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viernes, 1 de junio de 2018

Técnicas de chalk paint

Han sido ya varias pruebas porque, aunque creía que habían sido sólo un par de cosillas, me he dado cuenta de que he hecho ya varios trabajos con la chalk paint de Annie Sloan:

- Un sinfonier azul para mi dormitorio. Comprado a través de lo que era Segundamano a una señora ya mayor cuya tía (mucho mayor aún) había fallecido y tenía que vaciar el piso. Una preciosidad que no llega a ser antigüedad pero es un mueble a medida, hecho a mano por un carpintero y con mucha solera.
- Unas mesillas azules (sólo el armazón, los cajones los he dejado en gris) a juego para mi dormitorio. Compradas en un chino, de madera sin tratar, tan sólo tuve que lijar un poco para quitar astillas y el agarre de la pintura fue óptimo.
- Un espejo azul para colocar sobre el sinfonier. Encontré abandonado en la calle un espejo de esos que de viejos tienen "aspecto envejecido" en el cristal. Vamos, lo que uno paga por hacer "que parezca que", pero ya así por el paso del tiempo y totalmente regalado.
- Una mecedora blanca para el dormitorio de mi hija mayor. Comprada en una tienda de segunda mano por una miseria, fue un propósito bastante duro al que el tiempo no ha hecho justicia (niñas que pisan la madera que se balancea, deditos que arrancan las pegatinas, rodillas que se clavan en la endeble rejilla...).
- Unos adornos en una caja para juguetes. La Flisat de Ikea, que trabajé con la técnica del estarcido (muy interesante) pero que ha dado un resultado bastante malo porque decidí mezclar la chalk paint blanca con un poco de acrílico verde para cambiar el color. Definitivamente, NO.

Después de haber descubierto que esto es un vicio y que lo que yo hago no es nada en comparación con lo que se puede hacer, decidí apuntarme a un taller de Arribas Decoración para aprender más técnicas. ¡Esta pintura da mucho juego!
Ni qué decir tiene que poder acudir a un taller en persona es lo ideal, porque no es lo mismo leer un tutorial o incluso verlo en youtube que hacerlo in situ y que te puedan corregir o aconsejar.
Además, el taller al que asistí fue muy agradable. Éramos cuatro "aprendizas" y la profesora, la dueña de la tienda - taller, así que la atención era muy cercana y todas podíamos probar todas las técnicas. En otros sitios, unos prueban y otros miran, o todos prueban pero el profesor no puede ver el trabajo que están haciendo. Además, la charla era muy amena: cada una con sus ideas, sus preguntas, sus proyectos. Una mañana estupenda.

De allí saqué varias conclusiones que resumo a continuación para no olvidarlas (¡¡estoy deseando ponerlas todas en práctica!!).

1. Antes de pintar un mueble, es muy importante que esté limpio. Se puede lavar con agua, amoniaco y jabón. Es muy importante quitar la grasa (incluso los productos para limpiar madera llevan grasa). El lijado no es necesario y puede llegar a ser contraproducente. Por ejemplo, podríamos estar quitando un barniz a una madera que "suda" y al dejarla de nuevo a la vista acabe manchando y tiñendo la pintura. En este caso, lo ideal es dar una cama de goma laca a todo el mueble para sellar y repintar (o, directamente, jugar con el color de la mancha y elegir un tono que le vaya: si tira a marrón, elegir un tostado, no un rosa o un amarillo).
2. Técnica de decapado. Habrá que dar dos manos de pintura: primero un color y luego otro. La segunda capa puede no cubrir totalmente la primera (técnica del pincel seco). O, si utilizamos la segunda capa para cubrir, después se lijaría. Según lo que he visto, en la primera técnica predomina el color de la primera capa y en la segunda el de la segunda. Además, el lijado permite trabajar unas zonas más que otras. Si se quiere un decapado "agresivo", con la pintura un poco húmeda se puede utilizar una espátula para arrancar parte.
3. Aplicación de la cera. La cera clara hay que echarla siempre para proteger la pintura (con la excepción de los muebles que vayan a estar en el exterior, en cuyo caso se aplicará una capa extra de pintura y ninguna de cera). Si se quiere, encima se puede echar cera oscura (marrón o negra), cera blanca o cera clara teñida con un poco de pintura. Estas otras ceras se pueden "limpiar" utilizando de nuevo la cera clara, para sacarla de unas zonas y dejarla incrustada en otras, creando efecto envejecido o wabi sabi.
4. Creando grietas y rotos. Para crear grietas se necesitará calor: se puede aplicar un secador de pelo, con cuidado de no empezar demasiado cerca de la pintura y abrir "boquetes". Para crear rotos se puede, con la pintura algo húmeda, pegar un trozo de celo o cinta de carrocero y tirar. Como ya he mencionado antes, también se podría utilizar una espátula. Para, de nuevo, un efecto más "agresivo", sobre la pintura semi húmeda, que habrá sido aplicada con generosidad (incluso formando "charcos"), se puede pasar la brocha con más pintura para que quede un efecto de desgaste, tipo industrial.
5. Efecto lavado. Sólo puede aplicarse esta técnica sobre madera virgen o lijada (sin barnices). Se da una capa un poquito aguada y, antes de que se seque del todo, se pasa una toallita húmeda y "se lava", de modo que se redescubren las vetas de la madera.
6. Técnica del pincel seco. Habría que coger poca pintura y descargar el pincel sobre papel absorbente (como el de cocina) y después ya pintar sobre la madera. Si hay demasiada pintura o agua, la pintura cubre demasiado. Se darán brochazos largos sin presionar demasiado.
7. Pintar tela. Para pintar tela, hay que diluir la pintura en agua y se utiliza como si realmente fuese un tinte. Una mano gruesa o una pintura espesa acabarían rompiéndose al utilizar la silla.


Ahora tengo la impresión de saber tantas técnicas que, lo que en principio era un proyecto sencillo y claro (porque ya hay un mueble esperando en el trastero), se me está complicando. ¿Qué hacer? ¿Qué técnica? ¿Con qué colores? ¿Y si mezclo? ¿Y si utilizo otra cosa que se me está pasando por la cabeza?

domingo, 11 de febrero de 2018

Sobre William Morris


Este verano descubrí por pura casualidad el trabajo de William Morris.
Bicheando por Etsy en búsqueda de telas bonitas y originales para proyectos varios, topé de repente con unos diseños que me cautivaron (ya fuese en posavasos, estolas, manteles individuales, bolsos o cojines). De temática animal (mayoritariamente ornitológica) y vegetal, se trataba de dibujos de tramas repetitivas que eran perfectas, por ejemplo, para empapelar una habitación. Para ese uso, sin embargo, los tonos podían resultar algo oscuros, aunque he visto maravillas en comedores con papeles parecidos.
Tiempo después, supongo que con las pocas y tristes lluvias que nos dejó octubre, me lancé a la búsqueda de un paraguas, ya que los míos están ya para poco uso. Y, de nuevo, me topé con William Morris. Un poco al estilo de los paraguas que venden en el Museo Thyssen Bornemisza, originales y elegantes. Además, no muy caro (me pregunto ahora por qué no lo compré).

Y entonces me encontré, ya sí que sí, con dos artículos bastante extensos en dos revistas de muy diversa índole. ¿Será algún tipo de señal?
En la primera, una revista de decoración, hablaban de la exposición sobre William Morris en la Fundación Juan March.
En la segunda, una revista de moda, sobre la vida y obra de William Morris y también de la forma en que Loewe ha recuperado su trabajo para crear una serie de bolsos y complementos muy especial.
Dejándome llevar por ese espíritu de "comprar menos y mejor" y de "lo hecho a mano es único y vale su precio", caí en el sueño (totalmente falso) de poder adquirir un bolso de la colección de Loewe de esos que guardas siempre y que después se heredan. Pero me puede el soltar una gran cantidad de dinero por algo que, aunque sé que lo vale, podría ser sustituido por otras muchas cosas que necesitamos en casa. Y me puede más la realidad: que si estaba planteándome hacer un desembolso de 300 €, eso es lo que vale un llavero... Y que el bolso más sencillo cuesta lo que gano en un mes.

Si realmente Morris apostaba por la calidad pero también en hacerla asequible para el gran público, como comentaban en la revista, ¿tiene sentido que una marca del rango de precios en el que se mueve Loewe haga estos bolsos? Me resulta cuanto menos interesante. Al final también está el hecho de que muchos artesanos podrían realizar también un trabajo único y de calidad, pero seguramente a la hora de conseguir permisos y negociar cánones no tendrían la capacidad de Loewe.


Veamos lo que nos dicen en El Mundo:

"En su punto de mira de hombre renacentista se situaron los pilares de la época victoriana, esto es, un exceso de sensibilidad romántica, un estilo decorativo recargado y de dudoso gusto, el embate de una industrialización sin frenos y las desigualdades sociales que ésta trajo consigo. A todo ello se opuso con pasión Morris, que quiso cambiar el mundo en que vivió hasta el final. «El arte es la humanidad hecha oficio; el resto es esclavitud», decía este creador total que seguramente reconocería los mismos males de su tiempo en las fábricas y los cielos pestilentes de unas cuantas ciudades asiáticas de hoy."

"Según el director de la FJM, Javier Gomá, Morris y compañía lograron hallar «lo bello en los objetos cotidianos» y hacerlo accesible a «una mayoría (no minoría) selecta» en virtud de la dignificación de trabajo."

Pero es que a veces la intención original y lo que ocurre después pueden acabar siendo absolutamente contrarios:

"En el siglo XIX, la industrialización logró un abaratamiento y racionalización de la producción de bienes. Inglaterra se erigió como máxima potencia industrial. Al mismo tiempo un grupo de artistas abogaban por la vuelta a la artesanía con una visión artística y sin el uso de las máquinas. William Morris fue uno de ellos. Se propuso reinventar cada silla, cada mesa, cada cama…En el último tercio del siglo, Morris fundó talleres de trabajo en los que se diseñaba con un estilo propio y en los que perseguía “hacer pensar al obrero y trabajar al artista”. Sus ideales anti-industrialización impregnados de socialismo le condujeron irónicamente a una producción en masa, debido al éxito de sus diseños."

viernes, 12 de enero de 2018

Alphonse Mucha en el Palacio de Gaviria


Siempre me ha encantado Alphonse Mucha, incluso antes de saber su nombre. Me encantaban sus ilustraciones, que poblaban un sinfín de objetos cotidianos que pasaban por mis manos y que me dediqué a guardar como auténticos tesoros (aún hoy conservo una caja de bombones de Chocolates Amatller y alguna cajita de vaselina GAL, el marco vintage perfecto para, por ejemplo, unos pendientes con aire art decó).
Hasta que un día mi chico me descubrió su nombre al regalarme un libro de ilustraciones suyas envuelto, además, en un papel de regalo decorado con las mismas (papel de regalo que aún conservo, plegado, dentro de una caja después de cerca de quince años).
Porque no hay duda de que lo que hizo famoso a mucha fueron sus ilustraciones y la cartelería, especialmente los posters para las obras de la actriz francesa Sara Bernhardt.
Esta vez he disfrutado de una exposición de su obra en el Palacio de Gaviria en Madrid (¡y ahí seguirá hasta el 25 de febrero!), siguiendo a aquellas otras de Caixa Forum Madrid o la que visité en Budapest (la segunda, curiosamente, como esta del Palacio de Gaviria, también con mi hermana).
Si bien la de Budapest me impresionó por sus dimensiones, que le permitían mostrar "La gran epopeya eslava", esta me ha llamado la atención por su variedad.
No ha pecado, como muchas otras muestras, de presentar nada más que esas ilustraciones que forman ya parte de imaginario popular (como decía, sabiendo o no de quién es la autoría).
Así, si bien hay numerosos y famosos carteles de teatro (Hamlet, Medea...) y de publicidad (Moet Chandon, Nestlé...), hay varias cosas muy interesantes en la exposición:

** A la entrada hay una pequeña proyección en la que se nos habla de la vida, obra y pensamiento de Mucha. Esta información se amplía en la audioguía y también en los paneles informativos a lo largo de las salas. Pero si no se quiere parar uno a leerlo todo el vídeo puede dar una idea bastante general de lo que se va a ver.
** Se retoman las imágenes populares pero exponiendo también objetos. Cajas de galletas, frascos de perfume y alguna joya diseñada por el autor.
** Se muestran trabajos en muy distintos soportes y con distintos materiales (óleo, sanguina, etc.). También hay muchos bocetos y ejemplos de estudios y obras terminadas que nos hacen ver la evolución por la que pasa el artista dentro de cada obra: sus modelos, sus esbozos, sus avances y finalmente el trabajo terminado.
** Si bien no hay espacio para mostrarnos obras de gran formato, sí que podemos disfrutar del cuadro "La virgen de los lirios".
** Y temas... ¡múltiples! Desde sus famosas series (las estaciones, las estrellas o las piedras preciosas) hasta alegorías para el Padre Nuestro, la entrega de las llaves de Granada a Fernando el Católico o el retrato de la turca Halide Edip Adivar.


Recomiendo encarecidamente esta exposición a quienes no conozcan a Alphonse Mucha y también a quienes lo conozcan. Hay mucho que descubrir.
Y, como valor añadido, el Palacio de Gaviria también tiene mucho encanto. Sus escalinatas, sus espejos, sus paredes enteladas... Otro aliciente más para animarse.

lunes, 21 de agosto de 2017

Joyeros que enamoran

Me gustaría mostrar un pequeño y delicado trabajo que realicé hace un par de meses con Décopatch.

Ya lo hice anteriormente en un joyero algo más "basto" para bisutería de gran tamaño y después para un regalito personalizado, pero eran unas sencillas cajitas de madera que compré en Ikea. Me gustó mucho su diseño porque se cerraban dejando un pequeño cajón arriba, al descubierto, a modo de tapa; de ese modo, se podían guardar dentro accesorios como collares o pañuelos y dejar arriba los que se usan con más asiduidad. Lamentablemente, me da la impresión de que los han quitado del catálogo.

El joyero que hice en esta ocasión tenía bastante más complicación. Seguía siendo un contrachapado fino con cristal para ver el interior de cada celdilla. Pero la altura era mucho menor y la compartimentación mucho mayor. Así, en lugar de hacer trozos el papel como recomiendan los expertos del Décopatch, me dediqué a cortar tiras a medida para ir pegándolas de una en una. La poca altura del joyero sin duda lo permitía, porque para grandes superficies es bastante engorroso por la cantidad de bolsas que se forman. Esta vez, algo nuevo que aprendí, es que no es aconsejable cubrir hendiduras de las cajas que luego necesites abrir pensando que con un cúter de precisión te va a ser posible. El pegamento es demasiado bueno y, si seca del todo, lo más fácil es que te ocurra lo que a mí: 1) que te lleves algún trozo de madera por no poder encontrar bien la abertura y 2) que se rompa la cuchilla por intentar hacer palanca. Así que, o se corta cada pieza por su lado, o se pega junto pero se pasa el cúter cuando aún está el pegamento fresco y el papel húmedo.


Elegí un papel negro con pequeñas flores, bastante elegante diría yo. Así, iba genial con las pequeñas joyitas que quería guardar dentro: pendientes mínimos, collares finos con colgantes delicados, algún que otro recuerdo de un viaje e incluso un par de regalos de mi madre (unos de los pendientes, sin ir más lejos, es un regalo de juventud de mi padre a mi madre que ella nunca pudo estrenar por no irle bien el cierre omega).


Y este fue el preciado resultado, con el que no puedo estar más contenta.

miércoles, 26 de julio de 2017

Design Home: el primer y único juego que me he descargado en mi móvil

Como fan que soy de Hilary y David y de los hermanos Scott, y también como "Decoradora de interiores titulada por Divinity" que me puedo declarar (estos programas y la revista Nuevo Estilo son mi perdición, eso es así), no podía haber encontrado un juego para descargarme que no fuese este.

Me encanta ver Love it or List it (y no sólo porque sus presentadores den más juego que los de Vancouver, que lo dan), porque Hilary es una máquina decorando y sacando partido a los rincones más insospechados. Es una pena que nunca termine del todo las casas o que, como les ocurre a los Scott, que no enseñen más que la zona principal: salón, comedor y cocina (y también el zaguán, que es una palabra que en el programa de Hilary sale día sí día también).

Y me encantan los programas de Drew y Jonathan, los gemelos, pero especialmente los de "Comprar para vender" y "La casa de mis sueños". Son programas de reforma que, salvo el amianto o los cimientos endebles, no fallan. El puntazo es los nombres que les dan a las casas decrépitas que compran en "La casa de mis sueños" y cómo acaban pringando siempre a los nuevos propietarios para que sean ellos los que desmonten y saquen de la casa el inodoro.

Podría también hablar de la reforma que hicimos en casa, porque es un "lo he sufrido en mis carnes", pero ya llegará esa ocasión. Lo he pensado mucho, como las influencers que al parecer adoran mostrar sus dormitorios al mundo entero, pero tiempo al tiempo.

Como decía, el único juego que me he descargado en mi móvil (por falta de espacio, interés y contrato de datos) ha sido Design Home. Fue el propio Facebook quien me lo sugirió... Pero al poco tuve que quitarlo. Fue por varios motivos:
- Estaba enganchadísima. Ahora entendía a todos los fans de Candy Crush.
- Ocupaba demasiado espacio en mi móvil. O mi móvil es una castaña, que todo puede ser.
- El juego parece diseñado para que pasado un tiempo no puedas hacer gran cosa si no pagas.

La mecánica del juego es muy sencilla pero, como digo, si no se planifica mínimamente, al poco tiempo no puedes hacer más que diseños feos y planos que nadie votará... y entrarás en un bucle de no conseguir dinero para comprar muebles y decoración nuevos.

En cada reto, tienes que realizar un diseño (salón, comedor o dormitorio) utilizando determinados muebles obligatorios. Te puede obligar, por ejemplo en un salón, a utilizar un sofá, dos mesas auxiliares, una mesa de centro y un aparador. Y, por otro lado, te permite colocar otros muebles y accesorios que no son obligatorios pero que suelen ambientar mejor la estancia: una planta, una alfombra, una lámpara...
Al comenzar el juego tienes una serie de muebles básicos a tu disposición que serán de los que vayas tirando.
También tendrás una cantidad de dólares (para comprar muebles), una cantidad de diamantes (para comprar objetos especiales o para canjear por dólares) y una cantidad de llaves (sin llaves no puedes concluir un diseño). Cada vez que terminas un diseño, se te entrega la cantidad de dólares que te indicaba el reto. Cada vez que consigas una buena puntuación por uno de tus diseños (te habrán votado otros jugadores), se te entregan diamantes y en algunos casos muebles y objetos de decoración especiales. Y, para conseguir llaves, tendrás que votar al resto de jugadores; te sugieren uno de los diseños que se acaban de preparar (por ejemplo, dormitorio juvenil para dos niñas) y te proponen los diseños que han enviado los jugadores para que indiques cuál es mejor o si te gustan por igual.
El juego te presenta cada día un reto para diseñar un salón para, si no recuerdo mal, conseguir 2500 $. Cada cierto tiempo sacan retos especiales temáticos (en Semana Santa, en primavera, etc.) y el premio que se consigue es mayor que con los diseños habituales.

El juego es interesante porque cada vez que te propone un espacio para decorar le da un título (por ejemplo, "Brownstone Bachelor Pad") y una pequeña descripción de los propietarios y de sus gustos ("Sharon y Cleyton acaban de mudarse a California; les gustaría que el dormitorio de sus hijas gemelas fuese una muestra del estilo Palm Springs, sin olvidar que las niñas adoran los caballos", cosa que me acabo de inventar). Pero, a la hora de la verdad, descubres que si pones unas alfombras negras y unas camas como de psiquiátrico dará igual. Podrás enviar el reto igualmente. Y, si cae en gracia, te votarán, aunque no sea la idea buscada.

Y, lo que realmente me cansó del juego, como digo, es ver que poco a poco, y aunque trabajes mucho los diseños y busques lo que de verdad puede conjuntar de alguna manera, si no estás pagando nunca podrás lograr buenas decoraciones. Por ejemplo, si en un salón que te va a dar 2500 $ te obligan a colocar dos sofás rinconeros (que costarían unos 2000 $ - 3000 $) y tú ya has utilizado los que tenías previamente y al mismo tiempo te obligan a colocar un aparador (que rondan los 4000 $), acabas desembolsando una cantidad muy superior a la que vas a conseguir. Así que, cuando llegas a uno de los retos que te dan 500 $ (después de votar 15 diseños de forma absolutamente tediosa para conseguir las llaves que te permitirán enviar el diseño para su votación), te encuentras con que te exige una mesa, una lámpara y un sofá de estilo industrial, tres elementos dorados y dos muebles de la marca Puturrú de Fuá (entre ellos, el sofá), es totalmente imposible conseguirlo. Tu saldo estará a 0 $ si es que conseguiste terminar el reto del día y resulta que Puturrú de Fuá será una de las marcas más caras que hay y ya usaste tu último sofá de estilo industrial (que, por supuesto, no era de la marca Puturrú de Fuá), no hay más que dos elementos dorados dentro de la marca Puturrú de Fuá y son una lámpara de 1500 $ y una mesita auxiliar (¡horrorosa! ¡no querrás usarla en ningún otro espacio aunque hayas desembolsado ese dinero!) de 1100 $. Así que esperas a que pasen los días y lleguen nuevos retos del día para ir sumando de 2500 $ en 2500 $ y poder hacer algo... Pero al final sólo podrás hacer dos diseños buenos a la semana porque los retos serán siempre así de complicados. Y verás, al votar, que el resto de jugadores colocan los muebles más caros. Porque no les duelen pagar dinero virtual para algo tan absurdo como un juego de decoración... A lo mejor para ellos no es absurdo, pero no dejo de pensar que mejor invierto 30 € en un jarrón bonito si me apetece decorar de verdad.





Como, aún habiendo dejado el juego, guardo buenos recuerdos, he seleccionado mis mejores diseños (según el resto de jugadores) y también los que más me han gustado. A pesar del final tedioso al que llegué, es cierto que disfruté muchísimo jugando a ser Hilary Farr.

jueves, 6 de julio de 2017

DecorAcción 2017

Lamentablemente, el año pasado, por las fechas en las que se celebraba DecorAcción, me encontraba en casa de baja y mi médico me había prohibido tajantemente salir de casa para cualquier cosa y mucho menos para disfrutar de la calle. ¿Por qué? Por la suma de varias circunstancias: un embarazo avanzado, un índice alto de polen y dos entradas en el hospital por urgencias. Así que, sí, me lo perdí.

Pero, y aunque ya siento contarlo después de haber terminado el evento (porque realmente fui un sábado), este año SÍ estuvimos allí. Y con la pequeñita que, todo hay que decirlo, se portó más que bien.

Disfrutamos una vez más de las ideas de decoración, de los muebles, de las restauraciones... Una maravilla. Y además paseamos por algunas de las librerías del barrio y vivimos bonitas experiencias, como la cesión del libro "El malvado zorro feroz" (¡ya comprado!) por otra lectora al ver que nosotros no podríamos volver pronto para comprar otra copia. O como las ricas arepas y la deliciosa limonada que degustamos en Cacao Restobar, donde los camareros eran amabilísimos y, lo increíble, tenían tronas y cambiador (increíble porque pocos sitios con un ambiente tan bonito y moderno disponen de facilidades para las familias).

En fin; para muestra, un botón.

Y, por supuesto, otro gran descubrimiento: el fanzine Ropa Tendida. Me encantaron las fotografías, me encantó la información que me dieron y me gustó aún más abrir la bolsita en casa y descubrir muchas otras fotos bonitas y poesías.






miércoles, 26 de octubre de 2016

Restaurar: ¿hacer nuevo o acentuar lo viejo?

Un día cualquiera, mientras intentas echar la siesta, recibes una llamada de tu chico que está yendo ya camino al trabajo. Te preguntas: ¿qué se le habrá olvidado? ¿le habrá pasado algo con la moto?
Pero, no, no es eso. Te sorprende con un: "No sabes lo que han dejado los vecinos al lado del contenedor. Una silla de las que tanto te gustan, parecida a las de nuestro salón. Baja corriendo antes de que se la lleve otro. ¡Seguro que se te ocurre qué hacer con ella!"
Y tú, que siempre has aborrecido eso de recoger las cosas del contenedor pero que llegaste a leer un artículo sobre el tema en una revista de decoración, le has empezado a coger el gusto al tema... No se trata de recoger porquerías o cosas totalmente desahuciadas, pero a veces la gente deja las cosas ahí (y no dentro) precisamente porque saben que esos objetos y muebles pueden tener perfectamente una segunda vida en otra casa.

Eso es lo que ocurría con la silla de estilo Tapiovaara que había dejado en la calle algún vecino. Obviamente no era una silla de diseño, pero estaba inspirada en ese estilo nórdico que tanto me gusta y que, para un toque en casa, me parece todo un detalle. Al mismo tiempo, el encolado seguía siendo perfecto y el peso de la silla denotaba una calidad nada desdeñable. Así que a casa se vino, si bien no sabía qué iba a hacer con ella ni dónde ponerla.

La silla estaba muy rozada en las patas y en el respaldo. Además, el asiento, lo que peor se veía, estaba en algunas zonas cuarteado. Es decir, que para pintarla habría que lijar sí o sí, y bastante cansada acabé de lija ya con la mecedora infantil.
Aparte de ser la salida fácil (soy experta en eso), ya que no me apetecía mucho pintar y habría supuesto mucho trabajo, me acordé de la técnica japonesa de arreglar los objetos con oro: el 金継ぎ (kintsugi). Se trata de una técnica por la que no se intenta tapar o disimular aquello que pudiera parecer roto o viejo, sino precisamente de acentuar de un modo bello lo que el paso del tiempo deja en todas las cosas. Es también de lo que hablaba Tanizaki en su ensayo "El elogio de la sombra" que tanto me gustó. Es decir: cuando algo tiene historia, cuando algo nos permite ver su pasado a través de sus muescas o sus vetas, ¿es necesario disfrazarlo de color y fantasía para que parezca recién sacado de fábrica? A veces no lo es en absoluto. A veces, aquello que es imperfecto es bello.

Con mi material de décopatch (barniz-cola, brocha, papel de décopatch, agua para limpiar de vez en cuando la brocha y un paño), me puse manos a la obra. No fue difícil encontrar un papel blanco con vetas doradas para que, por un lado, el blanco no cubriese totalmente los defectos de la madera y, por otro, para que el dorado hiciese un poco el juego de (salvando las diferencias) el kintsugi.


 Cortando el papel en pequeños trozos o incluso tapando grandes áreas con trozos más grandes, lo más complicado fue rasgar el papel para conseguir líneas más o menos gruesas que se fuesen estrechando al final y que permitiesen tapar las grietas de una forma natural. Esto es lo que mejor funcionó en el asiento de la silla.


Como en otras entradas he explicado, tan sólo hay que mojar la brocha en el barniz-cola, aplicarlo sobre la superficie que se va a cubrir, colocar el pedacito de papel y volver a tapar con otra capa de barniz-cola. No hace falta ser muy exagerado con la cantidad y, aunque el papel es difícil que se empape hasta el punto de romperse, sería un desperdicio utilizar un producto que no es necesario. Tan sólo hay que asegurarse que debajo del papel en toda la superficie hay producto para que no se formen las indeseables burbujas.
Una vez pegados todos los papelitos que se quiera, ya que en este caso no se trataba de tapar toda la superficie sino de marcar aún más las imperfecciones del mueble, tan sólo hay que dejar el producto secar. Si es verano bastarán tan sólo unas horas para que el producto esté seco. Esto es interesante a la hora de aplicar más papeles o pintar algo encima si así se desea. Si lo que se quiere es utilizar el mueble, aconsejo dejarlo bastante tiempo secando. Es también bastante difícil que se desprenda el papel, pero es cierto que el barniz-cola queda pegajoso durante un tiempo. Existe un líquido vitrificador que deja la superficie totalmente igualada y se puede hasta mojar el objeto sobre el que se ha hecho décopatch, pero yo de momento no lo he utilizado ni lo he necesitado.


Después de terminar la silla (un trabajo que me llevó unas tres o cuatro horas en total), quedaba la cuestión de dónde colocarla. Me gustan los espacios abiertos, las paredes sin cuadros y sin mucho artificio y, la verdad, nuestra casa ya estaba prácticamente terminada en cuanto a decoración se refiere. Así que, por casualidad, la coloqué en la cocina. Había otro hueco en el recibidor, pero en el futuro lo necesitaríamos para el carrito de la bebé, así que allí fue a parar mientras no tenía lugar ni función. Con el tiempo, se ha demostrado el sitio perfecto para dar charla a quien cocina y, no hay duda: va muy bien con el aire semi vintage y semi industrial de nuestra cocina.

martes, 31 de mayo de 2016

Mecedora infantil con chalk paint

Mi último proyecto con chalk paint, si no el más grande, diría que ha sido el más complejo y, al mismo tiempo, sí, el más barato.

Tan sólo he gastado:
-- 5 € en una mecedora de segunda mano (rota, por cierto).
-- 10 € en pintura: un mini bote de pintura blanca de Annie Sloan en color “pure white”, porque, en Arribas Decoración, te venden los envases tipo de la marca y además otras medidas que ellos mismos te separan al momento y que te vienen genial si no necesitas mucha cantidad.
-- 3,60 € en dos madejas de trapillo. Es cierto que hay todo tipo de ellas y muchísimas calidades. En mi caso, una de ellas es de una calidad estupenda para hacer bolsos, cestos, etc. (aunque, efectivamente, no es de esas tan ligeras ideales para bolsos) y la otra ya no tanto, puesto que es demasiado elástica y no sé qué otros usos diferentes al que le he dado yo se le podrían dar.
-- Nada en cera. Utilicé un sobrante de la que compré cuando transformé mi sinfonier azul.
-- Nada en otras pinturas. Reutilicé la azul sobrante de la que compré cuando transformé el mencionado sinfonier y utilicé pintura acrílica magenta que tenía en casa para hacer mezclas de colores.
-- Y utilicé también otras cositas que tenía en casa: pinceles, trapos viejos, fieltro para proteger el suelo del balanceo de la mecedora, cinta de carrocero, un clavo (¡sí, un clavo!) y algunas pegatinas de mi hija para que ella pudiese participar en el proyecto.

Así que, por tan sólo 18,60 €, una cantidad más que asequible viendo que online todo lo que encuentro cuesta entre 75 y 80 €, le he dado a mi hija una mecedora única para su rinconcito de lectura. Porque lo que a mí simplemente me parecía “una cucada”, ella lo ha convertido en un rincón de lectura en toda regla: cada noche se sienta en la mecedora y le lee un cuento a sus muñecos, alineados sobre el banco de los juguetes. Así que, sí, la habitación ha quedado monísima, pero al mismo tiempo los juguetes están ordenados y ella afianza cada día más el hábito de la lectura (lectura de tres años: hojear libros e inventar lo que dicen los personajes, cosa que a mí me parece genial).


Sobre el procedimiento, indicar que en este caso comencé por lijar el barniz. Efectivamente no es necesario porque la chalk paint agarra perfectamente sobre superficies barnizada pero, en cualquier caso, había leído en algún sitio que determinados barnices que se usaban en España a mediados de los 50 dejan “marca” en la pintura, desvirtuando un poco su color. Y yo sospechaba que esta mecedora era muy antigua. Aun así, el trabajo no fue fácil en absoluto y me temo que en algunos lugares me dejé parte del barniz porque el “pure white” no ha quedado tan puro… Utilicé una lija bastante basta para ir rápido y, cuando hube terminado (o cuando decidí que había terminado), lijé con otra más fina para evitar asperezas o, peor, astillas.

Después de lijar, llegó el momento de pintar.
La pintura es muy fácil de aplicar, espesa y moldeable. Permite modificar “la dirección” de los surcos que deja la brocha (mejor si es redonda, se evitan bastante dichos surcos) o arreglar churretones. Como no me parece que sea posible impedir que la brocha deje marca de su camino, al tratarse de una mecedora con multitud de piezas opté por dirigir la brocha siempre en el sentido de las maderas, no a la contra: es decir, mejor a lo largo. El efecto es más “lógico” y por tanto no parece que se haya pintado mal el mueble.
Aunque tuve que ir pintando por partes, ya que hay que ir cambiando la postura de la mecedora para pintar arriba y abajo y en cada rincón entre las distintas piezas, tampoco tardé más de unas horas. Eso sí, espaciadas para dejar que se secase cada zona pintada en su totalidad. En mi caso, opté por dejar transcurrir un día entre cada sección: me aseguraba de que la pintura secaba por completo y aprovechaba las horas que me quedan a veces libres mientras mi hija va a extraescolares pero que no son suficiente tiempo como para dedicarlo a otros temas.


Como la rejilla de la mecedora estaba rota y en esto sí que soy una absoluta principiante… Opté por tomar un atajo. Podría haber comprado el material, cambiarla por una nueva y pintarla de blanco como el resto de la mecedora (habría quedado preciosa, la verdad), pero no me atreví. También es cierto que no había visto tutoriales tan maravillosos como este en aquel momento, así que tuve que buscar alternativas.
Dejé la rejilla de su color natural (madera), pintando con un pincel muy fino los contornos para evitar mancharla. Si quería dejarla como estaba, mejor que se viese tal cual, no como un “accidente”. Y, como primera opción, pensé en coger una tela de arpillera, cortarla a medida, preparar un pequeño dobladillo y graparla a la rejilla. Pero, ¿y si no quedaba bien? ¿Cómo iba a hacer para conseguir sacar las grapas de nuevo? ¿Y si las grapas terminaban por destrozar el junquillo y la rejilla?
Ahí llegó la segunda opción: el trapillo. Inspirada por aquellas clases de Plástica de nuestra antigua EGB, en las que a los chicos se les ponía a hacer maquetas del mapa de España con bombillitas y circuitos eléctricos y a las chicas tapices de lana gorda (sí, así era incluso en los 90), y también inspirada por el magnífico blog ABM, se me ocurrió esta idea.

Antes de esto, decoré un poco con otros colores la mecedora, para que encajara mejor en la habitación de mi hija, que ya tiene varias cosas en amarillo, verde, azul y rosa en su dormitorio. Y, todo sea dicho, porque ella tampoco quería que fuese blanca… Y me preguntaba constantemente: “Pero lo blanco lo vas a tapar, ¿no?”
Así que reutilicé la chalk paint “greek blue” que me había sobrado y que sabiamente había guardado. Y con el blanco que me sobró de pintar la mecedora tenía base para crear también un rosa. Así que mezclé con acrílico, que había leído en otros blogs que se podía hacer, y a base de chalk paint blanca y acrílico magenta mezclé hasta obtener el rosa deseado. Hay que remarcar que a la hora de pintar la mezcla es menos agradecida que el chalk paint puro y, sobre todo, que hay que limpiar muy bien los pinceles para que no se queden sucios.
Me ayudé de cinta de carrocero para ir marcando las zonas que quería pintar. Una vez pintado el rosa y el azul sobre el rosa, para ir siempre de más claro a más oscuro, y tras haber retirado los papeles, siempre se encuentra una irregularidades. No sé si tengo la cinta de carrocero más potente del mundo, pero no es la primera vez que esta cinta “de quita y pon” me ha desconchado la pintura de algún sitio (primero fueron los techos donde colgamos guirnaldas de cumpleaños…). Así que me serví de un pincel muy fino para pintar los desconchones y también las zonas donde una pintura se había metido por debajo del papel y estaba en el lugar que no le correspondía.


Una vez terminado el trabajo de la pintura, llegaba el de la cera. Ya hablé en otra entrada sobre sus peculiaridades y, sobre todo, sobre su toxicidad, así que tampoco quiero extenderme con este tema. La cuestión es que, comparando con la vez anterior que la utilicé, esta vez no he esperado tanto para el secado (apenas veinte o treinta minutos) y el resultado ha sido mejor. Se ha retirado bien el sobrante y, de momento, no veo que se haya desprendido ninguna lasca posteriormente.

Así que, finalizada la parte de pintado y encerado, quedaba el toque final. Ahí volvemos al trapillo.
He visto cosas hechas con trapillo y la mecánica parece la de los tapices. Aunque soy nefasta con una aguja en la mano, el trapillo me recordaba a los tapices, con esas herramientas tan sumamente sencillas (lanzaderas y peines) y, al mismo tiempo, al macramé que, aunque he olvidado la técnica, se hacía trenzando cuerdas con los dedos.
Así que fui creando una base sobre la marcha para ir tapando el mimbre. No totalmente, eso habría sido imposible, pero lo más simétricamente posible y dejando a propósito mucho mimbre a la vista. De no haber sido así, sólo se habrían visto los bordes y, al no estar pintados, el efecto habría sido bastante feo. De esta manera, aunque no es la solución más profesional, conseguí tapar los agujeros y dar algo más de consistencia al asiento (no olvidemos tampoco que se trata de una silla infantil y que no va a estar sometida a tanto peso). Una vez tenía la base de líneas en un sentido, fui trenzando como se hace con los tapices pero con los dedos entre las líneas que estaban sujetas al mimbre. Debajo de la mecedora quedan bastantes nudos, pero por arriba creo que el aspecto del asiento es bastante satisfactorio. Desde luego, es más o menos lo que yo imaginaba que iba a conseguir. Y los toques de rosa… ¡eso a mi hija le fascina!


Lo que decía: por 18,60 €, puede que no sea de diseño ni profesional, pero es única.



Y, ¿para qué el clavo? Pues, bien, es el remedio rápido para todos los quebraderos de cabeza. Después de tejer con los dedos todas las líneas de trapillo, me doy cuenta de que una de las cuerdas va a caer en un trozo de mimbre roto en el mismo borde… ¡Así que no hay cómo enganchar esa cuerda! La solución fue, como siempre, sencilla: coser el trapillo para poder dar la vuelta a la cuerda y después clavarla sobre el junquillo tapando del todo el agujero.

lunes, 11 de enero de 2016

Cadeneta de fotos

Hay miles de formas de decorar una habitación infantil y creo que una de las más sencillas es hacer cadenetas de fotos.
Pueden ser dibujos animados que les gusten a los niños, recortes de revistas, cartones envueltos en papel de regalo, banderitas de colores a juego con la decoración de la habitación... Lo interesante es que los recursos son inagotables y, al mismo tiempo, muy baratos.

Para el segundo cumpleaños de mi hija hicimos cadenetas tan sencillas como:
1. Escoger imágenes de Minions con sus distintos disfraces e imprimirlas.
2. Con un CD como modelo, dibujar círculos idénticos en una cartulina y recortarlos.
3. Pegar una imagen de Minion en cada cara del círculo.
4. Hacer un agujero en la parte superior del círculo y otra en la inferior.
5. Con pequeños trozos de hilo blanco, anudar un círculo al siguiente.
El resultado fueron unas maravillosas cadenetas colgantes que se podían colocar en el techo con celo o chinchetas. Esto fue una decoración de cumpleaños, pero igualmente podría haber valido para decorar un pequeño rincón vacío en su habitación.

La idea de la que traigo fotos es, sin embargo, la de la cadeneta de fotos.

Antes de llevar a Ariadna a su habitación "de mayor", elegí una serie de fotos representativas de sus primeros dos años. Utilicé un filtro y un marco, el mismo en todas ellas, en un programita de retoque fotográfico, e imprimí las fotos en el mismo tamaño en papel de cierto grosor.
Para no estropear las fotos y poder cambiarlas fácilmente a medida que la niña fuese creciendo, cogí un cordel y coloqué las fotos con pinzas. Esto hace que sea fácil no sólo cambiar las fotos en el futuro, sino cambiarlas de lugar si al colgarlas nos damos cuenta de que el resultado no funciona.
Las podría haber colocado sobre el cabecero, pero con dos añitos difícilmente se habría contenido y habría tenido que cogerlas y hacer su propio "hazlo tú misma"...


Así que compré unas casitas de cartón (las hay de madera, las puede hacer uno en casa si es mañoso... ¡o incluso pueden ser cajas de cartón de una misma medida pintadas o forradas con gusto!) para colgar de ellas la cadeneta. La verdad es que ya he olvidado el nombre que me dijeron que tenían "los cacharritos" que utilicé para colgarla... La gente los llama en internet "chinchetas de dos patas" y el fabricante parece que "broche tipo alemán", pero no le dieron ninguno de estos nombres en la papelería donde los compré (aparecen en las fotos). La cuestión es que es fácil utilizarlos para agarrar dos cartones, dos cartulinas (se utilizan mucho para hacer móviles y marionetas en los colegios) o, como hice yo, para anudar cada punta de la cuerda a la cabeza y pasar las dos patas al otro lado del cartón para que quede bien sujeta.


Otro detalle que se ve en las fotos es el nombre de la niña, que es para lo que al final utilicé las casitas (el cartón en este sentido es peor que la madera, puesto que no se puede poner mucho peso). Coloqué dentro las letras de madera que ahora están en todas partes y que, en mi caso, fueron tan simples de decorar como coger papel de scrapbooking, cortar las letras a la medida y pegarlas.
El resultado nos encantó ¡y a ella también!

domingo, 12 de julio de 2015

Décopatch

Este es realmente el nombre de una marca que comercializa su propio pegamento y su propio papel para realizar decoraciones creativas. Pero, como con los “kleenex”, nadie habla de “pañuelos de papel”.

Hace unas semanas, aprovechando que en Centroartesano están de aniversario, acudí a un taller gratuito para conocer la técnica.

Habían invitado a Marifé Navarro y ella estuvo explicando, desde la hora de comer hasta final de la tarde, a todos los que nos quisimos acercar por la tienda-taller, las propiedades del papel, del barniz-cola que se utiliza, cómo trabajar el papel y diversos trucos para obtener el mejor resultado.
Para mí, las dos grandes ventajas de esta técnica decorativa son su facilidad y la relajación que supone practicarla. Otros hacen jardinería, pero a mí me pareció una forma muy entretenida y relajante de pasar el tiempo. Haciendo décopatch, el tiempo, literalmente, ¡vuela! Es sencillo, no cansa… Hasta los niños pueden hacerlo porque no es peligroso y apenas mancha (el barniz-cola, una vez seco, se retira con suma facilidad de los dedos).

Pero empecemos a ver a qué material nos enfrentamos y cómo se trabaja.
Bastará con hacerse con un pliego de papel décopatch (papel barnizado, como dicen en otros blogs), con un pincel de décopatch (un pincel de cerdas duras y aplanado), un bote de barniz-cola y un objeto para decorar.
--- El papel es muy fino y al mismo tiempo muy resistente. No se moja, no se rompe ni se destiñe al impregnarlo de cola. Al mismo tiempo, si nos hemos confundido en el lugar en el que lo hemos aplicado, se puede despegar, se puede tapar… No se transparenta, se funde con el resto de papeles de décopatch aplicados y, en suma, es muy versátil.
--- El pincel, como comentaba, es un pincel de cerdas duras y aplanado (aconsejo comprar el adecuado para este tipo de papel, ya que no sé qué resultados podrían dar otros). Es importante la dureza y la forma porque se trabaja el papel aplastándolo para cubrir bien la superficie que se decora.
--- El barniz-cola, a primera vista, es cola blanca normal y corriente. Pero lo cierto es que, después de aplicado y tras haber esperado los 35 minutos que tarda en secar, la parte de barniz hace que la superficie del objeto quede brillante y parcialmente protegida. Digo parcialmente porque, al poderse decorar, por ejemplo, vajilla, es recomendable utilizar otro producto, un vitrificador, para dar una protección total ante el uso y el agua.
--- Respecto a qué objeto utilizar para la decoración con décopatch, he aquí una maravillosa noticia: se puede aplicar sobre cualquier material. Hay accesorios de papel maché especialmente creados para ser decorados con papel décopatch, pero no es necesario comprarlos para obtener un bonito resultado (además, en mi opinión, si el papel y el barniz-cola, por lo que cunden, merecen la pena a pesar de parecer caros, sobre las figuras de papel maché no pienso lo mismo). Así que, ¿por qué no dedicarse a reutilizar, a personalizar, a dar nueva vida a aquellas cosas de las que nos habíamos cansado? Un marco de fotos (de madera, de plástico, de metal… ¡cualquier soporte sirve!), una botella, una lámpara… Incluso el cristal o la tela son aptos para esta técnica.

Ahora, ¿cómo se hace?

La idea es partir el papel (no cortar con tijeras, el resultado no es nada natural) en trocitos de unos 3 x 2 cm. Si el objeto que vamos a decorar tiene mucho detalle (por ejemplo, si es una figura y tiene pelo, o para las cuencas de los ojos, o para una flor tipo rosa, con muchas hendiduras), los trozos deberán ser aún más pequeños.
Una vez partido el papel, con todas sus irregularidades, se moja un poco el pincel en barniz-cola y se aplica el producto sobre el objeto. Después, se coloca un trozo de papel y, vuelvo a mojar el pincel, se aplica sobre el papel de modo que quede totalmente cubierto. El papel es realmente resistente, pero mejor empezar con poco barniz-cola hasta ver la cantidad que nos viene bien para trabajar. Será necesario que la parte sobre la que se coloca el papel esté bien cubierta por barniz-cola; si no, no despegará e incluso cuando se seque el objeto por completo se habrán hecho burbujas. A la hora de aplicar el barniz-cola sobre el papel, es importante que se aplique de dentro hacia fuera, con seguridad y obligando al papel a no crear arrugas. No obstante, si saliese alguna, más fuerza aplicada con el pincel permitirá doblar la arruga sobre sí misma y disimularla.
Los trozos de papel se superponen, se vuelven a partir para cubrir huecos, a veces se cortan con una forma determinada del dibujo (y, evitando siempre, si se puede, las tijeras) para adornar el objeto, etc. Un truco importante que aprendí en la clase es que, si quieres que un dibujo quede visible sobre una superficie picuda o redondeada, lo mejor es empezar por la parte que no va a ser la más importante y, después colocar hacia esa parte el dibujo para que tape el sobrante y no sea el dibujo “feo” el que tape el bonito. Y, otro truco más: si una superficie tiene curvas demasiado pronunciadas, también se puede rasgar el final del trozo del papel (algo así como el efecto deshilachado de la tela) y así el papel se adaptará (aunque dejando huecos) al objeto en lugar de crear un millón de arrugas.
Y, finalmente, esperar 35 minutos. Aún así, yo recomiendo dejar más tiempo para secar superficies que después se van a juntar. Por ejemplo, en una caja, en un joyero…

Aquí están mis dos primeras creaciones: una figura de un Guerrero de Xi’an, curvilínea, complicada pero también con mucha posibilidades, y una caja que utilizo para guardar pendientes.
Esta última es el ejemplo del uso de las tijeras. Líneas rectas, superficies muy planas y definidas. Romper el papel haría casi imposible trabajar los bordes, se taparía el cristal… Así que, aunque no es lo más natural, hay ocasiones en las que su uso tiene un resultado interesante.



En breve empezaré a trabajar esta técnica con mi peque, que estoy segura que lo va a disfrutar tanto o más que yo.
Y, para quienes se animen, aquí hay un montón de ideas.

domingo, 14 de junio de 2015

DecorAcción 2015

Soy de ese tipo de personas que, cuando hay un evento, se enteran después, en la revista del barrio o en el periódico leyendo un artículo de los de "el pasado fin de semana...".
Pues bien: ¡esta vez no ha sido así!
Si ya llevo un par de años disfrutando de DecorAcción en la revista Nuevo Estilo (precisamente en el número que habla del mes anterior), esta vez he podido disfrutar un paseíto de hora y media viendo calles decoradas pero, sobre todo, tiendas que sacan sus antigüedades, diseños, muebles, etc. a la calle.

Esto es sólo una pequeña muestra...