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viernes, 1 de junio de 2018

Técnicas de chalk paint

Han sido ya varias pruebas porque, aunque creía que habían sido sólo un par de cosillas, me he dado cuenta de que he hecho ya varios trabajos con la chalk paint de Annie Sloan:

- Un sinfonier azul para mi dormitorio. Comprado a través de lo que era Segundamano a una señora ya mayor cuya tía (mucho mayor aún) había fallecido y tenía que vaciar el piso. Una preciosidad que no llega a ser antigüedad pero es un mueble a medida, hecho a mano por un carpintero y con mucha solera.
- Unas mesillas azules (sólo el armazón, los cajones los he dejado en gris) a juego para mi dormitorio. Compradas en un chino, de madera sin tratar, tan sólo tuve que lijar un poco para quitar astillas y el agarre de la pintura fue óptimo.
- Un espejo azul para colocar sobre el sinfonier. Encontré abandonado en la calle un espejo de esos que de viejos tienen "aspecto envejecido" en el cristal. Vamos, lo que uno paga por hacer "que parezca que", pero ya así por el paso del tiempo y totalmente regalado.
- Una mecedora blanca para el dormitorio de mi hija mayor. Comprada en una tienda de segunda mano por una miseria, fue un propósito bastante duro al que el tiempo no ha hecho justicia (niñas que pisan la madera que se balancea, deditos que arrancan las pegatinas, rodillas que se clavan en la endeble rejilla...).
- Unos adornos en una caja para juguetes. La Flisat de Ikea, que trabajé con la técnica del estarcido (muy interesante) pero que ha dado un resultado bastante malo porque decidí mezclar la chalk paint blanca con un poco de acrílico verde para cambiar el color. Definitivamente, NO.

Después de haber descubierto que esto es un vicio y que lo que yo hago no es nada en comparación con lo que se puede hacer, decidí apuntarme a un taller de Arribas Decoración para aprender más técnicas. ¡Esta pintura da mucho juego!
Ni qué decir tiene que poder acudir a un taller en persona es lo ideal, porque no es lo mismo leer un tutorial o incluso verlo en youtube que hacerlo in situ y que te puedan corregir o aconsejar.
Además, el taller al que asistí fue muy agradable. Éramos cuatro "aprendizas" y la profesora, la dueña de la tienda - taller, así que la atención era muy cercana y todas podíamos probar todas las técnicas. En otros sitios, unos prueban y otros miran, o todos prueban pero el profesor no puede ver el trabajo que están haciendo. Además, la charla era muy amena: cada una con sus ideas, sus preguntas, sus proyectos. Una mañana estupenda.

De allí saqué varias conclusiones que resumo a continuación para no olvidarlas (¡¡estoy deseando ponerlas todas en práctica!!).

1. Antes de pintar un mueble, es muy importante que esté limpio. Se puede lavar con agua, amoniaco y jabón. Es muy importante quitar la grasa (incluso los productos para limpiar madera llevan grasa). El lijado no es necesario y puede llegar a ser contraproducente. Por ejemplo, podríamos estar quitando un barniz a una madera que "suda" y al dejarla de nuevo a la vista acabe manchando y tiñendo la pintura. En este caso, lo ideal es dar una cama de goma laca a todo el mueble para sellar y repintar (o, directamente, jugar con el color de la mancha y elegir un tono que le vaya: si tira a marrón, elegir un tostado, no un rosa o un amarillo).
2. Técnica de decapado. Habrá que dar dos manos de pintura: primero un color y luego otro. La segunda capa puede no cubrir totalmente la primera (técnica del pincel seco). O, si utilizamos la segunda capa para cubrir, después se lijaría. Según lo que he visto, en la primera técnica predomina el color de la primera capa y en la segunda el de la segunda. Además, el lijado permite trabajar unas zonas más que otras. Si se quiere un decapado "agresivo", con la pintura un poco húmeda se puede utilizar una espátula para arrancar parte.
3. Aplicación de la cera. La cera clara hay que echarla siempre para proteger la pintura (con la excepción de los muebles que vayan a estar en el exterior, en cuyo caso se aplicará una capa extra de pintura y ninguna de cera). Si se quiere, encima se puede echar cera oscura (marrón o negra), cera blanca o cera clara teñida con un poco de pintura. Estas otras ceras se pueden "limpiar" utilizando de nuevo la cera clara, para sacarla de unas zonas y dejarla incrustada en otras, creando efecto envejecido o wabi sabi.
4. Creando grietas y rotos. Para crear grietas se necesitará calor: se puede aplicar un secador de pelo, con cuidado de no empezar demasiado cerca de la pintura y abrir "boquetes". Para crear rotos se puede, con la pintura algo húmeda, pegar un trozo de celo o cinta de carrocero y tirar. Como ya he mencionado antes, también se podría utilizar una espátula. Para, de nuevo, un efecto más "agresivo", sobre la pintura semi húmeda, que habrá sido aplicada con generosidad (incluso formando "charcos"), se puede pasar la brocha con más pintura para que quede un efecto de desgaste, tipo industrial.
5. Efecto lavado. Sólo puede aplicarse esta técnica sobre madera virgen o lijada (sin barnices). Se da una capa un poquito aguada y, antes de que se seque del todo, se pasa una toallita húmeda y "se lava", de modo que se redescubren las vetas de la madera.
6. Técnica del pincel seco. Habría que coger poca pintura y descargar el pincel sobre papel absorbente (como el de cocina) y después ya pintar sobre la madera. Si hay demasiada pintura o agua, la pintura cubre demasiado. Se darán brochazos largos sin presionar demasiado.
7. Pintar tela. Para pintar tela, hay que diluir la pintura en agua y se utiliza como si realmente fuese un tinte. Una mano gruesa o una pintura espesa acabarían rompiéndose al utilizar la silla.


Ahora tengo la impresión de saber tantas técnicas que, lo que en principio era un proyecto sencillo y claro (porque ya hay un mueble esperando en el trastero), se me está complicando. ¿Qué hacer? ¿Qué técnica? ¿Con qué colores? ¿Y si mezclo? ¿Y si utilizo otra cosa que se me está pasando por la cabeza?

domingo, 8 de abril de 2018

XO Collections en el Nómada Market


En la última edición del Nómada Market en Madrid, tuve el placer de conocer el trabajo de XO Collections.


A pesar de que tenía mis reticencias a la hora de volver a este mercado dado que comparando con el que hicieron hace años en Chamartín el del Mercado de la Cebada dejaba mucho que desear, le di otra oportunidad y salí muy contenta.
Cuando cambiaron al Mercado de la Cebada se detectaron muchos problemas en la infraestructura y creo que se hicieron eco de ello porque recibieron bastantes críticas en Facebook e imagino que también por otros canales.
Yo veía dos grandes ventajas a este emplazamiento: primero, que no había que pagar ninguna entrada aunque fuese poco dinero y, segundo, que exponer en un mercado como al, en puestos con su mostrador, su toldillo, etc. le daba a todo un aire muy castizo y original.
Pero a veces lo que es un punto a favor se vuelve en tu contra. Y es que puede ser divertido exponer pendientes de  platería o gafas con montura de madera al lado de una pescadería con sus grotescos rapes, pero el olor puede convertirse en un problema que ni las tiendas de velas aromáticas te van a poder resolver.



Por suerte en la pasada edición eso se había arreglado. Imagino que a costa del aire acondicionado y del fresquito que pasamos allí, que no me quité la cazadora vaquera no un minuto y eso que este otoño ha sido especialmente benévolo.
Sin embargo, los vendedores no siempre estaban contentos. Se quejaban de que, frente al fresco que corría en los pasillos dentro de los locales tenían mucho calor; la posición era muy cansada y era complicado llegar al género o que los clientes se animasen porque no podían tocarlo (dependía mucho del mostrador que tuvieses). También se quejaban algunos vendedores de ropa porque, para poder exhibir sus percheros, la única forma posible era colocar sus puntos de venta en los pasillos. Las aglomeraciones eran importantes, sobre todo ante los puestos que estaban frente a un ascensor que además era el único punto por el que podían acceder al mercado los carritos de bebés.



Supongo que poco a poco le irán cogiendo el punto o que irán estudiando otros enclaves más prácticos a la vez que interesantes para no perder esa marca de mercadillo de diseño independiente.



Aún así, valió la pena por todas las experiencias que me llevé del día.




* Me compré unos pendientes de Lucía Labigornia con forma de cerilla muy particulares. Trabajados en acero quemado y con una pequeña bola de coral haciendo las veces de fósforo, llevan la tuerca a cierta altura sobre el palito. Así, el pendiente no cuelga de justo el agujero que llevas en el lóbulo y la caída es muy original.



* Comimos en Latina Turner. Un pequeño local muy cerquita del Mercado de la Cebada que nos llamó por su original nombre y por la comida, digamos fusión latina pero sin pretensiones. Tomamos papas arrugás con mojo y patacón frito con guacamole. Buenísimo y muy económico. Totalmente recomendable.



* Conocí XO Collections. Aunque he visto en Facebook que tienen varias colecciones y que sus diseños son muy variados, precisamente lo que más me llama es lo que llevaron al Nómada Market: blusas retro hechas hoy e inspiradas en los 80. Para el proyecto, seleccionan y compran telas de estampados muy ochenteros y también botones del mismo estilo (plástico, nácar, dorado...). Después, aplican patrones de los 80 (¿alguien recuerda el Burda?) y cosen ellas mismas las prendas. ¡Eso sí es trabajo artesanal! No hay dos blusas iguales; ni siquiera hacen una M y una L con el mismo estampado. Son perfectas para llevar con una mini, con unos pitillos o para acompañar una chaqueta perfecto. Son muy estilosas y, a pesar de haber crecido en los 80, doy fe de que una no se siente señora con ellas. No fui capaz de elegir una y, además, llevaba un vestido estampado que ayudaba poco... No obstante, sé que acabaré haciéndome con una de ellas. Se las puede contactar para acercarse a su showroom.

domingo, 11 de febrero de 2018

Sobre William Morris


Este verano descubrí por pura casualidad el trabajo de William Morris.
Bicheando por Etsy en búsqueda de telas bonitas y originales para proyectos varios, topé de repente con unos diseños que me cautivaron (ya fuese en posavasos, estolas, manteles individuales, bolsos o cojines). De temática animal (mayoritariamente ornitológica) y vegetal, se trataba de dibujos de tramas repetitivas que eran perfectas, por ejemplo, para empapelar una habitación. Para ese uso, sin embargo, los tonos podían resultar algo oscuros, aunque he visto maravillas en comedores con papeles parecidos.
Tiempo después, supongo que con las pocas y tristes lluvias que nos dejó octubre, me lancé a la búsqueda de un paraguas, ya que los míos están ya para poco uso. Y, de nuevo, me topé con William Morris. Un poco al estilo de los paraguas que venden en el Museo Thyssen Bornemisza, originales y elegantes. Además, no muy caro (me pregunto ahora por qué no lo compré).

Y entonces me encontré, ya sí que sí, con dos artículos bastante extensos en dos revistas de muy diversa índole. ¿Será algún tipo de señal?
En la primera, una revista de decoración, hablaban de la exposición sobre William Morris en la Fundación Juan March.
En la segunda, una revista de moda, sobre la vida y obra de William Morris y también de la forma en que Loewe ha recuperado su trabajo para crear una serie de bolsos y complementos muy especial.
Dejándome llevar por ese espíritu de "comprar menos y mejor" y de "lo hecho a mano es único y vale su precio", caí en el sueño (totalmente falso) de poder adquirir un bolso de la colección de Loewe de esos que guardas siempre y que después se heredan. Pero me puede el soltar una gran cantidad de dinero por algo que, aunque sé que lo vale, podría ser sustituido por otras muchas cosas que necesitamos en casa. Y me puede más la realidad: que si estaba planteándome hacer un desembolso de 300 €, eso es lo que vale un llavero... Y que el bolso más sencillo cuesta lo que gano en un mes.

Si realmente Morris apostaba por la calidad pero también en hacerla asequible para el gran público, como comentaban en la revista, ¿tiene sentido que una marca del rango de precios en el que se mueve Loewe haga estos bolsos? Me resulta cuanto menos interesante. Al final también está el hecho de que muchos artesanos podrían realizar también un trabajo único y de calidad, pero seguramente a la hora de conseguir permisos y negociar cánones no tendrían la capacidad de Loewe.


Veamos lo que nos dicen en El Mundo:

"En su punto de mira de hombre renacentista se situaron los pilares de la época victoriana, esto es, un exceso de sensibilidad romántica, un estilo decorativo recargado y de dudoso gusto, el embate de una industrialización sin frenos y las desigualdades sociales que ésta trajo consigo. A todo ello se opuso con pasión Morris, que quiso cambiar el mundo en que vivió hasta el final. «El arte es la humanidad hecha oficio; el resto es esclavitud», decía este creador total que seguramente reconocería los mismos males de su tiempo en las fábricas y los cielos pestilentes de unas cuantas ciudades asiáticas de hoy."

"Según el director de la FJM, Javier Gomá, Morris y compañía lograron hallar «lo bello en los objetos cotidianos» y hacerlo accesible a «una mayoría (no minoría) selecta» en virtud de la dignificación de trabajo."

Pero es que a veces la intención original y lo que ocurre después pueden acabar siendo absolutamente contrarios:

"En el siglo XIX, la industrialización logró un abaratamiento y racionalización de la producción de bienes. Inglaterra se erigió como máxima potencia industrial. Al mismo tiempo un grupo de artistas abogaban por la vuelta a la artesanía con una visión artística y sin el uso de las máquinas. William Morris fue uno de ellos. Se propuso reinventar cada silla, cada mesa, cada cama…En el último tercio del siglo, Morris fundó talleres de trabajo en los que se diseñaba con un estilo propio y en los que perseguía “hacer pensar al obrero y trabajar al artista”. Sus ideales anti-industrialización impregnados de socialismo le condujeron irónicamente a una producción en masa, debido al éxito de sus diseños."

viernes, 12 de enero de 2018

Alphonse Mucha en el Palacio de Gaviria


Siempre me ha encantado Alphonse Mucha, incluso antes de saber su nombre. Me encantaban sus ilustraciones, que poblaban un sinfín de objetos cotidianos que pasaban por mis manos y que me dediqué a guardar como auténticos tesoros (aún hoy conservo una caja de bombones de Chocolates Amatller y alguna cajita de vaselina GAL, el marco vintage perfecto para, por ejemplo, unos pendientes con aire art decó).
Hasta que un día mi chico me descubrió su nombre al regalarme un libro de ilustraciones suyas envuelto, además, en un papel de regalo decorado con las mismas (papel de regalo que aún conservo, plegado, dentro de una caja después de cerca de quince años).
Porque no hay duda de que lo que hizo famoso a mucha fueron sus ilustraciones y la cartelería, especialmente los posters para las obras de la actriz francesa Sara Bernhardt.
Esta vez he disfrutado de una exposición de su obra en el Palacio de Gaviria en Madrid (¡y ahí seguirá hasta el 25 de febrero!), siguiendo a aquellas otras de Caixa Forum Madrid o la que visité en Budapest (la segunda, curiosamente, como esta del Palacio de Gaviria, también con mi hermana).
Si bien la de Budapest me impresionó por sus dimensiones, que le permitían mostrar "La gran epopeya eslava", esta me ha llamado la atención por su variedad.
No ha pecado, como muchas otras muestras, de presentar nada más que esas ilustraciones que forman ya parte de imaginario popular (como decía, sabiendo o no de quién es la autoría).
Así, si bien hay numerosos y famosos carteles de teatro (Hamlet, Medea...) y de publicidad (Moet Chandon, Nestlé...), hay varias cosas muy interesantes en la exposición:

** A la entrada hay una pequeña proyección en la que se nos habla de la vida, obra y pensamiento de Mucha. Esta información se amplía en la audioguía y también en los paneles informativos a lo largo de las salas. Pero si no se quiere parar uno a leerlo todo el vídeo puede dar una idea bastante general de lo que se va a ver.
** Se retoman las imágenes populares pero exponiendo también objetos. Cajas de galletas, frascos de perfume y alguna joya diseñada por el autor.
** Se muestran trabajos en muy distintos soportes y con distintos materiales (óleo, sanguina, etc.). También hay muchos bocetos y ejemplos de estudios y obras terminadas que nos hacen ver la evolución por la que pasa el artista dentro de cada obra: sus modelos, sus esbozos, sus avances y finalmente el trabajo terminado.
** Si bien no hay espacio para mostrarnos obras de gran formato, sí que podemos disfrutar del cuadro "La virgen de los lirios".
** Y temas... ¡múltiples! Desde sus famosas series (las estaciones, las estrellas o las piedras preciosas) hasta alegorías para el Padre Nuestro, la entrega de las llaves de Granada a Fernando el Católico o el retrato de la turca Halide Edip Adivar.


Recomiendo encarecidamente esta exposición a quienes no conozcan a Alphonse Mucha y también a quienes lo conozcan. Hay mucho que descubrir.
Y, como valor añadido, el Palacio de Gaviria también tiene mucho encanto. Sus escalinatas, sus espejos, sus paredes enteladas... Otro aliciente más para animarse.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Retrospectiva sobre el fotógrafo Nicholas Nixon

Se expone en la Fundación Mapfre una colección de fotografías del americano Nicholas Nixon. Todavía se puede uno acercar, está abierta hasta el 7 de enero.

Yo fui hace un par de meses y quedé impresionada. Las fotografías son de una calidad increíble. Ahora comprende una que se le hayan dedicado tantos artículos a este fotógrafo, sobre todo ahora que, con cierta edad, su carrera está más que asentada y su trayectoria y diferentes etapas se pueden estudiar a fondo.


En la exposición podemos ver sus inicios fotografiando distintas ciudades estadounidenses donde vivió. En unas, el encuadre es limpio, el paisaje está vacío de personas y de vida, parece casi abandonado (permítaseme presumir un poco y decir que hace tiempo me acerqué a la feria, de buena mañana, cuando los feriantes están trabajando y las atracciones a medio montar: los resultados pueden ser magníficos). En otras, el encuadre no es tan clásico y los edificios son cortados por el marco, resultando bellos y al mismo tiempo transmitiendo una fuerza tremenda y también la masificación de la gran ciudad. No en vano, el objetivo de las primeras a menudo es Albuquerque y de las segundas Boston o Nueva York.


Más adelante nos encontramos con las series sobre personas, muy emotivas y que le pueden llegar a tocar a uno el alma.


Las familiares, con su hijo y su hija o, curiosamente, con tan solo la cortina de su salón al viento, de nuevo con un encuadre poco habitual. Hay también fotos con su mujer, autorretratos en los que sólo se atisba la nariz o el pelo del pecho del autor. Y, por último, una serie muy interesante que realiza tomando, año tras año, una foto a su mujer y a sus tres hermanas. Muchos de nosotros ya teníamos estas fotografías en la mente incluso antes de conocer el nombre de Nixon.


Y es que el paso del tiempo también es un tema recurrente en su trabajo.


Así, dejo para el final lo que más me impresionó de su obra. Porque Nicholas Nixon es un fotógrafo pero también una persona muy humana. Pasó mucho tiempo acompañando a enfermos de VIH en los 80, cuando el diagnóstico de la enfermedad era prácticamente una sentencia con un pronóstico terrible al que se sumaban también el rechazo y la marginalidad. Así, tomó fotografías muy íntimas de pacientes de los que muestra una evolución terrible en apenas unos años. También pasó bastante tiempo en residencias de ancianos, dando su cariño y compañía y, también, fotografiando los estragos que sufre el cuerpo humano con la edad.
Me quedo con el desnudo de una anciana con su cara arrugada, los ojos cerrados y la cabeza hacia arriba; el pecho caído y el vientre abultado. Porque uno podría quedarse con esta imagen plana de la vejez, pero Nixon fotografía algo más: la pose, valiente y casi altiva, de una mujer que se desnuda y se muestra en toda su sabiduría, con la certeza del cambio que los jóvenes se obstinan en negar.

jueves, 6 de julio de 2017

DecorAcción 2017

Lamentablemente, el año pasado, por las fechas en las que se celebraba DecorAcción, me encontraba en casa de baja y mi médico me había prohibido tajantemente salir de casa para cualquier cosa y mucho menos para disfrutar de la calle. ¿Por qué? Por la suma de varias circunstancias: un embarazo avanzado, un índice alto de polen y dos entradas en el hospital por urgencias. Así que, sí, me lo perdí.

Pero, y aunque ya siento contarlo después de haber terminado el evento (porque realmente fui un sábado), este año SÍ estuvimos allí. Y con la pequeñita que, todo hay que decirlo, se portó más que bien.

Disfrutamos una vez más de las ideas de decoración, de los muebles, de las restauraciones... Una maravilla. Y además paseamos por algunas de las librerías del barrio y vivimos bonitas experiencias, como la cesión del libro "El malvado zorro feroz" (¡ya comprado!) por otra lectora al ver que nosotros no podríamos volver pronto para comprar otra copia. O como las ricas arepas y la deliciosa limonada que degustamos en Cacao Restobar, donde los camareros eran amabilísimos y, lo increíble, tenían tronas y cambiador (increíble porque pocos sitios con un ambiente tan bonito y moderno disponen de facilidades para las familias).

En fin; para muestra, un botón.

Y, por supuesto, otro gran descubrimiento: el fanzine Ropa Tendida. Me encantaron las fotografías, me encantó la información que me dieron y me gustó aún más abrir la bolsita en casa y descubrir muchas otras fotos bonitas y poesías.






sábado, 25 de marzo de 2017

Barbie en Fundación Canal

Parece mentira lo que una exposición gratuita puede ofrecer a veces.
Si creía que iba a ver una exposición sobre los modelitos de Barbie y su cambio de imagen desde su creación hasta nuestros días, me quedaba más que corta.
La exposición de "BARBIE Más allá de la muñeca" es precisamente eso: algo que va más allá.


Claro que se pueden ver las primeras Barbies, de 1959 y de la década de los sesenta, con sus mofletes hinchados, sus ojos rasgados y su pecho pequeño. Después las que yo conocí entre los 80 y los 90, con unas caderas inexistentes y un culo totalmente plano, mientras que sus enormes pechos retaban a la fuerza de la gravedad. Y, finalmente, las más actuales, la serie de alta, baja y curvy, para dejar atrás precisamente ese cuerpo que apareció en mi infancia y que tanto fue criticado.

Pero, si bien creí que había terminado la exposición en la primera sala (bastante extensa para una exposición gratuita, la verdad), enseguida me di cuenta de que la exposición continuaba.
Barbie en el mundo, Barbie profesiones...

Aunque lo mejor estaba por llegar: Barbie diva, Barbie de alta costura, Barbie de fantasía, Barbie reinas, Barbie actriz, Barbie cantante y un largo etcétera.

A continuación muestro muchas de las fotografías que tomé.
Son muchas, sí, porque me fascinó lo que vi a pesar de que no soy una gran fan de esta muñeca. Pero invito a todo el mundo a acercarse a la Fundación Canal (si vives en Madrid y si pasas por aquí de visita) y disfrutar de este despliegue de muñecas. Supera en mucho a lo que aquí muestro. ¡Hasta el 2 de mayo!







lunes, 20 de febrero de 2017

Rimel Neffati: de nuevo una artista francesa

No suelo escribir sobre artistas realmente, pero de vez en cuando aparece alguien que me hace soñar con su trabajo. Son personas de las que seguramente no olvide el nombre (porque, lamentablemente, sufro un constante y agradable bombardeo visual del que no suele quedar nada...) pero, en casos contados, como el de Miss Van y éste, quiero dejar algún tipo de constancia.

En una de tantas páginas sobre arte que sigo en Facebook, compartieron una fotografía realizada por Rimel Neffati. Y todo se convirtió en hacer búsquedas y más búsquedas para dar con más trabajos tuyos.

Neffati es una artista francesa que trabaja básicamente el autorretrato. Autodidacta, su obra fusiona en una misma imagen fotografía y pintura.


El estilo es fantasioso, onírico, sensual y en ocasiones tenebroso. El blanco y negro, la neblina, los toques de color rojo; todo ello me trae a la mente otros nombres. ¿Por ejemplo? Krysten Ritter o Miss Pandora.

martes, 15 de septiembre de 2015

Otro proyecto rapidito en textil

Últimamente no hago más que aprovechar las ideas que veo aquí y allá y aplicarlas en cuanto es posible. Como me ocurrió con esta sencilla camiseta naranja, que compré en un pack del que era la segunda, la no preferida, la que nunca hubiese comprado de venir sola.
Así que, ¿qué hacer con esas prendas tremendamente sencillas o de las que nos hemos cansado? Estas últimas creo que son el objetivo perfecto para todo trabajo de ensayo y error antes de lanzarse a algo más grande. Aunque yo empecé al revés, pintando zapatillas, creo que las camisetas (que además las hay muy baratas) son el lienzo perfecto para esos proyectos que no sabemos cómo saldrán.

En este caso, los materiales son muy sencillos:

- Lápiz de mina blanda, para que marque sobre la tela (con el lavado desaparecerá de la misma).
- Pintura para textil. Yo ya he probado en varias ocasiones Setacolor, que es sencilla y, por lo que veo, no se estropea con los lavados. Aún así, es cierto que pierde un poco de vivacidad.
- Regla para los trabajos geométricos. Es importante medir bien las distancias si, como en mi caso, se elige un motivo geométrico para estampar.
- Cartón. ¡No olvidemos que la pintura traspasará la tela!


En fin, tengo la impresión de que las fotos hablan por sí solas.
La patata es un recurso que no se debe despreciar.


Ahora, en estas otras fotos... ¿Ya aflora en la memoria ese patrón que se seguía en muchas clases o en casa para matar los ratos de aburrimiento?


Mi camiseta luce ahora mucho más alegre, sin ser algo recargado, y el dibujo me permite seguir combinándola con otros estampados.

domingo, 14 de junio de 2015

DecorAcción 2015

Soy de ese tipo de personas que, cuando hay un evento, se enteran después, en la revista del barrio o en el periódico leyendo un artículo de los de "el pasado fin de semana...".
Pues bien: ¡esta vez no ha sido así!
Si ya llevo un par de años disfrutando de DecorAcción en la revista Nuevo Estilo (precisamente en el número que habla del mes anterior), esta vez he podido disfrutar un paseíto de hora y media viendo calles decoradas pero, sobre todo, tiendas que sacan sus antigüedades, diseños, muebles, etc. a la calle.

Esto es sólo una pequeña muestra...













miércoles, 10 de junio de 2015

Conjunto de cuadros

Debe de estar muy de moda, porque de un tiempo a esta parte veo las composiciones de cuadros en todas partes. Blogs, revistas de decoración… Si bien creí en un principio que era una cosa de ABM, no tardaría en comprobar que sus ejemplos (aquí y aquí) son unos de tantos (y muy originales, por cierto, ya que a menudo son las bloggeras las que enmarcan sus propias creaciones en acrílico) de los que se pueden encontrar en la red.

Este humilde tutorial mío no es ni siquiera tutorial, ya que la realización apenas tiene complicación y no merece una gran explicación. Diría que basta con colocar en una superficie plana el conjunto de marcos para ver qué composición nos gusta más, extrapolarlo con papeles a la pared y, después, hacer los agujeros para colgar los marcos. Sí que querría hablar de un gran invento para colgar cuadros sin necesidad de taladrar: el cuelga cuadros de Fischer. Hay muchos otros métodos, pero este es el primero que he probado y no lo cambiaría por nada.



No obstante, sí creo importante remarcar dos factores que en mi caso han sido muy importantes a la hora de preparar la composición:
--- Los marcos. Para mi gusto, mejor distintos que iguales, tanto en colores como materiales y acabados. Por otro lado, la disposición de los mismos que, en mi caso, va siguiendo diferentes líneas (unos se agrupan según la línea superior, otros según una línea lateral… parecen descolocados pero no lo están).
--- Las imágenes. Varias imágenes y fondos han ido rotando en mi composición hasta que la he considerado terminada. Postales, dibujos, fotografías; ¡cualquier cosa vale! Aquí también considero que en la heterogeneidad está el gusto. Me he decantado por un dibujo que hice yo misma a lápices de colores sobre cartulina negra, de una figura de mujer; una postal que compré en el Museo Reina Sofía también de una mujer; dos fotografías en sepia de mis Blythe; una postal de una gata que compré en Londres; una postal de una niña bastante enigmática que compré en Caixa Forum de Madrid; una impresión de aves australianas (después citaré la web de la que la saqué); y una frase positiva sobre un fondo geométrico. Los colores son más bien tierra y, en diagonal, también se establece una cierta relación en los temas: las Blythe por un lado, los animales por otro, los dibujos, las mujeres…

Creo que, en definitiva, se trata de encontrar imágenes de nuestro gusto, ya sea por su estética, porque nos traen recuerdos o por cualquier otro motivo. Y dejar que la composición fluya y cambiarla las veces que sea necesaria, hasta que veamos el conjunto armonioso. Quizá pueda parecer, en mi caso, que la frase positiva no va demasiado con el resto, pero es algo que necesitaba y que dentro del salón (de forma más global) tiene su lógica.


Sobre de dónde conseguir imágenes si es que uno no es un coleccionista de postales curiosas (yo me considero una), si no se tienen fotografías chulas (¡seguro que sí!) u otros recuerdos (¿por qué no una entrada de un concierto? ¿o unas flores desecadas?), siempre se podrá acudir a internet.
Mis aves australianas salieron de esta página web y en esta otra encontré también bastante inspiración. Se trata de imágenes gratuitas que se pueden descargar para su uso privado y no comercial. Las hay de todo tipo y muy inspiradoras.
Si no, se me ocurren también papeles de regalo, washi tape o telas de Ikea (ellos mismos lo hacen en su tienda).
Tampoco es mala idea utilizar este tipo de composiciones en habitaciones infantiles, ¿verdad? Además, se les puede hacer partícipes dejándoles pintar, recortando con ellos, etc.

martes, 17 de febrero de 2015

La chalk paint de Annie Sloan

Después de convertirme en una fan de Interiores y Nuevo Estilo y de visitar montones de blogs de padres que pueden personalizar muebles, diseñar habitaciones y hacer las más disparatadas invenciones en bricolaje, decidí que era el momento de lanzarme a la piscina. ¿Por qué no yo?
Si, como decían en sawdustandembryos, con un par de gemelas pueden (y el nuevo bebé que viene en camino), ¿por qué no podría yo?
Bien es cierto que no soy la persona más mañosa del mundo, sobre todo a la hora de utilizar herramientas y mi visión espacial, pero siempre hay atajos.

Leí en varios blogs sobre la pintura chalk paint. La hay de varias marcas, pero yo me decanté por la de Annie Sloan por ser "la original" y de la que más tutoriales se podían encontrar en la red.
Es verdad que el producto no requiere grandes conocimientos de restauración de muebles ni tampoco una destreza especial, pero siempre hay que hacer anotaciones.
Yo adquirí mi pintura en arribasdecoracion y, por suerte, fui muy bien asesorada. Me dieron tan sólo unos consejos básicos (¡para algo tienen sus propios cursos!), pero no se necesita mucho más para conseguir un resultado bastante aceptable. Otra cosa es querer hacer virguerías como velados, découpage u otros: ahí creo que los cursos se hacen realmente necesarios o, al menos, habría que hacerse con una tabla para el juego "ensayo y error".
Para comprar en España, se pueden encontrar las distribuidoras en la página oficial de Annie Sloan.


Sobre los productos, hay que distinguir entre:

- La pintura. La pintura tiene una base de tiza o yeso que le da una textura muy especial. Es fácilmente maleable, no gotea demasiado, cubre mucho (diría que a veces con una capa es suficiente) y sólo tiene una pega que no deja de ser también su mayor virtud: seca muy rápido. Esto quiere decir que si no se tapa bien el bote se puede quedar dura e inservible (cuidado: estos productos no son precisamente baratos). Pero, al mismo tiempo, con un par de horas de secado se puede dar la segunda mano y, un día después, la cera. Diría que, más importante que todo esto, es subrayar que la madera (o el metal, el cristal, la tela... ¡dicen que agarra sobre cualquier material!) no hay que lijarla. Basta con limpiarla bien con un jabón neutro diluido en agua para retirar el polvo y después ya se puede pintar. Y, si se trabaja en invierno, como hice yo, que no hace falta hacerlo a la intemperie ni con las ventanas abiertas: no huele nada.


- La cera. Este producto, en su versión clara para proteger y en su versión oscura para proteger y dar una pátina de envejecido al mueble, para mi gusto es más engorroso. Leí que se podía aplicar con brocha y también con un paño, pero ninguno de los dos me convenció. Quizá sería bueno probar con una tela de algodón sin nada de pelo, tipo sábana, para evitar que se rompa o que desprenda pelusa durante la aplicación. Tampoco lo puedo asegurar... Por otro lado, trabajar en un lugar bien ventilado se hace total y absolutamente necesario. La cera desprende un fuerte olor y además es muy tóxica. Esto no lo había leído en ningún blog, pero basta con leer el bote y ya se hace uno una idea. Luego el mareo y el agrietamiento de las manos lo corroboran (también aconsejo uso de guantes).


Una vez conocidos los productos que se van a utilizar, habrá que decidir dónde aplicarlos.
Yo compré un sinfonier de segunda mano del que me enamoré a través de internet. La foto del anunciante no era buena, pero ya me indicaba que era un mueble distinto, con cierto aire vintage, al que podría sacar mucho partido por la cantidad de cajones que traía. Por supuesto, esto suponía trabajo extra de quitar todos los tornillos y todas las piezas de los tiradores antes de empezar a pintar.


Respecto a la aplicación, como digo, es muy sencilla.
La pintura hay que removerla, ya que cuando se abre el bote parece agua y aceite, una arriba y otro abajo. Una vez bien removida, se podrá apreciar el verdadero color que se ha comprado. En mi caso fue el "greek blue". En una primera capa, dado que compré una brocha un poco basta, quedaban los surcos de las cerdas marcados en la pintura. Y es que, como digo, es casi una pintura que moldeas, no gotea apenas. Diría que en la primera capa de cajones tardé tres horas y en la primera capa del armazón del mueble otras tres. Con la segunda mano fue mucho más fácil: la utilicé, con la pintura un poquito diluida en agua, para cubrir irregularidades y dar al mueble un tono más uniforme. Además, en la parte superior, que era la más visible, di la capa haciendo círculos, así que ahora no hay surcos sino que hay un bonito efecto de semi dibujo.



Pasadas cuarenta y ocho horas, el mueble está listo para dar la cera. Basta con coger un pellizco con la brocha o el paño (para mí mucho más fácil con el paño, pero la brocha llegaba a rincones de difícil acceso) y extender la cera sobre la madera. En mi opinión, es mejor echar un poquito de más que de menos y, a los quince minutos (no más), pasar el paño sin cera para quitar el exceso y pulir. El pulido ha de ser suave: de lo contrario podríamos llevarnos no sólo la cera, sino también la pintura. En mi caso, como no dispongo de mucho tiempo, creo que dejé la cera secar más de la cuenta y ahora al abrir y cerrar cajones, a pesar de que pulí cada recoveco, a veces cae alguna lasca de cera.


Después de su aplicación, dejé secar la cera varios días. No sabría decir con exactitud cuánto tiempo es necesario para poder recolocar el mueble y, en mi caso, atornillar los tiradores. Esto último no fue, comparado con todo lo demás, tarea sencilla: los tornillos, al tratarse de un mueble de por lo menos treinta años, estaban bastante oxidados y algunos de ellos torcidos. No estoy orgullosa pero la verdad es que, aparte de un aparatito muy útil para atornillar, tengo que reconocer que usé también un martillo. Dentro de lo que lo permite esta herramienta, con suavidad, claro, para no hacer saltar la pintura.


El resultado final nos encanta. El mueble dota de mucha personalidad a la estancia y el color es muy vivo.


Animo encarecidamente a todos los que quiera atreverse con la restauración de muebles sin tener que pasar por lijados y otros trabajos que requieren más detalle. El resultado merece mucho la pena.