley Graham, Marquita Pring…
O la ideal Candice Huffine.
Pero, pensémoslo de nuevo: ¿qué es eso de gordibuena? ¿De dónde ha salido esa definición y qué quieren vendernos? ¿Acaso que si tenemos sobrepeso seguiremos estando buenas? ¿Qué si tenemos sobrepeso tendremos unas curvas de infarto? En mi opinión, ninguna de estas afirmaciones es cierta.

En mi caso personal, por ejemplo, que soy de complexión media tirando a delgada, con poco pecho y facilidad para acumular grasa en el abdomen, el culo y las caderas (creo que bastante parecido a lo que le pasa a la mayoría de mujeres a mi alrededor):
--- Adelgazar no me hace más guapa ni acentúa mi cintura, sólo hace que mi cara se afile y se afile e incluso que me salgan ojeras. A lo mejor mi cuerpo se ve más delgado y esbelto, más bonito según los cánones “erróneos” de belleza de flaca = guapa, pero de cara nunca mejoro.
--- Engordar tampoco me hace más guapa ni me convierte en una curvy de infarto: mi tripa engorda, mis caderas engordan y mi pecho no termina de rellenar la copa que ya llevo, así que parezco una pera.

Es muy fácil decir que con “más kilos estás más guapa” o que “a ellos les gusta tener donde agarrar”, como si por engordar ocho kilos de repente fuese a tener un pecho grande y firme y una cintura marcada, con el precioso cuerpo de reloj de arena que lucen muchas modelos. Y, luego, para que te engañen también con Photoshop, con fajas o con los remedios de las que se ponen corsé durante horas para afinar la cintura o se sujetan los pechos con cinta aislante (o algo parecido).
Por no hablar (y vuelvo a mentar la maravillosa cara de Candice Huffine) que muchas chicas con talla grande engordan y pierden esas finas facciones o engordan también del cuello… Digamos que hay modelos que no se corresponden con el funcionamiento mayoritario del cuerpo femenino.
Esto, en lo que respecta al mundo de las modelos.

En lo que respecta al mundo de las mortales comunes y corrientes (y es que hay cierto error al hablar de mujeres “reales” porque aquellas que tienen tipazo, y siempre que no lo sean Photoshop mediante, también son reales), las gordibuenas se supone que también existen. Y digo, “se supone” porque nos han intentado hacer colar que las gordibuenas y su homónimo masculino, el fofisano (daddy body, ni siquiera se dice igual en su término original), son lo mismo. Y no lo son, en absoluto.
Estos extractos de dos artículos que he encontrado en la red lo explican a la perfección:
Por un lado, esto:
Al final, el fofisano viene a perpetuar la desigualdad con la que se trata la imagen corporal de hombres y mujeres, como explica el periodista de Time Bryan Moylan en un artículo, los hombres pueden permitirse ser flojos, pero esperan que sus mujeres sí hagan ejercicio.
Evidentemente, estamos a favor de los hombres con barriga, en el sentido de que TODO EL MUNDO, debe sentirse bien con su cuerpo y no tenemos que sucumbir a los cánones estéticos que nos impone la sociedad. Que estás gorda y te encantas, genial. Que estás intentando adelgazar con cabeza, perfecto. Que pasas de dietas, pues chachi. Que te gustan los tíos con barriga,  súper. Que te ponen las tías con lorzas, olé tú. Que pasas del gym, maravilloso. Pero esto debe ser aplicado tanto a hombres como a mujeres. Fofisanos y fofisanas, gordibuenos y gordibuenas, gordos y flacos y los del cuerpo ‘normcore’. Todos molamos y todos tenemos derecho a querernos y molarnos. Creo que no hace falta aclararlo, pero ya sabemos que algunos entienden lo que quieren.
Así que, ¿por qué ellos si tienen el sano en su nuevo ‘apodo’?  ¿Por qué a una mujer se le cuestiona más cuando no quiere someterse a los cánones de delgadez?
Y por otro lado, esto, con lo que estoy aún más de acuerdo porque no habla de delgadez, sino de esbeltez, firmeza, esfuerzo tras un cuerpo diez, ya sea de talla grande o de talla pequeña:
(…) han entrado en escena dos nuevas figuras con exigencias estéticas mucho más relajadas: el fofisano (masculino), del que ya mucho se ha hablado, y la gordibuena (femenino) que ahora aparece. ¿Significa que por fin se admiten los michelines? ¿Que la celulitis ya está absuelta? No parece que para las mujeres suponga el fin de la tiranía.
Y en estas aparecen las gordibuenas reivindicando la sensualidad de las curvas. ¿Aplaudimos? Porque podríamos pensar que son el equivalente femenino de estos nuevos ídolos. Pues no, porque no se trata de mujeres con flacidez, michelines o gordas a secas, sino de las que tienen las carnes bien puestas y bien prietas.


En el mundo del videoclip, que de momento parece que recibe menos críticas abiertas de las que reciben la pasarela (delgadez) o los videojuegos (hipersexualización femenina), es muy común encontrar a chicas jóvenes y “tías buenas” de todo tipo (entendiéndose por ello delgadas o tipazos de esos tonificados a fuerza de entrenador personal). No tanto encontrar a chicas de talla grande. Porque éstas, de haberlas, desde luego que no aparecían realizando sus coreografías en ropa interior ni rodeadas de un ambiente sexy en el que eran adoradas. Para ejemplo, Ariana Grande vs. Adele.
Pero, por fin, he descubierto el clip de Elle King, con su “Ex’s and oh’s”. No sólo tiene un cuerpo distinto, sino que no me parece que sea insano. Se pinta, se viste guapa, no necesita mostrarse en sujetador (parece que ir ligera de ropa te hiciera cantar mejor… pero en la ducha vamos desnuditas y las que desafinamos desafinamos igual) ¡y se rodea de un séquito de tíos que la alaban y que le hacen el juego de hombres florero! Divertido, fresco y al mismo tiempo, creo yo, reivindicativo. Algún chico aparece que se sale del cuerpo perfecto a lo Chris Hemsworth, pero lo que está claro es que todos le bailan el agua y es ella la que corta el bacalao. ¡Y eso es lo que mola!


Yo no sé cuál es la solución. Qué debería mostrarse porque, ¡es tan subjetivo! Pero lo que está claro es que están cambiando algo las cosas en el sentido de que lo insano ha de salir de las pasarelas, pero se nos meten otros cánones de belleza por los ojos que siguen sin ser sanos del todo, se nos dice que podemos estar “buenas” siendo “gordas” cuando no es verdad, e infinidad de mentiras más que siguen haciéndonos sentir inseguras. En nuestro cuerpo de gordas o en nuestro cuerpo de flacas. Por exceso de pecho o por falta del mismo. Por ser demasiado altas o por ser demasiados bajas. Cuando mujeres reales somos todas.


Para otro día, reflexiones sobre la belleza de las embarazadas o la necesidad de que ellas y “gordas” se escondan bajo caftanes y capas, para que no se note que su cuerpo no tiene la cintura ideal. Para muestra, las maravillosas y bellas personas Chrissy Teigen y Melissa McCarthy (a esta última, los grandes nombres de la moda no la han querido vestir para que sus modelitos no se viesen "mal"...).

jueves, 14 de julio de 2016

No es necesario ser un experto de ikebana

Si hay una cosa que siempre me ha encantado, a pesar de mi alergia al polen, han sido las flores. De pequeña, aun cuando me dormía dando a la comba sentada en una silla para que saltasen mis amigas (porque el asma me impedía saltar y a veces la fatiga me hacía quedarme dormida en los sitios más insospechados), tenía la ilusión de ser Botánica. Cuando nos mandaron en el colegio hacer una redacción y presentación de un tema libre, elegí las flores.
Y, aunque hubo años relativamente buenos en lo que a alergia se refiere, ha habido también crisis asmáticas que me lo han hecho pasar muy mal.
No obstante, lo bueno de tener un asma alérgica es que no la tengo todo el año y puedo disfrutar de las flores en pequeñas dosis.
Como cuando en la carrera tuvimos una práctica sobre ikebana. He de decir que mi arreglo fue de los más mediocres y que la nota fue normalita, pero, al vivir en un pueblo pequeño, tampoco tenía medios para comprar en una floristería ejemplares exóticos o llamativos como otros de mis compañeros.
O como, últimamente, cuando me decidí, de unos meses a esta parte (porque en cuanto han empezado a florecer todas las plantas he decidido hacer un parón en esta nueva afición), en ir a comprar semanalmente flores para adornar la casa. Liliums, claveles, lirios… Todos son bienvenidos. Dan una alegría y una vida a la casa incomparable.
Además, ¡me sirven para utilizar mi último DIY de décopatch! Guardé hace tiempo unos botellines (o botellones) de cerveza turca en un restaurante donde fuimos a cenar. Me parecieron muy originales y una buena base para hacer algo especial. Así que limpié bien las botellas, quité los papeles que traían y, no sin mucha indecisión, escogí papel de décopatch con el que decorarlas. Es cierto que el color oscuro de las botellas y el exceso de pegamento que utilicé hacen que el resultado no sea tan bonito, ya que no se ven tan claramente los dibujos, pero tampoco estoy a disgusto con cómo ha quedado. Ahora que, para futuras ocasiones, quizá sería interesante poner una capa “base” de papel décopatch blanco, para que los colores que van encima se vean más vivos.
La técnica, como siempre, sencilla. En este caso muchas piezas fueron cortadas más grandes para conservar el cuerpo de las chicas de las imágenes y las tiras doradas fueron cortadas con tijera, ya que el acabado perfecto no se podía lograr de otro modo. Y, muy importante: cuidado con las formas cónicas, ya que cortar líneas rectas hace que la línea se vaya desvirtuando y no se mantenga recta en el borde que le corresponde. Mejor medir, cortar la línea recta y después hacer pequeños trocitos para ir pegándolos seguidos pero poder al mismo tiempo corregir la curvatura.

lunes, 4 de julio de 2016

Libros leídos en abril, mayo y junio de 2016

“Manolón y Miguelín”, de Joao Guimaraes Rosa

Lo más llamativo para mí de este libro, compuesto de dos pequeñas novelas, ha sido la traducción. Creo que la traductora ha plasmado a la perfección (y sin saber portugués de Brasil) el habla de las gentes de Guimaraes Rosa. Además, el ritmo de la historia de “Miguelín” nos hace meternos totalmente en la piel de un niño, en la vida en la selva… En cambio, el ritmo de “Manolón” es mucho más lento, serio, y, aunque interesante, me atrajo muchísimo más la primera historia.

"-“¡Adentro, niño! Que te lleva el viento…” –“Ven a ver allá adelante, lo feo que viene, va a derrumbar el mato…” Era Dito, llamándole. Los cocoteros, por encima del corral, los cocoteros se encorvaban, se retorcían, las hileras de cocoteros viejos, que se doblaban. El viento confuso: fiíf… fiíf… Silbaba en las hojas de los cocoteros. Rosa pasaba, con un balde, que lo habían dejado al borde del corral. Tres hombres en el cobertizo, cavadores, que habían venido a recibir alguna paga en tocino, estaban queriendo decir que iba a ser como nunca nadie había visto; estaban sin saber cómo volver a sus casas, diciendo que todo lo que iba a pasar por allí; estaban medio-tristes, fingían estar medio-alegres. De repente, sonó un estruendo. Que el viento quebró una rama del yenipapero del corral y lo tiró junto a la casa."

“El camino cruel. Un viaje por Turquía, Persia y Afganistán con Annemarie Schwarzenbach”, de Ella Maillart

Una historia más allá del viaje, donde llama la atención la supuesta tranquilidad de dos mujeres que viajan solas por Oriente Medio y que huyen de una Europa al borde de la catástrofe. Porque como libro de viajes, al ser el primero que leo, quizá no lo he sabido apreciar. Pero como retrato de una relación de amistad tortuosa y muestra de una vida de esas que nacen ya marcadas, es un diez.

"A partir de aquel momento, Cristina vivió un nuevo episodio del infierno particular que tan bien sabía prepararse. Algunos pormenores que me dio a este respecto, me permitieron comprender que el hambre o la pobreza son menos temibles que ciertas torturas del alma."
"Simultáneamente se veía desgarrada entre el deseo de esta vida intensa, que ampliaba el campo de su conciencia, y el temor de que esta clase de existencia se le escapase. Esclava de esta necesidad, aceleraba con impaciencia los procesos de la vida. Y en el vacío que separaba dos oleadas de intensidad, se sentía de tal modo dormida, que creía morir."
"- Usted sabe, como yo, que el afgano de las montañas, el tibetano, el mogol, tienen dificultades – añadí –. Pero no los atormenta nuestro afán lacerante de considerar de modo global la miseria del mundo, cual si fuésemos Dios. En cuanto hemos gozado de alguna cosa bella o buena, nos sentimos falibles, nos acordamos de que nuestros hermanos se están matando entre sí en China, o que los hijos de nuestra lavandera están demasiado pálidos y llevan ropas demasiado delgadas."
"La droga era siempre el abandono, la huida ante el exceso de sensibilidad que me hace sufrir, el deseo fatal de matar la vida. La droga es borrar el dolor y la alegría, la tensión-manantial de la actividad humana."

“Las hormigas”, de Boris Vian

Cuando decidí leer esta recopilación de relatos y vi en la contraportada que se hablaba del de Vian como un “universo surrealista”, sentí bastante curiosidad. Aunque hay algunas historias que no me han parecido muy entretenidas, como que no “enganchan” y parecen casi un puro ejercicio de escribir con un propósito muy concreto, basado más en el artificio que en el contenido, la mayor parte de ellas no son así. Para muestra, el comienzo del relato que da título a la recopilación, “Las hormigas”.

"Llegamos esta mañana y no hemos sido bien recibidos, pues en la playa no había nadie a no ser montones de individuos muertos y montones de pedazos de individuos, tanques y camiones destrozados. Llegaban balas un poco de todas partes, y a mí no me gusta tal desorden así porque sí. Saltamos al agua, pero era más profunda de lo que parecía, y resbalé sobre una lata de conservas. Al muchacho que estaba justo detrás de mí le ha arrancado las tres cuartas partes de la cara el proyectil que llegaba en ese momento, y yo me he guardado la lata de conservas como recuerdo. He recogido los pedazos de su cara en mi casco y se los he entregado, y él ha partido a hacerse curar. Pero ha debido equivocarse de dirección, porque se ha adentrado en el agua hasta que le ha faltado pie, y no creo que pudiera ver lo suficiente por el fondo como para no perderse."
"Estaba excitado hasta tal punto que lancé un ladrillo contra la cabeza de Johnny, que acababa de fallarle a uno y, actualmente, tengo dos nuevos dientes de menos. Esta guerra no renta nada en lo que a dientes se refiere."


Por último, el gran descubrimiento de estos meses ha sido la literatura africana. La primera novela por recomendación y la segunda, de nuevo, porque la casualidad quiso que la biblioteca municipal la colocara entre las recomendaciones del mes.
En ambos casos, se trata de las vidas de emigrantes africanos, visiones del mundo (del que dejan y del que empiezan a conocer), de sus familias (la de origen y la que formamos) y, también, historias de amor. El amor incondicional, en cierto modo ese amor romántico y casi platónico, aquel que hace a dos personas estar predestinadas. En ambas novelas se relata la historia desde diversos puntos de vista: en “Americanah”, son ella y él quienes nos cuentan cómo les ha ido emigrar a EEUU y cómo les ha ido volver a Nigeria; en “Lejos de Ghana”, son ella y él los que cuentan su historia de emigración, formación de familia y desintegración de la misma, sin olvidar, muy importantes, las visiones de sus hijos. Añadiría que en el caso de “Americanah” hay también una visión importante porque se da mucha importancia al componente de la “raza”, algo con lo que yo no estaba familiarizada en absoluto y sobre lo que he aprendido mucho.

“Americanah”, de Chimamanda Ngozi Adichie

"Alexa, y los demás invitados, y quizá incluso Georgina, comprendían todos que se huyera de la guerra, de la clase de pobreza que aplastaba el alma humana, pero no entenderían la necesidad de escapar del letargo opresivo de la falta de elección. No entenderían por qué las personas como él, que se habían criado sin hambre ni sed pero vivían empantanadas en la insatisfacción, condicionadas desde su nacimiento a mirar hacia otro lugar, convencidas eternamente de que las vidas reales se desarrollaban en ese otro lugar, ninguna de ellas famélica, ni víctima de violaciones, ni procedente de aldeas quemadas, estuvieran ahora decididas a afrontar peligros, a actuar ilegalmente, para marcharse, ávidas solo de elección y certidumbre."
"- Ese hombre no se puede creer que quieras patatas de verdad – dijo Obinze en tono sarcástico –. Para él, las patatas de verdad son un atraso. Recuerda que este es nuestro nuevo mundo de clase media. No hemos completado el primer ciclo de prosperidad, no hemos vuelto aún al origen, a beber leche de la ubre de la vaca."

“Lejos de Ghana”, de Taiye Selasi

"Los ibeji “gemelos” eran las dos mitades de un mismo espíritu, demasiado grande para que lo albergara un solo cuerpo, y eran también seres liminales, a medio camino entre lo humano y lo divino, a los que por tanto cabía honrar e incluso venerar. Concretamente, el segundo gemelo – el inconstante, el embaucador, menos fascinado por las cuestiones terrenales que el primero – viene al mundo a regañadientes y permanece en él con gran esfuerzo, pues echa de menos el reino espiritual. En la víspera de su nacimiento y su conversión en dos cuerpos físicos, este segundo gemelo de naturaleza escéptica le dice al primero: “Sal ahí fuera y averigua si el mundo es un buen lugar. Si lo es, quédate. Si no lo es, vuelve.” El primer gemelo, Taiyewo (del yoruba to aiye wo, “ver y saborear el mundo”, Taiye o Taiwo en su forma diminutiva), obedece, abandona el seno materno para emprender su misión de reconocimiento y el mundo le gusta lo bastante para quedarse. Kehinde (del yoruba kehin de, “llegar el siguiente), al comprobar que su otra mitad no regresa, se dispone a seguir los pasos de ésta para unirse a Taiyewo, dignándose así a asumir la forma humana. De ahí que los yoruba consideren a Kehinde el mayor de los gemelos: nacido en segundo lugar, pero más sabio y, por tanto, “mayor”."

"Tristeza, tensión, ausencia, angustia, pero todos están enteros, tal como los alumbró, quizá no del todo bien pero vivos, en este mundo, como peces en el agua, así estaban cuando ella los parió (respirando y luchando), y con eso tiene suficiente. Otras quizá no, cavila Fola, esas madres que rezan para que sus retoños alcancen fama y fortuna, el amor con mayúsculas y la felicidad (madres mejores, muy probablemente; pequeñas madres de sonrisa infalible, de ánimo incansable, madres monovolumen), pero ella sí tiene suficiente, pese a que mataría, mutilaría y moriría por cada uno de sus hijos, aun sabiendo que esa disposición a morir tiene sus límites."

domingo, 19 de junio de 2016

Grumpy cat: inimitable

Hace ya algunos años que este “lindo gatito” apareció en la red. Me enamoró completamente, con su cara de disgusto.
Se trata de una gata que se ha hecho famosa en todo el mundo por su cara de mal humor y su dueña la ha llevado hasta a los platós de televisión de EEUU. Cierto que hay muchos gatos famosos, pero sobre todo por ser monos: como Grumpy… ¡ninguno! Cierto también que este gato pueda estar ya un poco "pasado", pero no para mí.










Pero, aparte de su cara, la gracia, sin duda, está en la infinidad de memes y chistes a los que se ha prestado su “gesto”. Y, por supuesto, en incluirle en grandes momentos históricos o en imágenes que todos tenemos guardadas en nuestra memoria.

Aunque haya dejado de seguirle, a día de hoy sigo sonriendo al ver sus fotos.