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viernes, 1 de junio de 2018

Técnicas de chalk paint

Han sido ya varias pruebas porque, aunque creía que habían sido sólo un par de cosillas, me he dado cuenta de que he hecho ya varios trabajos con la chalk paint de Annie Sloan:

- Un sinfonier azul para mi dormitorio. Comprado a través de lo que era Segundamano a una señora ya mayor cuya tía (mucho mayor aún) había fallecido y tenía que vaciar el piso. Una preciosidad que no llega a ser antigüedad pero es un mueble a medida, hecho a mano por un carpintero y con mucha solera.
- Unas mesillas azules (sólo el armazón, los cajones los he dejado en gris) a juego para mi dormitorio. Compradas en un chino, de madera sin tratar, tan sólo tuve que lijar un poco para quitar astillas y el agarre de la pintura fue óptimo.
- Un espejo azul para colocar sobre el sinfonier. Encontré abandonado en la calle un espejo de esos que de viejos tienen "aspecto envejecido" en el cristal. Vamos, lo que uno paga por hacer "que parezca que", pero ya así por el paso del tiempo y totalmente regalado.
- Una mecedora blanca para el dormitorio de mi hija mayor. Comprada en una tienda de segunda mano por una miseria, fue un propósito bastante duro al que el tiempo no ha hecho justicia (niñas que pisan la madera que se balancea, deditos que arrancan las pegatinas, rodillas que se clavan en la endeble rejilla...).
- Unos adornos en una caja para juguetes. La Flisat de Ikea, que trabajé con la técnica del estarcido (muy interesante) pero que ha dado un resultado bastante malo porque decidí mezclar la chalk paint blanca con un poco de acrílico verde para cambiar el color. Definitivamente, NO.

Después de haber descubierto que esto es un vicio y que lo que yo hago no es nada en comparación con lo que se puede hacer, decidí apuntarme a un taller de Arribas Decoración para aprender más técnicas. ¡Esta pintura da mucho juego!
Ni qué decir tiene que poder acudir a un taller en persona es lo ideal, porque no es lo mismo leer un tutorial o incluso verlo en youtube que hacerlo in situ y que te puedan corregir o aconsejar.
Además, el taller al que asistí fue muy agradable. Éramos cuatro "aprendizas" y la profesora, la dueña de la tienda - taller, así que la atención era muy cercana y todas podíamos probar todas las técnicas. En otros sitios, unos prueban y otros miran, o todos prueban pero el profesor no puede ver el trabajo que están haciendo. Además, la charla era muy amena: cada una con sus ideas, sus preguntas, sus proyectos. Una mañana estupenda.

De allí saqué varias conclusiones que resumo a continuación para no olvidarlas (¡¡estoy deseando ponerlas todas en práctica!!).

1. Antes de pintar un mueble, es muy importante que esté limpio. Se puede lavar con agua, amoniaco y jabón. Es muy importante quitar la grasa (incluso los productos para limpiar madera llevan grasa). El lijado no es necesario y puede llegar a ser contraproducente. Por ejemplo, podríamos estar quitando un barniz a una madera que "suda" y al dejarla de nuevo a la vista acabe manchando y tiñendo la pintura. En este caso, lo ideal es dar una cama de goma laca a todo el mueble para sellar y repintar (o, directamente, jugar con el color de la mancha y elegir un tono que le vaya: si tira a marrón, elegir un tostado, no un rosa o un amarillo).
2. Técnica de decapado. Habrá que dar dos manos de pintura: primero un color y luego otro. La segunda capa puede no cubrir totalmente la primera (técnica del pincel seco). O, si utilizamos la segunda capa para cubrir, después se lijaría. Según lo que he visto, en la primera técnica predomina el color de la primera capa y en la segunda el de la segunda. Además, el lijado permite trabajar unas zonas más que otras. Si se quiere un decapado "agresivo", con la pintura un poco húmeda se puede utilizar una espátula para arrancar parte.
3. Aplicación de la cera. La cera clara hay que echarla siempre para proteger la pintura (con la excepción de los muebles que vayan a estar en el exterior, en cuyo caso se aplicará una capa extra de pintura y ninguna de cera). Si se quiere, encima se puede echar cera oscura (marrón o negra), cera blanca o cera clara teñida con un poco de pintura. Estas otras ceras se pueden "limpiar" utilizando de nuevo la cera clara, para sacarla de unas zonas y dejarla incrustada en otras, creando efecto envejecido o wabi sabi.
4. Creando grietas y rotos. Para crear grietas se necesitará calor: se puede aplicar un secador de pelo, con cuidado de no empezar demasiado cerca de la pintura y abrir "boquetes". Para crear rotos se puede, con la pintura algo húmeda, pegar un trozo de celo o cinta de carrocero y tirar. Como ya he mencionado antes, también se podría utilizar una espátula. Para, de nuevo, un efecto más "agresivo", sobre la pintura semi húmeda, que habrá sido aplicada con generosidad (incluso formando "charcos"), se puede pasar la brocha con más pintura para que quede un efecto de desgaste, tipo industrial.
5. Efecto lavado. Sólo puede aplicarse esta técnica sobre madera virgen o lijada (sin barnices). Se da una capa un poquito aguada y, antes de que se seque del todo, se pasa una toallita húmeda y "se lava", de modo que se redescubren las vetas de la madera.
6. Técnica del pincel seco. Habría que coger poca pintura y descargar el pincel sobre papel absorbente (como el de cocina) y después ya pintar sobre la madera. Si hay demasiada pintura o agua, la pintura cubre demasiado. Se darán brochazos largos sin presionar demasiado.
7. Pintar tela. Para pintar tela, hay que diluir la pintura en agua y se utiliza como si realmente fuese un tinte. Una mano gruesa o una pintura espesa acabarían rompiéndose al utilizar la silla.


Ahora tengo la impresión de saber tantas técnicas que, lo que en principio era un proyecto sencillo y claro (porque ya hay un mueble esperando en el trastero), se me está complicando. ¿Qué hacer? ¿Qué técnica? ¿Con qué colores? ¿Y si mezclo? ¿Y si utilizo otra cosa que se me está pasando por la cabeza?

domingo, 8 de abril de 2018

XO Collections en el Nómada Market


En la última edición del Nómada Market en Madrid, tuve el placer de conocer el trabajo de XO Collections.


A pesar de que tenía mis reticencias a la hora de volver a este mercado dado que comparando con el que hicieron hace años en Chamartín el del Mercado de la Cebada dejaba mucho que desear, le di otra oportunidad y salí muy contenta.
Cuando cambiaron al Mercado de la Cebada se detectaron muchos problemas en la infraestructura y creo que se hicieron eco de ello porque recibieron bastantes críticas en Facebook e imagino que también por otros canales.
Yo veía dos grandes ventajas a este emplazamiento: primero, que no había que pagar ninguna entrada aunque fuese poco dinero y, segundo, que exponer en un mercado como al, en puestos con su mostrador, su toldillo, etc. le daba a todo un aire muy castizo y original.
Pero a veces lo que es un punto a favor se vuelve en tu contra. Y es que puede ser divertido exponer pendientes de  platería o gafas con montura de madera al lado de una pescadería con sus grotescos rapes, pero el olor puede convertirse en un problema que ni las tiendas de velas aromáticas te van a poder resolver.



Por suerte en la pasada edición eso se había arreglado. Imagino que a costa del aire acondicionado y del fresquito que pasamos allí, que no me quité la cazadora vaquera no un minuto y eso que este otoño ha sido especialmente benévolo.
Sin embargo, los vendedores no siempre estaban contentos. Se quejaban de que, frente al fresco que corría en los pasillos dentro de los locales tenían mucho calor; la posición era muy cansada y era complicado llegar al género o que los clientes se animasen porque no podían tocarlo (dependía mucho del mostrador que tuvieses). También se quejaban algunos vendedores de ropa porque, para poder exhibir sus percheros, la única forma posible era colocar sus puntos de venta en los pasillos. Las aglomeraciones eran importantes, sobre todo ante los puestos que estaban frente a un ascensor que además era el único punto por el que podían acceder al mercado los carritos de bebés.



Supongo que poco a poco le irán cogiendo el punto o que irán estudiando otros enclaves más prácticos a la vez que interesantes para no perder esa marca de mercadillo de diseño independiente.



Aún así, valió la pena por todas las experiencias que me llevé del día.




* Me compré unos pendientes de Lucía Labigornia con forma de cerilla muy particulares. Trabajados en acero quemado y con una pequeña bola de coral haciendo las veces de fósforo, llevan la tuerca a cierta altura sobre el palito. Así, el pendiente no cuelga de justo el agujero que llevas en el lóbulo y la caída es muy original.



* Comimos en Latina Turner. Un pequeño local muy cerquita del Mercado de la Cebada que nos llamó por su original nombre y por la comida, digamos fusión latina pero sin pretensiones. Tomamos papas arrugás con mojo y patacón frito con guacamole. Buenísimo y muy económico. Totalmente recomendable.



* Conocí XO Collections. Aunque he visto en Facebook que tienen varias colecciones y que sus diseños son muy variados, precisamente lo que más me llama es lo que llevaron al Nómada Market: blusas retro hechas hoy e inspiradas en los 80. Para el proyecto, seleccionan y compran telas de estampados muy ochenteros y también botones del mismo estilo (plástico, nácar, dorado...). Después, aplican patrones de los 80 (¿alguien recuerda el Burda?) y cosen ellas mismas las prendas. ¡Eso sí es trabajo artesanal! No hay dos blusas iguales; ni siquiera hacen una M y una L con el mismo estampado. Son perfectas para llevar con una mini, con unos pitillos o para acompañar una chaqueta perfecto. Son muy estilosas y, a pesar de haber crecido en los 80, doy fe de que una no se siente señora con ellas. No fui capaz de elegir una y, además, llevaba un vestido estampado que ayudaba poco... No obstante, sé que acabaré haciéndome con una de ellas. Se las puede contactar para acercarse a su showroom.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Vuelo de grullas

La papiroflexia, arte para el que la Wikipedia hoy sólo reconoce el término de origami, es el arte de doblar papel y hacer con él figuras de todo tipo. Desde el barquito y el avión que aprendimos a hacer de pequeños (los más avezados se lanzaban a la pajarita o incluso a la rana) hasta las figuras más complicadas que se puedan imaginar.

Quizá se deba a que lo exótico vende más y a que el mundo de lo nipón y de la papelería está de moda (lo primero desde hace ya tiempo; el tema de la papelería ya se ha vuelto una fiebre a la que se han sumado hasta las tiendas de moda). Es posible. Pero me cuesta más desprenderme de la palabra "papiroflexia" de lo que me costó desprenderme de la palabra "insignia" (pin).

La cuestión es que las figuritas de papel son originales y perfectas para decorar.
Como idea, un pequeño ejercicio muy sencillo: recoger ramas de árbol (durante las podas se pueden encontrar fácilmente buenas ramas en cualquier ciudad) y hacer o comprar las figuritas que más nos gusten. En mi caso, dado que no soy muy buena en el tema y, sobre todo, porque quería infinidad de grullas pequeñas, las compré.


Me decidí por una tienda de Etsy, que vende grullas de papel desde Japón. Y el resultado fue genial. Llegaron a casa perfectamente plegadas; tan sólo tuve que desplegarlas, perforarlas con un alfiler y colgarlas de un hilo. De grulla en grulla y de rama en rama. A mí me parece un pequeño detalle perfecto, como en mi casa, para un rincón del salón. Pero también para un móvil en una habitación infantil, para colgar de una lámpara de la mesilla de noche... Las posibilidades son muchas.

lunes, 21 de agosto de 2017

Joyeros que enamoran

Me gustaría mostrar un pequeño y delicado trabajo que realicé hace un par de meses con Décopatch.

Ya lo hice anteriormente en un joyero algo más "basto" para bisutería de gran tamaño y después para un regalito personalizado, pero eran unas sencillas cajitas de madera que compré en Ikea. Me gustó mucho su diseño porque se cerraban dejando un pequeño cajón arriba, al descubierto, a modo de tapa; de ese modo, se podían guardar dentro accesorios como collares o pañuelos y dejar arriba los que se usan con más asiduidad. Lamentablemente, me da la impresión de que los han quitado del catálogo.

El joyero que hice en esta ocasión tenía bastante más complicación. Seguía siendo un contrachapado fino con cristal para ver el interior de cada celdilla. Pero la altura era mucho menor y la compartimentación mucho mayor. Así, en lugar de hacer trozos el papel como recomiendan los expertos del Décopatch, me dediqué a cortar tiras a medida para ir pegándolas de una en una. La poca altura del joyero sin duda lo permitía, porque para grandes superficies es bastante engorroso por la cantidad de bolsas que se forman. Esta vez, algo nuevo que aprendí, es que no es aconsejable cubrir hendiduras de las cajas que luego necesites abrir pensando que con un cúter de precisión te va a ser posible. El pegamento es demasiado bueno y, si seca del todo, lo más fácil es que te ocurra lo que a mí: 1) que te lleves algún trozo de madera por no poder encontrar bien la abertura y 2) que se rompa la cuchilla por intentar hacer palanca. Así que, o se corta cada pieza por su lado, o se pega junto pero se pasa el cúter cuando aún está el pegamento fresco y el papel húmedo.


Elegí un papel negro con pequeñas flores, bastante elegante diría yo. Así, iba genial con las pequeñas joyitas que quería guardar dentro: pendientes mínimos, collares finos con colgantes delicados, algún que otro recuerdo de un viaje e incluso un par de regalos de mi madre (unos de los pendientes, sin ir más lejos, es un regalo de juventud de mi padre a mi madre que ella nunca pudo estrenar por no irle bien el cierre omega).


Y este fue el preciado resultado, con el que no puedo estar más contenta.

lunes, 17 de julio de 2017

Buscando inspiración y el regalo que nunca llega

Durante ya varios años vengo pidiendo algún regalito que tenga que ver con la furry fashion Fifi Lapin.
Soy muy dada a que me gusten los personajes kawaii, los animalitos antropomorfos, las cosas kitsch. Pues Fifi tiene un poco de todo. Y, encima, es una coneja enamorada de la moda. Lo tiene todo, ¿o no?
Pero por algún motivo que desconozco las colecciones que sacan para niños, que son una auténtica delicia, que me encantarían para mis nenas, no se venden en España. Y, aunque eso también está bien, hay pocas réplicas por ahí. ¿Nadie les quiere copiar? ¿Tiene Fifi tanto poder que nadie se atreve?

Las Navidades pasadas tuve la suerte de recibir un regalito de Fifi y además auténtico. Quizá porque hay tiendas on-line que nos lo ponen todo muy a mano que uno no tiene excusa... Y fue el libro de la "furry fashionista".

De verdad que me parece una pasada que un pequeño animalito de largas orejas y apenas esbozado con unas líneas pueda tener tanta fuerza y tanto carácter. Y es que pisa la pasarela como las grandes.


Por eso necesitaba alguna prenda suya y hoy, hoy mismo que publico esta entrada, me topo de bruces con una "sample sale" que hacen en su web. Y, precisamente, con la imagen que yo elegí para hacer una prenda única que lucir como ella luce a los grandes diseñadores.


Hace meses que guardé una imagen que encontré en la red, una de tantas que me inspiran y que, antes de conocer Pinterest, guardaba sin ton ni son en mi portátil. Quería hacer algo parecido, pero no era capaz de encontrar un cuadro que me entusiasmase y al mismo tiempo fuese fácil de realizar. Porque sin duda tenía que pintarlo yo.


Así que recurrí a las imágenes que pude encontrar de Fifi Lapin en internet y me dispuse a realizar mi propio chaleco oversize. Están muy de moda y es que, sí, ¡los 90 han vuelto!
Tan fácil como coger un chaleco de segunda mano (por si las moscas: me invade siempre el miedo a personalizar algo que haya comprado para acabar estropeándolo, aunque de momento creo que no ha llegado a ocurrir), mis pinturas para textil Setacolor, un folio con el dibujo para ir recortando los contornos y la plancha, que sólo sube del trastero para estos menesteres. Creo que poco hay que explicar. Es otra de esas actualizaciones sencillas para la ropa que después siempre reciben un ¿dónde lo has comprado? Sí, orgullosa del resultado. Y ya estrenado.

jueves, 6 de julio de 2017

DecorAcción 2017

Lamentablemente, el año pasado, por las fechas en las que se celebraba DecorAcción, me encontraba en casa de baja y mi médico me había prohibido tajantemente salir de casa para cualquier cosa y mucho menos para disfrutar de la calle. ¿Por qué? Por la suma de varias circunstancias: un embarazo avanzado, un índice alto de polen y dos entradas en el hospital por urgencias. Así que, sí, me lo perdí.

Pero, y aunque ya siento contarlo después de haber terminado el evento (porque realmente fui un sábado), este año SÍ estuvimos allí. Y con la pequeñita que, todo hay que decirlo, se portó más que bien.

Disfrutamos una vez más de las ideas de decoración, de los muebles, de las restauraciones... Una maravilla. Y además paseamos por algunas de las librerías del barrio y vivimos bonitas experiencias, como la cesión del libro "El malvado zorro feroz" (¡ya comprado!) por otra lectora al ver que nosotros no podríamos volver pronto para comprar otra copia. O como las ricas arepas y la deliciosa limonada que degustamos en Cacao Restobar, donde los camareros eran amabilísimos y, lo increíble, tenían tronas y cambiador (increíble porque pocos sitios con un ambiente tan bonito y moderno disponen de facilidades para las familias).

En fin; para muestra, un botón.

Y, por supuesto, otro gran descubrimiento: el fanzine Ropa Tendida. Me encantaron las fotografías, me encantó la información que me dieron y me gustó aún más abrir la bolsita en casa y descubrir muchas otras fotos bonitas y poesías.






miércoles, 26 de octubre de 2016

Restaurar: ¿hacer nuevo o acentuar lo viejo?

Un día cualquiera, mientras intentas echar la siesta, recibes una llamada de tu chico que está yendo ya camino al trabajo. Te preguntas: ¿qué se le habrá olvidado? ¿le habrá pasado algo con la moto?
Pero, no, no es eso. Te sorprende con un: "No sabes lo que han dejado los vecinos al lado del contenedor. Una silla de las que tanto te gustan, parecida a las de nuestro salón. Baja corriendo antes de que se la lleve otro. ¡Seguro que se te ocurre qué hacer con ella!"
Y tú, que siempre has aborrecido eso de recoger las cosas del contenedor pero que llegaste a leer un artículo sobre el tema en una revista de decoración, le has empezado a coger el gusto al tema... No se trata de recoger porquerías o cosas totalmente desahuciadas, pero a veces la gente deja las cosas ahí (y no dentro) precisamente porque saben que esos objetos y muebles pueden tener perfectamente una segunda vida en otra casa.

Eso es lo que ocurría con la silla de estilo Tapiovaara que había dejado en la calle algún vecino. Obviamente no era una silla de diseño, pero estaba inspirada en ese estilo nórdico que tanto me gusta y que, para un toque en casa, me parece todo un detalle. Al mismo tiempo, el encolado seguía siendo perfecto y el peso de la silla denotaba una calidad nada desdeñable. Así que a casa se vino, si bien no sabía qué iba a hacer con ella ni dónde ponerla.

La silla estaba muy rozada en las patas y en el respaldo. Además, el asiento, lo que peor se veía, estaba en algunas zonas cuarteado. Es decir, que para pintarla habría que lijar sí o sí, y bastante cansada acabé de lija ya con la mecedora infantil.
Aparte de ser la salida fácil (soy experta en eso), ya que no me apetecía mucho pintar y habría supuesto mucho trabajo, me acordé de la técnica japonesa de arreglar los objetos con oro: el 金継ぎ (kintsugi). Se trata de una técnica por la que no se intenta tapar o disimular aquello que pudiera parecer roto o viejo, sino precisamente de acentuar de un modo bello lo que el paso del tiempo deja en todas las cosas. Es también de lo que hablaba Tanizaki en su ensayo "El elogio de la sombra" que tanto me gustó. Es decir: cuando algo tiene historia, cuando algo nos permite ver su pasado a través de sus muescas o sus vetas, ¿es necesario disfrazarlo de color y fantasía para que parezca recién sacado de fábrica? A veces no lo es en absoluto. A veces, aquello que es imperfecto es bello.

Con mi material de décopatch (barniz-cola, brocha, papel de décopatch, agua para limpiar de vez en cuando la brocha y un paño), me puse manos a la obra. No fue difícil encontrar un papel blanco con vetas doradas para que, por un lado, el blanco no cubriese totalmente los defectos de la madera y, por otro, para que el dorado hiciese un poco el juego de (salvando las diferencias) el kintsugi.


 Cortando el papel en pequeños trozos o incluso tapando grandes áreas con trozos más grandes, lo más complicado fue rasgar el papel para conseguir líneas más o menos gruesas que se fuesen estrechando al final y que permitiesen tapar las grietas de una forma natural. Esto es lo que mejor funcionó en el asiento de la silla.


Como en otras entradas he explicado, tan sólo hay que mojar la brocha en el barniz-cola, aplicarlo sobre la superficie que se va a cubrir, colocar el pedacito de papel y volver a tapar con otra capa de barniz-cola. No hace falta ser muy exagerado con la cantidad y, aunque el papel es difícil que se empape hasta el punto de romperse, sería un desperdicio utilizar un producto que no es necesario. Tan sólo hay que asegurarse que debajo del papel en toda la superficie hay producto para que no se formen las indeseables burbujas.
Una vez pegados todos los papelitos que se quiera, ya que en este caso no se trataba de tapar toda la superficie sino de marcar aún más las imperfecciones del mueble, tan sólo hay que dejar el producto secar. Si es verano bastarán tan sólo unas horas para que el producto esté seco. Esto es interesante a la hora de aplicar más papeles o pintar algo encima si así se desea. Si lo que se quiere es utilizar el mueble, aconsejo dejarlo bastante tiempo secando. Es también bastante difícil que se desprenda el papel, pero es cierto que el barniz-cola queda pegajoso durante un tiempo. Existe un líquido vitrificador que deja la superficie totalmente igualada y se puede hasta mojar el objeto sobre el que se ha hecho décopatch, pero yo de momento no lo he utilizado ni lo he necesitado.


Después de terminar la silla (un trabajo que me llevó unas tres o cuatro horas en total), quedaba la cuestión de dónde colocarla. Me gustan los espacios abiertos, las paredes sin cuadros y sin mucho artificio y, la verdad, nuestra casa ya estaba prácticamente terminada en cuanto a decoración se refiere. Así que, por casualidad, la coloqué en la cocina. Había otro hueco en el recibidor, pero en el futuro lo necesitaríamos para el carrito de la bebé, así que allí fue a parar mientras no tenía lugar ni función. Con el tiempo, se ha demostrado el sitio perfecto para dar charla a quien cocina y, no hay duda: va muy bien con el aire semi vintage y semi industrial de nuestra cocina.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Renovar los cojines

A veces, comprar determinados productos con unas imágenes que nos encantan encarece mucho el precio de aquello que compramos. Ya no se trata de la calidad de la tela o de la calidad de impresión sino, simple y llanamente, de que aquello que pintamos pueda estar de moda.

Se nos estropearon los cojines del salón y queríamos comprar algo nuevo. Como ya teníamos los rellenos y sólo queríamos cambiar las fundas, nos volvimos locos mirando en internet. El catálogo es extremadamente amplio. Pero no nos poníamos de acuerdo con lo que queríamos. Yo no quería meter ningún elemento figurativo, ya que en casa tenemos varios cuadros con muñecos, animales, dibujos, etc. Y, especialmente, en la zona del sofá, es donde más se concentran esos motivos. Pero él no quería tampoco estampados tribales ni geométricos que, ahora, la verdad, están muy de moda.

¿Y qué es lo más sencillo (y, además, ¡lo más económico!) cuando no encuentras nada que te guste en el mercado? Pues hacértelo tú mismo: DIY al poder.
Como otra de las discusiones del hogar era "el poco friquismo que rezumaba" (lo entrecomillo porque no comparto en absoluto esa afirmación), se me ocurrió hacer un guiño en los cojines. No creo que muchos de los que los vean sepan lo que es pero, para mi marido, es una fricada porque se trata del emblema de Gondor y, para mí, aunque es hasta cierto punto figurativo, también se trata de un dibujo esquemático y mucho menos rimbombante que un dibujo muy realista y recargado.

Así que, como otras veces, acudí a mis pinturas para textil de Setacolor. Hasta el momento esta pintura me ha dado estupendos resultados en ropa y calzado. Es cierto que el calzado, al estar más en contacto con suciedad, barro, etc., sí que pierde algo de brillo. Pero no así  la ropa, que ha aguantado muy bien los lavados.
Cómo no, la aplicación en textil del hogar es también muy sencilla, puesto que se trata de un material liso y, en el caso de mis cojines de lino, al ser un material bastante grueso la aplicación fue especialmente fácil.

Los pasos son los siguientes:

1. Elegir el dibujo y recortarlo a modo de plantilla.
2. Utilizar un lápiz o una pintura de fácil borrado para marcar los bordes que después se recortarán. Supongo que lo ideal sería el jaboncillo que utilizan en costura para los patrones pero, como no lo tengo, utilicé pasteles.
3. Colocar un cartón debajo de la superficie que se va a pintar. Ya no sólo por proteger la mesa sino, sobre todo, para que la pintura no traspase y no cale la superficie que no se quiere pintar.
4. Rellenar los contornos esbozados con la pintura permanente para textil.
5. Dejar secar al menos 24 hrs. Si el ambiente es húmedo y se ha aplicado mucha pintura, podría ser recomendable dejarlo bastante más tiempo.
6. Colocar un paño sobre la superficie pintada y pasar una plancha por encima para fijar la pintura.
7. Borrar con un paño húmedo los restos de jaboncillo / pastel que hayan quedado a la vista después de pintar la decoración.
8. Quitar el cartón.
9. Lavar, secar y colocar el relleno.



Veo este método, incluso con cinta de carrocero, muy inspirador a la hora de crear motivos geométricos que, como decía, ahora están muy de moda. Precisamente porque se llevan, estos cojines suelen ser bastante caros (aunque, por supuesto, Ikea también nos hace la vida más asequible) y, al mismo tiempo, cuando su precio haya bajado, probablemente ya los veamos un poco "pasados".


En casa estamos encantados con el resultado. Y, curiosamente, han sido renombrados por nuestra hija como "los cojines de Frozen" en lugar de Gondor. Discútele tú la denominación...

martes, 23 de agosto de 2016

Manualidades con niños

Hay cientos de recursos para hacer manualidades con niños. Páginas webs, tutoriales, libros... De momento no tengo ninguno, pero me parece una gran idea cuando mi hija (mayor) es una niña a la que le gustan mucho las actividades tranquilas como pintar, decorar o recortar.
Mientras tanto, lo que he ido intentando en los últimos meses, dado que mi hija (pequeña) estaba por llegar, ha sido implicarla lo máximo posible en las tareas y proyectos referentes al cambio que iba a sufrir nuestro hogar. La recién llegada y su habitación pero también ser cuatro y no tres.
Aparte de hacer algún proyecto para la mayor y que no se viese relegada, se encuentran fácilmente proyectos en los que ella puede ser parte activa. Y, además de aprovechar la creatividad que como niña desprende, ella se siente orgullosa de ayudar y de poder mostrar a todo el mundo lo que ha creado.



¿No son una monada? Con tan sólo unos salvamanteles de corcho y un rotulador edding. Y, como otras veces, irrepetibles.

jueves, 14 de julio de 2016

No es necesario ser un experto de ikebana

Si hay una cosa que siempre me ha encantado, a pesar de mi alergia al polen, han sido las flores. De pequeña, aun cuando me dormía dando a la comba sentada en una silla para que saltasen mis amigas (porque el asma me impedía saltar y a veces la fatiga me hacía quedarme dormida en los sitios más insospechados), tenía la ilusión de ser Botánica. Cuando nos mandaron en el colegio hacer una redacción y presentación de un tema libre, elegí las flores.
Y, aunque hubo años relativamente buenos en lo que a alergia se refiere, ha habido también crisis asmáticas que me lo han hecho pasar muy mal.
No obstante, lo bueno de tener un asma alérgica es que no la tengo todo el año y puedo disfrutar de las flores en pequeñas dosis.
Como cuando en la carrera tuvimos una práctica sobre ikebana. He de decir que mi arreglo fue de los más mediocres y que la nota fue normalita, pero, al vivir en un pueblo pequeño, tampoco tenía medios para comprar en una floristería ejemplares exóticos o llamativos como otros de mis compañeros.
O como, últimamente, cuando me decidí, de unos meses a esta parte (porque en cuanto han empezado a florecer todas las plantas he decidido hacer un parón en esta nueva afición), en ir a comprar semanalmente flores para adornar la casa. Liliums, claveles, lirios… Todos son bienvenidos. Dan una alegría y una vida a la casa incomparable.
Además, ¡me sirven para utilizar mi último DIY de décopatch! Guardé hace tiempo unos botellines (o botellones) de cerveza turca en un restaurante donde fuimos a cenar. Me parecieron muy originales y una buena base para hacer algo especial. Así que limpié bien las botellas, quité los papeles que traían y, no sin mucha indecisión, escogí papel de décopatch con el que decorarlas. Es cierto que el color oscuro de las botellas y el exceso de pegamento que utilicé hacen que el resultado no sea tan bonito, ya que no se ven tan claramente los dibujos, pero tampoco estoy a disgusto con cómo ha quedado. Ahora que, para futuras ocasiones, quizá sería interesante poner una capa “base” de papel décopatch blanco, para que los colores que van encima se vean más vivos.
La técnica, como siempre, sencilla. En este caso muchas piezas fueron cortadas más grandes para conservar el cuerpo de las chicas de las imágenes y las tiras doradas fueron cortadas con tijera, ya que el acabado perfecto no se podía lograr de otro modo. Y, muy importante: cuidado con las formas cónicas, ya que cortar líneas rectas hace que la línea se vaya desvirtuando y no se mantenga recta en el borde que le corresponde. Mejor medir, cortar la línea recta y después hacer pequeños trocitos para ir pegándolos seguidos pero poder al mismo tiempo corregir la curvatura.

martes, 31 de mayo de 2016

Mecedora infantil con chalk paint

Mi último proyecto con chalk paint, si no el más grande, diría que ha sido el más complejo y, al mismo tiempo, sí, el más barato.

Tan sólo he gastado:
-- 5 € en una mecedora de segunda mano (rota, por cierto).
-- 10 € en pintura: un mini bote de pintura blanca de Annie Sloan en color “pure white”, porque, en Arribas Decoración, te venden los envases tipo de la marca y además otras medidas que ellos mismos te separan al momento y que te vienen genial si no necesitas mucha cantidad.
-- 3,60 € en dos madejas de trapillo. Es cierto que hay todo tipo de ellas y muchísimas calidades. En mi caso, una de ellas es de una calidad estupenda para hacer bolsos, cestos, etc. (aunque, efectivamente, no es de esas tan ligeras ideales para bolsos) y la otra ya no tanto, puesto que es demasiado elástica y no sé qué otros usos diferentes al que le he dado yo se le podrían dar.
-- Nada en cera. Utilicé un sobrante de la que compré cuando transformé mi sinfonier azul.
-- Nada en otras pinturas. Reutilicé la azul sobrante de la que compré cuando transformé el mencionado sinfonier y utilicé pintura acrílica magenta que tenía en casa para hacer mezclas de colores.
-- Y utilicé también otras cositas que tenía en casa: pinceles, trapos viejos, fieltro para proteger el suelo del balanceo de la mecedora, cinta de carrocero, un clavo (¡sí, un clavo!) y algunas pegatinas de mi hija para que ella pudiese participar en el proyecto.

Así que, por tan sólo 18,60 €, una cantidad más que asequible viendo que online todo lo que encuentro cuesta entre 75 y 80 €, le he dado a mi hija una mecedora única para su rinconcito de lectura. Porque lo que a mí simplemente me parecía “una cucada”, ella lo ha convertido en un rincón de lectura en toda regla: cada noche se sienta en la mecedora y le lee un cuento a sus muñecos, alineados sobre el banco de los juguetes. Así que, sí, la habitación ha quedado monísima, pero al mismo tiempo los juguetes están ordenados y ella afianza cada día más el hábito de la lectura (lectura de tres años: hojear libros e inventar lo que dicen los personajes, cosa que a mí me parece genial).


Sobre el procedimiento, indicar que en este caso comencé por lijar el barniz. Efectivamente no es necesario porque la chalk paint agarra perfectamente sobre superficies barnizada pero, en cualquier caso, había leído en algún sitio que determinados barnices que se usaban en España a mediados de los 50 dejan “marca” en la pintura, desvirtuando un poco su color. Y yo sospechaba que esta mecedora era muy antigua. Aun así, el trabajo no fue fácil en absoluto y me temo que en algunos lugares me dejé parte del barniz porque el “pure white” no ha quedado tan puro… Utilicé una lija bastante basta para ir rápido y, cuando hube terminado (o cuando decidí que había terminado), lijé con otra más fina para evitar asperezas o, peor, astillas.

Después de lijar, llegó el momento de pintar.
La pintura es muy fácil de aplicar, espesa y moldeable. Permite modificar “la dirección” de los surcos que deja la brocha (mejor si es redonda, se evitan bastante dichos surcos) o arreglar churretones. Como no me parece que sea posible impedir que la brocha deje marca de su camino, al tratarse de una mecedora con multitud de piezas opté por dirigir la brocha siempre en el sentido de las maderas, no a la contra: es decir, mejor a lo largo. El efecto es más “lógico” y por tanto no parece que se haya pintado mal el mueble.
Aunque tuve que ir pintando por partes, ya que hay que ir cambiando la postura de la mecedora para pintar arriba y abajo y en cada rincón entre las distintas piezas, tampoco tardé más de unas horas. Eso sí, espaciadas para dejar que se secase cada zona pintada en su totalidad. En mi caso, opté por dejar transcurrir un día entre cada sección: me aseguraba de que la pintura secaba por completo y aprovechaba las horas que me quedan a veces libres mientras mi hija va a extraescolares pero que no son suficiente tiempo como para dedicarlo a otros temas.


Como la rejilla de la mecedora estaba rota y en esto sí que soy una absoluta principiante… Opté por tomar un atajo. Podría haber comprado el material, cambiarla por una nueva y pintarla de blanco como el resto de la mecedora (habría quedado preciosa, la verdad), pero no me atreví. También es cierto que no había visto tutoriales tan maravillosos como este en aquel momento, así que tuve que buscar alternativas.
Dejé la rejilla de su color natural (madera), pintando con un pincel muy fino los contornos para evitar mancharla. Si quería dejarla como estaba, mejor que se viese tal cual, no como un “accidente”. Y, como primera opción, pensé en coger una tela de arpillera, cortarla a medida, preparar un pequeño dobladillo y graparla a la rejilla. Pero, ¿y si no quedaba bien? ¿Cómo iba a hacer para conseguir sacar las grapas de nuevo? ¿Y si las grapas terminaban por destrozar el junquillo y la rejilla?
Ahí llegó la segunda opción: el trapillo. Inspirada por aquellas clases de Plástica de nuestra antigua EGB, en las que a los chicos se les ponía a hacer maquetas del mapa de España con bombillitas y circuitos eléctricos y a las chicas tapices de lana gorda (sí, así era incluso en los 90), y también inspirada por el magnífico blog ABM, se me ocurrió esta idea.

Antes de esto, decoré un poco con otros colores la mecedora, para que encajara mejor en la habitación de mi hija, que ya tiene varias cosas en amarillo, verde, azul y rosa en su dormitorio. Y, todo sea dicho, porque ella tampoco quería que fuese blanca… Y me preguntaba constantemente: “Pero lo blanco lo vas a tapar, ¿no?”
Así que reutilicé la chalk paint “greek blue” que me había sobrado y que sabiamente había guardado. Y con el blanco que me sobró de pintar la mecedora tenía base para crear también un rosa. Así que mezclé con acrílico, que había leído en otros blogs que se podía hacer, y a base de chalk paint blanca y acrílico magenta mezclé hasta obtener el rosa deseado. Hay que remarcar que a la hora de pintar la mezcla es menos agradecida que el chalk paint puro y, sobre todo, que hay que limpiar muy bien los pinceles para que no se queden sucios.
Me ayudé de cinta de carrocero para ir marcando las zonas que quería pintar. Una vez pintado el rosa y el azul sobre el rosa, para ir siempre de más claro a más oscuro, y tras haber retirado los papeles, siempre se encuentra una irregularidades. No sé si tengo la cinta de carrocero más potente del mundo, pero no es la primera vez que esta cinta “de quita y pon” me ha desconchado la pintura de algún sitio (primero fueron los techos donde colgamos guirnaldas de cumpleaños…). Así que me serví de un pincel muy fino para pintar los desconchones y también las zonas donde una pintura se había metido por debajo del papel y estaba en el lugar que no le correspondía.


Una vez terminado el trabajo de la pintura, llegaba el de la cera. Ya hablé en otra entrada sobre sus peculiaridades y, sobre todo, sobre su toxicidad, así que tampoco quiero extenderme con este tema. La cuestión es que, comparando con la vez anterior que la utilicé, esta vez no he esperado tanto para el secado (apenas veinte o treinta minutos) y el resultado ha sido mejor. Se ha retirado bien el sobrante y, de momento, no veo que se haya desprendido ninguna lasca posteriormente.

Así que, finalizada la parte de pintado y encerado, quedaba el toque final. Ahí volvemos al trapillo.
He visto cosas hechas con trapillo y la mecánica parece la de los tapices. Aunque soy nefasta con una aguja en la mano, el trapillo me recordaba a los tapices, con esas herramientas tan sumamente sencillas (lanzaderas y peines) y, al mismo tiempo, al macramé que, aunque he olvidado la técnica, se hacía trenzando cuerdas con los dedos.
Así que fui creando una base sobre la marcha para ir tapando el mimbre. No totalmente, eso habría sido imposible, pero lo más simétricamente posible y dejando a propósito mucho mimbre a la vista. De no haber sido así, sólo se habrían visto los bordes y, al no estar pintados, el efecto habría sido bastante feo. De esta manera, aunque no es la solución más profesional, conseguí tapar los agujeros y dar algo más de consistencia al asiento (no olvidemos tampoco que se trata de una silla infantil y que no va a estar sometida a tanto peso). Una vez tenía la base de líneas en un sentido, fui trenzando como se hace con los tapices pero con los dedos entre las líneas que estaban sujetas al mimbre. Debajo de la mecedora quedan bastantes nudos, pero por arriba creo que el aspecto del asiento es bastante satisfactorio. Desde luego, es más o menos lo que yo imaginaba que iba a conseguir. Y los toques de rosa… ¡eso a mi hija le fascina!


Lo que decía: por 18,60 €, puede que no sea de diseño ni profesional, pero es única.



Y, ¿para qué el clavo? Pues, bien, es el remedio rápido para todos los quebraderos de cabeza. Después de tejer con los dedos todas las líneas de trapillo, me doy cuenta de que una de las cuerdas va a caer en un trozo de mimbre roto en el mismo borde… ¡Así que no hay cómo enganchar esa cuerda! La solución fue, como siempre, sencilla: coser el trapillo para poder dar la vuelta a la cuerda y después clavarla sobre el junquillo tapando del todo el agujero.

lunes, 11 de enero de 2016

Cadeneta de fotos

Hay miles de formas de decorar una habitación infantil y creo que una de las más sencillas es hacer cadenetas de fotos.
Pueden ser dibujos animados que les gusten a los niños, recortes de revistas, cartones envueltos en papel de regalo, banderitas de colores a juego con la decoración de la habitación... Lo interesante es que los recursos son inagotables y, al mismo tiempo, muy baratos.

Para el segundo cumpleaños de mi hija hicimos cadenetas tan sencillas como:
1. Escoger imágenes de Minions con sus distintos disfraces e imprimirlas.
2. Con un CD como modelo, dibujar círculos idénticos en una cartulina y recortarlos.
3. Pegar una imagen de Minion en cada cara del círculo.
4. Hacer un agujero en la parte superior del círculo y otra en la inferior.
5. Con pequeños trozos de hilo blanco, anudar un círculo al siguiente.
El resultado fueron unas maravillosas cadenetas colgantes que se podían colocar en el techo con celo o chinchetas. Esto fue una decoración de cumpleaños, pero igualmente podría haber valido para decorar un pequeño rincón vacío en su habitación.

La idea de la que traigo fotos es, sin embargo, la de la cadeneta de fotos.

Antes de llevar a Ariadna a su habitación "de mayor", elegí una serie de fotos representativas de sus primeros dos años. Utilicé un filtro y un marco, el mismo en todas ellas, en un programita de retoque fotográfico, e imprimí las fotos en el mismo tamaño en papel de cierto grosor.
Para no estropear las fotos y poder cambiarlas fácilmente a medida que la niña fuese creciendo, cogí un cordel y coloqué las fotos con pinzas. Esto hace que sea fácil no sólo cambiar las fotos en el futuro, sino cambiarlas de lugar si al colgarlas nos damos cuenta de que el resultado no funciona.
Las podría haber colocado sobre el cabecero, pero con dos añitos difícilmente se habría contenido y habría tenido que cogerlas y hacer su propio "hazlo tú misma"...


Así que compré unas casitas de cartón (las hay de madera, las puede hacer uno en casa si es mañoso... ¡o incluso pueden ser cajas de cartón de una misma medida pintadas o forradas con gusto!) para colgar de ellas la cadeneta. La verdad es que ya he olvidado el nombre que me dijeron que tenían "los cacharritos" que utilicé para colgarla... La gente los llama en internet "chinchetas de dos patas" y el fabricante parece que "broche tipo alemán", pero no le dieron ninguno de estos nombres en la papelería donde los compré (aparecen en las fotos). La cuestión es que es fácil utilizarlos para agarrar dos cartones, dos cartulinas (se utilizan mucho para hacer móviles y marionetas en los colegios) o, como hice yo, para anudar cada punta de la cuerda a la cabeza y pasar las dos patas al otro lado del cartón para que quede bien sujeta.


Otro detalle que se ve en las fotos es el nombre de la niña, que es para lo que al final utilicé las casitas (el cartón en este sentido es peor que la madera, puesto que no se puede poner mucho peso). Coloqué dentro las letras de madera que ahora están en todas partes y que, en mi caso, fueron tan simples de decorar como coger papel de scrapbooking, cortar las letras a la medida y pegarlas.
El resultado nos encantó ¡y a ella también!

martes, 15 de septiembre de 2015

Otro proyecto rapidito en textil

Últimamente no hago más que aprovechar las ideas que veo aquí y allá y aplicarlas en cuanto es posible. Como me ocurrió con esta sencilla camiseta naranja, que compré en un pack del que era la segunda, la no preferida, la que nunca hubiese comprado de venir sola.
Así que, ¿qué hacer con esas prendas tremendamente sencillas o de las que nos hemos cansado? Estas últimas creo que son el objetivo perfecto para todo trabajo de ensayo y error antes de lanzarse a algo más grande. Aunque yo empecé al revés, pintando zapatillas, creo que las camisetas (que además las hay muy baratas) son el lienzo perfecto para esos proyectos que no sabemos cómo saldrán.

En este caso, los materiales son muy sencillos:

- Lápiz de mina blanda, para que marque sobre la tela (con el lavado desaparecerá de la misma).
- Pintura para textil. Yo ya he probado en varias ocasiones Setacolor, que es sencilla y, por lo que veo, no se estropea con los lavados. Aún así, es cierto que pierde un poco de vivacidad.
- Regla para los trabajos geométricos. Es importante medir bien las distancias si, como en mi caso, se elige un motivo geométrico para estampar.
- Cartón. ¡No olvidemos que la pintura traspasará la tela!


En fin, tengo la impresión de que las fotos hablan por sí solas.
La patata es un recurso que no se debe despreciar.


Ahora, en estas otras fotos... ¿Ya aflora en la memoria ese patrón que se seguía en muchas clases o en casa para matar los ratos de aburrimiento?


Mi camiseta luce ahora mucho más alegre, sin ser algo recargado, y el dibujo me permite seguir combinándola con otros estampados.

domingo, 12 de julio de 2015

Décopatch

Este es realmente el nombre de una marca que comercializa su propio pegamento y su propio papel para realizar decoraciones creativas. Pero, como con los “kleenex”, nadie habla de “pañuelos de papel”.

Hace unas semanas, aprovechando que en Centroartesano están de aniversario, acudí a un taller gratuito para conocer la técnica.

Habían invitado a Marifé Navarro y ella estuvo explicando, desde la hora de comer hasta final de la tarde, a todos los que nos quisimos acercar por la tienda-taller, las propiedades del papel, del barniz-cola que se utiliza, cómo trabajar el papel y diversos trucos para obtener el mejor resultado.
Para mí, las dos grandes ventajas de esta técnica decorativa son su facilidad y la relajación que supone practicarla. Otros hacen jardinería, pero a mí me pareció una forma muy entretenida y relajante de pasar el tiempo. Haciendo décopatch, el tiempo, literalmente, ¡vuela! Es sencillo, no cansa… Hasta los niños pueden hacerlo porque no es peligroso y apenas mancha (el barniz-cola, una vez seco, se retira con suma facilidad de los dedos).

Pero empecemos a ver a qué material nos enfrentamos y cómo se trabaja.
Bastará con hacerse con un pliego de papel décopatch (papel barnizado, como dicen en otros blogs), con un pincel de décopatch (un pincel de cerdas duras y aplanado), un bote de barniz-cola y un objeto para decorar.
--- El papel es muy fino y al mismo tiempo muy resistente. No se moja, no se rompe ni se destiñe al impregnarlo de cola. Al mismo tiempo, si nos hemos confundido en el lugar en el que lo hemos aplicado, se puede despegar, se puede tapar… No se transparenta, se funde con el resto de papeles de décopatch aplicados y, en suma, es muy versátil.
--- El pincel, como comentaba, es un pincel de cerdas duras y aplanado (aconsejo comprar el adecuado para este tipo de papel, ya que no sé qué resultados podrían dar otros). Es importante la dureza y la forma porque se trabaja el papel aplastándolo para cubrir bien la superficie que se decora.
--- El barniz-cola, a primera vista, es cola blanca normal y corriente. Pero lo cierto es que, después de aplicado y tras haber esperado los 35 minutos que tarda en secar, la parte de barniz hace que la superficie del objeto quede brillante y parcialmente protegida. Digo parcialmente porque, al poderse decorar, por ejemplo, vajilla, es recomendable utilizar otro producto, un vitrificador, para dar una protección total ante el uso y el agua.
--- Respecto a qué objeto utilizar para la decoración con décopatch, he aquí una maravillosa noticia: se puede aplicar sobre cualquier material. Hay accesorios de papel maché especialmente creados para ser decorados con papel décopatch, pero no es necesario comprarlos para obtener un bonito resultado (además, en mi opinión, si el papel y el barniz-cola, por lo que cunden, merecen la pena a pesar de parecer caros, sobre las figuras de papel maché no pienso lo mismo). Así que, ¿por qué no dedicarse a reutilizar, a personalizar, a dar nueva vida a aquellas cosas de las que nos habíamos cansado? Un marco de fotos (de madera, de plástico, de metal… ¡cualquier soporte sirve!), una botella, una lámpara… Incluso el cristal o la tela son aptos para esta técnica.

Ahora, ¿cómo se hace?

La idea es partir el papel (no cortar con tijeras, el resultado no es nada natural) en trocitos de unos 3 x 2 cm. Si el objeto que vamos a decorar tiene mucho detalle (por ejemplo, si es una figura y tiene pelo, o para las cuencas de los ojos, o para una flor tipo rosa, con muchas hendiduras), los trozos deberán ser aún más pequeños.
Una vez partido el papel, con todas sus irregularidades, se moja un poco el pincel en barniz-cola y se aplica el producto sobre el objeto. Después, se coloca un trozo de papel y, vuelvo a mojar el pincel, se aplica sobre el papel de modo que quede totalmente cubierto. El papel es realmente resistente, pero mejor empezar con poco barniz-cola hasta ver la cantidad que nos viene bien para trabajar. Será necesario que la parte sobre la que se coloca el papel esté bien cubierta por barniz-cola; si no, no despegará e incluso cuando se seque el objeto por completo se habrán hecho burbujas. A la hora de aplicar el barniz-cola sobre el papel, es importante que se aplique de dentro hacia fuera, con seguridad y obligando al papel a no crear arrugas. No obstante, si saliese alguna, más fuerza aplicada con el pincel permitirá doblar la arruga sobre sí misma y disimularla.
Los trozos de papel se superponen, se vuelven a partir para cubrir huecos, a veces se cortan con una forma determinada del dibujo (y, evitando siempre, si se puede, las tijeras) para adornar el objeto, etc. Un truco importante que aprendí en la clase es que, si quieres que un dibujo quede visible sobre una superficie picuda o redondeada, lo mejor es empezar por la parte que no va a ser la más importante y, después colocar hacia esa parte el dibujo para que tape el sobrante y no sea el dibujo “feo” el que tape el bonito. Y, otro truco más: si una superficie tiene curvas demasiado pronunciadas, también se puede rasgar el final del trozo del papel (algo así como el efecto deshilachado de la tela) y así el papel se adaptará (aunque dejando huecos) al objeto en lugar de crear un millón de arrugas.
Y, finalmente, esperar 35 minutos. Aún así, yo recomiendo dejar más tiempo para secar superficies que después se van a juntar. Por ejemplo, en una caja, en un joyero…

Aquí están mis dos primeras creaciones: una figura de un Guerrero de Xi’an, curvilínea, complicada pero también con mucha posibilidades, y una caja que utilizo para guardar pendientes.
Esta última es el ejemplo del uso de las tijeras. Líneas rectas, superficies muy planas y definidas. Romper el papel haría casi imposible trabajar los bordes, se taparía el cristal… Así que, aunque no es lo más natural, hay ocasiones en las que su uso tiene un resultado interesante.



En breve empezaré a trabajar esta técnica con mi peque, que estoy segura que lo va a disfrutar tanto o más que yo.
Y, para quienes se animen, aquí hay un montón de ideas.