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miércoles, 10 de junio de 2009

Paella de paillettes

Allá por 2005 leí un artículo muy interesante del magazine de El Mundo titulado “
Abecedario de tendencias”.

En el mismo se definen una serie de términos relacionados con la moda que, después de años de lectura, pueden parecer de lo más corriente pero que no lo son. Al fin y al cabo, se trata de un vocabulario específico de un tema tan diario (¿qué me pongo hoy con este frío que se ha levantado?) como ajeno (¿qué es eso de “godet”?). Por supuesto, palabras como “ballena” no tienen el mismo significado para un zoólogo que para un sastre... Y que uno conozca esas dos acepciones no significa que cualquier persona las tenga que conocer.
En casa, ya todos sabemos la diferencia del cuello barco, el cuello halter y el palabra de honor. Me atrevería a decir que casi todo el mundo conoce el origen del nombre del último escote (“el vestido no se te cae, palabra de honor”), pero la mayoría llamábamos al cuello halter “atado al cuello”. Y eso es lo que es, pero parece más entendido hablar de halters...

¿Para qué sirve este vocabulario? Pues, bien, creo que tiene más funciones que la de alimentar mi curiosidad.
Por ejemplo, si necesito meter en la maleta a última hora un vestido para las vacaciones, puedo dar una explicación mucho más concisa que “el vestido rosa con chirrifús” y se me entiende: “el vestido rosa de raso, con estampado geométrico, escote palabra de honor y corte imperio”. Parece mentira, pero en casa ya se me entiende. Y puede que cuando digo semejante frasecita suene a chino y en un primer momento cree confusión, pero “el vestido rosa con chirrifús” ya ha dejado de ser “el vestido fucsia con cinturón y manga francesa”.
Porque también es muy importante reconocer que hay más colores que los siete del arco iris o, ¡ni siquiera eso!, que hay más colores que los tres colores primarios. Lo sé, suena muy recursi escribir en el Scattergories “con la k, color” “klein, azul”. Pero yo distingo ese color y sé nombrarlo... Así, si vas de boda y tu amiga te lleva el bolso y te lo da en la puerta, no te encuentras con que entre vestido, zapatos, chal y bolso llevas toda la gama de verdes, desde el esmeralda hasta el aceituna... Pero esto en casa todavía no lo “vemos” todos.

Puede que con estas cosas dé la risa. Ay que ver en las cosas tan tontas que reparo...
Curiosamente, estando un día leyendo en la cama una revista oigo a mi respectivo hablar por teléfono y decirle a un amigo “El Halo 3 es un must have de la 360”. ¡Vaya, vaya, vaya! Así que suena ridículo que “los estampados tribales son el must have de la temporada” pero con el Halo 3 suena distinto...

Aquí entro también al uso del inglés que se hace en el mundo de la moda (y, cada vez más, muy a mi pesar, en cada rincón de nuestras vidas). Strass, cardigan, trench, legging, halter... Sin embargo, en cuanto una se habitúa a este tipo de palabras ya le suena casi vulgar utilizar “pedrería” o “mallas” en lugar de “strass” o “legging”. ¿Y todo por qué? Porque entonces lo fashion, las shopaholic, las celebrities, las trendsetters, los blogs, los outfits... Todo deja de ser cool.
Respecto al francés, creo que se utiliza por lo general para palabras más relacionadas con la sastrería y el diseño que con la moda como fenómeno de masas. Tenemos los bolsos baguette, el bustier, el culotte, las faldas de corte evasé...

Para mi desgracia y futura frustración, pensé que tendría suerte con el japonés. Quizá, al tratarse de revistas, con menos textos y más imágenes, me sería más fácil o al menos más esperanzadora la lectura, porque podría pasar de página (no como me ocurre con las novelas). Al menos, en el manga esto es lo que me ocurría (pero el manga no me gusta demasiado, al menos el que yo he tenido a mi alcance).
Cuando mi compañera me trajo una revista japonesa de moda, creí que se debía a que era una revista japonesa y que por eso me costaba tanto avanzar en la lectura. Y es que las revistas japonesas no se parecen tanto a las revistas que vemos en España; tienen una estructura distinta y una forma de presentar las imágenes también diferente. Por ejemplo, en las páginas centrales se presentaban varias prendas “comodín” que utilizaban para crear diferentes looks (ojo, que lo moderno es decir outfits) y que aparecían a lo largo de toda la revista. De alguna forma, estaba viendo la Venca en formato InStyle.
Pero una amiga me traería de unas vacaciones en Japón un regalito:
la revista Elle en japonés. El formato, totalmente occidental (así como las modelos, incluso para anuncios de cremas Shiseido...). Pero tampoco podía leer apenas los pies de las fotos. Elegí para leer el artículo sobre la primera colección de Kate Moss para TopShop, pero fue imposible. Me agotaba la aglomeración de katakana, apenas separadas las palabras por una simple partícula... Faltaban los verbos, los sujetos y sobraban las palabras japonesizadas. Lo que en un primer momento creí que iba a ser un aliado se convertía en un enemigo.
Es relativamente fácil descifrar los anglicismos en el japonés porque existen unas reglas más o menos sencillas para transcribir las palabras inglesas en katakana. Por ejemplo, las palabras terminadas en consonante, se transforman en una sílaba terminada en O o U (dessert = デサート, denim = デニム, bed = ベッド). Pero, si se trata de un nombre, ya cuesta más encontrar el significado del katakana: Kate Moss = ケート・モス.

Ni que decir tiene que no conozco las reglas para transcribir el francés al japonés, con lo que la locura era ya absoluta.
En las revistas españolas también me pierdo con los términos franceses. Sin ir más lejos, tuve que buscar la palabra “paillettes” en el diccionario. ¿No les sonaba bien a los que fijan este vocabulario ni “lentejuelas” por sonar alimenticio – los guisos parecen reñidos con el mundo de la moda – ni “sequins”? Pero creo que esta es una de esas palabras que, por caerme en gracia, no voy a olvidar. Paillettes. Pailletes. Pailletes.

Voy a transcribir a continuación un diálogo de la novela “
La de Bringas” de Benito Pérez Galdós. En él se da precisamente este uso del francés del que hablo para el mundo de la moda. El personaje narrador lo transcribe como si se tratase (y para mí también se trata de eso) de un lenguaje inexpugnable.

(...) Las dos hablaban en voz baja para que no se enterase Bringas, y era su cuchicheo rápido, ahogado, vehemente, a veces indicando indecisión y sobresalto, a veces el entusiasmo de una idea feliz. Los términos franceses que matizaban este coloquio se despegaban del tejido de nuestra lengua; pero aunque sea clavándolos con alfileres, los he de sujetar para que el exótico idioma de los trapos no pierda su genialidad castiza.
ROSALÍA. - (Mirando un figurín.) Si he de decir la verdad, yo no entiendo esto. No sé cómo se han de unir atrás los faldones de la casaca de guardia francesa.
MILAGROS. - (Con cierto aturdimiento, al cual se sobrepone poco a poco su gran juicio.) Dejemos a un lado los figurines. Seguirlos servilmente lleva a lo afectado y estrepitoso. Empecemos por la elección de tela. ¿Elige usted la muselina blanca con viso de foulard? Pues entonces no puede adoptarse la casaca.
ROSALÍA. - (Con decisión.) No; escojo resueltamente el gros glasé, color cenizas de rosa. Sobrino me ha dicho que le devuelva el que me sobre. El gros glasé me lo pone a veinticuatro reales.
MILAGROS. - (Meditando.) Bueno: pues si nos fijamos en el gros glasé, yo haría la falda adornada con cuatro volantes de unas cuatro pulgas; ¿a ver?, no; de cinco o seis, poniéndolo al borde un bies estrecho de glasé verde naciente... ¿Eh?
ROSALÍA. - (Contemplando en éxtasis lo que aún no es más que una abstracción.) Muy bien... ¿Y el cuerpo?
MILAGROS. - (Tomando un cuerpo a medio hacer y modelando con sus hábiles manos en la tela las solapas y los faldones.) La casaca guardia francesa va abierta en corazón, con solapas, y se cierra al costado sobre el tallo con tres o cuatro botones verdes... aquí. Los faldones... ¿me comprende usted?, se abren por delante... así... mostrando el forro, que es verde como la solapa; y esas vueltas se unen atrás con ahuecador... (La dama, echando atrás sus manos, ahueca su propio vestido en aquella parte prominentísima, donde se han de reunir las vueltas de los faldones de la casaca.) ¿Se entera usted?... Resulta monísimo. Ya he dicho que el forro de esta casaca es de gros verde y lleva al borde de las vueltas un ruche de cinta igual a la de los volantes... ¿qué tal? ¡Ah!, no olvide usted que para este traje hace falta camiseta de batista bien plegadita, con encaje valenciennes plegado en el cuello... los puños holgaditos, holgaditos; que caigan sobre las muñecas.
(...)
ROSALÍA. - (Quitando y poniendo telas y retazos para comparar mejor.) Se me ocurre una idea para la camiseta de este traje. Si escojo al fin el color cenizas de rosa... (Deteniéndose meditabunda.) ¡Qué torpe soy para decidirme! El figurín... (Recogiendo todo con susto y rapidez.) Me parece que siento a Bringas. Son un suplicio estos tapujos...
MILAGROS. - (Ayudándola a guardar todo atropelladamente.) Sí; siento su tosecilla. Ay, amiga, su marido de usted parece la Aduana, por lo que persigue los trapos... Escondamos el contrabando.


Por último, me he acordado de un articulito que escribió Espido Freire en el diario gratuito ADN.
Y es que me trae a colación otro tema muy presente en la moda: las siglas.
Tenemos, como claros ejemplos, SJP y LBD. El primero, como suele venir acompañado de alguna foto de la mentada (Sarah Jessica Parker) se puede descifrar enseguida. Pero LBD tuve que buscarlo. Se trata del “little black dress”, un básico que no puede faltar en ningún armario.
Y recuerdo ese artículo de Espido Freire porque hablaba del gusto por lo negro de las adolescentes. Por su elegancia y nocturnidad, pero añado yo que también por todos los complejos de las adolescentes que hemos querido disimular con el negro.
A los quince dominaba las leyes ópticas de la moda: el uso de las rayas verticales para estilizar, las horizontales para dar volumen. Los colores que combinaban entre sí, con independencia de que la pasarela mezclara grises y pardos, y rojos y amarillos. Las hombreras, los rellenos, los cortes que emplazaban la cintura en la posición adecuada y más favorecedora. Como a todas las mujeres, me habían convencido de que el negro era el color más elegante, y me unía a las que convertían los bares de los sábados en reuniones lúgubres de chicas enlutadas.
¿Es elegante el LBD o es una reminiscencia adulta de esos conjuntos absolutamente negros que pretendían ser a la vez reclamo y escondite?

viernes, 2 de enero de 2009

Lo que de verdad importa (trivialidades)


Hoy pensaba hacer una entrada sobre la manicura francesa visto que no pasa de moda, que se considera elegante, que va con casi cualquier prenda que te pongas (no recomendable con el chándal) y que a los chicos les gusta.
Sin embargo, me ha puesto de mala leche leer en Internet que para hacer la manicura francesa hay que limarse bien las uñas y “remover las cutículas” primero. ¿Qué es eso de “remover” las cutículas? Imagino que lo dicen por “remove”, que quiere decir “quitar”. Me tocan bastante las narices los anglicismos gratuitos, pero más aún si hacen que se confunda con una palabra que existe en castellano. ¿Cómo se remueven las cutículas? Si ya puede ser doloroso quitarlas porque una se va más allá del límite y acaba doliendo el tema más que un demonio, ¿qué ocurrirá al removerlas? Cuando pienso en el verbo remover e intento hacer una frase con él, siempre me sale algo así como “antes de aplicar la pintura, remuévala hasta que el tinte quede totalmente disuelto”. Y me imagino un palo para remover la pintura dentro del bote... Y me imagino el palito de naranjo para empujar la cutícula haciendo círculos sobre la misma...
Bueno, quizá podríamos empezar a decir “remover” en lugar de “quitar” si convertimos “salir” en “quitar” (de “quit”). Ahora, ¿cómo diríamos remover la pintura?

Ante semejante digresión, pasemos a lo interesante.
Hace ya un tiempo que a mí y a unas cuantas más nos etiquetaron como “las friquis”. ¿Qué decir a esto? Pues, como siempre, decir que no lo soy.
Según algunas teorías psicológicas, la negación es la primera fase antes de aceptar una nueva realidad. Entonces, ¿soy una friqui? ¿Antes era otra cosa? Y, ¿qué era?
Si he de aceptar que lo soy, pues entonces le diré a la etiquetadora, la Srta. Lane, que ella también lo es. Si no, ¿por qué lleva en su vientre un fisioboy?
Si no lo acepto, pues me seguirán llamando “narnia” en casa, por aquello de que soy “una friqui dentro del armario”.

Cuando me llegan los e-mails, siempre aparecemos como Fulanita Friqui, Menganita Friqui, Perenganita Friqui. ¡Es divertido!

Si ser friqui es raro, ¿quién no es raro? Porque todos somos distintos y todos tenemos peculiaridades que nos hacen únicos.
Si friqui es ser fan, ¿quién no es fan de algo? ¿Quién no tiene aficiones o cosas que le gustan?
- A mí me gusta el jamón serrano.
- Pues a mí me va más el
ibérico.
- ¿El ibérico? Eres una friqui.

Vaya, así que gustarle a una el jamón ibérico va a ser una friquez...
He de reconocer, de todos modos, que los friquis ya no son sólo los de las convenciones de Star Wars, los del cos-play o los informáticos sabiondos. ¡Ya nadie está a salvo!
¿No es friqui Manolo el del bombo? (idea y contexto original
aquí).
¿No es friqui el que se pone la camiseta de su equipo para ver el partido? (idea original de mi niño, sin blog ni web por el momento).

Pero tampoco quería discutir este tema. De verdad, ahora llega lo interesante.
Relacionado con “Troya y el cine para mujeres”, diré que a todas, igual que disfrutamos del culete de Brad Pitt en su día, nos gustaría haber disfrutado del culete de Hugh Jackman en “
X-MEN 3”.

Alguna vez he visto a algún amigo rebobinar varias veces un VHS y reproducirlo en aquel modo del video en que podías ver a los actores andando como a saltitos. El motivo no era ningún misterio: se trataba de encontrar el punto exacto en el que se vislumbra alguna teta o algún culo para enseñárselo a otro amigo.

La verdad es que siempre me ha parecido una tontería, más cuando hay miles de películas en las que sale algún pecho para subir, no sé, ¿la calidad? (ja y ja) de la película. Si fuese porque el pecho de fulanita es especial y nunca ha salido en la tele, aún, pero hoy en día:
1) Si las tetas son operadas, habrá cuatro modelos de tetas distintos (igual que cuando la gente pide cambiar de nariz lo hace siempre con un referente del que el cirujano tiene que copiar). Es decir, si A no quiere enseñar el pecho, habrás visto el de M y Q, que eligieron el mismo.
2) Sean operadas o no, en muchos de los casos es una doble la que sale luciendo palmito. Nadie conocerá nunca su cara y la actriz protagonista puede decir que no es su cuerpo y que no se le ha visto el pompis. Para ser más específica, en este caso hablo de Angelina Jolie en “Wanted”. No he visto la película ni la voy a ver, pero en muchísimos blogs y foros se habla de su doble de cuerpo para la peli. Al parecer, la muchacha no tiene suficientes curvas (aparte de las dos que tiene sobre las costillas) ni carnes en general para según qué escenas. Bueno, ¿pues para qué la contratan? ¡Que salga una buenorra de verdad!

Me da igual si sale o no Angelina Jolie o si la doblan o no. Pero nunca entenderé los castings del cine de Hollywood. Algunas actrices quedan muy bien en el cartel (aunque con “Wanted” se lucieron, pobres...), suben caché, son populares... O dan morbillo y se aseguran un buen porcentaje de machos en el cine.
¿Qué buscan? ¿La buenorra? ¿La famosa? ¿La buenorra de palo? ¿Por qué no buscan simplemente “la actriz”?

Y, mientras tanto, ¿quién se preocupa de nosotras? A veces también queremos chicha...
Hay mucha preocupación por las chicas que salen en pantalla, pero ninguna por las que se sientan en la butaca.




Por eso será que agradezco ver a tantos chicos majetes en X-MEN con sus trajes de cuero ceñidos.

Y en la escena final de X-MEN 3 (esto no es destripar la película, porque no voy a hablar del argumento), muchas de las chicas de la butaca nos retorcimos ante la frustración de la regeneración.
Todos queremos regeneración: que cuando te quemas en verano la piel se regenere espontáneamente, que cuando en un bar alguien te quema el abrigo se regenere espontáneamente la tela para no tener que tirarlo o, cuando a un friqui el sol le ha comido el color de sus comics, que se le regenere espontáneamente (guiño).
Pero NO en X-MEN 3. Fue maravilloso ver a
Hugh Jackman con sus pantalones de cuero hechos jirones, a punto de deshacerse del todo, pero qué dolor de muelas cuando, después de enfocar, qué sé yo, a Magneto o la ciudad (¡qué nos importa!), vuelven a enfocarle y los pantalones, a punto de llegar al culete, se han regenerado casi por completo.

No importa, a nosotras nos vale deleitarnos con la inteligencia del guión y el argumento de una película de acción. ¿?
A ellos, dadles bien de Rebecca Romijn, desnudita y desvalida.

Si lo importante estriba en los pantalones de Lobezno, ¿quién no es friqui?
Qué bueno es despejarse la mente hablando de tonterías...

domingo, 18 de febrero de 2007

Don Quijote de la Mancha

En una entrada anterior, ya mencionaba a nuestro héroe Don Quijote. Y le debía alguna entrada a este señor.

Releyendo viejos apuntes, he recordado el tamaño “enciclopédico” de la obra misma, físicamente hablando, y también de su saber enciclopédico.

Recuerdo que estaban excluidos de leer esta obra los alumnos que cursaban Ciencias Puras en el antiguo BUP (Bachillerato Unificado Polivalente). Quizá suene a “hace muchos años”, pero la gran mayoría de la gente a la que conozco cursó BUP y no ESO. No me meteré aquí en discusiones sobre la enseñanza, porque todos creo que las hemos escuchado cientos de veces y cientos de veces hemos participado de ellas. Además, de aquí a unos años, en lugar de la ESO, se estudiará lo OTRO. Vamos, que la cosa no para de cambiar.

Como decía, había unos alumnos de tercero que no leían El Quijote. Una lástima, creo, aunque muchos sufridores de la primera y segunda parte de la obra durante todo un curso lectivo no compartan mi opinión.

Tuve la suerte de tener un magnífico profesor de literatura preocupado por lo factible o no de leer El Quijote y disfrutarlo en un curso y con dieciséis años. Ajustó el libro al calendario escolar y leíamos cinco capítulos por semana. Si se era ordenado, uno por día, y no eran más que cinco o seis páginas. Mensualmente hacíamos un examen tipo test, simplemente para retener el argumento y poder seguirlo a lo largo de todo el curso. El examen se centraba en las características literarias de la obra, el autor, la época…

Tener en casa a verdaderos manchegos de campo y un refranero casi tan gordo como una parte de El Quijote ayudaron mucho en la comprensión.

Aunque haya mucho que hoy nos cueste entender (no sólo porque ese castellano diste bastante del actual, sea enrevesado como la parodia del género de novelas de caballería requiere o contenga palabras sólo utilizadas en la región*), merece la pena. Creo que las versiones modernizadas o para niños perderán parte del valor original de la obra.

No tiene fin lo que se ha escrito de Cervantes y su Don Quijote, así que no extenderé mi entrada en ese sentido.

Información sobre Don Quijote, Cervantes; glosario de la obra, resumen de capítulos y un largo etcétera.
E información en
Wikipedia (que aunque pueda ser criticada porque "lo puede haber escrito cualquiera, a saber si saben lo que han escrito", no creo que lo que yo hago comentando y recopilando información esté por encima de lo que hacen todos los internatuas).

Volviendo a tiempos del instituto, nos mandaron hacer un trabajo sobre El Quijote, pero no como se hacía en cualquier clase de literatura.
Nuestro trabajo consistía en escribir un capítulo más de la obra, atemporal, fuera de primera o segunda parte y fuera de todo contexto.
Se nos propuso trasladar a Don Quijote al siglo XX (porque esto fue en 1999). Sin explicación, sin motivo y sin ningún tipo de guía. Todo valía.

Tras escribir un prólogo despotricando contra la televisión (y recordemos que ni siquiera había llegado aún a España el primer Gran Hermano, hito televisivo donde los haya que se perpetúa hasta hoy), daba paso a reflexiones más centradas en Don Quijote para, finalmente, escribir ese enésimo capítulo que siempre me ha gustado tanto releer.

“Pero lo que tiene de atractivo el Quijote es sin duda la genialidad con la que se ha escrito, esa chispa que hace reír, ese humor entre líneas. He de confesar que en algunas ocasiones (y más muchas que pocas) no he podido contener una sonrisa furtiva al leer un párrafo o, quizás, una simple palabra, pues no se necesita otra cosa.
Muchas veces uno se ha podido preguntar: ¿Qué haría alguien como Don Quijote en esta sociedad? Sin duda, muchas cosas. Pero cosas relativas a nuestra era, a nuestro mundo. Por eso, propongo algo mejor: ¿Qué haría el mismísimo Don Quijote en esta sociedad, en este Madrid del siglo veinte, a las puertas del veintiuno?

Pongamos a Don Quijote en pleno Madrid: en la Gran Vía, en la Plaza de Castilla, en la estación de Chamartín, en Argüelles, en el Retiro... Aunque tampoco es necesario llevarle a Madrid para que encuentre mil y una aventuras, como ya es sabido.
Así que, con el permiso de Cervantes y de Cide Hamete Benengeli, elijo un sitio, cualquiera, completamente al azar, en el que situar a Don Quijote (con caballo, escudero y rucio) como si fuese una cualquiera de sus aventuras y como si el salto del s.SVII al s.XX hubiese pasado por todos y por todo menos por el Caballero de la Triste Figura.”


ENÉSIMO CAPÍTULO
DONDE EL CABALLERO DE LOS LEONES
HALLA LA MÁS INCREÍBLE AVENTURA

Llegaban Don Quijote y Sancho sobre sus cabalgaduras a la gran urbe que es Madrid en el s.XX, a ese hormiguero humano, humeante cual chimenea dorada que necesita de un caballero andante para que la libre de polución.
- ¿Ves allá, ante tus ojos, Sancho, ese infinito reino acosado por gigantes colosales? Esa nube gris que no cesa de tronar encubre floreados prados, blancas casas como las que hay en la misma Andalucía, palacios de oro cuyas torres rozan las nubes... Pero un gigante enorme como jamás el mundo ha visto guarda la puerta del reino. Tan descomunal es su tamaño que tan sólo se ven sus piernas; su cabeza llega más arriba de lo que el mismo Pegaso podía haber llegado volando.
Sancho seguía a su señor, silencioso y mirando al horizonte. Una mole gris se mostraba ante sus ojos, ruidosa. Era para Sancho algo sin igual, mucho más allá de lo que jamás pudiese haber imaginado o pensado, y no sólo por ser hombre rústico e ignorante.
- Pero no habrá en este reino ni en ninguno - prosiguió el hidalgo - gigante que me deslumbre por su tamaño o por sus infames acciones. Yo me haré con él y con todos los que haya en este reino, pues es este un reino sin par del que estaría orgullosa de gobernar la mismísima Ginebra. ¡Oh, mi hermosa dama Dulcinea! A ti encomiendo mi vida, pues seguro estoy de que me espera la aventura más difícil de acometer de entre las que ya he acometido, ora vencedor, ora encantado.
Y sucedió que, mientras iban hacia el gigante, lo que realmente era la Puerta de Europa (más comúnmente conocida como las Torres Quío), huella de la arquitectura moderna, pasó un tren junto a ellos y los animales, que tan tranquilos andaban por donde los amos les guiaban, se asustaron, tiraron al suelo a caballero y escudero y salieron corriendo por donde mejor pudieron.
- ¿Qué ha sido eso, amigo Sancho?
- No sé, mi señor, mas no me importaría no saberlo, pues "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer". Y si mi asno, que es el más burro de todos, sabe que es algo para temer y salir corriendo, creo yo que deberíamos seguir su ejemplo y el de Rocinante, que han tomado las de Villadiego.
- Cómo he de decirte, mi cobarde escudero, que un caballero nunca abandona una empresa. Y esta menos aún, pues no es una dama la que debo rescatar, ni siquiera cien, que es un reino lleno de menesterosos el que reclama la fuerza de mi brazo.
Sancho se resignó, como tantas veces había hecho, a seguir a su amo. No sabía qué era lo que sucedía, pero sí sabía que lo veía con sus ojos: el gigante y lo que había espantado a los animales. Ahora no era la locura de su amo la que debía enderezar y temía muy hondamente lo que les iba a acontecer, pues era más horrible que la fantasía del hidalgo se hiciese realidad que todo lo que les había sucedido en otras ocasiones, incluido el manteo que había sufrido en la venta.
Cuando Don Quijote y Sancho se vieron bajo las desmesuradas piernas del horrible gigante, se dieron cuenta de que estaban rodeados de infinidad de gigantes menores dirigidos por el Enorme Gigante de Cristal (dichos gigantes no eran sino edificios de ocho plantas o más).
- A fe mía, Sancho, que aquellos que se meten en aquella caja de hierro no lo hacen por su voluntad, sino por temor al castigo que les pueda imponer el Enorme Gigante de Cristal.
Para Don Quijote, la terminal de autobuses era una cárcel llena de celdas donde la gente era encerrada.
- Déjelos, que quizá vayan de su grado y se enojen con su valerosa persona por haberles interrumpido, y "quien avisa no es traidor", y "buena cautela iguala buen consejo".
- Cien refranes te diría yo sobre la cobardía si alguno conociese, pero me basta conocer mi deber para hacer lo que debo.
Y con estas palabras comenzó Don Quijote a cruzar la calle, sin conocer nada de pasos de cebra, de coches, de semáforos y menos aún de normas de tráfico.
Entonces se abrió el semáforo para los vehículos y, si Don Quijtoe hubiese nacido en el s.XX, habría dicho que era la mala fortuna que le enviaba el encantador que tanto le odiaba. Pero Don Quijote venía de siglos atrás y para él no era encanto ni podía pensar que lo fuese, pues ni realmente lo era ni su mente podría entenderlo de otro modo.
Autobuses, taxis, coches, motos, furgonetas... Todos de una vez acometían a Don Quijote e intentaban intimidarle con el cláxon, pero el Caballero de la Triste Figura seguía en pie, en medio de la carretera, gritando a los coches:
- ¡Bestias infernales, cuya sangre está enferma desde que caísteis en manos del Enorme Gigante de Cristal, huid si no queréis morir traspasadas por mi lanza!
La gente que esperaba el autobús le dejó marchar cuando llegó a la parada, pues estaban todos los allí presentes deseosos de saber cómo terminaba la aventura. Una anciana, algo despistada, sacó un calendario de la Virgen de la Almudena para asegurarse de que no era Carnaval, pues el disfraz de caballero medieval le parecía original pero inapropiado para la ocasión.
Sancho se maravillaba ante toda mujer que pasaba por su lado, pues vestían falda tan corta que no se atrevía a llamarla ni siquiera falda. Ellas, cuando veían a ese hombre bajito y regordete mirarlas con semejante descaro (era lo que les parecía su asombro), aceleraban el paso y se alejaban lo más que podían.
Entonces un hombre alto y bien trajeado, con maletín de cuero comprado en el Corte Inglés y teléfono móvil de alta tecnología, se puso a llamar a la policía.
- Rápidamente, vengan a la terminal de autobuses de la Plaza de Castilla, que aquí hay un loco vestido con armadura que está dispuesto a matar coches como el que pisa hormigas.
Sancho, que esto oyó, no pudo comprender nada. ¿"Policía"? ¿"Coches"? Pero se dijo para sí que "a buen entendedor, pocas palabras bastan" y se acercó a su amo lo más que pudo y lo más que se atrevió para decirle a grandes voces:
- ¡Deje por una vez la aventura y así no dejará la vida! Que la gente más extraña y lo más imposible tienen lugar aquí. ¡Avisan a la Policía, que no sé quién podrá ser, pero creo yo que debe de ser algo parecido a la Santa Hermandad!
Don Quijote se apartó de la calle y echó a correr tras Sancho, que se había dado prisa en huir sin esperar a la respuesta de su señor.
Pero Don Quijote no se marchaba porque le hubiese convencido su escudero, sino por propia convicción: ¿Quién salvaría a tanto prisionero si él era encarcelado?
Durante un tiempo estuvieron relativamente tranquilos caminando por la ciudad, pues todos les miraban como se mira a los locos, aunque en el fondo les daba lástima de ellos y se contentaban pensando que no hacían daño a nadie.
Don Quijote miraba al frente, caminaba erguido, mientras que Sancho miraba los escaparates del McDonald's, del Burger King, del Pizza Hut... No sabía lo que comían esas gentes de costumbres tan extrañas, pero se relamían que daba gusto verlos y más gusto daría compartir los manjares con ellos.
- Señor, aunque vuesa merced sea caballero, yo soy escudero, y a mí el estómago me pide alimento y el cuerpo sustento, con tanta aventura se me ha abierto el apetito.
- Calla, glotón, y sigamos adelante. Hemos de encontrar otro sitio para atacar al Enorme Gigante de Cristal.
- Sí, estoy de acuerdo, pero antes habría que recuperar las fuerzas y, ¿qué mejor que comiendo algo?
- Pero, ¿qué vas a comer en una taberna de nombre impronunciable, con una m, una c y una d de seguido?
- Yo no sé lo que esa gente se lleva a la boca ni lo que se lee en ese cartel, que para mí no son más que cuatro colores, pero sé que a mí me vale cualquier cosa para llenar el buche y también sé que "a falta de pan buenas son tortas".
Don Quijote accedió a los ruegos de su escudero y ambos entraron a una de tantas hamburgueserías que había en la calle.
Dentro del McDonald's, todos se volvieron al verlos entrar. Los camareros llamaron a los cocineros y todos se pusieron detrás de la barra para ver mejor la indumentaria de los clientes.
Uno de ellos, el más guasón, quiso divertirse un rato a su costa y se puso a despacharles.
- ¿Qué querían?
- Para mí nada, buen mozo, que los de mi oficio preferimos alimentarnos de las hierbas que encontramos en los montes.
Unas risas se les escaparon a dos de los cocineros, pero se callaron cuando Sancho les miró y escucharon a su compañero.
- Quizá prefiera una ensalada el caballero.
- Quizá, pero como bien ha dicho, gallardo mozo, soy caballero, y es esto lo que me prohíbe sucumbir a suculentos manjares. Y cierto será que son suculentos, pues vuestros huéspedes comen a dos carrillos.
- Una buena hamburguesa con ketchup no se puede mejorar.
- Pues mi mujer bien guisa un cocido y mejor una cabeza de cordero - interrumpió Sancho -, pero me da igual si es burguesa o lleva kelchu, que lo que me den bienvenido sea.
Uno de los cocineros se marchó a su puesto y allí, libremente, se puso a reír a carcajada limpia.
- Entonces, ¿qué hamburguesa quiere? - dijo el chico, refiriéndose ya a Sancho.
- No le pregunte a él, que no sabe ni escribir su nombre.
- ¿Que no sabe? ¿Pero hoy día quedan analfabetos?
- Más que letrados, sin duda.
- Entonces, ¿quién me dice lo que quiere?
- Pues déme cuarto de libra que, aunque querría saber de qué es la libra esa, tanto m-c-r y tanto m-c-p no sé cómo se lee.
- Muy fácil: "mac-royal", "mac-pollo"...
- Quedemos en cuarto de libra y no se hable más.
- Por mí - dijo Sancho - no es necesaria ninguna discusión: una libra entera está bien.
- Ahora mismo tiene su hamburguesa.
En esto reparó Don quijote en dos mujeres que estaban allí sentadas, comiendo ensalada. Eran ambas jóvenes y hermosísimas, tanto, que si no hubiese visto nunca a su amada Dulcinea, las habría tenido por las más hermosas en el mundo entero. Y al ver sus cabellos largos y negros cubrirles casi toda la espalda, pendientes y collares adornando aún más su belleza, le resultó deshonesto verla a la una con pantalones de hombre y a la otra con una falda que no merecía ni ese nombre de lo corta que era. Pero para él, las damas tan bellas siempre son honestas y puras, y semejante barbaridad en el vestir no era sino otro agravio del Enorme Gigante de Cristal.
Don Quijote no podía dejar de defender a unas damas de alta posición (aunque realmente eran las dependientas de una tienda de ropa cercana) y, al ver una cortinilla tapando una puerta donde ponía "Privado", se le ocurrió la solución al problema. Se acercó hacia la puerta, arrancó la cortinilla y dejó al descubierto todos los productos de limpieza junto con una fregona y dos cepillos.
- ¡¿Qué hace?! - gritó el camarero desde la barra.
- Lo que cualquier caballero andante haría: ¡¡ayudar a los menesterosos, desenredar entuertos y vengar agravios!!
Y, diciendo esto, cubrió a las dos mujeres de arriba a abajo con la cortinilla hasta encontrar mejores prendas para ellas.
El camarero salió de donde estaba y se dirigió furioso hacia el hidalgo, pero éste le asió del cuello y le puso la lanza a la altura de la nuez.
- ¿Acaso no sabéis quién soy? ¿Cómo osáis tratarme así? Sabed que yo soy Don Quijote de la Mancha, como el Caballero de los Leones también conocido, y no dejaré que nadie se entrometa en las venganzas que han de hacerse a quien que os vuelve la razón.
- ¡Llamad a la Policía! ¡Llamad a un manicomio, a los bomberos, a Greenpeace..! ¡Llamad a alguien!
Don Quijote, tras oír tanto nombre junto, temió que llamasen a la Santa Hermandad, a la Inquisición y quién sabe a quién, y llamando a Sancho, le dijo que con tales locos no podían atenerse a razones.
Sancho se sirvió de su hamburguesa y de otras dos que esperaban a otros desde hacía unos minutos y salió tras Don Quijote.
Los cocineros del McDonald's les persiguieron, pero el caballero y su escudero se metieron en una boca del metro. De lo que allí les ocurrió se hablará en el siguiente capítulo.


Arriba, la estatua de Don Quijote y Sancho Panza en la Plaza de España de Madrid.


“Gachupe”, “gazapo”, "ser más duro que el alcoyano", “echar un agua” o “peazo” son palabras que me resultan bastante familiares. A quien quiera familiarizarse con ellas y reírse un rato, que visite el “vocabulario manchego” de la web del municipio de Campo de Criptaza. Ojo, aquí sólo hay siete de las 422 entradas que han recogido.

A TROMPATALEGA
Dicese cuando se hace algo sin demasiado, cuidado y esmero, excesivamente deprisa y mal. Es sinonimo de 'a cruza barbecho'
AHIVADAI
Quítate diahí leche!
ALGALLOTAS
Acúmulo excesivo de zurraspas en el vello anal.
GACHUPE
Dícese del estado del agua cuando se encuentra ensuciá.
RODÁ
La huella del trastor cuando va por la viñeja.
SAN PEDRO...! (ÉSTO TA’MÁS DURO QUE EL COCOTE SAN PEDRO!)
Cuando el pan está de unos cuantos días y no se le puede tirar un bocao de lo duro que está.
SANAPISMO...! (ERES MÁS CANSAO QUE UN SANAPISMO!)
Puf! Eres más cansino que Bartolo, hijo mío!

sábado, 25 de febrero de 2006

猫について

Este es el discurso que presenté al concurso de oratoria.
Me gustó la idea de ponerlo aquí para que cualquiera (que sepa japonés) pudiera leerlo.
Además, me servirá para hacer un repaso de la gramática japonesa.
Pero tampoco hay que ser tan exagerada saturando el texto de japonés. Antes que nada, lo traduciré al español, para que se pueda entender.

TRADUCCIÓN

Mi animal preferido es el gato.
Aunque hay gatos de muchos tipos y colores, para mí lo que importa es que son animales de fuerte carácter.
Los gatos pueden vivir de forma independiente y están siempre limpios, así que no traen problemas. No son un problema para sus dueños.
Hasta ahora, en mi casa hemos tenido siete gatos. Hubo gatos que murieron a los dos años y otros que se escaparon. De entre ellos, hubo uno que vivió con nosotros durante doce años. Era una gata de tres colores que se llamaba “Ninuska”.
Cuando Ninuska acababa de nacer, era muy antipática y arañaba a todo el mundo. Pero, cinco o seis meses después, dejó de arañar y empezó a jugar con mi hermana y conmigo. Por ejemplo, la subíamos al carrito de un bebé o hacíamos que era un monstruo y asustábamos a las muñecas.
Ninuska, mientras hacía su vida en el jardín, hacía cosas divertidas. Por las mañanas, cazaba ratones y los dejaba delante de la puerta; por las noches, se subía al coche de mi padre y hacía un cortísimo viaje hasta el garaje.
Hubo una cosa verdaderamente maravillosa.
Unas horas antes de que Ninuska tuviera cachorritos, estuvo maullando todo el tiempo delante de la puerta de casa, asustada. En cuanto salió mi madre, se tranquilizó y tuvo cuatro gatitos.
Desgraciadamente, Ninuska murió hace dos años. Tenía doce.
Fue el primer gato que tuvimos y el último que se marchó.
Pero creo que es mejor no estar tristes y recordar las cosas divertidas. Como las medias que me rompía o las gambas que robaba de mi plato.
Por otro lado, cambiando de tema: ¿sabíais que en la mitología japonesa aparece el “namazu”? En español, “namazu” quiere decir “pez-gato”. Según la mitología, el namazu vive debajo del archipiélago japonés y, cuando se mueve, se produce un terremoto.
Espero que Ninuska no se haya transformado en namazu y esté produciendo terremotos en Japón…
Como yo tengo muchas ganas de ir a Japón, quizá Ninuska también las tuviera.

TEXTO ORIGINAL

私の一番好きな動物は猫です。
猫には種類や色がたくさんありますが、私にとって大切なことは個性の強い動物だということです。
猫は大体ひとりで(いいえ、一匹で)生活できますし、まったく清潔で、手がかかりません。飼い主に面倒をかけません。
今まで私の家で猫を七匹飼ったことがあります。二年で死んでしまった猫もいますし、いなくなってしまった猫もいます。その中で12年間私たちと一緒に住んでいた猫がいます。それは「ニヌスカ」という猫で、三色の雌猫でした。
ニヌスカは生まれたばかりのとき、無愛想で、だれでもひっかきました。でも、五・六ヶ月後ひっかくのをやめて、妹や私といろいろ遊ぶようになりました。例えば私たちは猫を乳母車に乗せたり、猫を怪物にして、人形をびっくりさせたりしました。
ニヌスカは自由に庭で生活しながら、面白いことをしました。朝はねずみをとって、ドアの前にそのねずみを置いておいたり、夜は父の車に乗せてもらって、ガレージまでとても短い旅行をしたりしていました。
実にすてきなこともありました。
ニヌスカは赤ちゃんを産む数時間前、怖がって、うちのドアの前でずっとにゃーにゃー鳴いていましたが、母が出てきたら、安心して赤ちゃんを四匹産んだのです。
残念ながら、おととしニヌスカは亡くなってしまいました。12才でした。
最初にうちに来て、最後に行った猫です。
でも、悲しまないで、楽しいことを思い出したほうがいいと思います。例えばニヌスカにひっかかれたタイツとか、私のお皿からとられたエビとか・・・
ところで、話が変わりますが、
皆さんは、日本神話に「なまず」が出てくることをご存知ですか。なまずはスペイン語で「pez - gato」です。つまり、「猫魚」です。神話によると、なまずは日本列島の下に住んでいて、動くと、地震が起こるそうです。
ニヌスカがなまずになって日本の下で地震を起こしていなければいいのですが。
私がとても日本へ行きたいと思っていたので、ニヌスカも日本へ行きたかったかもしれないのです。

REPASO DE GRAMÁTICA:

Entrando en gramática, no explico aquí las cosas más básicas del japonés (como distinguir el lenguaje llano del cortés o la conjugación de presente y pasado).
Simplemente, quiero hacer notar que, aprendiendo un texto que se presenta en tres minutos, se puede aprender más gramática que en un curso entero.
Aquí está la prueba: tuve que usar todo tipo de formas verbales, partículas y expresiones.

- frases subordinadas
- partículas や、し、で、に、も、が、は、の、ので、から
- forma conjuntiva de los adjetivos
- forma conjuntiva de los verbos
- verbos transitivos e intransitivos
- contadores
- nominalización verbal
- onomatopeyas
- dar ejemplos, dar explicaciones, dar información, expresar duda, expresar preocupación
- verbo もらう y “keigo”
- expresiones verbales como た+ことがある、た+ばかりのとき、る+ようになる、手+おく、て+しまう、い+ながら、に+する、た+ほうが
行ったり、行きたい、行かせる、行ける



私の一番好きな動物は / 私たちと一緒に住んでいた猫が
¿Cómo hacer que una frase califique a un nombre?
La frase subordinada precede al nombre (como los adjetivos preceden al nombre en japonés).
En el primer ejemplo, “El animal que más me gusta”; en el segundo, “El gato que vivía con nosotros”.

種類や色が
La partícula や se utiliza para enumerar sustantivos pero, al contrario que と, se refiere a varias cosas dentro de un conjunto mayor, no sólo a esas cosas explícitamente enunciadas.
En el ejemplo, “el tipo y el color (entre otras cosas)”.

生活できますし、まったく清潔で、
Para enumerar aquello que no son sustantivos, hay varias posibilidades. Aquí se ve la partícula し, que se añade tras los verbos, y la forma conjuntiva で de los adjetivos de tipo な.
“Pueden hacer su vida, son siempre limpios y…”

私の家で猫を七匹飼ったことがあります
La partícula で indica lugar, pero el lugar en que se realiza una acción (al contrario que に, que indica un lugar en que no se realiza una acción).
Para contar en japonés, se necesitan “contadores”. Se trata de añadidos a los números que especifican qué tipo de cosa es la que se cuenta. En este caso, 七匹 se refiere a siete; concretamente, a siete animales de tipo pequeño.
La forma た (pasado informal) + ことがあります expresa la idea de “tener la experiencia de”, de haber hecho algo en un momento de tu vida o de haber ido a algún sitio alguna vez, etc.
“En mi casa hemos tenido siete gatos”.

生まれたばかりのとき
Para hacer una subordinada temporal, se utiliza とき, “cuando”.
Además, ばかり tras la forma pasada た indica “justo después”, “al poco de”.
“Cuando acababa de nacer”.

ひっかくのをやめて
Para nominalizar un verbo y poder utilizarlo como nombre, hay varias posibilidades. Una de ellas es usar la partícula の en su modo nominalizador. Después, según se utilicen partículas de sujeto u objeto directo (este último es el caso aquí), se sabe el uso que se da a ese verbo.
En el ejemplo, “Dejó de arañar”.

妹や私といろいろ遊ぶようになりました
Un verbo en forma corta seguido de ようになる significa que ahora ocurre algo que antes no ocurría (si el verbo en forma corta aparece en potencial, es que se puede hacer algo que antes no se podía).
Aquí, la traducción no es fácil: “Empezó a jugar con mi hermana y conmigo”.

私たちは猫を乳母車に乗せたり、猫を怪物にして、人形をびっくりさせたりしました
La forma verbal たり significa alternancia, intermitencia, enumeración… En este caso, se enumeran las diferentes cosas, dando la idea de que son varias entre muchas.
Además, se utiliza el causativo: “hacíamos que subiera en un carrito de bebé”. El causativo puede significar obligación o permiso (indicado, en la medida de lo posible – pues pueden necesitarse para otras cosas esas partículas – la partícula を para lo primero y la partícula に para lo segundo).
La expresión にする tiene dos significados: decisión o cambio voluntario. En este caso, se refiere a un cambio (voluntario, porque si fuese un cambio que se da solo se utilizaría el verbo なる).
Así, la frase quedaría: “Subíamos a la gata a un carrito de bebé, hacíamos que era un monstruo y asustábamos a las muñecas, etc.”

庭で生活しながら
La raíz verbal seguida de ながら implica que un mismo sujeto hace dos cosas a la vez (si son dos sujetos que realizan dos acciones a la vez, se utilizaría 間).

朝はねずみをとって、ドアの前にそのねずみを置いておいたり、夜は父の車に乗せてもらって、ガレージまでとても短い旅行をしたりしていました
Este es un nuevo ejemplo del uso de la forma たり.
También hay que señalar un uso particular de は: se utiliza para contrastar (en este caso, la mañana y la noche). Es posible utilizar は en lugar de を cuando por su función (sujeto y objeto directo) parecería imposible intercambiarlas, pero siempre que sea para hacer contrastar dos ideas (por ejemplo, “como pescado pero no carne”).
La formaて seguida del verbo 置く da la idea de dejar algo de cierto modo para un uso posterior, para una reacción posterior, etc. En este caso, la gata dejaba los ratones delante de la puerta, pero los dejaba con la intención de que después los viésemos allí.
Otro apunte de gramática, muy difícil de utilizar y de comprender para un hispanohablante, es el que concierne al verbo もらう, igual que ocurre con くれる o あげる. El primero, que es el que aquí aparece, se aplica a una persona que recibe una acción (la indicada por el verbo en forma て) de una persona fuera de su círculo cercano. El tercero, se aplica a una persona que realiza una acción para una persona fuera de su círculo cercano. El segundo, es el que podría traducirse con más facilidad por “dar”, y puede servir para especificar que otros “me dan” (en nada similar a la expresión “recibo”) o para especificar que dos personas ajenas a mí “se dan” cosas.
Pero aquí el uso de もらう es aún más complicado: es una gata, no una persona, la que utiliza este verbo y, además, yo no soy mi gata. Lo que ocurre es que todo el discurso está realizado desde el punto de vista de mi gata, y por eso puedo usar este verbo de primera persona.

実にすてきなこともありました
La partícula も (además de significar “también” o “tampoco”) sirve para enfatizar: “Hubo una cosa realmente maravillosa”. En castellano no se aprecia, pero en japonés se enfatiza usando も en lugar de が.

にゃーにゃー鳴いていました
En japonés es difícil encontrar verbos específicos para los sonidos de los animales (quizá, salvo ほえる, “ladrar”).
Siempre se utiliza una onomatopeya seguida del verbo鳴く (como aquí para “maullar”).

おととしニヌスカは亡くなってしまいました
La forma て seguida del verbo しまう puede significar varias cosas, que se pueden resumir en dos: realizar algo completamente o haber ocurrido algo que no debía ocurrir o no se quería que ocurriese.
La traducción sería “Hace dos años, Ninuska murió”.

でも、悲しまないで、楽しいことを思い出したほうがいいと思います
La forma て une dos frases; igualmente, la forma negativa corta (ない) seguida de で une frases. Puede traducirse por “sin”.
Para hacer un comparativo con verbos, siempre se utiliza la forma た seguida de ほうが.
“Pero creo que es mejor que, en lugar de estar tristes, recordemos las cosas divertidas”.

例えばニヌスカにひっかかれたタイツとか、私のお皿からとられたエビとか・・・
Para dar ejemplos, nada mejor que 例えば (“por ejemplo”). Además, とか da la idea de enumeración de cosas que sirven como ejemplo (al estilo de や).
Además, hay aquí un ejemplo de la forma pasiva: とられたエビ. Aunque habría que traducirlo por “las gambas robadas”, podría decirse que “las gambas me eran robadas”. Es muy característico del japonés utilizar la pasiva para expresar lo que un tercero nos hace padecer (rompernos algo, pisarnos un pie, robarnos la comida…).
“Por ejemplo, las medias que Ninuska me arañaba o las gambas que me robaba del plato”.

日本神話に「なまず」が出てくることをご存知ですか
Para nominalizar un verbo, se puede utilizar la forma diccionario seguida de こと.
Pero lo más importante de esta frase es ご存知です, palabra de “keigo” (lenguaje honorífico) para expresar 知っています, “saber”. Al hablar a una persona o personas a las que respetas (como el público de un auditorio), es muy apropiado, si bien en japonés los usos del “keigo” son múltiples, mucho más cotidianos y complicados que el sencillo “usted” del castellano.
“¿Sabían que en la mitología japonesa aparece el namazu?”

神話によると、なまずは日本列島の下に住んでいて、動くと、地震が起こるそうです
Para citar a una fuente, nada mejor que la expresión によると, muy acorde con la terminación de la frase そうです. Sería algo así como “Según la mitología, parece ser que el namazu vive debajo del archipiélago japonés y, cuando se mueve, se produce un terremoto”.
Como el “keigo”, es una de las partes del japonés con más riqueza (y, también, con mayor dificultad para aprender y traducir).
Por otro lado, cuando se usa un verbo en forma diccionario seguido de と, se está poniendo una especie de condición, pero de resultados casi automáticos: “si A, B”.

日本の下で地震を起こしていなければいいのですが
La expresión なければいいのですが sirve para expresar preocupación.
“Espero que no esté produciendo terremotos debajo de Japón…”
Por cierto, ¿cuál es la diferencia entre 地震を起こす y 地震が起こる? El primero es un verbo transitivo y el segundo intransitivo (por eso, las partículas cambian). Podría traducirse como “producir un terremoto” y “producirse un terremoto”.

日本へ行きたいと思っていたので、ニヌスカも日本へ行きたかったかもしれないのです
La forma verbal たい o volitiva sirve para expresar lo que se quiere hacer.
ので, como から, expresa una causa. Pero hay diferencias: ので sólo puede seguir a las formas cortas (から a formas cortas y largas) y ので tiene un matiz de naturalidad que añade seriedad o verosimilitud a lo que se dice.
Respecto a かもしれないのです, es una variación de かもしれません, “quizá”. Este の tiene aquí un uso explicativo, por lo que se ve que se está explicando algo que se ha dicho anteriormente.

Además, a lo largo del texto se ve cómo se alternan las partículas は y が, otra de las cosas más difíciles de distinguir. La primera sirve para hablar de un tema que se considera el tema principal (¡no del sujeto!); la segunda sí que indica sujeto. Así, pueden aparecer ambas en una misma frase.
Sin embargo, para presentar temas que el oyente no conoce, se utiliza が, y cuando ya conoce el tema, se cambia por は.
Se puede notar la diferencia de uso en la última parte del texto, cuando hablo de mí, de Ninuska y del namazu.

domingo, 15 de enero de 2006

Los ainu y Kindaichi Kyôsuke

Es curioso lo poco que sabe la mayoría de la gente de los ainu y de su cultura.
Nadie se imagina que hasta hace “poco” existiese en Japón un pueblo que no fuese el que generalmente conocemos como japonés, ya que japoneses lo son los dos. Un pueblo más cercano al tipo caucásico que al comúnmente conocido como amarillo, con una cultura completamente diferente a la japonesa, su lengua y sus propias creencias religiosas.

Para hablar un poco de dicho pueblo y para recordar, también, la maravillosa asignatura de “Análisis de Textos Modernos Japoneses”, voy a publicar aquí parte de los apuntes históricos, folklóricos y literarios de la asignatura. Además, por qué no, mi traducción personal de un texto de Kindaichi Kyôsuke.

Ø Un poco de historia

El Shogunato de Edo tuvo un tratado con Rusia. Había que concretar la frontera entre Japón y Rusia, pues en Sakhalin y las Kuriles se encontraban tanto comerciantes rusos como japoneses. En 1855, se escribió un artículo sobre las Kuriles, estableciendo la isla de Etorofu, perteneciente a Japón, como el límite con Rusia. Sobre Sakhalin, se estableció una co-propiedad, algo que se hizo muy difícil de sobrellevar. Tras la Revolución Mejí, en 1875 hubo otro acuerdo entre los diplomáticos japoneses y rusos y se decidió que Japón concedería la propiedad total de Sakhalin a cambio de quedarse con la Kuriles.
De 1904 a 1905, con la guerra ruso-japonesa, tuvo lugar la primera guerra moderna para Japón, que, contra todo pronóstico, la ganó. Japón ganó la guerra gracias a los buques que importó de Chile (aunque los países neutrales no podían vender a países en guerra). En el Tratado de Portsmouth, Japón ganó el sur de Sakhalin. Hasta entonces, japoneses y rusos habían invadido las tierras ainu durante cien años. Había un gran interés en la zona por sus recursos (ocas, zorros, osos).
Tras la guerra ruso-japonesa, Rusia concedería el sur de Sakhalin a Japón. Pero, al ser derrotado en la Segunda Guerra Mundial, Japón devolvería forzosamente el sur de Sakhalin a Rusia.

Ø Un poco de lingüística

Se trata de un texto de Kindaichi Kyôsuke, catedrático de lingüística de la Universidad de Tokio. Es el iniciador del estudio de la lengua y la cultura ainu en Japón, y este texto suyo se utiliza en la clase de lengua de la enseñanza secundaria. Se dice de Kindaichi era pobre, porque en su casa de Tokio siempre tenía y mantenía a ainu, sobre todo ancianos, para aprender de ellos.
Esta obra de Kindaichi Kyôsuke, “El pueblo del norte” (北の人) es un ensayo.
Según Kindaichi, no hay que menospreciar la cultura ainu. La civilización corre de lo alto a lo bajo, como el agua, pero no así la cultura: el valor de cualquier cultura es el mismo.
Dentro del vocabulario ainu, hay mucho japonés, pero al revés hay una verdadera escasez (por ejemplo, en japonés あつし, abrigo, tiene procedencia ainu; también muchos nombres de árboles vienen del ainu). La toponimia del norte de Honshû, Hokkaidô (antiguo Ezo) y también las Kuriles (Chishima) y Sakhalin (Karafuto) viene en muchas ocasiones del ainu.
Un caso que sería importante descifrar es el de “kamui” y “kami”, palabras utilizadas para “dios” en ainu y japonés. Al ser un concepto central en la cultura, sería importante saber si es importado de otra cultura.
Los ainu en territorio japonés casi han perdido su identidad racial y cultural, mientras que los que viven en territorio ruso (en el norte de Sakhalin) mantienen algo más de su lengua, pues se enseña en la escuela primaria. Ni los ainu ni los habitantes de Siberia ni del norte de Asia (como los esquimales) tenían letras. En japonés, el ainu se escribe en rômaji, y en ruso en cirílico.
J. Bachelor viajó a Hokkaidô para predicar el protestantismo entre los ainu. Es el autor del “Ainu-English Dictionary”, casi el único en su especie. También escribió en inglés “Cuentos populares de los ainu”.
Fue criticado por Kindaichi y Chirimashiho, pero es lógico porque fue el pionero en la búsqueda y el estudio de los ainu entre los occidentales.
Chirimashiho es discípulo de Kindaichi. Chirimashiho es un ainu. Kindaichi, al visitar una aldea ainu, encontró entre ellos a un chico muy inteligente que llevó a su casa en Tokio. Pagándole la escuela secundaria, terciaria y la universidad en la sección de lengua inglesa; Kindaichi quería que Chirimashiho estudiase la lengua y literatura inglesa y que se hiciese profesor en Hokkaidô. Los padres de Chirimashiho, que tenía una casa bastante rica y conocían la lengua ainu, querían que sus hijos estudiasen en japonés, así que la lengua materna de Chirimashiho era el japonés. Chirimashiho fue discriminado racialmente en Tokio y acabaría querían estudiar la lengua de sus padres, cosa a la que se oponía Kindaichi. Chirimashiho aprendió la lengua ainu en sus visitas a la aldea y superó el nivel de su profesor y protector Kindaichi. Tras graduarse en lingüística, Chirimashiho se hizo especialista en lengua ainu y acabó como catedrático en la universidad de Sapporo (Hokkaidô). Debido a una enfermedad de corazón, moriría antes que su maestro.
Hoy día, lógicamente, hay más especialistas de lengua ainu.
En la universidad de Tokio se están estudiando textos de ainu de Sakhalin del siglo XIX. Una tía de Chirimashiho, ya anciana, había sido ayudante de Bachelor. Para que los cantos épicos que conocía no se perdieran, se decidió a escribir en un cuaderno toda su memoria. Moriría dejando 30 cuadernos escritos. Kindaichi estaría traduciendo esos cuadernos hasta el fin de sus días.
También existe el caso de un ruso desterrado a Sakhalin que se dedicaría a estudiar allí la lengua y el folklore ainu. Entonces aún no había magnetofón, tan sólo los tubos de cera inventados por Edison. En ellos grabaría cuentos ainu y los llevaría a San Petersburgo. Cincuenta años después de su muerte y con la Perestroika en la Unión Soviética, se encontraron muchos de esos tubos, aunque no se podían reproducir. Con la ayuda de la empresa Sony, se reprodujeron y así hoy se conocen cuentos y canciones populares de hace 150 años.

Ø Mi traducción

“Unas palabras sueltas”, de Kindaichi Kyôsuke

Novedosa aún la alegría de haber vuelto a Japón la mitad sur de Sakhalin[1] tras treinta años, en aquel entonces aún se mostraba por encima de las olas la mitad de los restos del gigantesco buque ruso Norwick que encalló en el puerto de Ôdomori[2].
¿Cómo diferenciar la lengua ainu de Sakhalin y la de Hokkaidô? ¿Cuál es la forma de hablar de los ainu de Sakhalin? ¿No habrá, por un casual, una epopeya típica ainu en la que se recoja su tradición? Son las preguntas y soluciones que hasta ahora han formulado los lingüistas. Pero, haciendo una prueba en ese dialecto, ¿no podrían, por un casual, verificarse?
Esa fantasía ocupaba plenamente mi corazón. De un sueño pasó a ser una tentación y, con los recuerdos históricos del nuevo territorio, finalmente llegué a pensar en explorarlo solo.

Verano del año 40 de Meiji. El 12 de julio, sólo en Ôtaru[3], mezclado con la arboleda en la montaña profunda de Sakhalin, el sakura[4] de la montaña florecía aquí y allá.
Esperando el barco en Ôdomori, mientras me lamentaba cada día de la espesa niebla, me iba impacientando. Al menos hice mi aprovisionamiento de arroz y miso y me hicieron el favor de dejarme subir en el pequeño barco de vapor de la patrulla de la Oficina Pública. El día 12 fue cuando me embarqué rumbo a la costa este. Aunque sobre las olas la niebla fuese espesa, la segunda noche dormí en la cubierta y, la mañana del día 27, enviado en un bote del buque principal, dejé mis primeras pisadas en el poblado ainu de Ochobokka.
Pero, pensando y repensando todo el tiempo en la gente a la que vine a visitar, una persona como yo, el que viene de quién sabe dónde vagando como un perro, una vida que no despierta interés, no sería ni divertido ni interesante ara la gente del poblado. Aunque no habría debido hacerlo, al ser uno entre las figuras con ropa occidental en el barco de la Oficina de Gobierno de Indígenas
[5], con sentimientos como el del vigilante de la maliciosa oficina pública, dudando del lugar al que iba, el lugar en el que estaba, con cautela y dando la espalda a cualquiera, acabé callándome. E incluso la gente que reía ruidosamente cesó de reír, y la gente que estaba reunida se dispersó. Esa tristeza no se puede explicar. Sin poder comunicarme en absoluto y sin poder recoger ni unas palabras sueltas, oscureció el día en vano.
Como era una persona que había bajado del barco de la oficina pública, dejaron vacía la estancia de invierno del jefe de la tribu Pishitaku y me permitieron alojarme allí solo. Sobre las tres comidas diarias, igual que las muchachas tatuadas se lavan el pelo, calladamente se llevaban mi cazuela de arroz y miso y, una hora después me dejaban silenciosamente arroz y una sopa calientes. Al final, acababa escapándose con rapidez. De día, me consolaba con mirar las figuras de los ainu pintados en los dibujos que tenía frente a mis ojos, pero cuando se hacía de noche, en una oscuridad en la que ni se veía para poder sonarse la nariz, el único sonido que escuchaba era el de las olas, melancólicas, golpeando en la costa y retrayéndose. Sin compañía, la tristeza me embargaba; sentía que mis circunstancias eran las mismas de quien nace sordo y ciego.
Al segundo día, oscureció de la misma manera. El tercer día, lo mismo debía repetirse.
El cuarto día pasó algo. La tristeza dejó de ser simple tristeza y, un mes después de salir de Tokio, me preguntaba si debía volver finalmente sin ningún resultado. Esa ansiedad y melancolía me turbaban el pensamiento. Justamente entonces, como un fogonazo, algo sucedió mientras estaba afuera.
De casualidad, había detrás unos niños jugando mientras gritaban algo. Yendo a ninguna parte, fui atraído en esa dirección: quería coger al menos una palabra. En silencio, escuché con atención. ¿Cuál sería su pronunciación? Parecía que hipaban al gritar, y no podía captar ni una palabra. Aunque estuviese cerca de ellos prestando atención, los niños únicamente parloteaban sin preocupación. Uno me sorprendió y, haciendo sonar el ruido metálico de la navaja que llevaba pendiendo de la cadera, me preguntó: “¿Tanpe neppu ne ruehean?” (“¿Qué pasa contigo?”). Todos los niños me miraron a la cara y enseguida, gritando todos a una “¡Uah!” se escaparon, esparciéndose como crías de araña.
"No me entenderían", me decía para mí mismo, "no conseguiré nada". Mientras, unos tras otros reunidos, gritando algo en voz alta, jugaban. Me acerqué otra vez. Esta vez, cambiando el lenguaje, señalé el pendiente de la oreja de uno de los niños y pregunté: “¿Makanaku aiepu ne rue?” (“¿Cómo se llama?”). Otra vez, volviéndose, todos los niños miraron hacia arriba y, a la orden de “¿Qué dices tú?”, chillando “¡Uah!” salieron huyendo.
Entre los niños, había uno vestido con una ropa como la de las pinturas chinas (quizá una mercancía extranjera de la zona de Manchuria). Como era bastante interesante, empecé a bosquejar al niño en el cuaderno en que debía recoger el vocabulario, pues no podía hacer otra cosa.
El niño que me descubrió observándole mientras movía y volvía a mover el lápiz, gritó algunas palabras. Otros niños me miraron y gritaron algo. Dejando de jugar, todos me prestaron atención. Primero, el niño que me pilló al principio, titubeando, se acercó agachado a mí y se asomó de una forma rara a lo que yo estaba pintando. De repente, vinieron todos en tumulto y se asomaron. Los mayores, señalando al niño que llevaba la ropa de estilo chino, parece que dijeron algo así como “¡Ha dibujado a éste!” Entonces, formando jaleo, asomándose por los lados y por detrás, sin ninguna educación, señalando con el dedo y apuntando a mi dibujo en lo que parecía querer decir algo así como “Esto es la cabeza, esto los pies, esto las manos”, su propio descubrimiento se convirtió en mi orgullo: estaba consiguiendo una explicación. Pero no entendía ni una palabra en absoluto.
Fue entonces. De repente me di cuenta, pasé a una página nueva y, de forma que cualquiera pudiese entenderlo con facilidad, dibujé en grande la cara de un niño. Dibujé los dos ojos, y los mayores fueron los primeros en decir “shishi, shishi”. Otros dijeron “shishi”, y otros más “shishi”; y, finalmente, todos los niños gritaban “¡shishi! ¡shishi!”. Eran muy ruidosos. Entonces les dije exactamente “Ojos, son ojos”. “Sí, ojos. ¡Ojos! ¡Ojos!”, se les oía decir.
Eso es: los ainu de Hokkaidô llaman a los ojos “shik” y en Sakhalin no se les llama “shik”. Como eso me entró en la cabeza como un rayo, rápidamente tracé una línea desde los ojos del dibujo y anoté en una esquina del cuaderno “shishi”. Entonces, dibujé lentamente una nariz. Los mayores, con voz aguda, gritaron: “¡etu-pui! ¡etu-pui!” Y los niños gritaron al unísono: “¡etu-pui! ¡etu-pui!” Conteniendo las ganas de reír, tracé una línea desde el final de la nariz y en el extremo escribí “etu-pui”. Después, al dibujar la boca, los mayores, como yo esperaba, fueron los primeros en vocear: “¡chara! ¡chara!” Cuando dibujé las cejas, “¡raru! ¡raru!”; cuando dibujé la cabeza, “¡sapa! ¡sapa!”; y cuando dibujé las orejas, “¡kisara-pui! ¡kisara-pui!”
En poco tiempo recogí, aunque no lo esperaba, diez nombres entre cuerpo y extremidades. Con lo divertido y agradable que fue, no tuve ningún problema. Porque ellos lo recibían como si se tratase de una competición.
Pero entonces quise saber cómo se decía la palabra “qué”. Si se entendiese fácilmente señalando algo, podría obtener el nombre. Por eso, según lo pensé, pasé otra página y esta vez tracé líneas de forma absurda, como gurruños. Los mayores ladearon la cabeza y gritaron “¡hemata!” Al hacerlo, todos los otros niños, poniendo caras raras, gritaron “¡hemata! ¡hemata!” "Vaya, en Hokkaidô "qué" se dice "hemanta"", me dije. A modo de prueba, miré a mi alrededor, cogí unas piedrecitas a la altura de mis pies y les dije: “¿hemata?”
Sorprendentemente, los niños reunidos dirigieron su mirada a mis manos y gritaron al unísono: “¡suma! ¡ suma!”.
En Hokkaidô, a las piedras se las llama “shuma”. Al hacer eso, comprobé que “suma” era “piedra” y que, efectivamente, no había diferencia entre “hemata” y “qué”.
En ese momento cargado de valor, agarrando con fuerza la hierba que estaba junto a mis pies, la alcé y dije: “¿hemata?”; los niños gritaban: “¡mun! ¡mun! ¡mun!” mientras brincaban. Estaba tan feliz que me puse a reír y a brincar con ellos.
En lo que era un ridículo, agarrando mi barba de menos de un centímetro y con siete u ocho pelos, les pregunté: “¿hemata?” Correspondiéndome, los niños rieron diciéndome: “¡nohkiri! ¡nohkiri!”, y anoté “nohkiri”. Quién sabe, quizá “nohkiri” signifique “barbilla”. A los ojos de un niño ainu acostumbrado a las caras barbudas, la barba que yo mostraba no podría catalogarse como barba y creerían que yo señalaba mi barbilla.
Pero, en unos instantes, del modo en que lo estaba haciendo, me animé al recoger un vocabulario de 74 palabras. En aquel momento, me encontraba en un lugar en el que muchos adultos estaban atrapando las truchas que se juntaban en la orilla del río y, nada más memorizar el vocabulario, que subía como la espuma, probaba y me atrevía a utilizarlo.
Señalando las piedras de la orilla, gritaba “suma”; señalando la hierba verde, “mun”; al mirar a las truchas, “hemoi”; al señalar la cabeza de las truchas, “hemoi-sapa”; al señalar los ojos de las truchas, “hemoi-shishi”; al señalar la boca de las truchas, “hemoi-chara”.
Las caras barbudas que hasta entonces no se reían, mostraron sus dientes blancos por entre el pelo greñudo. También las caras de las mujeres que hasta entonces miraban hacia otro lado al verme, mostraban sus dientes blancos por entre sus tatuajes azules. Todos reían abiertamente. Entre ellos, también los había que agitaban las redes que llevaban en las manos, que señalando la arena decían “ota”… Rápidamente, mientras imitaba su pronunciación, lo escribía en el cuaderno y, con curiosidad, algunos se acercaban a mirarlo. Cuántas mujeres habría allí reunidas es algo que no puedo saber. Hubo algunas que pronunciaron lo que parecía un sonido de admiración.
Sólo en ese intervalo de tiempo, entre lo que éramos todo el escenario y yo había caído de golpe un telón que obstaculizaba la vista. Así, se abrió de repente ante mí el inesperado jardín del paraíso. Precisamente el vocabulario que me había tenido firmemente aislado, fue el único caminito que me llevaba hacia el corazón del castillo, como el agua que logra fluir por el canal. Llegado hasta aquí, sin vacilar los eché a todos y seguí, casi fanáticamente, por ese caminito adelante.
Después de una semana, me dejé ver un poco y de todas partes me llegaban palabras. Al despertarme por la mañana, antes de pasarme por la orilla del río con mi toalla colgada para lavarme la cara, a ambos lados de las cabañas de los ainu me decían: “¿Nakkene eoman kusu?” (“¿Dónde vas?”), “¿Temana eki kusu?” (“¿Qué tal?”) o alguna otra cosa; como las langostas que vuelan sobre el arrozal, una tras otra, casi sin parar, me hacían hablar. Yo reía al poder contestar hábilmente y al equivocarme al contestar. Al lavarme la cara, los niños que estaban despiertos me seguían para hacerlo ellos también. Por la noche, jóvenes y ancianos, aunque en un principio había estado vacío, llenaban el lugar donde me hospedaba bailando, cantando y charlando.
El día 14 desde mi llegada, ya sin obstáculo en la mayor parte de la conversación, realicé un sumario de la gramática y del vocabulario de la lengua ainu de Sakhalin y recogí tres mil líneas de la antigua epopeya cantada de Sakhalin a modo de recuerdo. Y me despedí de jóvenes y ancianos del poblado del que siempre me quedaría un recuerdo inolvidable.
[1] Sakhalin, en japonés Karafuto.
[2] Ciudad de Hokkaidô (isla más septentrional de Japón).
[3] Ciudad de Sakhalin.
[4] Flor típica japonesa, a menudo traducida como “flor de cerezo”.
[5] Oficina que en la actualidad ya no existe en Japón.

Lenguas aisladas: la lengua ainu
The Ainu Museum
Los ainu en Wikipedia