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sábado, 25 de marzo de 2017

Barbie en Fundación Canal

Parece mentira lo que una exposición gratuita puede ofrecer a veces.
Si creía que iba a ver una exposición sobre los modelitos de Barbie y su cambio de imagen desde su creación hasta nuestros días, me quedaba más que corta.
La exposición de "BARBIE Más allá de la muñeca" es precisamente eso: algo que va más allá.


Claro que se pueden ver las primeras Barbies, de 1959 y de la década de los sesenta, con sus mofletes hinchados, sus ojos rasgados y su pecho pequeño. Después las que yo conocí entre los 80 y los 90, con unas caderas inexistentes y un culo totalmente plano, mientras que sus enormes pechos retaban a la fuerza de la gravedad. Y, finalmente, las más actuales, la serie de alta, baja y curvy, para dejar atrás precisamente ese cuerpo que apareció en mi infancia y que tanto fue criticado.

Pero, si bien creí que había terminado la exposición en la primera sala (bastante extensa para una exposición gratuita, la verdad), enseguida me di cuenta de que la exposición continuaba.
Barbie en el mundo, Barbie profesiones...

Aunque lo mejor estaba por llegar: Barbie diva, Barbie de alta costura, Barbie de fantasía, Barbie reinas, Barbie actriz, Barbie cantante y un largo etcétera.

A continuación muestro muchas de las fotografías que tomé.
Son muchas, sí, porque me fascinó lo que vi a pesar de que no soy una gran fan de esta muñeca. Pero invito a todo el mundo a acercarse a la Fundación Canal (si vives en Madrid y si pasas por aquí de visita) y disfrutar de este despliegue de muñecas. Supera en mucho a lo que aquí muestro. ¡Hasta el 2 de mayo!







jueves, 14 de julio de 2016

No es necesario ser un experto de ikebana

Si hay una cosa que siempre me ha encantado, a pesar de mi alergia al polen, han sido las flores. De pequeña, aun cuando me dormía dando a la comba sentada en una silla para que saltasen mis amigas (porque el asma me impedía saltar y a veces la fatiga me hacía quedarme dormida en los sitios más insospechados), tenía la ilusión de ser Botánica. Cuando nos mandaron en el colegio hacer una redacción y presentación de un tema libre, elegí las flores.
Y, aunque hubo años relativamente buenos en lo que a alergia se refiere, ha habido también crisis asmáticas que me lo han hecho pasar muy mal.
No obstante, lo bueno de tener un asma alérgica es que no la tengo todo el año y puedo disfrutar de las flores en pequeñas dosis.
Como cuando en la carrera tuvimos una práctica sobre ikebana. He de decir que mi arreglo fue de los más mediocres y que la nota fue normalita, pero, al vivir en un pueblo pequeño, tampoco tenía medios para comprar en una floristería ejemplares exóticos o llamativos como otros de mis compañeros.
O como, últimamente, cuando me decidí, de unos meses a esta parte (porque en cuanto han empezado a florecer todas las plantas he decidido hacer un parón en esta nueva afición), en ir a comprar semanalmente flores para adornar la casa. Liliums, claveles, lirios… Todos son bienvenidos. Dan una alegría y una vida a la casa incomparable.
Además, ¡me sirven para utilizar mi último DIY de décopatch! Guardé hace tiempo unos botellines (o botellones) de cerveza turca en un restaurante donde fuimos a cenar. Me parecieron muy originales y una buena base para hacer algo especial. Así que limpié bien las botellas, quité los papeles que traían y, no sin mucha indecisión, escogí papel de décopatch con el que decorarlas. Es cierto que el color oscuro de las botellas y el exceso de pegamento que utilicé hacen que el resultado no sea tan bonito, ya que no se ven tan claramente los dibujos, pero tampoco estoy a disgusto con cómo ha quedado. Ahora que, para futuras ocasiones, quizá sería interesante poner una capa “base” de papel décopatch blanco, para que los colores que van encima se vean más vivos.
La técnica, como siempre, sencilla. En este caso muchas piezas fueron cortadas más grandes para conservar el cuerpo de las chicas de las imágenes y las tiras doradas fueron cortadas con tijera, ya que el acabado perfecto no se podía lograr de otro modo. Y, muy importante: cuidado con las formas cónicas, ya que cortar líneas rectas hace que la línea se vaya desvirtuando y no se mantenga recta en el borde que le corresponde. Mejor medir, cortar la línea recta y después hacer pequeños trocitos para ir pegándolos seguidos pero poder al mismo tiempo corregir la curvatura.

domingo, 19 de junio de 2016

Grumpy cat: inimitable

Hace ya algunos años que este “lindo gatito” apareció en la red. Me enamoró completamente, con su cara de disgusto.
Se trata de una gata que se ha hecho famosa en todo el mundo por su cara de mal humor y su dueña la ha llevado hasta a los platós de televisión de EEUU. Cierto que hay muchos gatos famosos, pero sobre todo por ser monos: como Grumpy… ¡ninguno! Cierto también que este gato pueda estar ya un poco "pasado", pero no para mí.










Pero, aparte de su cara, la gracia, sin duda, está en la infinidad de memes y chistes a los que se ha prestado su “gesto”. Y, por supuesto, en incluirle en grandes momentos históricos o en imágenes que todos tenemos guardadas en nuestra memoria.

Aunque haya dejado de seguirle, a día de hoy sigo sonriendo al ver sus fotos.

lunes, 15 de julio de 2013

Hoy es 15 de julio… cumpleaños feliz…

Después de diseñar mis propias zapatillas y pintarlas a mano, creo que le voy a coger el gustillo a esto de pintar zapatillas (o incluso ropa: ¡ya tengo en mente muchas ideas!).
Sin embargo, quería hacer ahora algo un poco mejor en cuanto a calidad de los materiales utilizado. Primero porque las zapatillas iban a ser un regalo (felicidades, mi amor); segundo porque las zapatillas no me habían costado seis euros y no podía arriesgarme a estropearlas en el primer lavado.
Por ello, lo que hice fue pedir asesoramiento en una tienda de manualidades. Parece ser que aquel consejillo que me dieron respecto a los acrílicos (“no, no salen de la ropa”) no era del todo cierto. Vale, es posible que cuando te manchas la ropa de acrílico no puedas quitarla al 100%, pero pintar con acrílicos no te garantiza que el color permanezca igual que cuando lo pintaste ya que puede irse parte del dibujo.
En dicha tienda (muy cerquita de mi casa, por cierto, siguiendo con el tema de comprar en tiendas pequeñas y apoyar el comercio local) me informaron sobre las dos posibilidades que ellos tenían: la pintura de Americana y la de Setacolor. La primera marca, si bien ofrece una variedad enorme de tonalidades, está pensada para poder utilizarla como acrílico o como pintura para tela. Por ello, si se quiere utilizar como pintura para tela, hay que comprar un producto adicional y mezclarlo con la pintura. Para mí… demasiado trabajo. Respecto a Setacolor, tiene una gama de colores más limitada y, de hecho, en la tienda sólo vendían siete colores de la gama básica. Sin embargo, se puede aplicar directamente sobre la tela, sin ningún tipo de preparación previa y los colores son muy vivos (ideal para ropa para niños o, como era mi caso, para dibujos tipo manga o cartoon). En ambos casos, una vez seca la pintura, se debe planchar colocando un paño entre la tela pintada y la plancha para que se fije totalmente la pintura.
No tengo queja ninguna sobre la textura, color y aplicación de Setacolor. Mientras pintas te das cuenta de que la pintura se va impregnando en las fibras, lo que supongo que ayudará también a su fijación final. Y ahora queda, después de lavar, comprobar que no se pierde definición ni intensidad de los colores.
El motivo lo tenía claro desde un primer momento, ya que era un tema del que incluso habíamos hablado en casa hacía unos meses. Así que fue tan sencillo como imprimir varias imágenes en color para elegir el dibujo y poder conseguir el tono exacto. Elegida la imagen que iba a pintar, la dibujé en un folio en blanco y recorté la silueta. Esa silueta me sirvió para trazar la imagen sobre la zapatilla (mucho más sencillo que dibujar a mano alzada) y después empezar con los colores. Apliqué primero los bordes, negros, y luego rellené superficie por superficie. Para terminar, los detallitos de los dientes y de nuevo retocar los bordes negros, que en algunos puntos me había comido con la pintura de relleno. Secar, planchar… ¡y a regalar!
Ni qué decir tiene que las zapatillas número 46 han sido un éxito.

jueves, 30 de mayo de 2013

El caso Jolie

Después de haberme enterado por los medios de que Angelina Jolie ha tomado la drástica decisión de someterse a una doble mastectomía para reducir el riesgo de cáncer, decidí investigar un poco sobre el tema. Me llamó mucho la atención, y más tratándose de quién es, que aunque los medios se han hecho eco de la noticia en la calle no se oye hablar mucho del tema. Me extraña, de nuevo, por ser una afamada actriz hollywoodiense y, sobre todo, por tratarse de una mujer exuberante.
Leí su emotiva carta “My medical choice” y, después de tantos rumores de cuchillos, sexualidad al límite, vida complicada, etc. (sin contar con que las malas lenguas hablan de sus hijos como de una campaña de Benetton), descubrí la humanidad de una de esas personas que desde fuera nos parecen un maniquí, una fachada, un producto. Porque cuando veo a Angelina Jolie veo una Tomb Raider, una heroína de videojuego: diseñada por hombres, con curvas imposibles y una delgadez casi enfermiza. Hasta hoy. Ahora puedo ver que se trata de una mujer real, como las demás, de carne y hueso. Con sus preocupaciones, sus miedos y, sobre todo, su familia. Porque esta es una decisión personal, de pareja y de familia, más allá de una decisión de salud.

“We often speak of “Mommy’s mommy,” and I find myself trying to explain the illness that took her away from us. They have asked if the same could happen to me.”
El trámite de pasar por el quirófano no es fácil en ningún caso, quizá menos todavía cuando la operación se plantea como un acto preventivo, no tras un diagnóstico.
El doctor José Luis Alonso comenta que ante la dura decisión de extirparse unos pechos sanos "hay que ponerse en el lugar de esas mujeres que vienen de familias muy castigadas, con muchas desgracias a sus espaldas".
Efectivamente, no es fácil (ni se debe) juzgar este tipo de decisiones tan personales.
Conozco casos de personas que, efectivamente, se han planteado la opción de hacerse  estudios genéticos para comprobar el riesgo de padecer graves enfermedades hereditarias. Y ni siquiera se han atrevido a hacerlos. No saber te permite no realizar ninguna acción.
Pero, ¿y si los haces y compruebas que tu riesgo es alto? ¿Y si compruebas que el porcentaje de que tu vida peligre es muy alto y sabes que una decisión tomada hoy, aunque drástica, hará disminuir dicho porcentaje considerablemente?
Después de leer la carta de Angelina Jolie me planteo de una forma totalmente distinta este tipo de operación preventiva, algo a lo que en España no estamos tan acostumbrados.
En Estados Unidos se trata de una opción bastante recurrente, tanto que hasta en un capítulo de la irreverente “Nip / Tuck” se hablaba del caso de una mujer que decidía, contra la opinión de su marido, extirparse los dos pechos para reducir su riesgo de sufrir cáncer de mama. En aquel momento me pareció otra de las locuras de la serie: hoy veo que en Estados Unidos esto es una realidad: “La doble mastectomía, una operación consistente en extirpar ambos pechos para prevenir o luchar contra el cáncer de mama, se ha alzado como una opción cada vez más recurrente entre las mujeres de Estados Unidos, algo que se arrastra desde la década pasada, en la que, por ejemplo, entre 1998 y 2003, la cantidad de estas operaciones se disparó del 1,8 % al 4,5 % entre mujeres con cáncer de mama.”
He aquí la opinión de la periodista y política Uxue Barkos:
“La mastectomía preventiva es un tratamiento en el caso en que los porcentajes de riesgo de cáncer de mama son importantes. Y al parecer en el caso de esta mujer (Jolie) era así. Por lo tanto sólo puedo decir una cosa: el respeto más absoluto y una llamada a que no se frivolice por el hecho de ser una mujer holliwoodiense estupenda y reconocer en su decisión y en el hecho de que lo haya hecho pública la valentía que supone enfrentarse a una circunstancia de estas características. Repito que la mastectomía preventiva no es una frivolidad, no es una decisión personal. Es precisamente una decisión nunca fácil ante un riesgo porcentual casi definitivo de un cáncer de mama.”
“(…) yo creo que se merece no sólo el respeto, por descontado, sino la confianza de una circunstancia de estas características sólo puede responder a la defensa que todos nos merecemos en una batalla contra el cáncer.”

 
“But I am writing about it now because I hope that other women can benefit from my experience. Cancer is still a word that strikes fear into people’s hearts, producing a deep sense of powerlessness. But today it is possible to find out through a blood test whether you are highly susceptible to breast and ovarian cancer, and then take action.”
Sí, la palabra cáncer nos asusta, nos aterra. Diagnóstico cáncer parece sinónimo de diagnóstico muerte, si no lo es también de dolor y penuria.
Nos asusta esa enfermedad oculta que ataca nuestras células de forma silenciosa, que expande su impureza por nuestro cuerpo hasta que, un día, de repente, ese fantasma invisible se deja ver y se deja ver para anunciar, casi siempre, que ya no se va a marchar. Quizá es por ello que extirpar parte de lo que nos define pero que al mismo tiempo podría convertirse en la causa de nuestra muerte se plantea como una opción dura pero efectiva.
Aunque “(…) desde el NCI recuerdan que se trata de un proceso "irreversible" que puede conllevar "efectos psicológicos" en la mujer a causa de los cambios en su cuerpo y de la pérdida de las funciones del pecho.”, la decisión es de cada mujer en particular. De ella y, sobre todo, fruto de la reflexión y la comunicación con su entorno más cercano y sus médicos.

“Nine weeks later, the final surgery is completed with the reconstruction of the breasts with an implant. There have been many advances in this procedure in the last few years, and the results can be beautiful.”
A la mujer le preocupa, por supuesto, su aspecto. No se trata de una banalidad ni de algo superficial.
No hay duda de que con una doble mastectomía una mujer pierde, de golpe, sus atributos más visibles. Y, además, como se comenta en uno de los artículos citados anteriormente, se trastocan también una serie de funciones biológicas.
Angelina Jolie comenta que no se ha sentido menos femenina por someterse a esta operación, pero el trauma puede darse. Aunque se le coloquen a la mujer unos implantes, aunque sean de calidad, aunque el aspecto pueda parecer idéntico (y, según algunos, incluso mejor, más perfecto, más simétrico)… No serán sus pechos. Tendrá algo ajeno en su cuerpo. Ciertamente, algo ajeno más querido que el cáncer, pero sin ayuda (familiar, psicológica…) se puede plantear un segundo problema. Creo que, efectivamente, hay que tener las cosas muy claras y tener una fortaleza emocional importante.
 
Por último, no me gustaría dejar de lado otra “banalidad”: el tema terrenal del dinero.
“The cost of testing for BRCA1 and BRCA2, at more than $3,000 in the United States, remains an obstacle for many women.”
Según he podido comprobar, En España la mastectomía preventiva, así como los estudios genéticos que determinan la predisposición a padecer cáncer de mama, son servicios que entran dentro de la cartera de prestaciones de la seguridad social, incluso la cirugía estética que es necesaria después.”
Al parecer, el proceso se plantea a aquellas pacientes que tienen tres o más familiares directos con cáncer de mama o de ovario. Después las pacientes pasan por una unidad de consejo genético que es quien se encarga de descartar o recomendar la mastectomía, ya que puede haber otro tipo de tratamientos posibles (como, por ejemplo, las mamografías mensuales) que eviten una intervención quirúrgica al menos a corto plazo.
Aún así, "En un caso como el de Angelina Jolie, cuyo riesgo es del 87%, la mastectomía preventiva sí es justificable (…) Nosotros lo recomendaríamos".
Pero en Estados Unidos, donde se ha realizado la operación la actriz, no se trata de una intervencón gratuita. Están esos tres mil dólares del estudio genético pero está después la extirpación de los pechos y, de nuevo, la operación en la que se colocan los implantes. Habrá muchas mujeres que no puedan costearse el estudio genético o la operación. Y otras que, aunque puedan costeárselo, tendrán que prescindir de colocarse implantes, en cuyo caso, probablemente, se verán sanas pero menos “ellas”.

Finalmente, no quiero dejar de mencionar que también los hombres sufren cáncer de mama.

martes, 8 de enero de 2013

Mi propio HTM

Sigo desde hace un tiempo varios blogs que se dedican a mostrar y a enseñar cómo se hacen sus “do it yourself”, o “hazlo tú mismo” (de ahí el HTM).
Los hay de todo tipo, pero me gustan especialmente los de manualidades (crafts, es que todo hay que decirlo en inglés para que suene ¿mejor?), los de decoración y los de ropa.
Los de decoración, sinceramente, están fuera de mi alcance. A menudo se trata de restauración y creación de muebles, de modo que sin los materiales y sobre todo la herramienta (¡y maquinaria!) necesaria no hay nada que hacer. No obstante, hay proyectos más asequibles como la decoración de jarrones, de vasos, de manteles... O la creación de cuadros de todo tipo, con frases o motivos divertidos.
Los de manualidades, para alguien con poco sentido espacial como yo, se limitan a lo que sea recortar papel, fieltro o pintar. El 3D (léase punto, ganchillo o amigurumi; y, sí, el ganchillo, aunque “quede” plano, necesita de cierta visión 3D de hilo y agujas) es un imposible para mí. Así que, a este respecto, aparte de los blogs en los que enseñan cómo hacer muñequitos planos de fieltro o cómo pintar una libreta con ayuda de una tira de encaje y un spray, cuento con la experiencia adquirida en el mini curso de Couture Club Taller que hice el verano pasado en La Luna de Madrid. En dicho curso aprendí a decorar diademas, a hacer broches o a forrar botones. Fue divertido e instructivo pero, sobre todo, ¡sencillo!
Por último, aquellos blogs en los que te enseñan cómo modificar un jersey viejo para que parezca otro (desde cómo hacerle un bordado hasta cómo transformarlo en un gorro de invierno) me resultan muy prácticos. Nos hemos vuelto bastante consumistas en una sociedad en la que está de moda el comprar y tirar para volver a comprar... así que no está de más aprender cómo hacer que aquello de lo que nos hemos cansado parezca distinto. A lo mejor no supone un gran ahorro cuando se trata de comprar lentejuelas, botones o borlas, pero tendremos la satisfacción de tener algo único y personalizado con nuestras propias manos.

Como A Beautiful Mess combina todo esto (aparte de mostrar multitud de recetas interesantes), me gustaría aprovechar para hacer una mención especial a este blog.
El blog comenzó su andadura en 2007 y sigue un ritmo de publicaciones tremendo. Aunque en un principio lo llevaba Elsie, unos años después se uniría su hermana Emma. Actualmente, ambas escriben entradas de lo más variado.
Tienen un apartado específico para sus proyectos, que comparten abiertamente con todo aquel que quiera tomar sus ideas y llevarlas a cabo. Las hay más simples y más complejas, pero son siempre muy originales. De vez en cuando hacen recopilatorios de sus DIY con un tema específico: proyectos por menos de veinte dólares, proyectos que se pueden acabar en un par de horas, etc.
 
Respecto a mi propio HTM, me inspiré en una idea de Elsie para estampar vestidos. En su caso, suele hacerlo con cartón. Dibuja una silueta bastante esquemática pero fácilmente identificable y luego la recorta. La va pintando cada vez y la imprime sobre la tela (o sobre el papel, según lo que se disponga a hacer). Me enamoré de su vestido con caballos estampados y decidí hacer algo a pequeña escala.
Por otro lado, desde hace un tiempo veo por todas partes bulldogs franceses (en la calle, en las exposiciones de fotografía, en las colecciones de moda...), así que creo que me han entrado por los ojos. Son esos perritos tan monos a los que hace años, cuando muy poca gente los tenía, yo llamaba “perros-murciélago”.
Así que teniendo la idea sólo faltaba el material: sólo necesitaba el qué (que fue unas zapatillas baratitas) y el con qué (que fueron mis pinturas acrílicas, las que me regalaron por mi cumpleaños este año y con las que aún no he tenido tiempo de hacer demasiadas cositas).
Para este HTM no hay demasiado que explicar.
Para los perros, busqué imágenes en internet que me pudiesen valer y, como yo también soy del HTM casero, las pegué en el Word para, con la regla que tiene el programa, poder medir el tamaño que quería dibujar en las zapatillas. Una vez impresas las imágenes, las recorté para dibujar la silueta en las zapatillas. Había pensado hacerlo con lápiz, pero tuve que recurrir al bolígrafo porque con el gris de base no se veía absolutamente nada. Después dibujé esquemáticamente el morro, los ojos, las orejas...
El proceso para pintar los perros no creo que requiera de gran explicación. Si no me hubiese visto capaz de hacer algo así, habría bastado con esquematizar mucho y utilizar tan sólo tres colores y sin gradaciones.
Para añadir un tono alegre e infantil a las zapatillas (si es que los bulldog franceses no eran ya lo suficientemente infantiles), me decidí por los corazones. Pensé en estrellas, pero con el método de impresión elegido creo que no se habría visto apenas lo que eran. Pensé también en triángulos de diferentes colores, pero me pareció demasiado ochentero. Así que corazones. Recordando los tiempos del parvulario, tallé un tampón con forma de corazón en una patata. Y, voilá, mojar en pintura y estampar, no hay más truco.
Por último, para separar la zona delimitada de cada motivo, pinté una franja roja sobre uno de los remates de las zapatillas. Aunque podrían haber quedado realmente bien sin esta franja, creo que el efecto que hace con los cordones y la suela negros es bastante resultón.
¡Ahora sólo toca que deje de hacer este frío para poder estrenarlas!

domingo, 16 de diciembre de 2012

Comercio local

Últimamente, en todas las redes sociales, se nos anima a comprar en comercios locales y a artesanos todo aquello que podamos necesitar estas navidades.
Es cierto que, si bien este año nuestros presupuestos pueden verse mermados, no está de más invertir lo que tenemos en algo que revierta en nuestra comunidad o en aquellas personas que trabajan como autónomos. Las grandes superficies pueden ser una solución fácil y rápida: nos permiten comprar todo en el mismo sitio y a veces en un mismo día (como el dinero, tampoco es que nos sobre el tiempo...), pero también es bonita (aunque parezca cursi) la opción de buscar, comparar, pasear... y disfrutar de lo que se ha convertido en una época de consumo rápido y bestial. A menudo se compran los regalos navideños con las prisas, sin pensar en la utilidad de lo que compramos, en si a la persona a la que regalamos le va a gustar o le va a encantar, en si no habría algo mucho más adecuado u original. Porque, siendo sinceros, ¿no compramos todos exactamente lo mismo en el centro comercial?
He vivido siempre en pueblos pequeños, sin demasiado acceso a los comercios. Así que, cuando tenía el tiempo y llegaba la ocasión, me acercaba al centro comercial más cercano y empezaba la fiebre de las compras. Primero en navidad y después en las rebajas. En el pueblo apenas tenía a mi disposición una papelería – tienda de regalos y una mercería – tienda de regalos.
Después de mudarme a una ciudad pequeña (o un pueblo grande, a veces yo misma me confundo), descubrí lo que es de verdad una zona comercial de barrio. Pequeñas tiendas, galerías comerciales (el centro comercial a pequeña escala o el hipermercado fragmentado)... Al principio seguía yendo a los centros comerciales pero ahora, en la medida de lo posible, los evito.
También es difícil, en estas ciudades pequeñas (o pueblos grandes), no sucumbir a la tentación de comprar en el bazar chino. Pero la tentación dura poco. Al cabo de unos meses, descubres que los productos son siempre los mismos, la calidad es bastante mala y los precios no dejan de subir.
Tengo la suerte de vivir en el casco viejo de la ciudad, de modo que tengo las dos calles comerciales a tiro de piedra. Puedo comprar todo lo necesario para la casa, regalos y contratar servicios sin apenas moverme de casa. Y, ahora sí, con la convicción de estar ayudando a familias que regentan una tienda de toda la vida, generación tras generación, y también de ayudar a multitud de personas que, tras haber sido despedidas de sus trabajos como grises asalariados, se lanzan ahora “con la que está cayendo” (¡cómo odio esta frase!) a luchar por el sueño de su vida.
Es imposible dejar de comprar en las grandes superficies. Por ejemplo, ahora, con el carrito, es una odisea salir de casa, anclar el cuco en el coche, plegar el carro, quitarme el abrigo, guardar el bolso y la bolsa de paseo, buscar aparcamiento, ponerme el abrigo, desplegar el carro, colocar el bolso y la bolsa, sacar el cuco y entonces, ¡ahora sí!, empezar a comprar (si la niña te deja...). Por eso, no puedo permitirme ni ir a un hipermercado a cargar una compra enorme ni tampoco cargar diariamente con productos de primera necesidad, pesados, para ir poco a poco trayéndolos a casa. ¿La solución? La compra on-line.
Y la compra on-line también facilita encontrar cosas descatalogadas, que no reponen, que no se venden en España... Para los regalos es una maravilla y muchas veces se pueden encontrar productos artesanos en la red.
Pero intento encontrar el equilibrio.
A menudo compro en una tienda de regalos que abrieron dos hermanas. Decoración, bisutería, complementos... Traen cosas originales, bastante asequibles y de mejor calidad que las de importación made in RPC. De hecho, trabajan con bolsos sintéticos de acabado perfecto y diseño original. Y trabajan también con un par de marcas españolas (fabricación y diseño español) de bisutería, con piedras semipreciosas y plata.
Compro también en la tienda de una mujer que vende vestidos de fiesta (por supuesto, las compras se reducen a una boda al año o menos), zapatos de fiesta con strass y bolsos art déco. Vende muchas otras cosas (¡incluso lámparas traídas de Turquía!), pero sus vestidos son una maravilla. La mujer es un amor: te atiende con una sonrisa espléndida, te deja probarte mil y un vestidos y te recomienda aquellos que te quedarán mejor por tu silueta o por tu tono de piel.
Otra de mis tiendas favoritas es una zapatería que no es parte de una cadena (como la mayoría de la zona). Vende caro pero bueno, también dando a conocer multitud de marcas españolas. Hace mucho tiempo era fácil encontrar calzado nacional del que se sabe procedencia y materiales utilizados, pero cada vez se está convirtiendo en algo mucho más complicado.
Y, entrando en el sector “servicios”, he tomado la decisión de no volver a las cadenas. En las cadenas a menudo se explota a los trabajadores, se van rotando trabajadores con poca experiencia de modo que nunca llegan a aprender y tú no recibes el servicio que buscas. Sí, son mucho más baratas, ¿pero a qué precio? Hace poco descubrí un centro de estética regentado por una mujer de mediana edad (está estupenda, pero dedicándose a lo que se dedica, seguro que es mayor de lo que a mí me parece); ofrece multitud de servicios de limpieza facial, masajes, manicuras... y estoy segura de que es una de esas magníficas profesionales a las que su sector ha “expulsado” por no ser ya la niña guapa y joven que fue; sin embargo, como profesional tiene un 10 y como trato al cliente también. Casualmente, junto a esta tienda, hay una peluquería pequeñita, modesta, pero con un servicio estupendo. Los precios están dentro de la media y la niña que atiende (sospecho que sea aprendiza pero de esas que finalmente se quedan allí y se convierten en una profesional maravillosa – ya lo es, por otro lado) es un sol: simpática y muy precisa al encontrar el color de tinte adecuado.
Parecen nimiedades, pero nos hemos olvidado de lo que es el servicio. De que te conozcan y te digan que puedes cambiar un producto aunque te pases un par de días, de que te envuelvan los regalitos y te pongan un lazo, de que te saluden al entrar y al salir...
Por eso también he decidido dejar de comprar a las grandes superficies aquello que no les tengo que comprar por necesidad. Carne, pescado y fruta: los compro en mi barrio. La carnicería de toda la vida, en la que te dicen de dónde traen la carne; la pescadería de la galería comercial; la fruta de un matrimonio mayor que debe de estar a punto de jubilarse.
¿Lo malo? Con toda esta amabilidad y este buen servicio, ¿qué voy a hacer cuando estos señores se jubilen? ¿Y si les siguen subiendo los impuestos y tienen que cerrar? Hay que buscar la manera de apoyar al comercio local. El año pasado fue la galería de artesanía que colocaron en una de las galerías comerciales; este año, pasear y buscar en las tiendas de la zona.

martes, 29 de mayo de 2012

Herencia de hechiceras

¿En qué desesperada situación me hallo? ¿Qué no sería capaz de hacer por amor? Pues despierto en una playa de aguas cálidas y cristalinas, rodeada de árboles exóticos, y no sólo no encuentro caras conocidas sino que me adivino totalmente sola, sin otra alma a mi alrededor que no sea la mía.
Ayer mismo partía de mi hogar, abandonaba a mi padre desdichado, y hoy soy yo la abandonada. Y es que siempre hay uno que abandona… y sólo uno que es abandonado.
Quizá este amar hasta la última consecuencia a aquel que se cruza en tu camino es herencia de mi madre, que se enamoró (por castigo divino, decía mi padre para alejar de su casa la ignominia) de un hermoso toro blanco. Y es que este amor animal y contra natura la llevó a engendrar a mi medio hermano. Secreto en un principio, secreto a voces después; mi madre gestó en su vientre una criatura medio hombre medio ternero, que mi padre tuvo siempre por suya hasta el noveno mes, cuando el niño toro vio las primeras luces de este mundo, lanzó su primer mugido y, al contrario que nosotros sus cuatro hermanos maternos, pudo sostenerse en pie en ese mismo momento.
Gritos, sollozos, peleas… Al día del parto le siguieron días mucho peores, en los que al niño no se le permitió dormir con sus hermanos, sino que se le relegó a la cocina con las criadas. Asustadas éstas, después su hogar serían las vaquerizas de la casa. Y, mientras mi padre intentaba calmar los rumores que ya habían salido de nuestra isla, mi madre penaba día y noche por su hermoso hijo de testa nívea y ojos negros.
A pesar de tratarle como a una bestia criadas y ganaderos, los ojos de mi pequeño hermanastro (que alcanzaría una altura muy superior a la humana) me demostraban que en su pecho latía el corazoncito de un niño. No podía hablar, al no tener garganta humana, pero pronto dejó de mugir, avergonzado de su condición bovina. Se convirtió en una criatura asustadiza y ensimismada, a la que sólo me dejaban ver desde la puerta de las cuadras, y a la que nunca pude acariciar. Sus pies de niño sufrían en el lodazal del suelo y las vacas ni le miraban al no reconocer en él a un semejante. Cada mañana, cuando me acercaba a ver sus evoluciones, le susurraba desde la lejanía: “¡Asterión!” Pues con cabeza de toro o no, mi hermanastro era humano y merecía el honor de tener un nombre.
Igualmente, humano o no, mi atormentado padre decidió que el único modo de evitar los lamentos de mi madre era alejarla totalmente del pequeño. Además, le disgustaba enormemente la idea de que yo pudiese acercarme a un ser tan abominable y, según él, agresivo, ya que pronto desarrollaría una temible cornamenta con la que podría herirnos a todos mortalmente. Así, ordenó sacarlo también de las vaquerizas igual que el primer día lo arrancó de los brazos de su madre.
Otros lo habrían lanzado a las bestias, lo habrían despeñado por un acantilado o lo habrían hecho navegar en una caja de madera allende los mares. Pero no pudo tampoco disponer de la vida de aquel en cuyos pies y manos reconocía los pies y manos de los hijos de su propia semilla, en cuyos genitales reconocía la virilidad de sus hijos biológicos.
Mandó llamar al ingeniero Dédalo, fiel servidor y artesano de renombre, para encontrar con él una solución. Y la solución fue sencilla: crear una celda donde el desgraciado quedaría confinado, sin salir nunca jamás y sin más compañía que la de su sombra. A quien otrora ayudase a mi madre en sus lascivos deseos se le ocurrió el diseño del laberinto, después conocido en el mundo entero, una obra de arquitectura con principio pero sin fin, de la que el hombre toro no pudiese encontrar la salida. Allí lo encerraron de niño y allí continuó de adulto, sin visitas, sin amigos. Sin aquellos compañeros de su infancia, personas y animales; aquéllos, que le habían obsequiado con un trato de bestias, y éstos, con un humano desprecio. Fue despojado, pues, mi hermanastro, sangre de mi sangre, de cualquier signo de su humanidad o animalidad. Dejó de ser, encerrado y olvidado.
Sin embargo, aprisa recurriría a él mi padre cuando, en venganza de su hijo Androgeo, obligó a los atenienses a enviar a siete hombres y siete mujeres que puntualmente serían sacrificados en honor a su hijo muerto. Y tal sacrificio consistiría en obligarles a adentrarse en el siniestro laberinto del que nunca habrían de salir y en el que, tarde o temprano, se encontrarían con aquel otro que allí vivía. Así volvió la mirada a quien, mitad hombre mitad toro, un día había relegado a su salvaje condición de bestia.
Mi instinto me decía que el sosegado Asterión no era el monstruo que todos pintaban. Aquellos ojos bovinos, inocentes, que me miraban desde la cuadra, conocedores de su condición así como de mi libertad, no podían ser capaces de mirar con furia homicida. No podían sus pies humanos hendirse en la tierra para luego embestir a los que siempre quiso ver como iguales.
Una de las tardes marcadas, llegó a la isla, entre los catorce jóvenes, uno de especial atractivo. Se llamaba Teseo y era el mismísimo príncipe de Atenas. Al contrario que sus compañeros, humildes y pobres atenienses, venía por su propia voluntad a enfrentarse al Minotauro, como lo conocían a nuestro alrededor. Pretendía así terminar de una vez con el tributo que su pueblo debía al mío.
Encontré en él y en su determinación a la persona indicada para ayudarnos a todos a poner punto y final a la vida que llevábamos desde el nacimiento de nuestro último hermano. Sin duda, se trataba de una persona con coraje, segura de sí misma y con la entereza como para encontrarse cara a cara con el hombre toro y medirse con él. Sin duda, Teseo vería lo que en él había de humano. Sentiría latir ese corazón como podía sentir latir el mío.
Al atardecer, cuando los jóvenes eran azuzados por las espadas de los guardias minoicos e impelidos a entrar en el laberinto, tomé a Teseo del brazo. Los otros trece lloraban, se arrastraban en la arena de la entrada, sus caras se descomponían del terror. Informé a Teseo de mis intenciones y le obsequié con un ovillo de hilo mágico que le ayudaría a encontrar el camino de vuelta. Pero Teseo se mostraba escéptico. Al poco, entre gritos y bramidos, se extendió sobre nosotros el manto de la noche. Se hizo el silencio. Los guardias se marcharon. Pero el hilo nunca se destensó. Esperé y esperé.
A su salida, cubierto de sangre, Teseo me miró a los ojos, compungido: “¿Lo creerás, Ariadna? El Minotauro apenas se defendió”.
Mis temores se habían confirmado. Di la llave al héroe para poder escapar, para poder contar a todos que el hombre toro no era tal bestia, pero no acerté a calcular cuál sería el desenlace de mi acción.
Traicioné a mi hermanastro, puse fin a sus días sin desearlo y asimismo terminaron las desdichas de mi padre y de los atenienses todos. Pero no podría volver a danzar sobre una pista de baile salpicada de sangre inocente, ni mucho menos levantar la cabeza y cruzar mi mirada con la de mi desventurada madre.
La única salida era huir hacia adelante, asumiendo las consecuencias de las decisiones tomadas. Partí sin dilación en el barco de Teseo, rumbo a una nueva vida. La que me prometieron su sonrisa acaramelada y sus brazos apasionados en una noche que se unió con el día.
Esto fue ayer mismo y, hoy, ¿en qué desesperada situación me hallo? Surcan mis mejillas lágrimas amargas, con la certeza de poder recorrer con mi propio pie el perímetro de esta nueva prisión de arena en la que me veo confinada.
Sobre el origen del mito de Ariadna y el Minotauro:
“(…) la pista de baile que habría construido Dédalo para Ariadna estaría relacionada con un pavimento en el cual se encontró el dibujo de un laberinto, sobre el cual se realizaban las danzas rituales es las cuales se escenificaba la unión entre el sol y la luna, representada por el rey y la reina (y/o sacerdotisa), portando el rey una máscara de toro, símbolo de la fertilidad y la virilidad masculina, mientras que la reina y/o sacerdotisa representaría el papel de vaca celestial, asociada a la Luna y a la fecundidad.”

viernes, 10 de abril de 2009

Respeto, respeto y respeto

Tuve un profesor en el colegio del que mis compañeros se reían porque, cada vez que alguien insultaba, gritaba o hacía algo indebido en clase, cerraba los ojos y decía: “respeto, respeto y respeto”.
Ahora lo recuerdo casi como una letanía fantasmagórica, pero ojalá que hubiese calado en esas cabecitas medio huecas aún.

Las veces que veo “
Aída” (ahora que no está Carmen Machi ya no es lo mismo y creo que en breve la abandonaré), me río muchísimo.

Es curioso que no me sienta identificada con la gente de mi barrio que se comporta como los personajes de “Aída” y que me guste tanto la serie... ¡Y hay mucho personaje así! Cuando vi por primera vez a la madre de Aída o me di cuenta del porcentaje de frases de “la Lore” que contenían la palabra “bragas”, me pareció exagerado. Pero al mudarme del pueblo (el de las vacas y los tractores) a un barrio de una ciudad, me di cuenta de que todo es verídico (la gente que deja a los perros cagar en la puerta de casa o en la del garaje – así no queda más remedio que aplastar la mierda y meterla para casa...–, la gente que hace la mudanza tirando los trastos viejos a la calle desde la terraza, los niñatos que vacilan a un tipo de dos metros con los brazos como popeye porque saben que por ser unos niñatos no les va a hacer nada, los señores que se te meten hasta la cocina cuando vienen a hacerte la revisión del gas, etc., etc., etc.).

De lo que me he dado cuenta es de que “Aída” es como la vida misma. “Aída” sí que es un retrato costumbrista de esos que dicen los entendidos de la pintura...
Está Mauricio Colmenero, el señor del bar. El dueño, el jefe... Le falta el puro y empiezo a preguntarme por qué no he visto a nadie fumando en ninguno de los capítulos... ¿Está peor fumar que insultar a un camarero sudamericano? ¡A lo que iba!
Está Mauricio Colmenero, el señor del bar. Moreno, bigotudo, conservador, machista, tacaño, graciosete... Una joya. Pues de estos tengo en el bar de la esquina, ese que huele a colillas apagadas en las sardinillas en aceite.
Y es que a lo que iba realmente es a la realidad del personaje. A la realidad del señor propietario que se cree dueño no sólo del bar y el mobiliario, sino de sus empleados.
Aquí entra uno de sus camareros, otro personaje habitual de la serie:
Osvaldo, más conocido como Machu-Pichu.
Como “Aída” es un retrato de nuestra realidad cotidiana, esto es lo que retrata: el racismo, el despotismo y la incomprensión de algunas personas hacia quienes vienen de ciertos países (ojo, de ciertos países, no de fuera).

Y, como empezaba, repito: “respeto, respeto y respeto”.
Que yo vea las situaciones cómicas de “Aída” y me ría, no significa que comparta todo lo que los personajes creen. Que haya un personaje sudamericano al que pisotea su jefe día y noche no significa que me guste nuestra realidad. No me gustan los mauricios-colmeneros del mundo, aquellos que se creen mejores que los demás y que a todos (sin excepción) ponen motes y mangonean.
Lo único que creo es que se coloca un personaje sudamericano en la serie, al que se le trata como se suele tratar a los sudamericanos por aquí, igual que hace años en no-sé-qué-serie sobre un hostal aparecía el manitas polaco (no recuerdo la nacionalidad tampoco).

Si en la calle hay xenofobia y racismo, la televisión, en una serie como esta, lo retrata. La caja “tonta” (y no tan tonta a veces) nos devuelve un reflejo de nuestra realidad, como un espejo.
Hay quien decide cambiar la palabra “panchito” por “machu-pichu” después de ver “Aída” y hay quien decide que no le gusta que su realidad sea ésta.

Me gustaría pedir a voz en grito un poco de respeto por todas esas personas que viven entre nosotros (ya que no las dejamos muchas veces vivir con nosotros), pero no sé cómo. Me gustaría poder callar a todas las personas a mi alrededor que usan las palabras “sudaca”, “moro”, “panchito”, etc. a mi alrededor, especialmente a aquellas personas cultas, que saben mucho de historia, música, gastronomía... A las que les gusta viajar y, como ellos dicen, “conocer otras culturas”. A esas personas que en vez de decir “sudamericano” dicen “sudaca”. A esas personas que empiezan sus discursos con un “yo no soy racista, pero...”.

Quisiera callarles igual que los callo cuando me dicen que, cuando salen fuera, no cumplen las normas cívicas que sí que cumplen aquí (ensuciar, gritar, no pagar el transporte público...) porque “total, como no voy a volver”. Igual que les callo pidiéndoles que no dejen la imagen de los españoles a la altura del betún como la de unas personas incivilizadas que no saben salir de casa, me gustaría encontrar la receta que les callase definitivamente en sus calificativos (que realmente no son calificativos, sino insultos). Me gustaría encontrar las palabras que impidiesen la respuesta rebote de “yo no soy racista, pero es que mira lo que le pasó al primo de mi amigo”.
Pues quizá el primo de tu amigo tuvo mala suerte y se encontró con una mala persona. Repito, mala persona. El primo del amigo de alguien, cuando sales a Italia, Inglaterra o adonde quiera que vayas, se encontrará con una persona incívica si te cruzas en su camino (“total, no le vas a ver más”) y se llevará una mala impresión de mí...
Sé que es fácil generalizar, pero yo intento luchar contra las generalidades que empiecen a crecer en mi interior. Cuanto antes las ataje, mejor persona seré.

No sé si es por racismo, por xenofobia, por envidia, por miedo... No sé si estas últimas cosas llevan a lo primero, si se nace con el racismo (lo que sí sé es que a uno le pueden educar en el racismo) o qué. Sé que el discurso de “los españoles también fuimos inmigrantes” no convence ya a casi nadie. Se ve que esos tiempos se están olvidando. Y sé también que el discurso de “los españoles somos mezcla de pueblos” nunca funcionó, a pesar de ser Iberia un cruce de caminos de los pueblos europeos y africanos y, después, con la conquista, también de los pueblos sudamericanos.

Así que “
respeto, respeto y respeto”.
Respeto por las personas que dejan a sus hijos y a sus parejas en su país de origen, vuelan catorce horas con un visado de turismo y luego se instalan como pueden en España, en un piso patera con diez personas más, descansando cada noche como pueden para hacer dos turnos de limpieza al día siguiente.
Respeto por aquellos nuevos unión-europeos que vienen del este con sus carreras de ingeniería, de esos músicos que dejan sus sueños y su tierra para ponerse unos guantes y empezar a preparar cemento.
Respeto por aquellas mujeres embarazadas que se echan a la mar en un cayuco minúsculo con una treintena de personas, después de haber atravesado selvas y desiertos, víctimas de agresiones sexuales en el camino, de hambre y penurias. Respeto por esas mujeres embarazadas que anhelan dar a luz en las costas de Canarias para regalarles algo mejor a sus hijos.
Respeto para aquellos nietos de españoles que quieren buscar aquí la estabilidad que la crisis no les deja tener en sus países.
Respeto para todos aquellos que se ven recluidos en calabozos, sin entender el idioma. Para todos aquellos que esperan poder volver a casa cuando devuelvan sus préstamos (sí, los he conocido personalmente). Para todos aquellos que trabajan codo con codo en nuestras oficinas, calientes en invierno y fresquitas en verano, sin importarles que a sus vecinos, amigos, suegros españoles se les escape alguna vez la palabra “moro” o “panchito”.
Respeto para todos aquellos que vienen del norte a su segunda vivienda en nuestras islas para disfrutar de una merecida jubilación y de los beneficios de la Seguridad Social española. Respeto también, sí, y también un poco de crítica constructiva. No pido un nuevo mote, sino que se les quite la cruz al resto y se critique a todo el mundo por sus virtudes y sus defectos.


No ignoro los problemas de delincuencia, las mafias, las drogas, los mercenarios. Confío en que las cosas puedan seguir mejorando para dejar a cada uno en su lugar, ya sea en un puesto de trabajo digno (con contrato, sin explotación e incluso esclavitud) o en su país de origen si no han respetado la ley.

Y a aquellos que odian las prácticas ilegales y a los “negritos” del top manta, que no se descarguen música de e-mule ni compren los dichosos CDs piratas. Lo que es ilegal para unos lo es también para otros. No sólo para el que tiene hambre y además no sabe defenderse.
Y a aquellos que odian las mafias, que no pidan prostitutas rusas, rubias y jóvenes. Que no contribuyan a hacer de la inmigración un gueto cada vez más grande y más cerrado al mismo tiempo. Que no contribuyan a la esclavitud de quien sólo busca una salida.

A aquellos que pagan a una mujer colombiana para limpiar, a un ecuatoriano para arreglar el jardín y a un rumano para pintar la valla... Menos hipocresía y más
respeto.

miércoles, 15 de agosto de 2007

El precio del amor

¿Cuánto puede tardar una en verse con un anillo en el dedo? Según se mire, se puede tardar nueve días en el extranjero, catorce horas de vuelo o una hora hasta que se recoge la maleta.

El precio del amor no son 3 € de una tarjeta con ositos y corazones (bastante más si tiene música).
El precio del amor no son 6 € de una cajita de bombones en
Cacao Sampaka.
El precio del amor no son 40 € por un
envío urgente de un ramo de rosas.

Algunos relacionan el día de
San Valentín con el día de El Corte Inglés.
Pero lo cierto es que, si a alguien le apetece regalar a su pareja un detalle más allá del día de su cumpleaños, aniversario, "mesario", Navidad, Reyes o cualquier otro día que les guste celebrar, puede elegir el 14 de febrero o cualquier otro día. Y, por supuesto, no tiene por qué comprar sus regalos en El Corte Inglés como el día de Navidad no es el día de Coca-Cola (en la cena de Nochebuena y en la comida de Navidad los menores suelen saltarse las normas y cenar con Coca-Cola, pero los adultos no, ¿verdad?).

Queda mucho para el próximo 14 de febrero, pero no cuesta tanto el amor.
Se puede hacer una tarjeta "de la vida y del amor" con un enorme corazón de cartulina roja, que a la vez dará mucho más espacio para escribir lo que se siente por la otra persona.
Bueno, los bombones son bombones, y siempre nos costarán dinero... Pero siempre hay opciones. Si no se tiene tanto dinero, también están las choco-bolas, que junto con un corazón de cartulina pueden ser un regalo enternecedor. Y, si me apuráis, ¿por qué no?, también están los corazones de gominola rojos y naranjas con sabor a melocotón (¡me encantan!).
Por último, siempre se puede arrancar una rosa bonita del jardín del vecino o de un jardín público (¡no de las rotondas, que es muy peligroso!). Y, si esto le escandaliza mucho a uno, se puede salir al campo y coger cualquier flor silvestre. De hecho, que mis primeras flores fuesen unos "
espantanovios" del campo no fue ningún mal agüero, porque aquí seguimos...

Pues bien. Visto que el día anual del amor no tiene un precio prohibitivo (incluso para los adolescentes), me gustaría hablar del verdadero precio del amor.

Soy una persona con unas convicciones bien claras acerca del matrimonio, casamiento, boda o casorio.
Hay una clara utilidad real del casamiento en el país en el que vivimos. Sí, así es. Especialmente, para nuestros hijos (aparte de la decisión de hacer declaración de la renta conjunta o separada) y para nosotros de ancianos jubilados. Los temas de pensiones, herencias o la simple tontería de pedir una partida de nacimiento (¿cómo es posible que en estos tiempos una persona no pueda pedir nuestra partida de nacimiento, aún estando autorizados, si somos hijos de una pareja no casada? ¡se castiga el pecado de nuestros padres haciéndonos coger un día de asuntos propios para recoger un simple y llano papel!).

Y, desde mi punto de vista, la necesidad de casarse para demostrar a tu pareja o al mundo que quieres a esa persona es nula.
Creo que, al decidir casarnos con alguien, es porque somos conscientes de algo que estaba dentro de nosotros. Es como cuando uno siente cierto malestar y luego cae una tormenta o le entra dolor de cabeza... Es como cuando se levanta de la silla y cree que ha sido algo espontáneo, pero realmente ya lo había decidido.
El día que me casé, aparte de que uno no puede casarse en el momento que lo decide en este mundo burocrático, haría al menos un año que ya lo había decidido.
Supongo que me casé al mes de llevar diciendo tonterías del tipo "no me pidas que nos casemos, tengo que estar preparada" o "yo te diré cuándo nos podemos casar". Los dos ya sabíamos que lo haríamos. Los dos sabíamos que estábamos prometidos pero yo ya sabía que me había casado. Ahora bien, uno no echa las campanas al vuelo por tomar la decisión. Cuando uno se promete, suele marcar una fecha. Y no se marca una fecha si uno no sabe si se podrá independizar...

De modo que la uno se promete y pasa uno o dos años prometido hasta que llega la famosa fecha. Porque han decidido (¿o no?) que es la fecha más conveniente.

Pues me temo que la decisión no es tanto personal como comercial.
Ahí llega el precio del amor. Ahí llega el momento en que el amor deja de ser Cupido, el que nos enamoró, y toma la forma del Tío Gilito con un saco con el símbolo del dólar a la espalda.

El mismo día de "la pedida", un símbolo romántico para unos y un símbolo de arcaicismo para otros, el novio se habrá gastado una barbaridad en un anillito. Un anillito que será, por supuesto, una sortija de oro u oro blanco con un
diamante en el centro.
"La costumbre de entregar un anillo como símbolo de compromiso de casamiento, nació en el siglo XV, cuando el Archiduque Maximiliano de Austria le entregó uno a María de Borgoña. Con el paso de los siglos se convirtieron en el símbolo de la fidelidad y del amor por excelencia, por ello se conserva la tradición de regalar una joya con diamantes en el momento del compromiso. Este es un artículo dirigido al novio, ya que es él quien sufre con la búsqueda y la compra del anillo de compromiso." Este es un extracto de la página web a la que se puede acceder pinchando en la palabra "diamante", arriba. En dicha página se puede aprender (a quien le interese aprenderlo) cómo se valora un diamante, cómo se elige un diamante, etc. Aconsejan elegir el anillo con la novia pero, ¿no se supone que la pedida es una "decisión" del novio? Para que veamos que las decisiones no son tan voluntarias como presuponemos... Y para que veamos que los que eligieron que el símbolo del amor sería un diamante fueron unos aristócratas y, no, por ejemplo, unos vendedores de acelgas y berenjenas.
Aquí el Tío Gilito nos suelta la frase, más famosa que el traje rojo de Papá Noel que lo inventó Coca-Cola, de "un diamante es para siempre". Y extiende la mano para cobrar los 1.250 € que cuesta una sencillísima sortija con diamante en eBay (ya que yo me apetece salir a ver joyerías para esto, busco por Internet; aunque podría pedir ayuda a mi queridísimo y montar un teatrillo y curiosear de joyería en joyería...).
Se puede leer en numerosas páginas web que una pedida no será pedida sin un diamante.

Después de la pedida, se pone una fecha. ¿Primavera? ¿Verano? No otoño ya es muy tarde, que puede hacer frío.
En los diarios gratuitos del metro aparecía hace poco una viñeta: "Tengo miedo, se acerca la época de la BBC"; "¿Te vas a pillar la tele privada?" "No, es que se acerca la época de bodas, bautizos y comuniones".
¿Es casualidad que todo el mundo se decida por mayo, junio, julio y agosto (agosto no estoy segura, no sé si la gente casa en vacaciones)? No, es que no llueve tanto (no se mojan peinados ni vestidos y las fotos salen mejor con el sol). Así que, sea la fecha que sea la de la pedida, se suele esperar a mayo, junio, julio o agosto del año siguiente.
Entonces el Tío Gilito da una palmadita a los novios y les felicita: "Tomaos vuestro tiempo, porque esta carrera acaba de empezar".

Oigo y leo a la gente quejarse de que hay que esperar demasiado tiempo para casarse (listas de esperas incluso de años). Pero muchas veces esa misma gente deja de lado al mismo Cupido que tanto les mima y prefieren esperar, porque una boda que no se pueda celebrar en los Salones Jarachimondi o una ceremonia que no se pueda oficiar en la Iglesia de San Chimbambas no es boda ni es ceremonia.
Aquí se acerca el Tío Gilito, se frota las manos y se dice: "¡Ya son míos!"

¿Por qué nos casamos? ¿Por qué hacemos este tipo de celebraciones, la mayoría de las veces demasiado ostentosas? ¿Por qué ponemos a nuestros padres - y normalmente a los de la novia especialmente - en el compromiso de pagar banquete, flores, iglesia, música, fotógrafo..?
Yo creo que nos casamos por amor, ¿no? Por ver la felicidad absoluta salir de los poros de nuestra pareja cuando nos mira, por ver a nuestra mejor amiga llorar cuando firma el papelito de testigo o por ver a nuestra madre nerviosa como un flan, que también tiene su gracia. Nos casamos porque sabemos que haciéndolo la otra persona se pasará unas cuantas pantallas en el videojuego de la felicidad. Nos casamos porque, aunque personalmente, para mí sólo sea un pequeño gesto, para él es un regalo sin precio. SIN PRECIO.
Y por supuesto que nuestro casamiento tuvo precio. ¿Qué no tiene precio hoy en día?

Bueno, pues si hay que esperar dos años para comer en Jarachimondi, pues, bien, ahora mismo, nos casaríamos en julio de 2009. Nos da tiempo a prepararlo todo, ¿no?

Hace un par de veranos sustituí en el trabajo a una chica que se casaba y se iba de luna de miel. Coincidí con ella tres o cuatro días para que me enseñase lo que tenía que hacer, pero aprendí algo bien diferente: que preparar una boda es un rompecabezas, pero no un rompecabezas normal, sino uno que intentas montar y no te has dado cuenta de que dos piezas son de otro juego... Imaginaos...
Sólo la vi disponiendo la colocación de las mesas (unas treinta mesas), firmando como loca agradecimientos por los regalos (yo hasta entonces creía que esto sólo se hacía en las películas de EE.UU.), eligiendo sus votos (que más bien eran un discurso entre cristiano y nacionalista) y llamando por teléfono a la banda de música para decirles las canciones que quería que tocaran, para que fuesen arreglando los pagos del canon. Sí, sí, sí, así fue. Y digo "sólo" porque sé que tuvo que organizar mucho más: mover a toda la familia de él a la provincia de la de ella, que era donde se celebraba la boda, reservando hoteles y horas en diversas peluquerías; revisar la lista de bodas y pensar qué hacer con los regalos repetidos; llamar a los albañiles para los últimos retoques de la casa a la que se mudaban; o concertar el viaje de novios por la Polinesia con la agencia.
Automáticamente, se me encendió una bombillita: yo no quería eso. Si ese día tenía que ser, que sería, porque querer a alguien significa querer darle lo que más desea en este mundo, no sería como el de ella. Ni por asomo.

Después de nueve días en el extranjero, catorce horas de vuelo o una hora hasta que recogí la maleta, salí con mi maletón cargado de regalos y con un sombrero de agricultor japonés por la puerta de salidas de la T4. Di besos y abrazos a mis padres y un beso a mi novio (ahora, ex-novio). Pero algo fallaba. De repente, mis padres empezaron a dar pasos hacia atrás, como los cangrejos (que todos creemos rojos pero que no lo son), mi novio me miró con cara de circunstancias y desde fuera de su cuerpo sentí vibrar sus cuerdas vocales sin producir ningún sonido... Entonces, se arrodilló en medio del aeropuerto y sacó una cajita del bolsillo. Yo le insté a levantarse al grito de "qué vergüenza", pero no lo hizo. Cogí el anillo, me lo puse, le obligué (ya sí) a levantarse y le abracé. Le dije: "claro que sí".
Pobrecito mío. Él también sufrió la búsqueda del anillo único. Pero él también tuvo sus amigos medianos que le ayudaron (gracias, chicos, por aconsejarle que eligiera el que sabíais que me gustaba a mí).

A pesar de mi aleccionamiento durante meses, él se presentó en la joyería diciendo que quería "un anillo de compromiso". ¡Mal! ¡Muy mal! Con esa frase, los ojos del Tío Gilito hacen "glin glin glin glin glin", como las máquinas tragaperras buscando tres ciruelas moradas. Después de mucha parafernalia, no sé cómo lo haría, pero consiguió el anillo que a mí me gustaba, que ni era sortija ni tenía diamante, pero que llevo diariamente puesto en mi dedo y que, a pesar de lo que todos me decían, debía haber llevado en mi anular izquierdo durante el tiempo de pedida. ¿Para qué? ¿Para que se me saliese y lo perdiera? ¡Anda ya!

Después llegó la elección de fecha. Nosotros queríamos, por razones personales no relacionadas con las bodas de penalty, casarnos lo antes posible. Por ello, fuimos al Ayuntamiento de un pueblo cercano a hablar con la persona que llevaba las citas. Para casarnos en el Ayuntamiento, tendría que ser entre semana. Para casarnos en el Juzgado de Paz, podría ser en sábado. En cuanto a los invitados, un sábado viene siempre mejor. Es por esto que no entiendo a la gente que dice que ni por lo civil se pueden casar. Claro, si quieres casarte en el juzgado de tu barrio, a lo mejor no puedes. A lo mejor tienes restricciones de días a la semana que se casa. Sin embargo, en un pueblo como al que nosotros fuimos, nos podían casar cuando quisiésemos. Simplemente, no podía ser fiesta y le tenía que venir bien también a alguna persona del Ayuntamiento con la capacidad para casar. Así que, como nos dijeron que preparar los papeles llevaría unos dos meses y dado que estábamos a finales de septiembre, nos decidimos por diciembre. Podría hacer un frío horrible, caer un chaparrón... Qué sé yo. Pero eso daba igual. Así que elegimos el sábado 16, ya que el 23 estaba demasiado cercano a las fiestas y el 30 también.
¿Qué papeleo había que hacer? (por suerte, aquí no se ceban cobrando impresos, estampaciones de sellos ni firmas). Rellenamos la solicitud de intención de casarnos, rellenamos los impresos de los testigos y llevamos fotocopia de sus DNI y los nuestros y con nuestra solicitud firmaron nuestras madres como testigos de nuestra intención de casarnos (no pueden ser estos testigos los mismos que el día de la boda). Después, esperamos quince días (naturales en el pueblo de él y hábiles en el mío, interpretaciones de las distintas administraciones locales que no supe llevar a mi terreno) publicados en el tablón a que alguien decidiera entorpecer el tema y objetar algo a nuestro casamiento. ¿? No me lo podía creer. La verdad es que este asunto se lo tomaron más en serio de lo que yo creía. Conozco el caso de una pareja argentina que se casó en España por lo civil y en el juzgado de paz que a ellos les correspondía les dijeron que "los quince días se los saltaban porque veían claro que querían casarse, que no había ningún tipo de interés". En nuestro caso, sin embargo, estaba claro que después de una relación de siete años alguno de los dos ocultaba algo...
Por ese entonces me leí el Código Civil y supe a qué me comprometía casándome. ¿Alguien más hace esto? ¿Soy la única rara? En un principio, intentaba encontrar algo acerca de la publicación durante quince días de nuestra intención de casarnos, pero esa legislación es autonómica y no la pude encontrar. Luego, la lectura se puso interesante y me leí los capítulos necesarios (al final de toda la entrada).

No se empiezan a mover todos los papeles hasta pasados los famosos quince días, de modo que quince días de nuestra espera eran perdidos. No sabríamos hasta unos días antes de la fecha elegida si tendríamos que cambiarla.
Todos nuestros papeles se enviarían desde nuestros Ayuntamientos a una fiscalía regional y de allí al lugar donde les tenían que dar el visto bueno, o algo así. Ya no recuerdo quién revisaba qué, porque lo cierto es que todo me parecía de un absurdo impresionante. Pero, no sé, las cosas son como son y los papeles han de llevar varios sellos, bonitos, feos, grandes y pequeños, para ser válidos.
Afortunadamente, sobre el quince de noviembre nos dijeron que ya estaba todo listo: nos podíamos casar.
Teníamos un mes exacto para preparar una boda.

Y, después del anillo “de diamantes” y el papeleo, ¿qué queda?
Pues, nada, ya sólo quedan el vestido y el traje, las flores y el restaurante.

Por lo que tengo entendido, cuando se elije fecha se elige al mismo tiempo el restaurante, por eso de asegurarse un sitio donde meter a los cientos de invitados.
Nuestra suerte fue que éramos unos cincuenta, con lo que sería suficiente con encontrar un restaurante mediano que pudiésemos ocupar al completo para que no hubiese más gente comiendo el mismo día. El problema fue que nuestra fecha era la misma en que las empresas celebran las cenas y comidas de Navidad, de modo que no sería fácil encontrar un sitio.
Pero, de nuevo, ni queríamos los Salones Jarachimondi ni habría sido posible reservarlos con tan poca antelación. ¿O quizá sí? Nadie se casa en diciembre…
Al final sólo consultamos dos restaurantes y encontramos entre ellos el que queríamos.
El primero fue un asador. Comer allí habría supuesto tener que ir a otro sitio para continuar con la celebración, y no estábamos dispuestos a buscar salones, jardines (¿en invierno?) o, lo más socorrido y lo que menos me gusta, una capea. A mucha gente le molesta que nos relacionen a los españoles con “España y olé”, “flamenco y toros”; pero, ¿por qué tanta gente celebra bodas y comuniones en las capeas? Y, después de esta digresión, diré una a una las razones por las que no me gustó el mencionado restaurante:
- La puerta estaba en plena calle. Si los niños pequeños salían a correr, como tanto les gusta hacer a los niños, lo más probable era que un coche se los llevase por delante.
- El dueño del asador tenía una pinta terrorífica: gafas de bartolo, ojos bizcos y dientes amarillos y torcidos. Esto puede decir poco a mi favor, pero es que después el hombre intentó convencernos de que en un salón minúsculo cabríamos cincuenta cuando a todas luces se veía que era imposible.
- En el salón que nos querían asignar había perdices disecadas.
El segundo, un restaurante – hípica (bueno, al menos no era una capea) con un bar abajo, de modo que si queríamos quedarnos después de la comida podríamos hacerlo. Allí sí cabíamos. Y los menús eran más variados que los del asador (para una amante de los pececitos, el menú a base de butifarra, morcilla, chorizo y solomillo del asador era un completo castigo…). Y cuando llegamos allí a comer el día en cuestión… Preciosos los arbolitos de Navidad en cada mesa. Así, el tema de las flores olvidado (aunque tampoco había pensado en ningún momento que las quisiera).
De lo que sí me he dado cuenta, echando un vistazo en Internet, es de que el precio de los menús no es tan dispar. Es decir, aquí el precio es el que hay y lo mejor que se puede hacer es buscar los platos que más nos gusten, los más innovadores, los más variados, los más tradicionales… En definitiva, comer bien. Porque por supuesto que se puede gastar una millonada en el menú si se quiere, pero también es cierto que se pueden encontrar menús muy buenos al mismo precio en restaurantes desconocidos (y únicos) y en hoteles de renombre.

Para mí, la única pega a los menús de boda es que siempre te colocan el “pastel nupcial”. ¿De qué está hecho? No lo sé, pero principalmente de nata y de muñequitos de plástico. Mi querido me propuso casar en plástico y para siempre a Chewacca y HelloKitty, pero no me pareció… Es broma. Me habría encantado. Pero yo no quería pastel nupcial.
Habría matado por unas
tortitas con nata (“buaaah, ¡¡¡qué cutre!!!”, que dirían algunos: ¿les parece mejor a los señores si las llamo “filloas”, que es más fino?), por unas torrijas o una tarta de queso… ¡Con lo que me gustan a mí los postres caseros! Pero no: ese día siempre hay que tomar tarta de pastelería, como yo las llamo.
Pero corté (nunca mejor dicho) un poco con el ritual y les dije que sirvieran la tarta ya partida. No me veía yo con la espada de Toledo y la nariz pringada de nata…

Volviendo al tema de las flores, no hay boda que se precie en la que la novia no lleve ramo.
Hoy en día ya no se llevan tanto los ramilletes redondeados inmaculadamente blancos (tendencia que también se aplica a los vestidos). Cuando estaba en paro (y ya hace más de un año), vi un programa de Ana Rosa en el que salió una pasarela de ramos de novia. Muy curioso, la verdad. La mayoría de ellos tenían muchas hojas (grandes y alargadas o finas y colgantes), adornos secos (como los tirabuzones de madera barnizados) y flores menos clásicas (flor de la pasión, flor del paraíso, lirios…), dejando un poco de lado las rosas, margaritas o tulipanes.
Tuve mucha suerte porque una amiga de la vecina de mis padres es estilista y me aconsejó.
Una vez vio mi vestido, buscamos en Internet flores, hojas y lazos. Y el resultado fue un precioso ramo alargado de cinco calas naranjas amarradas con una cinta navideña color cobre que me regaló mi hermana. A ella le tengo que agradecer que yo no acabase llevando un ramo de claveles de los que venden las gitanas en los mercadillos.
Si bien es cierto que este no es uno de los mayores problemas de la boda, puesto que no necesita una antelación de meses, tampoco hay que dejarlo para tres días antes como hice yo. Pero, teniendo en cuenta que el vestido lo compré una semana antes del evento (odio la palabra ceremonia), no podía encargarlo antes de saber de qué color iría. La suerte fueron los contactos de mi hermana en la floristería. El vendedor casi quedó en estado de shock cuando le dije que necesitaba mi ramo para tres días después. ¡Y él tenía que pedir las flores de Holanda! Podríamos haber ido a otra floristería, es cierto, pero fuimos a esa. Sobre el precio, fue un regalo, pero sé que fue caro. Una compañera mía compró hace tiempo una cala japonesa por 7€ para las prácticas de ikebana y, aunque las mías no eran calas japonesas, tampoco eran calas blancas o rojas, las más comunes, y eran de importación.

Y creo que ya sólo me queda hablar de los trajes.
Nosotros, como pareja atípica, lo hicimos al revés de todo el mundo. En lugar de ser él quien quiere evitarse más preocupaciones y termina comprándose un traje más normalito, fui yo. Él se volvió loco encontrando el traje de novio perfecto. Este relato no me corresponde, sólo diré que, como siempre, las personas que nos atienden (como los que configuran el menú y colocan pastel nupcial o los que te enseñan sortijas y les colocan el diamante) saben lo que queremos. ¿Qué es lo que ocurre? Que nunca sabemos lo que realmente queremos. Y ése fue el trato que él recibió. Por suerte, luchando con la dependienta, con la paciencia milagrosa que le caracteriza y la suerte de encontrar algunas piezas de su talla que no tuvo que encargar, lo tuvo listo a tiempo.
Yo, en cambio, y pese a mi interés por las flores y la ropa, no quise vestido de novia. No me gustan los vestidos blancos ni los vestidos largos ni los vestidos demasiado entallados… Ni los velos, ni las flores en el pelo ni miles de etcéteras. Es decir, no me gustan para mí, pero pasarela que sale en televisión pasarela que me trago; me paro en todos los escaparates y me encanta mirar dentro de los coches con flores blancas para intentar ver a la novia…
Pero hay que armarse de verdadero valor para comprar un vestido de novia. El precio y el tiempo se acusan más, en mi opinión, a la hora de esta elección.
El vestido de novia siempre es diseñado y cosido por una modista. No hay dos iguales. No hay “me hace arruga aquí” ni “me sobra un poquito del pecho”. El vestido de novia es un vestido que se ajusta al cuerpo como un guante; un vestido con mil capas y un potente armazón que saca lo mejor y esconde lo peor de la naturaleza imperfecta de la que todas estamos compuestas. En un principio, se saca de un catálogo o de un muestrario en tienda, pero siempre hay arreglos, mejoras y cambios que lo adecuan para hacer de él lo que la novia quiere.
Si hay algo a favor de nuestra industria textil es que, mundialmente, la costura nupcial tiene gran renombre. No en vano tenemos ferias sobre bodas (como “1001 bodas”, que se celebra en octubre en Madrid, en IFEMA) e importantes pasarelas (como la “
Bridal Week” de Barcelona, que se celebra en mayo y junio del año que viene). Además, mucha gente, igual que viene a celebrar despedidas de soltero, viene a comprar su traje o lo encarga.
Personalmente, aconsejo a las chicas que busquen un vestido de boda bonito y original que viajen a Sevilla. Sevilla es una ciudad preciosa a la que le dedicaré una entrada entera pero, por el momento, diré que podría ser interesante viajar para montar en AVE, visitar monumentos, comer pescaíto frito y comprar el traje. Me llamó mucho la atención la cantidad de tiendas de diseño y de modistas que había en las calles de Sevilla. No en vano los sevillanos y sevillanas visten muy bien. Cuando estuve en noviembre (fue allí donde recibimos la esperada llamada que nos anunció que nos podíamos casar en diciembre sin problemas), vimos cantidad de tiendas de novios y novias. Nunca antes había visto un traje de novio verde oliva ni un traje de novia que parecía filigrana cordobesa de la cabeza a los pies. Cierto que saldría caro ir hasta allí para cada prueba, pero es una opción. Cuando volví a Sevilla en marzo, me encontré una pareja a la salida de la Plaza de España que iba a hacerse las fotos en el Parque de María Luisa. Ella estaba radiante: llevaba un vestido rosa chicle y un fajín fucsia; flores fucsias en el pelo y un medio recogido lateral caído con mechones sueltos; los labios impactantes, pecho grande sin aprisionar como suelen hacer este tipo de vestidos y una sonrisa de felicidad preciosa. No creo que viniera a Madrid a por su traje, o al menos a las tiendas de Madrid que yo he visto.
Por lo que he leído en Internet, pueden encontrarse trajes de novia a partir de 500€, pero me cuesta creerlo. Mi visión de los trajes de novia se acerca más al caso de una chica que gastó 1200€ en el vestido y 600€ en la chaqueta; y no habla de cancán, velo o mantilla ni de zapatos o joyas.
Yo finalmente llevé un vestido dorado (dado que el azul marino tampoco era un color para bodas, como me recalcaron en más de una ocasión) y una chaqueta y zapatos negros.

Lo que más me gustó de mi preparación fueron el pelo y las joyas.

Casi nunca voy a la peluquería, ya que mi hermana puede cortarme el pelo y mi amorcito aprendió a cortarme el flequillo; de querer teñírmelo también sabría mi hermana, así que… Sólo voy cuando me hago un corte de pelo radical o cuando quiero arreglar algún tipo de estropicio. Pero nunca había ido para peinarme.
Aquí entra otro tema que me desquicia: el de las pruebas. Al parecer, lo ideal es hacerse una prueba antes del día de la boda, para asegurar, supongo, que la peluquera sabe peinarte… ¿De qué me sirve saber que no me gusta el peinado cuando me lo hacen? ¿Cuántas pruebas estoy dispuesta a pagar hasta que dé con el peinado apropiado? Me negué. El día de la boda, fui a la peluquería por la mañana y volví a estudiar con la peluquera, mi peluquera, la mejor que nunca he conocido, el peinado que el sábado anterior habíamos elegido. No había habido prueba: yo sabía que me quedaría bien y sabía que ella podría hacerlo. Y pudo. Me gustó mi recogido con nudos y tupé, el pelo caído por detrás y la brillantina dorada. Mi recogido, el peinado de mi madre y el de mi hermana y las uñas de mi madre y mías, por 70€. Sé que es increíble. No sé si era porque la conocíamos, porque agradece que me desplace 30km. cada vez que quiero hacerme la menor tontería en el pelo o que fue de las pocas personas que me comprendió y no quiso imponerme lo que era un peinado de boda.
Tampoco puso ninguna pega respecto al maquillaje, otra de las cosas que requiere prueba. Y que es más cara que el maquillaje habitual. En cualquier peluquería o salón de belleza se puede leer: “precio de maquillaje, X; precio de novia, Y”. Pero no hay un maquillaje de fiesta, tan válido como cualquier otro para una boda. Y más cuando las últimas tendencias son los maquillajes naturales y discretos. Así que me maquilló mi hermana, que es muy mañosa para todo.

Respecto a las joyas, tengo que agradecérselas a una amiga, que me las hizo a mano y me las regaló. Negros, dorados y marrones cristales de Swarovski para un conjunto de pendientes y gargantilla. Gracias.

Sólo me quedan las fotos en lo que se refiere a nuestro día. Y un amigo se encargó de ellas y otro de grabar en DVD. No se imaginan lo que agradezco que se encargaran de ello espontáneamente y con tanta dedicación, porque no nos molestamos en contratar a nadie ni en pedirlo. Y aún así hay imágenes preciosas que quedan bien lejos de mis fotos de comunión, con el rosario entre las manos y cara angelical… No quería un nuevo book como el de la comunión en mi boda civil.

Sí, también están el viaje que yo misma organicé a Italia con ayuda de mis compañeras de la oficina de Roma o el hecho de que no quisiese tirar mi ramo de flores a las solteras y tirase un pan que había sobrado de la comida…
Pero estoy un poco cansadita de escribir.

Nada sé de música para bodas, servicios de catering, invitaciones, valses…
Nada sé de regalos para invitados (fuera de lo que otros amigos se afanaron por encontrarlos, cosa que también les agradezco).

Sólo sé que esta es mi opinión.
Y también sé que es perfectamente lógico que la gente quiera gastar ingentes cantidades de dinero este día, que es un día único…
No quiero ofender a toda la gente que conozco que se va a casar y a cuyas bodas, felizmente, voy a asistir. No se imaginan con qué ilusión espero ver los vestidos de ellas, poder comprarme el mío y divertirme en las despedidas como ellas se divirtieron en la mía (gracias también a todas, me hicisteis más feliz de lo que jamás podréis imaginar).
Sólo pedía, desde el día en que recibí el anillo, que alguien sintiese algo de empatía conmigo y con mi forma de pensar. Tan respetable como la de quienes quieren un vestido largo, una iglesia con flores o una luna de miel en el Caribe.





TÍTULO IV. Del matrimonio

CAPÍTULO PRIMERO. De la promesa de matrimonio

Art. 42
La promesa de matrimonio no produce obligación de contraerlo ni de cumplir lo que se hubiere estipulado para el supuesto de su no celebración.
No se admitirá a trámite la demanda en que se pretenda su cumplimiento.

Art. 43
El incumplimiento sin causa de la promesa cierta de matrimonio hecha por persona mayor de edad o por menor emancipado sólo producirá la obligación de resarcir a la otra parte de los gastos hechos y las obligaciones contraídas en consideración al matrimonio prometido.
Esta acción caducará al año contado desde el día de la negativa a la celebración del matrimonio.

CAPÍTULO II. De los requisitos del matrimonio

Artículo 44
El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio conforme a las disposiciones de este Código.
El matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o de diferente sexo.

Art. 45
No hay matrimonio sin consentimiento matrimonial.
La condición, término o modo del consentimiento se tendrá por no puesta.

Art. 46
No pueden contraer matrimonio:
1º. Los menores de edad no emancipados.
2º. Los que estén ligados con vínculo matrimonial.

Art. 47
Tampoco pueden contraer matrimonio entre sí:
1º. Los parientes en
línea recta por consanguinidad o adopción.
2º. Los colaterales por consanguinidad
hasta el tercer grado.
3º. Los condenados como autores o cómplices de la muerte dolosa del cónyuge de cualquiera de ellos.

Art. 48
El Ministro de Justicia puede dispensar, a instancia de parte, el impedimento de muerte dolosa del cónyuge anterior.
El Juez de Primera Instancia podrá dispensar, con justa causa y a instancia de parte, los impedimentos del grado tercero entre colaterales y de edad a partir de los catorce años. En los expedientes de dispensa de edad deberán ser oídos el menor y sus padres o guardadores.
La dispensa ulterior convalida, desde su celebración, el matrimonio cuya nulidad no haya sido instada judicialmente por alguna de las partes.

CAPÍTULO III. De la forma de celebración del matrimonio

SECCIÓN PRIMERA. Disposiciones generales

Art. 49
Cualquier español podrá contraer matrimonio dentro o fuera de España:
1º. Ante el Juez, Alcalde o funcionario señalado por este Código.
2º. En la forma religiosa legalmente prevista.
También podrá contraer matrimonio fuera de España con arreglo a la forma establecida por la ley del lugar de celebración.

Art. 50
Si ambos contrayentes son extranjeros, podrá celebrarse el matrimonio en España con arreglo a la forma prescrita para los españoles o cumpliendo la establecida por la ley personal de cualquiera de ellos.

SECCIÓN SEGUNDA. De la celebración ante el Juez o funcionario que haga sus veces

Art. 51
Será competente para autorizar el matrimonio:
1º. El Juez encargado del Registro Civil y el Alcalde del municipio donde se celebre el matrimonio o concejal en quien éste delegue.
2º. En los municipios en que no resida dicho Juez, el delegado designado reglamentariamente.
3º. El funcionario diplomático o consular encargado del Registro Civil en el extranjero.

Art. 52
Podrá autorizar el matrimonio del que se halle en peligro de muerte:
1º. El Juez encargado del Registro Civil, el delegado o el Alcalde, aunque los contrayentes no residan en la circunscripción respectiva.
2º. En defecto del Juez, y respecto de los militares en campaña, el Oficial o Jefe superior inmediato.
3º. Respecto de los matrimonios que se celebren a bordo de nave o aeronave, el Capitán o Comandante de la misma.
Este matrimonio no requerirá para su autorización la previa formación de expediente, pero sí la presencia, en su celebración, de dos testigos mayores de edad, salvo imposibilidad acreditada.

Art. 53
La validez del matrimonio no quedará afectada por la incompetencia o falta de nombramiento legítimo del Juez, Alcalde o funcionario que lo autorice, siempre que al menos uno de los cónyuges hubiera procedido de buena fe y aquéllos ejercieran sus funciones públicamente.

Art. 54
Cuando concurra causa grave suficientemente probada, el Ministro de Justicia podrá autorizar el matrimonio secreto. En este caso, el expediente se tramitará reservadamente, sin la publicación de edictos o proclamas.

Art. 55
Podrá autorizarse en el expediente matrimonial que el contrayente que no resida en el distrito o demarcación del Juez, Alcalde o funcionario autorizante celebre el matrimonio por apoderado a quien haya concedido poder especial en forma auténtica, pero siempre será necesaria la asistencia personal del otro contrayente.
En el poder se determinará la persona con quien ha de celebrarse el matrimonio, con expresión de las circunstancias personales precisas para establecer su identidad.
El poder se extinguirá por la revocación del poderdante, por la renuncia del apoderado o por la muerte de cualquiera de ellos. En caso de revocación por el poderdante bastará su manifestación en forma auténtica antes de la celebración del matrimonio. La revocación se notificará de inmediato al Juez, Alcalde o funcionario autorizante.

Art. 56
Quienes deseen contraer matrimonio acreditarán previamente, en expediente tramitado conforme a la legislación del Registro Civil, que reúnen los requisitos de capacidad establecidos en este Código.
Si alguno de los contrayentes estuviere afectado por deficiencias o anomalías psíquicas, se exigirá dictamen médico sobre su aptitud para prestar el consentimiento.

Art. 57
El matrimonio deberá celebrarse ante el Juez, Alcalde o funcionario correspondiente al domicilio de cualquiera de los contrayentes y dos testigos mayores de edad.
La prestación del consentimiento podrá también realizarse, por delegación del instructor del expediente, bien a petición de los contrayentes o bien de oficio, ante Juez, Alcalde o funcionario de otra población distinta.

Art. 58
El Juez, Alcalde o funcionario, después de leídos los artículos 66, 67 y 68, preguntará a cada uno de los contrayentes si consienten en contraer matrimonio con el otro y si efectivamente lo contraen en dicho acto y, respondiendo ambos afirmativamente, declarará que los mismos quedan unidos en matrimonio y extenderá la inscripción o el acta correspondiente.

SECCIÓN TERCERA. De la celebración en forma religiosa

Art. 59
El consentimiento matrimonial podrá prestarse en la forma prevista por una confesión religiosa inscrita, en los términos acordados con el Estado o, en su defecto, autorizados por la legislación de éste.

Art. 60
El matrimonio celebrado según las normas del Derecho canónico o en cualquiera de las formas religiosas previstas en el artículo anterior produce efectos civiles. Para el pleno reconocimiento de los mismos se estará a lo dispuesto en el capítulo siguiente.

CAPÍTULO IV. De la inscripción del matrimonio en el registro civil

Art. 61
El matrimonio produce efectos civiles desde su celebración.
Para el pleno reconocimiento de los mismos será necesaria su inscripción en el Registro Civil.
El matrimonio no inscrito no perjudicará los derechos adquiridos de buena fe por terceras personas.

Art. 62
El Juez, Alcalde o funcionario ante quien se celebre el matrimonio extenderá, inmediatamente después de celebrado, la inscripción o el acta correspondiente con su firma y la de los contrayentes y testigos.
Asimismo, practicada la inscripción o extendida el acta, el Juez, Alcalde o funcionario entregará a cada uno de los contrayentes documento acreditativo de la celebración del matrimonio.

Art. 63
La inscripción del matrimonio celebrado en España en forma religiosa se practicará con la simple presentación de la certificación de la Iglesia o confesión respectiva, que habrá de expresar las circunstancias exigidas por la legislación del Registro Civil.
Se denegará la práctica del asiento cuando de los documentos presentados o de los asientos del Registro conste que el matrimonio no reúne los requisitos que para su validez se exigen en este título.

Art. 64
Para el reconocimiento del matrimonio secreto basta su inscripción en el libro especial del Registro Civil Central, pero no perjudicará los derechos adquiridos de buena fe por terceras personas sino desde su publicación en el Registro Civil ordinario.

Art. 65
Salvo lo dispuesto en el artículo 63, en todos los demás casos en que el matrimonio se hubiere celebrado sin haberse tramitado el correspondiente expediente, el Juez o funcionario encargado del Registro, antes de practicar la inscripción, deberá comprobar si concurren los requisitos legales para su celebración.

CAPÍTULO V. De los derechos y deberes de los cónyuges

Art. 66
El marido y la mujer son iguales en derechos y deberes.

Art. 67
El marido y la mujer deben respetarse y ayudarse mutuamente y actuar en interés de la familia.

Art. 68
Los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente.

Art. 69
Se presume, salvo prueba en contrario, que los cónyuges viven juntos.

Art. 70
Los cónyuges fijarán de común acuerdo el domicilio conyugal y, en caso de discrepancia, resolverá el Juez, teniendo en cuenta el interés de la familia.

Art. 71
Ninguno de los cónyuges puede atribuirse la representación del otro sin que le hubiere sido conferida.

Art. 72
(Sin contenido)
Derogado por la Ley 30/1.981, del 7 de julio (B.O.E. del 20 julio), por la que se modifica la regulación del matrimonio en el Código Civil y se determina el procedimiento a seguir en las causas de nulidad, separación y divorcio.

CAPÍTULO VI. De la nulidad del matrimonio

Art. 73
Es nulo cualquiera que sea la forma de su celebración:
1º. El matrimonio celebrado sin consentimiento matrimonial.
2º. El matrimonio celebrado entre las personas a que se refieren los artículos 46 y 47, salvo los casos de dispensa conforme al artículo 48.
3º. El que se contraiga sin la intervención del Juez, Alcalde o funcionario ante quien deba celebrarse, o sin la de los testigos.
4º. El celebrado por error en la identidad de la persona del otro contrayente o en aquellas cualidades personales que, por su entidad, hubieren sido determinantes de la prestación del consentimiento.
5º. El contraído por coacción o miedo grave.

Art. 74
La acción para pedir la nulidad del matrimonio corresponde a los cónyuges, al Ministerio Fiscal y a cualquier persona que tenga interés directo y legítimo en ella, salvo lo dispuesto en los artículos siguientes.

Art. 75
Si la causa de nulidad fuere la falta de edad, mientras el contrayente sea menor sólo podrá ejercitar la acción cualquiera de sus padres, tutores o guardadores y, en todo caso, el Ministerio Fiscal.
Al llegar a la mayoría de edad sólo podrá ejercitar la acción el contrayente menor, salvo que los cónyuges hubieren vivido juntos durante un año después de alcanzada aquélla.

Art. 76
En los casos de error, coacción o miedo grave solamente podrá ejercitar la acción de nulidad el cónyuge que hubiera sufrido el vicio.
Caduca la acción y se convalida el matrimonio si los cónyuges hubieran vivido juntos durante un año después de desvanecido el error o de haber cesado la fuerza o la causa del miedo.

Art. 77
(Sin contenido)
Derogado por la Ley 30/1.981, del 7 de julio (B.O.E. del 20 julio), por la que se modifica la regulación del matrimonio en el Código Civil y se determina el procedimiento a seguir en las causas de nulidad, separación y divorcio.

Art. 78
El Juez no acordará la nulidad de un matrimonio por defecto de forma, si al menos uno de los cónyuges lo contrajo de buena fe, salvo lo dispuesto en el número 3 del artículo 73.

Art. 79
La declaración de nulidad del matrimonio no invalidará los efectos ya producidos respecto de los hijos y del contrayente o contrayentes de buena fe. La buena fe se presume.

Art. 80
Las resoluciones dictadas por los Tribunales eclesiásticos sobre nulidad de matrimonio canónico o las decisiones pontificias sobre matrimonio rato y no consumado tendrán eficacia en el orden civil, a solicitud de cualquiera de las partes, si se declaran ajustados al Derecho del Estado en resolución dictada por el Juez civil competente conforme a las condiciones a las que se refiere el artículo 954 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.