sábado, 29 de marzo de 2008

Stand by me, Diane

Hoy ha sido uno de esos sábados productivos.
Después de dos semanas, al fin brillaba el sol, no necesitaba salir con abrigo y había dormido hasta tarde. Aunque al final he salido de casa a las 13.00hrs. y no he podido hacer todo lo que me había propuesto, ha merecido la pena.
Nunca había disfrutado tanto conduciendo como hoy. Quizá era por llevar las ventanillas bajadas y la música alta, por cantar a grito pelado sin pudor y por haber podido aparcar a la primera. Es lo que tiene salir a la hora de comer.
Como son pocos los grupos/cantantes nuevos que me gustan, no dejo de rescatar viejos CD’s (y puedo comprarme los pocos nuevos que me gustan sin arruinarme…).
Quizá por la comodidad del coche nuevo, por ir sola y no tener que meter tripa y por escuchar canciones viejas con aire renovado es que he disfrutado tanto.
“Stand by me” me ha alegrado el día. ¡Fin de los bucles depresivos infinitos! ¿Por qué cuando estamos tristes nos ponemos música triste? Por fin, una música que asociaba con los malos tiempos me ha sonado a plenitud. Será el sol, serán los veinte grados, será que hoy cambian la hora…
Y “Born Slippy”. Antes me fascinaba y ahora me deja casi igual… Pero me gusta. Me gusta cuando el bombardeo de fondo cesa y parece que estás tumbada boca arriba, flotando en el agua de la piscina; el pelo apelmazado en mechones sobre la frente y los ojos entrecerrados, el sol tostando la piel desnuda y produciendo destellos sobre la superficie…
No está mal un 21 de marzo que no trae consigo la famosa astenia primaveral.
Recuerdo los últimos coletazos de las rebajas de febrero.
Yo, contenta, de haber encontrado al fin el vestido de lentejuelas de Diane y por un módico precio en H&M.
Me habré acordado de mi adorada Diane por escuchar “Born Slippy”, por supuesto.
Me chocó enormemente pensar que, en otra parte del mundo, la gente podía llevar a una discoteca un vestido de lentejuelas sin ser Nochevieja y, al mismo tiempo, otra gente llevaba camisetas de algodón de lo más cutre. Aquí, por aquel entonces, se estilaba llevar minifalda negra, camiseta de tirantes y botas altas con tacón cuadrado.
Al ver a Diane en Trainsporting, les dije a mis amigas: “quiero un vestido así para la próxima Nochevieja”. Pero nunca lo encontré.
Después engordé (no me habría quedado bien), después adelgacé drásticamente (pero seguía sin encontrar el vestido) y ahora mi cuerpo ha dado el siguiente cambio en la pirámide hormonal: he encontrado el vestido pero mis caderas, mi tripa y mis muslos se niegan a que me lo ponga… Una lástima.
Aún hoy recuerdo a alguna amiga volviéndose roja de la vergüenza y mirando hacia otro lado cuando Ewan McGregor enseñaba el pito…

El pasado noviembre, fuimos a Barcelona.
En el trabajo vi una postal comercial de la exposición “Kawaii! El Japón ahora” y decidí que tenía que verla. Al entrar en la web de la
Fundación Joan Miró y buscar bien qué era eso del Espai 13, me enteré de que la exposición no era siempre la misma. Así que me encargué de buscar a la autora de la imagen de la postal, que era la que más me interesaba por lo que pude ver en Internet, y me di cuenta de que ¡tenía dos semanas para preparar un viaje!
Por si no era ya lo bastante difícil, la exposición de Aya Takano terminaba en el puente de noviembre.
Oh, pero tenía que verlo con mis propios ojos. De nada me valían los artículos de los periódicos gratuitos ni la información de Internet.
Por suerte, no hubo problema.
En el trabajo me dieron los días necesarios para alargar el puente.
Gracias, por una vez, a trabajar en turismo, conseguí
hotel sin dificultad (lo que no significa que lo consiguiese barato).
Después, compré los billetes de tren Madrid-Barcelona-Madrid, pero tampoco fue barato…
Lo más fácil de todo, sin embargo, fue convencer aquí al Sr. Renton de que teníamos que ir a Barcelona a ver esa exposición. Una cosa era visitar Barcelona, de la que yo guardaba un grato recuerdo (breve, pero muy grato) y de la que él guardaba uno poco grato por decirlo bonito (en aquel viaje todo se le puso en contra…), y otra cosa era visitar una exposición de “cosas monas”…
El refrán dice “dios los cría y ellos se juntan”. Pues nosotros dos nos juntamos y parece que la exposición de Aya Takano se juntó con la XIII edición del Salón del Manga de Barcelona. Así que allá que fuimos.

Pudimos comprobar bien de cerca el estado de las obras del AVE.
En Camp de Tarragona, el tren dijo que “hasta aquí” y, nada, tuvimos que bajarnos todos del tren y continuar hasta Barcelona en autobuses. Lo curioso es que, como mucho, llegamos sólo cuarenta minutos después de la hora estimada de llegada del tren. Increíble.

Cuando bajamos del autobús, vi a una mujer con el pelo negro, rizado y largo. Ella hablaba por el móvil mientras bajaba del autobús con su bolsa de viaje. Me sonaba muchísimo su cara e incluso me sonaba su voz. Miré a mi acompañante con cara de “¿esa es…?” Y él me dijo: “Creo que sí”. ¡Juraría que era
Lucía Etxebarría! Bueno, es que estoy segura. Pero no le dije nada. Estaba hablando por el móvil y le habría molestado (lógicamente). Además, su carácter no me gusta (a nadie le puede gustar el carácter de todo el mundo, ¿no es verdad?). ¿Qué le habría dicho? “¿Me encantas?” O, ya que no sabía qué decirle, “Pues no ha llegado tan tarde el bus a Sants, ¿no?” O, algo más clásico, “¿Me firmas aquí?” Pero, ¿dónde? ¿En mi mapa turístico? ¿En la hoja de reserva del hotel? ¿En la libretita donde voy apuntando las chorradas que quiero buscar en Internet cuando vuelva a casa? ¡Chist! Acababa de terminar “Un milagro en equilibrio” esa misma semana, pero ya no lo llevaba en el bolso. Casualidades.

Después, en el Salón del Manga, conocimos a
Aurélia Aurita (que también puede significar medusa común… ¿lo habrá hecho adrede o será otra casualidad? – por cierto, también sé que calamar común es loligo vulgaris, y, sí, debido a mi trabajo en turismo…).
Me pareció una chica encantadora. Después de unos dos años, desempolvé el francés de mi memoria y pude hablar con ella. Doblemente satisfactorio.
Me hizo un retrato con esa forma de dibujar que la caracteriza, aunque, no sé, será porque soy europea, que me dibujó una nariz que me hace parecerme a Lucy (sí, la de Snoopy…).
Yo en el Salón del Manga estaba un poco como un pulpo en un garaje, pero me lo pasé bien al fin y al cabo.
Disfraces graciosos, muchos muñecos monos, una exposición de dibujos originales de algunos autores famosos (que yo, por lo general, no conocía…), etc.
Pero conocer a Aurélia Aurita me emocionó bastante (en las fotos salgo muy risueña).
Además, conocimos a una chica que estaba en el stand del Espai 13. También era muy simpática y nos comentó sitios para visitar en Barcelona, dónde comer… Nos habló de la exposición, de cómo llegar al museo… Resulta que ella también estudiaba japonés, aunque había empezado algo más tarde que yo y aún tenía ilusión… Espero que tenga mucha suerte.

Para ir a la Fundación Joan Miró tuvimos que coger el funicular. Me hacía mucha ilusión porque siempre había pensado que vería la ciudad desde el aire, pero no… No era ese tipo de funicular.
En el museo, cabía la posibilidad de pagar entrada general o sólo la entrada para la exposición, cosa que me pareció estupenda. A mí me gusta Joan Miró pero, sencillamente, no soy tan entendida, y teníamos mucho que ver en Barcelona.


Según Hélène Kelmachter, comisaria del ciclo “El Japón ahora” (21 de septiembre de 2007 – 20 de julio de 2008):

La temporada 2007-2008 del Espai 13 de la Fundació Joan Miró centra su mirada en el país del Sol naciente, en un descubrimiento de las prácticas de la generación de jóvenes artistas japoneses, así como de su contexto histórico y social. Cada exposición nos sumergirá en el universo a menudo sorprendente y extraño de un artista, al tiempo que nos aproximará a alguno de los grandes temas que conforman el retrato de la sociedad japonesa actual. La ósmosis entre tradición y modernidad, los problemas sociales y económicos, la relación con la infancia y la búsqueda de la identidad son algunas de las perspectivas que se proyectan en las obras de Aya Takano, Erina Matsui, Chiho Aoshima, Tomoko Sawada y Kowei Nawa. Cuatro chicas y un chico, con edades comprendidas entre los 23 y los 33 años, que llenarán el Espai 13 con sus pinturas, dibujos, esculturas, películas de animación, fotografías e instalaciones, creando espacios para la experimentación.
¡Kawaii!
De las adolescentes con faldas plisadas que aparecen en los manga a los personajes de Hello Kitty, estos héroes de una nueva mitología están presentes en la imaginería popular, de los dibujos animados a los productos derivados, y constituyen el símbolo de una profunda nostalgia de la infancia. Una nostalgia que se expresa a través de un profundo entusiasmo por todo lo que es kawaii. Kawaii es una de las palabras más recurrentes en el vocabulario de los jóvenes japoneses. Próximo al sentido de “mono”, kawaii designa lo que es pequeño e infantil. Más que una moda, es una forma de pensar y de ser. Esta cultura popular japonesa invade el mundo asiático y llega a Europa y Estados Unidos. De la infancia a la edad adulta, los chicos, y sobre todo las chicas, son adeptos de los fanshi guzzu –del inglés fancy goods–, llaveros y gadgets de todo tipo. El fenómeno ha adquirido tal envergadura que se ha convertido en un tema sociológico, estudiado por escritores, periodistas, filósofos y sociólogos. Los estudiosos subrayan la otra cara de kawaii: un profundo nihilismo, la negación del presente social a favor de un retorno a la infancia, el reflejo, en definitiva, del descontento de la sociedad japonesa.
Las obras de Aya Takano y Chiho Aoshima se inscriben en la esfera kawaii, destacando su lado subversivo y falsamente inocente. Las muchachas en quimono de grandes ojos y gráciles cuerpos de Aya Takano (Saitama, 1976) evocan tanto las estampas tradicionales japonesas como las chicas emancipadas que pululan por las calles de Tokio. Chiho Aoshima (Tokio, 1974) imagina un mundo onírico y sorprendente en sus dibujos de colores ácidos generados por ordenador. Su universo se mueve a menudo entre la pesadilla y la angustia, y sus personajes dudan entre la magia y la violencia de la realidad.
La revolución de la shôjo
En Shibuya, las chicas con uniformes escolares, falditas plisadas y calcetines-polainas muy largos, trajinan riendo alrededor de los purikura, fotomatones que permiten escoger el tipo de fotografía deseada, personalizándola con modelos diferentes de marcos, que después intercambiarán. Numerosos sociólogos han llamado la atención sobre este nuevo fenómeno: las chicas pasan cada vez más tiempo en la calle, con frecuencia en grupos y vestidas de una manera espectacular y ostentosa. Las shôjo, las adolescentes japonesas -literalmente “medio mujer”–, son el símbolo de una mutación de la sociedad. Se definen como mujeres-niña, en estado de suspensión entre la infancia y la edad adulta, consciencia e inocencia. La mujer japonesa, antes encargada de garantizar la tradición, aparece cada vez más como “la vanguardia de la mutación social”. Entre colegiala y femme fatale, la gyaru –del inglés girl (chica), a la japonesa– es realmente la nueva fuerza social y cultural en Japón. La escena del arte contemporáneo confirma esta tendencia, a través de las artistas mujeres que crean una obra inventiva y sorprendente, fascinante y, a veces, molesta. La programación de las exposiciones en el Espai 13 lo demuestra: de 5 artistas, ¡4 son chicas!
El arte del siglo XX ha estado marcado en Japón por la presencia importante de dos mujeres, cabezas de fila de los movimientos más importantes, como Atsuko Tanaka (nacida en 1932), que marcó la historia del grupo de vanguardia Gutai en los años cincuenta, o Yayoi Kusama (1929), una artista imprescindible desde principios de los años sesenta. La tendencia se confirma con los artistas de la generación de Mariko Mori (1967) y se hace evidente con las creadoras de la generación que ahora tiene treinta años, hasta el punto de ser una de las características más destacadas del arte japonés de nuestros días.
Testimonio de esta búsqueda de identidad típica de las chicas japonesas, Tomoko Sawada (1977) se retrata en grupo (fotografías de curso en que repite su rostro) o en retratos individuales de fotomatón. Para su exposición en el Espai 13, realizará una serie de fotografías sobre la extravagancia en el vestir de las chicas de Tokio, y en concreto de la tendencia golitha (contracción de gótica y Lolita), que se mueven por el barrio de Harajuku.
Un mundo de extrañeza y onirismo
A pesar del gran poder económico que ha proyectado al mundo la imagen de un país con tecnología punta, Japón vive desde hace unos años el pinchazo de la burbuja económica: el paro y la precariedad laboral han pasado a ser corrientes en la vida cotidiana de los japoneses y en las creaciones de los artistas. Esto, esta evocación, no obstante, en lugar de mostrarse como una constatación del estado del mundo, se convierte en una oportunidad para abrir la puerta a la imaginación y lo extraño. Así, Erina Matsui (Okayama, 1984) presenta un mundo personal lleno de visiones extrañas y poéticas.
Muchos artistas japoneses se cuestionan la frontera entre visión y percepción, creando un mundo onírico y delicado. Kowei Nawa (Osaka, 1975), con sus dibujos, esculturas e instalaciones, juega con nuestra percepción del mundo e inventa objetos llenos de poesía y extrañeza. Proyectando imágenes sobre el agua, recubriendo objetos con cuentas de cristal, invadiendo el espacio con gigantescas formas moleculares, Nawa transforma el estado original de una imagen, de una cosa o de un lugar.
Con “¡Kawaii! Japón ahora”, la Fundació Joan Miró invita al público a un viaje sorprendente por el mundo de la creación japonesa más actual y mantiene, así, el espíritu de hallazgo y de experimentación, de sorpresa e invención que caracteriza al Espai 13.


Disfruté muchísimo de la exposición. Era sólo una pequeña sala, pero había obras de gran formato, una escultura (peluche) de un perro-vaca gigante, un video y muchas pequeñas obras de acuarela.

Sensual, agresivo, inocente y falsamente inocente, cruel, futurista… Así describen su estilo.

Más imágenes de la obra de Aya Takano en la Galería Emmanuel Perrotin.
Acerca de
Aya Takano en wikipedia (inglés).

domingo, 20 de enero de 2008



“A FRIEND TO DIE FOR” en EE.UU., “DEATH OF A CHEERLEADER” en Reino Unido y “ASESINATO DE UNA ANIMADORA” en España

Las Navidades son fechas tristes para los amantes de las pelis-de-Antena3-de-después-de-comer. Todas las pelis sobre hechos reales desaparecen de la parrilla televisiva para dar paso a Beethoven, niños que esperan los regalos bajo el árbol y, en el mejor de los casos, romances adolescentes.

Siempre me ha gustado apoltronarme en el sofá después de comer y, en lugar de echarme la siesta, plantarme a ver una película de Jane Seymour (“La Doctora Queen”) o Joanna Kerns (“Los problemas crecen”). Éstas, cuando se trataba de las de mayor rango, porque lo normal era ver a mujeres de lo más variado y desconocido con el mismo doblaje en muchos de los casos (Ángeles Neira, voz de Krilín en “Bola de Dragón”). Si hay algún otro adicto a este tipo de películas al otro lado del cable, sabrá de lo que hablo.


Lo curioso es que, después de comentar este entretenido y pasivo hobbie, una se da cuenta de que no está sola. De que hay muchas más personas que se sientan el sábado o el domingo a ver la peli de turno “basada en hechos reales”.
Amenazan la Navidad, los programas de corazón, las batidoras o incluso el rescatado “Humor amarillo”, pero nada nos detiene.

En Internet he descubierto que este mundo del “directamente en su televisión” es como un mundo paralelo a nuestras pelis nacionales “directamente en su videoclub”. La diferencia es que las primeras tienen como objetivo final la televisión, mientras que las segundas se quedan muy a menudo con las ganas de ser proyectadas en algún cine.

Al parecer, existe en la televisión por cable de EE.UU. un canal llamado “Lifetime” que se dedica a echar este tipo de pelis (aparte de “Las chicas de oro” y programas sobre ufología, “ahí es ná”). Vamos, que me recuerda un poco al canal Cosmopolitan que se puede contratar aquí, en el que lo único que echan es “Sexo en Nueva York” y el reality de asesoramiento de imagen. Lo que ocurre es que el público objetivo, aunque femenino, no tiene la misma edad. Aún así, prefiero el primer segmento antes que el segundo. Ambos son “basados” o “inspirados” en hechos/vidas reales pero igualmente poco creíbles… Lo que pasa es que con lo primero me río y con lo segundo desespero.
“I swear to the gods, even if it's a "true story," which 99.9% of all the movies on Lifetime are, the plots are always so laughable! Dammit, I thought of a perfect parody last night but now I can't remember a word of it. Shit.”
“Lifetime is a cable channel, "Television for Women." I swear, the movies are like: "She killed her husband's lover and now she's cheating on him with some guy from Starbucks, but what she doesn't know is that the guy from Starbucks wants to kill her because he's really gay and wants her husband!"”
“Everytime I go to that channel a movie about a mother's fight for revenge on her daughters rapist or a mother's fight against her abusive drunken husband is on...”
“I got so bored sitting down in the office one night that we started making up a list of probable Lifetime Movie titles. most of them end with ". . . in a small town." there are so many with that ending.
Murder in a Small Town
Seduction in a Small Town
She Fought for Justice in a Small Town
and so on...”


He descubierto Lifetime en un foro, cuando realmente buscaba información sobre la película “Asesinato de una animadora” (hay uno que me matará cuando sepa que realmente he escrito una entrada sobre esto… ¡ya te lo había dicho! ¿por qué no te lo creías? Y, bueno, no es el mejor momento, pero te tengo que confesar que me estoy zampando todas las cookies que habías comprado…).
Para quienes se reían de mí por haber intentado encontrar en Internet la peli “Asesinato de una animadora”, he de decir que es la obra estelar de las grandísimas Kellie Martin y Tori Spelling.
“I loved Kelly Martin. My favourite thing she was ever in was when she killed Tori Spelling in a movie of the week. Classic. Kelly Martin was this really nervous, freaky hs kid and Tory Spelling was the snobby cheerleader. On Lifetime, I think.”

“That is the first thing I think of when I see Kelly Martin too! I hate Tori Spelling so it was good to see her die.”
“I can't believe we all saw the same Lifetime movie.”
“YES! I have watched a lot of Lifetime Movies! And yes, they all seem to have Kelli Martin in them! LOL LOL”





Ya ni siquiera recuerdo bien el contenido de la película pero… ¿qué más da? La recomiendo igualmente. Un clásico de las pelis de instituto: la chica mona (la feísima Tori Spelling, Donna en “Sensación de vivir”) que es la super guay del instituto pasa de la tontita de turno (Kellie Martin, de “La fuerza del cariño”). Por eso, la tontita acaba matándola.
“tori spelling freaking rocks on lifetime movies..theyre so bad theyre good...my favorites: *mother may i sleep with danger* and the definitive lifetime movie (it stars not ONLY tori spelling...but Kelly Martin!!) *Death of a Cheerleader*”
“AND I love Death of a Cheerleader! It has both of the Lifetime movie queens in it.....LOL LOL”
“you know..the one where kelly martin offs tori spelling with a knife she finds in her car because her sister was cutting cucumbers....in the car....all while tori uses her oscar winning abilities to scream "stop! what are you doing to me! " while shes being stabbed...its a classic...i taped it :)”


Otro clásico es “Caramelo asesino” (“Jawbreaker” en el original), peli de viernes por la noche en Telemadrid. La verdad es que creí que sería otra cosa por la franja horaria en que se emitía, pero el título no dejaba lugar a engaños. Otro clásico (aunque con los mismos tópicos, menos típico): la chica mona (la ojos-de-rana Rose McGowan, Paige en “Embrujadas”) que es la super guay del instituto quiere gastar una broma a su mejor amiga por su cumple; entre las tres del grupo, fingen un secuestro, le meten un “machacamandíbulas” en la boca (un caramelo enorme, más o menos como una pelota de tenis, que también he visto que se vende aquí pero que está un poco asqueroso) y la tiran al maletero del coche. Cuando quieren sacarla para la fiesta de cumpleaños, la muchacha se ha asfixiado con el caramelo… ¡asesino! Pero, en lugar de traumatizarse, las chicas se ponen las pilas porque la tontita del instituto se entera de lo que ha pasado… Así que deciden reemplazar a la machacamandibulizada por la tontita, Violet (Adria Dawn, de “Popular”), y la convierten en guapa.


Pero mejor los clásicos clásicos, los de verdad…

“Did you see the one with Brooke Shields...based on a true story, of course, where she is fighting to keep the child of her live-in-girlfriend who dies of Cancer? VERY GOOD STUFF!”

“That's a Tori Spelling Lifetime classic. and winner of Worst Title Ever award, by me. Poor little Tori starts dating the perfect guy, but her mother suspects there's something not right about him. of course, defiant Tori doesnt believe her mother's warning, and she gets involved with the guy anyway, only to find out that he's a psycho girlfriend murdering creep. It's up to Tori's determined mother to save her. dun dun DUN!!!”
Aparte de la de Brooke Shields (aunque no descarto haber visto alguna peli suya de este tipo), me quedo con ganas de ver esta otra:
“i woke up pregnant. premise: a lady (played by michele green) is raped by her dentist while she is under the nitrous oxide. and she gets pregnant from it.”

¡¡Ésta sí que la vi!! Alguien me dijo que corrían rumores de que la niña de “Entrevista con el vampiro” se había dedicado al porno… Esto, claro, antes de sus últimas películas, que la han vuelto a sacar a la luz. Entretanto, mejor que el porno, entró en el mundo de Lifetime…
“did anyone catch 15 and pregnant starring kirsten dunst?! touching, truly touching. and the music was awesome. "can i still play soccer?"”
Pues sí, yo la vi...


Otra que tiene su lugar dentro de la sobremesa y las pelis basadas en hechos reales es Tiffany-Amber Thiessen (Kelly, de “Salvados por la campana”). Como decían en el foro en el que descubrí Lifetime, muchas de estas películas tratan sobre madres que intentan vengarse de quien violó a sus hijas… En el caso de “Sola contra todos” o “She fought alone”, el atacante es Brian Austin Green (David en “Sensación de vivir”)… Sólo que Tiffany-Amber y su madre no podían vengarse porque el padre del DJ de “Sensación de vivir” era el alcalde del pueblo (como decían también en el foro, de un “small town”).







En el fondo, es como un bucle, como una cadena infinita de relaciones…
Kellie Martin comparte cartel con Tori Spelling en “Asesinato de una animadora”.
Tori Spelling es Donna en “Sensación de vivir”, donde aparecen Brian Austin Green (David) y Tiffany-Amber Thiessen (Valerie Malone).
Tiffany-Amber Thiessen aparece en “Salvados por la campana” con Mario Lopez (A.C. Slater).
¡Y Mario Lopez coincide en “Nip/Tuck” con Adria Dawn! Él es el cirujano guaperas que probablemente sustituirá en sus correrías nocturnas al Dr. Troy cuando caiga presa de la disfunción eréctil y ella es la asesora de Kimber en el la Iglesia de la Cienciología… (sin contar con que el famoso Dr. Troy, Julian McMahon, fue Cole, el marido de Phoebe, en “Embrujadas”).
¿Cómo enganchar a esta cadena sin fin a Rose McGowan? Bueno, era medio hermana de Shannen Doherty (Brenda en “Sensación de vivir”) en “Embrujadas”. Paige y Prue, Paige y Phoebe (porque Phoebe, Alyssa Milano, también apareció en “Melrose Place” como Jennifer Mancini, cuñada, por tanto, de Marcia Cross, mujer de Michael Manzini y más tarde Bree Van de Kamp en “Mujeres desesperadas”).

Bueno, voy a dejar ya esto de las cadenas… Me temo que por mucho que busque, no encuentro la conexión de Kirsten Dunst…

martes, 15 de enero de 2008

Los mitos de Izanami y Perséfone y otras figuras míticas

Este es uno de los trabajos que realicé para la asignatura “Los clásicos de la literatura japonesa” durante la carrera.
Como último año de estudios en la universidad (espero que último hasta ahora), me había dado el premio de estudiar al fin una asignatura de Mitología. Un compañero me recomendó la asignatura de “Transmisión mítica dentro de la literatura occidental”, que me sería especialmente útil para realizar el trabajo de literatura japonesa. No hace falta decir lo mucho que aprendí en aquella clase, lo que disfruté con la profesora y con la lectura de clásicos más cercanos que los griegos que aún no había leído. Descubrir al minotauro o a Prometeo dentro de la literatura moderna me sorprendió muchísimo. Y más me sorprendió leer el Kojiki y encontrar tantas similitudes con lo que ya tantas veces había leído y releído.
Quizá fue mi capricho de libre configuración el que me sirvió de escape a una asignatura de literatura que no sabía muy bien cómo exprimir. Fue mi salvación y al mismo tiempo un disfrute de horas y horas en la biblioteca de la facultad.

Desde niña me ha fascinado la mitología griega. Cuentos sobre personas valientes, sobre personas prudentes, sobre personas honorables.
Después aprendería el lugar que tiene la mitología dentro de la cultura y de la sociedad de un pueblo. Aprendería la importancia de la mitología, que explica a un pueblo lo que es el mundo, su estructura y el papel que el hombre tiene en él.

En el caso concreto de Japón, en Kojiki (de 712) se encuentra la primera historiografía que hoy se conserva (las anteriores del clan Soga fueron destruidas). Y tiene gran valor por cómo se introdujo en ella la mitología, que no dejó de escribirse como historia verdadera de Japón y de los japoneses.
El emperador Tenmu se vio en la tesitura de encontrar el modo de asegurar su lugar y el de sus descendientes como emperadores. Para ello, Hieda no Are memorizaría la historia imperial. Tras la muerte de Tenmu, Ôno no Yasumaro quedaría encargado de compilar esa historia memorizada previamente.
Cuando se escribe, hay una intención clara: la historia ha de remontarse hasta los tiempos desconocidos (ahí es donde se encuentra la mitología) y ha de justificar la situación histórica conocida, con una persona determinada como emperador y con ciertas familias como nobles.

Con Nihonshôki (de 720) ocurriría lo mismo, pero se habría perdido aún más el significado religioso de los mitos, que podían venir de siglos atrás. Por otro lado, esta historiografía se escribió para presentarla de cara al exterior, de modo que se puede pensar que Kojiki pudo estar más comprometido con las creencias japonesas del momento, sin olvidar por supuesto las circunstancias políticas que envolvieron su compilación.

En cuanto a introducir en este contexto la mitología griega (y después la romana), he de decir que, por un lado, me parece interesante investigar un poco más en la concepción del más allá japonés y griego, ya que tienen más parecido entre sí del que pueda tener el Hades griego con el Infierno cristiano. Por otro lado, merecería la pena poder llevar a cabo una investigación profunda acerca de si estas coincidencias en la presentación de los mitos son coincidencias o no.
En caso de ser sólo casualidades, no deja de ser un buen campo para la investigación, como modos similares de explicar una misma realidad a través del mito.

En cuanto a las obras utilizadas, ha sido necesario reducir bastante el campo de estudio para poder hacer un trabajo concentrado y profundo. Parto del mito de la visita de Izanagi a Yomikuni por sus claras conexiones con los mitos griegos. En este caso, el del rapto de Perséfone y el de la visita de Orfeo al Hades, aunque este último muy someramente.

He intentado buscar las fuentes más antiguas de dichos mitos. Por ello y por la limitación del trabajo, me centraré en la versión del mito japonés de Kojiki y no haré apenas mención a su aparición en Nihonshôki (aunque también se recoge). En cuanto a los mitos griegos, para el mito de Perséfone utilizaré los “Himnos Homéricos”, versión más antigua del mito que se conserva. Lástima que el alejandrino Claudiano Claudio no terminase su poema sobre el rapto, que sería el más largo y detallado que se conservase en la actualidad. Para el mito de Orfeo utilizaré las versiones de Ovidio y Virgilio, ya que se trata de un mito griego cuyas fuentes griegas no se conservan. Y estos dos autores, sobre todo Ovidio (que también escribiría sobre el rapto de Perséfone), son los que mayor fama han dado al episodio de Orfeo en el Hades.

Las semejanzas entre el mito japonés y el griego

En primer lugar, he de decir que hablaré de Yomikuni y Hades en cuanto al “más allá” de Japón y de la Grecia antigua, ya que las concepciones de “infierno”, “mundo de los muertos” o “mundo subterráneo” pueden ser confusas.
Tanto en Japón como en Grecia, se entiende ese mundo como un “más allá”, en cuanto a que está más allá de la vida pero también más allá del territorio. Aunque a menudo se hace alusión a un mundo subterráneo o de los muertos, ni está bajo tierra ni están siempre muertos los que lo habitan.
Aunque hay una concepción de tres mundos y una jerarquía entre ellos, lo cierto es que no hay una asociación al mal o al bien ni se habla de un lugar destinado al tormento (salvo en escritos posteriores por influencia del cristianismo y del budismo). Además, el Takamagahara / Olimpo es realmente un lugar superior, pero no acceden a él los virtuosos; y Yomikuni / Hades es un reino gobernado por vivos (Izanami no está muerta en Yomikuni en un principio, y Hades y Perséfone están sin lugar a dudas vivos) y se sitúa más allá del territorio conocido (ya sea en el lejano mar occidental en el caso de Hades o en el más allá del mar visible desde el archipiélago japonés – Tokoyo).
La visita al más allá es siempre una visita peligrosa, y pocos son los que pueden regresar. En el mito japonés, es imposible regresar de Yomikuni. En el mito griego, sólo algunos (y por ser dioses o por sus maravillosas habilidades) han podido regresar.
En cuanto al contenido de estos mitos y de los de otras culturas antiguas, es común la historia de la desaparición de un dios que supone una desgracia, personal o para la humanidad. Se realiza una búsqueda del dios y, tras ello, la situación vuelve a la normalidad1.
Cuando Izanami muere a causa de dar a luz al dios del fuego, la situación resultante es una tragedia para Izanagi: “¡Oh! ¡Mi joven y encantadora hermana! ¡Oh! ¡Te he cambiado por este único niño!2” El texto es especialmente descriptivo en cuanto a cómo se arrastra junto a su cuerpo y cómo la llora. Además, es una tragedia generalizada porque Izanagi ha visto inacabada la tarea de la creación, pues ha muerto la madre creadora.
* Cuando Perséfone es raptada por Hades, Deméter queda desolada. Antes de ir en su búsqueda, se queda durante un tiempo (que difiere según la obra) lamentándose de su pérdida, sin querer probar bocado.
Después de llorar a su amada, se desata la ira de Izanami, que “mata” al dios del fuego (realmente, lo parte con su espada y de él surgen nuevas divinidades; es decir, se trata de una metamorfosis).
* La ira de Deméter se despliega haciendo que la tierra deje de producir, de modo que el hambre y la muerte amenazan a la humanidad.
Tras su búsqueda, Izanagi se reúne con Izanami, que sale del palacio de Yomikuni a su encuentro. Están llenas de significado las palabras de Izanami: “¡Lamentable es el hecho de que no vinieras más pronto! Ya he comido de las cocinas de este mundo. Sin embargo, como reverencia a que has venido hasta aquí, mi mayor y encantador hermano, deseo volver. Pero discutiré ahí dentro con las deidades de este mundo. ¡No me mires!3
* Deméter se reúne con su hija (según los “Himnos Homéricos”, los caballos de Hades la conducen al exterior) que, tras sus preguntas, responde: “En fin, madre, yo te lo diré todo sin error. (…) él [Hades], a hurtadillas, me hizo comer un grano de granada, sabrosísimo manjar (…)4”. La condición de Zeus para que Perséfone regresase era que no hubiese comido en el Hades.
* En este punto, el mito tiene una clara conexión también con el de Orfeo y Eurídice: tanto Ovidio como Virgilio hacen alusión a esta condición de “no mirar”, aunque en el caso de Izanami no es una condición para que vuelva, pues ni siquiera sabe si podrá regresar: es una orden.
Izanagi no puede resistirse y, tras encender una luz con su peine, mira a Izanami. Ésta es ya un cadáver en estado de descomposición. Al darse cuenta de lo ocurrido, Izanami increpa a su esposo: la ha cubierto de vergüenza. Por ello, Izanami busca venganza y lanza contra Izanagi a los Truenos, guerreros y Brujas de Yomikuni. Valerosamente y gracias a que puede metamorfosear sus peines en uvas y brotes de bambú y a que después encuentra unos melocotones, Izanagi vence a estos monstruos devoradores.
* Orfeo tampoco pudo resistirse y miró a su esposa. Pero ella no le pudo guardar resentimiento. Es más, ella se mostró comprensiva, pues Orfeo, como enamorado que era, no podía hacer otra cosa sino querer mirarla.
Izanagi colocó una piedra separando Nakatsukuni de Yomikuni. A cada lado, los esposos discutieron y se divorciaron. Ella le amenazó con que mataría a mil humanos cada día, pero él le aseguró que abriría mil quinientas casas de parto para que mil quinientos humanos naciesen cada día. A partir de entonces, Izanami pasó a ser la Gran Diosa de los Infiernos.
* El acuerdo al que llegan los dioses es que Perséfone pasará un tercio del año en el Hades y el resto del año en el Olimpo (según Ovidio, la mitad del año en cada lugar). Así, Deméter vuelve a hacer la tierra productiva. Por razón de su matrimonio, Perséfone pasa a ser la Diosa de los Infiernos.



Interpretación de los mitos y sus semejanzas

Son varios los puntos en común, como se ha visto.
De ellos, hay varias cosas que merecen atención desde el punto de vista del significado:

* Relaciones de amor y odio:
Aunque el estilo de Kojiki pueda ser mucho más prosaico que el de, por ejemplo, Claudiano, está claro que son sentimientos humanos, llevados hasta su máxima expresión (pues son dioses los que sienten), los que aparecen reflejados en los mitos.
El amor es el que impulsa a Izanagi a buscar a su esposa, igual que a Deméter, que busca a su hija. El amor es tal que se entra hasta en el mundo de los muertos, aunque se corra peligro. Sin embargo, no es tan peligroso el caso de Deméter, que no en todas las versiones entra en el Hades. Sin embargo, Orfeo sí lo hace, desafiando a Caronte, Cerbero y los Tres Jueces de los Muertos.
La ira se expresa mediante la acción de venganza de Izanagi hacia el dios del fuego y de Izanami hacia su esposo cuando la mira. Igualmente, Deméter hace la tierra improductiva (en los “Himnos Homéricos”) y amenaza a Zeus con hacerlo (en Ovidio5).

* El más allá:
Se caracteriza por la oscuridad. En Kojiki, se ve cómo el mundo oscuro y que así debe ser ha sido iluminado por la luz encendida por Izanagi, lo que rompe un tabú6. A esto, yo añadiría el hecho de que la oscuridad puede ser interpretada como lo germinal, lo materno, como se verá en el punto “el nacimiento de vida”.
En cuanto al hecho de comer en el más allá, tiene un significado bastante profundo. Aparte de que comer en una comunidad implique la pertenencia a ella, hay que mencionar otro acercamiento de las mitologías “occidentales” y “orientales” (si es que pueden denominarse así, genéricamente), fuera ya de Grecia y Japón. En Egipto también existían mitos que explicaban cómo comer en el inframundo suponía no poder regresar a la vida. Pero, curiosamente, dichos mitos existen también en Papúa Nueva Guinea, Nueva Zelanda, etc.
Sobre la prohibición de mirar a la amada, tanto en el caso de Izanami como en el de Eurídice, se puede decir que la mirada es una barrera entre el individuo y su entorno. Al mirar lo prohibido, se atenta con un individuo en concreto (por eso Izanami se ve cubierta de vergüenza), pero también se rompe una barrera que nunca se hubo de romper (por ello, Orfeo pierde a Eurídice, a quien le iban a entregar).

* Consecuencias:
Por diferentes causas (muerte o matrimonio), ambas diosas, Izanami y Perséfone, acaban convertidas en diosas de los infiernos.
Se vuelve a la normalidad tras haberse realizado con éxito la búsqueda. Aunque no se pueda hacer regresar a la persona amada, se ha conseguido encontrarla. En el caso japonés, se vuelve a la normalidad porque ahora Izanagi retoma sus actividades como creador (crea varios dioses más, entre ellos Amaterasu, Tsukuyomi y Susanô, los tres dioses principales), que habían quedado interrumpidas cuando murió Izanami. En el caso griego, se vuelve a la normalidad cuando la diosa Rea convence a Deméter de que haga de nuevo productiva la tierra.

* El nacimiento de vida:
Debido a la desaparición de un dios, el mundo ha quedado en un estado anormal. Tanto la desaparición de Izanami como la de Perséfone son verdaderas tragedias, al llegar a tocar el desorden la tarea de la creación y la productividad de la tierra, origen de vida.
Sin lugar a dudas, el mito del rapto de Perséfone se ha identificado con la creación de las estaciones y con la forma en que renace la vida. Al volver la situación a la normalidad, la tierra vuelve a dar sus frutos. Pero, es más: Perséfone ha permanecido un tiempo escondida bajo tierra y, llegado el momento, se reúne con su madre y brota la vegetación. Anualmente se vuelve a producir este hecho. No es sólo Perséfone una especie de personificación de la semilla, sino también la diosa del infierno, asociada con la muerte pero a la vez con la vida, porque son conceptos que no se pueden disociar. En este sentido, es fácil asumir que oscuridad también tiene que ver con ese estado germinal bajo tierra que antes mencionaba.
Izanami pasa de ser la madre creadora a la diosa del infierno, y su ansia se convierte en devorar y destruir aquello que tiene ante sus ojos: primero Izanagi, contra quien envía todo tipo de monstruos, y después los humanos, a quienes matará diariamente de mil en mil. Izanagi le replica que posibilitará que nazcan mil quinientos humanos al día: de nuevo, la vida va unida a la muerte y viceversa. El estado germinal de la oscuridad se puede asociar a conceptos orientales como el caos primigenio, la vuelta a la madre (en este caso, Izanami).
Ambos mitos explican una verdad existencial: la relación entre la vida y la muerte, en el caso japonés, y el ritmo de las estaciones, en el griego. En última instancia, con el nacimiento y la fertilidad.
Apoyando estas ideas sobre la fertilidad estaría el simbolismo de las frutas, pues las frutas suelen simbolizar la fertilidad.
En el caso de la granada, que es el fruto que come Perséfone en el Hades, es del color de la sangre, de la vida, y tiene múltiples frutos en su interior (multiplicación, productividad). Precisamente lo que la ata al Hades es una fuente de vida: porque Perséfone es vida, quizá, la otra vida.
En el caso de Kojiki, aparecen los melocotones. Lo que es más importante, aparecen dentro de Yomikuni. Tanto los melocotones como las uvas fueron frutas introducidas de China. En China, los melocotones son símbolo de inmortalidad. En Kojiki, Izanagi habla de los melocotones como la que será fruta divina, pues salvará a los humanos en época de carestía. Así pues, Izanagi, tras volver de Yomikuni, se convierte en padre creador (él solo engendra a los tres dioses principales) y da una solución a la muerte para los humanos: los nuevos nacimientos, que podrían interpretarse como la inmortalidad del género humano.



Conclusión

El mito escrito en Kojiki en 712 está muy lejos de los mitos griegos estudiados, no sólo territorialmente. Los “Himnos Homéricos” son de la segunda mitad del siglo VII a.C., y el mito de Orfeo y Eurídice es de la segunda mitad del siglo I a.C. (Virgilio) y de principios del siglo I d.C. (Ovidio).
Hay pruebas de que la cultura griega llegó a Japón. El contacto más antiguo que pudo haber es el de las esculturas búdicas de estilo semi-griego que pasaron a China en el siglo IV a.C. Con la influencia china pudo introducirse, aunque muy tamizada, la griega.
Desde otro punto de vista, es cierto que las culturas de lo que conocemos como Oriente Próximo tenían mitos muy semejantes a los de Izanami / Perséfone y la experiencia de Izanagi / Deméter en el más allá. Ya los sumerios, en el milenio III a.C., hicieron visitar el averno a su diosa Inanna para explicar el ritmo de la vegetación. Igualmente, los babilonios, en el siglo VII a.C., introdujeron a la diosa de la fecundidad Ishtar en el averno para buscar a su amado, el dios de la vegetación. Si la religión babilónica influyó en el Mediterráneo y se extendió hacia oriente, ¿no pudo recogerse de algún modo la tradición de este mito? Sin duda, llegaría muy transformada a Japón, pero recogería coincidencias espectaculares tratándose de lugares tan lejanos.
Hasta el momento, no se puede probar que los puntos de conexión tan parecidos entre ambas mitologías, al menos en lo que a estos mitos tratados se refiere, se deban a una influencia real y no a una casualidad.
Sea como fuere, no se puede negar que el mito, escrito como histórico (en Japón) o reelaborado y válido en todas sus versiones (en Grecia), a veces resuelve un mismo problema con una explicación sorprendentemente parecida.






La foto del rapto de Perséfone la tomé yo misma en Florencia.



Notas

1 Mª Dolores Castro Jiménez, El mito de Prosérpina: fuentes grecolatinas y pervivencia en la literatura española”, Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 1993.
2 Traducción propia de Basil Hall Chamberlain, The Kojiki: Record of Ancient Matters, Singapur: Charles E. Tuttle Company (1981), pág.33.
3 Traducción propia de Basil Hall Chamberlain, The Kojiki: Record of Ancient Matters, Singapur: Charles E. Tuttle Company (1981), pág.39.
4 En José B. Torres (editor), Himnos Homéricos (Himno II: a Deméter), Madrid: Cátedra, 2005, pág. 105 - 106.
5 Realmente, en su obra son Ceres y Júpiter. Por no hacer la lectura del trabajo más complicada, he optado por utilizar también en los casos de escritores latinos los nombres griegos.
6 En Nelly Naumann, Antiguos mitos japoneses, Barcelona: Herder, 1999.

Bibliografía

Claudio Claudiano, Le rapt de Proserpine, Paris: Les Belles Lettres, 1991.
Elisabeth Frenzel, Diccionario de motivos de la literatura universal (visita al averno), Madrid: Gredos, 1980.
Françoise Létoublon (coordinadora), Le mythe d’Orphée dans les métamorphoses d’Ovide, Paris: Adapt Éditions, 2001.
Hans Biedermann, Diccionario de símbolos, Barcelona: Paidós, 1989.
Jinnichi Konishi, A History of the Japanese Literature, New Jersey: Princeton University Press, 1984.
José B. Torres (editor), Himnos Homéricos (Himno II: a Deméter), Madrid: Cátedra, 2005.
Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, Madrid: Siruela, 1997.
Mª Dolores Castro Jiménez, El mito de Prosérpina: fuentes grecolatinas y pervivencia en la literatura española, Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 1993.
Nelly Naumann, Antiguos mitos japoneses, Barcelona: Herder, 1999.
Ovidio, Metamorfosis (Libro V: El rapto de Proserpina; Libro X: Orfeo y Eurídice), Madrid: Alianza Editorial, 2002.
Robert Graves, Mitos griegos (Los dioses del mundo subterráneo), Madrid: Alianza Editorial, 1985.
Timothy Gantz, Early Greek Myth: a guide to literary and artistic sources, U.S.A.: The John’s Hopkins University Press, 1993.
Virgilio, Geórgicas (Libro IV: el episodio de Aristeo), Madrid: Cátedra, 1994.
Basil Hall Chamberlain, The Kojiki: Record of Ancient Matters, Singapur: Charles E. Tuttle Company (1981)
Pilar González Serrano, “Catábasis y resurrección”, Espacio, Tiempo y Forma, Historia Antigua Serie II, Madrid (1999), pág. 129 - 179.

martes, 23 de octubre de 2007

Historias de Madrí 1. Recuerdos en papel

Martes 23 de octubre a las 23.43h., escuchando “Kaboom!”, de la B.S.O. de “Anatomía de Grey”

Así solía empezar cada vez que escribía en mi diario de adolescente y post-adolescente (cursiva incluida):
1. Día de la semana
2. Día del mes

3. Mes
4. Hora y minutos
5. Canción, autor y disco (aunque desconozco el autor en este caso)

Después no me andaba con rodeos y nunca empezaba con “Hoy…”


Estaba yo en la estación de tren de Nuevos Ministerios, como todas las tardes, pero hoy enfrascada en una novela, no en el periódico gratuito de gratuitos sucesos y no tan gratuitos escarceos de famosos.

De repente, he sentido que tenía de nuevo 19 años y me encontraba en el segundo semestre de mi primera carrera. Concretamente, en la asignatura de Inglés II. Las uni-mesas para cinco o siete alumnos, dependiendo del lado del pasillo, y las sillas plegables en las que fácilmente te enganchabas las medias y te hacías el carrerón de la semana. Y las cuatro tontas de siempre a las 20.30h. en clase, escuchando cassettes una y otra vez…

The next train to Seville departs at half past ten”. Esto, por supuesto, a modo de memoria “inventiva”, ya que no recuerdo lo que decían aquellos diálogos. Pero siempre eran diálogos “espontáneos” en aeropuertos o grabaciones de (otras) grabaciones que se difundían a través de los altavoces de alguna estación.
Estaba yo en la estación de Nuevos Ministerios, como todas las tardes, y, como muchas de ellas, he oído un anuncio por megafonía. Después de oírlo, lo he escuchado y, finalmente, no lo he entendido. Me consta que sorda no soy y que no tengo déficit de concentración… Es que así es la infraestructura ferroviaria, que no se limita sólo a las vías, las catenarias o los trenes mismos.
Sólo he entendido las siguientes palabras: “Colmenar” y “Alcobendas”. No he podido reprimir una sonrisa de las que dejan ver los dientes y soltar un leve bufido, como cuando algo te hace gracia pero no lo quieres admitir. Sólo que a mí sí me hacía gracia, y mucha, comprender de pronto por qué en la carrera no era capaz de descifrar los listenings de aeropuerto…

Y la aventura ha acabado en Chamartín.

Porque en el tren en el que he subido sí que funcionaban los altavoces (no en todos funcionan). Asientos de plástico, cáscaras de pipa en el suelo y caras de cabreo de los que quieren regresar a sus casas.
En Chamartín nos hemos apeado todos, donde la multitud esperaba a que las pantallas del andén diesen algún tipo de información más allá de “tren sin servicio”.
Arriba no había mucha más información que abajo, ya que en estas pantallas ni siquiera aparecía el anuncio de “sin servicio”. Me imagino a la pobre gente que habrá bajado corriendo desesperada por coger el tren que seguía parado y con las luces apagadas en la vía 11.

Ponerse una determinada música a la hora de plantarse frente al diario no es casual. Tiene el claro objetivo de hacer énfasis en el tipo de día que tenemos: si nos hemos levantado con el pie derecho o el izquierdo, si había zumo en la nevera antes de ir al trabajo, si nos hemos encontrado un billete de 5€ al volver del tren o si hemos pisado una caca de perro (¡quizá cuidadosamente envuelta en papel de origami!).
Pero ahora no sufro mucho la indecisión de poner un CD u otro. Porque apenas escribo en mi diario, quizás un par de veces al año.
Anatomía de Grey” es deprimente, nostálgico y romántico. Especialmente aconsejado para días en los que, al salir del trabajo, una se pregunta por qué sus dibujos quedan tan falsos al remarcar los contornos con lápiz 2HB cuando una cartulina gris de cole es el fondo sobre el que un niño pequeño ha pegado recortes de periódico. Los edificios de la calle se alzan, grises, sobre un cielo gris. La ciudad clama a gritos por la lluvia que no llega y las colillas que no se recogen del suelo claman por ser arrastradas hasta la alcantarilla que, junto al paso de cebra, se anega cada vez que llega el 23 de octubre.

Qué ganas de envolverme en una manta (en nuestra manta de patchwork, tan suave y cálida y que tanto me ha gustado) y que me traigas castañas de algún puesto de la calle.

También el cielo gris, quizá en papel pinocho, sirve de telón a la estación de Chamartín, ya bastante deslucida y tétrica. Al bajar las escaleras no-mecánicas, aquellas que a veces uno olvida que existen, he podido ver, como en las estaciones de metro cada mañana, que parecen perfectamente cinceladas cuando, al pisarlas, la bota se resbala en el irregular borde antideslizante. Pisadas por miles de pies. Rodadas por miles de carros.
Un mendigo negro vocifera improperios con el mismo timbre que Jesús Bonilla. Y baja las mismas escaleras, hasta la esquina con Rodríguez Jaén.
Agradezco mucho que se haya estropeado el sistema de señalización entre Chamartín y Cantoblanco.
He podido recorrer las mismas calles que cuando recorría el camino desde la oficina de Correos de Chamartín y la oficina de la calle Enrique Larreta en la que realizaba las (bien remuneradas pero estúpidas) prácticas de la carrera. Aquellas prácticas para las que poco sirvió Inglés II. Sólo que ahora me confortaba el frío que pelaba mis dedos mientras pasaba las páginas del libro y no corría para esconder mis hombros desnudos del sol abrasador de julio.
Allí, entre las piernas del Enorme Gigante de Cristal, he cruzado la calle, he visto cómo un hombre vestido de traje se afanaba por dejar atado un plumas a una farola y he corrido hacia el autobús. Pero aún no salía. Eran todo graznidos a mi alrededor. Los coches ronronean, pero los autobuses no.


Nueva regresión. Esta vez, al año 1998, al Mundial de Francia y a mis lecturas de verano durante mi intercambio. Aquellas lecturas que me marcaron como las películas que ves de adolescente te marcan; como aquellas amigas que se esfuman en el humo de una discoteca y nunca olvidas; como aquellos chicos que te desprecian y a los que no puedes abandonar…
Por eso he arrancado al fin. He escrito algo al estilo que antes escribía. Anotando ideas en un documento de Word, grabando en mi cabeza expresiones que algún día tendría que utilizar en algún texto y escupiendo ideas inconexas.
Porque uno no puede renegar de aquello que le marca. Porque uno no puede despreciar aquello que apreció y, muy a su pesar, sigue apreciando. A pesar de las críticas vertidas durante años. A pesar de la bilis tragada.
En 2º de BUP escribí mi primera y única novela. Sólo diré “Shanghai Baby”. No tiene nada que ver. O quizá sí. O quizá es cierto que dos personas alejadas en tiempo, espacio e idioma puedan tener una misma idea. ¿Por qué no? Todos somos humanos y más parecidos que lo que nuestro egoísmo nos deja admitir. Todos sentimos lo mismo. A todos se nos plantean las mismas situaciones.
Un curso escribiendo en mi Word Perfect, con letra courier y sobre pantalla azul. Un curso revisando, corrigiendo.
Y, tras el verano en Francia y mis lecturas reveladoras, 3º y las primeras lecturas, entre un club selecto que incluía a algunas amigas, mi madre y mi profesor de literatura, de mi primera y única novela.
Imposible renegar de ella. Imposible renegar de lo que una es, de lo que una siente. De lo que una vierte sobre el papel cobijándose en la falacia de la ficción… y esperar ser encontrada por los que no te ven de rodillas en un charco...

En “Gramática de la fantasía”, de Gianni Rodari, se habla de fórmulas que ayudan a inventar historias. ¿Quién no ha jugado a “en el baúl de mi abuela”?
En 5º de EGB tuve una profesora y tutora maravillosa que nos enseñó a cantar, a portarnos bien en un albergue, a hacer conferencias ante toda la clase (yo elegí Botánica para mi conferencia) y a crear historias a partir de cinco palabras dadas. Ni qué decir tiene que lo último me encantaba.
Creo que fue también en el verano de 5º cuando escribí mi primer cuento y cuando mi padre me animó a preguntarle a mi abuela por su vida. Aún debo de tener aquellos apuntes guardados para un futuro relato que dudo que, por privado, jamás pueda escribir.
Pues hoy mismo he encontrado una fórmula para inventar historias. Igual de infantil pero mucho más enrevesada: Pasapalabra. ¿Por qué no escribir un relato con las veintiséis palabras del rosco? Sin duda, tremendamente difícil o… ¿desafiante? Pongamos sólo cinco definiciones:
1. Con la J: escritor onubense autor de “Platero y yo
2. Con la E: acción de desprenderse de los cuerpos las sustancias volátiles
3. Con la F: método de curación de las enfermedades por la acción de la luz
4. Con la O: más largo que ancho
5. Contiene la X: dícese de las sustancias venenosas

¿Y quién no te dice a ti que el día de mañana acabe resolviendo un misterio gracias a mi cualidad y calidad de observadora? Por ahora me basta con saber qué has comido o quién ha venido a casa nada más echar un vistazo al entrar por la puerta. Como en esa serie nueva de la tele que tan poco me gustó.
Uno de los misterios de mi barrio es qué mueve a la señora que, tras pasear a su lindo chuchito atado, dejar que cague en el justo medio de la calle y envolver la caquita o cacota en la bolsita negra de plástico, la deja en el sitio que el can la plantó. Resolver el misterio no nos sacará de pobres pero me dejará más tranquila en cuanto a lo que respecta al equilibrio mental de la señora. O, quién sabe, si algunos canales de televisión siguen degradando, quizá alguno de ellos comience con la siguiente frase: “Hoy tenemos una noticia importante que darles. Una vecina de la localidad X que quiere mantener en secreto su identidad ha descubierto una enzima que hace que algunos dueños de lindos chuchitos dejen las caquitas y cacotas, bien envueltas, eso sí, en el justo medio de la calle”.
Horatia, me llaman. Y Escatológica.





Abrir la puerta y encontrar un ramo de flores (con pomponcitos blancos), una tarjeta en forma de cabeza de vaquita hecha con terciopelo y una caja de Donuts y otra de Ferrero Rocher (“Isabelo, con Ferrero me has conquistado realmente”). Y echarse a llorar sobre el suelo de cartulina gris, como la lluvia que no cae. Porque con el invierno siempre acaba la astenia primaveral que me deprime. Porque con el 23 de octubre empieza un nuevo ciclo.

Gracias, amiga, por ese regalo que creí que no me iba a gustar.
Gracias por recordarme que tuve 16 años, que hubo lecturas que me marcaron. Que hubo películas que nos marcaron, amigas que se esfumaron en el humo de una discoteca y nunca olvidamos, chicos que nos despreciaron y a los que no creíamos poder abandonar y acabamos abandonando.
Gracias a mi amiga, gracias a mi familia y gracias a mi particular gatito Isabelo. ¡Os quiero!

domingo, 30 de septiembre de 2007



Agosto en Estambul

Me gusta intercalar los temas, pero, más que nunca, me apetecía colgar fotos.
Una vez montadas, me doy cuenta de que el síndrome post-vacacional está en mi subconsciente. No lo sabía hasta ahora, pero quiero vacaciones de nuevo. Quizá porque hoy ha amanecido el día gris y plomizo y en los balcones de enfrente no veo más que trastos viejos, jaulas sin pájaros y plantas secas.

Uno de los temas de este blog iba a ser mis viajes.
Pero se me ha ocurrido uno mejor: las ciudades más bonitas que he visto.
Kamakura puede ser una de ellas, pero no habría sido prioridad de no ser porque me apetecía hablar del Gran Buda y el yabusame.

Y, bueno, ¿por dónde empezar?
He visto muchas ciudades bonitas en España, pero no puedo elaborar un ranking. Por eso, me parecía un poco feo empezar con una ciudad española. Parecería que dejo a las demás en segundo lugar.
Mejor empezar por una ciudad extranjera y, sin duda, de entre las ciudades extranjeras, la que ocupa el número 1 (aunque muy reñido con Florencia) es Estambul.

No sabría explicar qué es lo que la ha situado en lo más alto de mi ranking…
Tendría que crear unos de esos modelos turísticos que aprendí a crear durante la carrera para evaluar el destino, pero no estoy por la labor. Además, los modelos turísticos son tan fríamente objetivos que diferirían de la opinión de la mayoría en muchos casos.
Hay turistas que visitan la ciudad como turistas y otros que la visitan como turistas y personas.
Una ciudad o un país pueden ser muy aptos para el turismo y el mismo infierno para sus habitantes. Y al revés. Una ciudad puede ser un lugar estupendo para vivir pero no para ir de visita (aunque esto es más raro; pensemos en un lugar cuyo transporte público o nivel de seguridad no fuesen aptos para el turismo: difícilmente serían aceptables para sus habitantes).
Por ejemplo, la oferta hotelera o los campos de golf pueden ser maravillosos (véase la Costa del Sol), pero ese modelo puede ser un destino 10 para un turista adinerado o para turistas a los que les guste el deporte (vela, motos acuáticas, etc.).

En lo que creo que es ya la enésima repetición de la frase en mi blog, lo volveré a decir: “como soy una vaga redomada…”.
Sí, como soy una vaga redomada, a mí los destinos 10 deportivos (esquí, natación, senderismo, alpinismo…) se me suelen quedar en un 4, por eso de ver paisajes bonitos, o en un 5 si se trata de lugares destacados como Parques Naturales en los que te guía una persona que sabe de lo que habla (como cuando estuve en el Parque Nacional del Teide o en el Parque Nacional de Garajonay, en La Gomera).
Pero, como no me gusta nada la playa y la piscina no demasiado, adiós al sol y playa (calificación nunca superior al 3) y a los resorts (estos no llegan al 2, pero ya no por la piscina, sino por la impresión de estar enjaulada y con la pulserita de colores en la patita, como las palomas).




Y, centrándome ya un poco más, llegamos a Estambul.
Después de vivir el estrés lógico de buscar un viaje que te dicen que es imposible (Turquía durante la Fórmula 1 de 2005) y encontrarlo, que eso es lo importante, desembarcamos en el aeropuerto Atatürk y vimos la foto de Fernando Alonso en todas las marquesinas…

Después de barajar Túnez, que olía un poco a resort y sol y playa, y de ojear los catálogos de Azerbaijan con la carita triste de quien no tiene dinero suficiente, finalmente lo conseguimos.

Antes de saborear realmente Estambul, hicimos una ruta por Capadocia.
Nada, tan sólo 677km. en autobús desde Estambul.

De camino, pasamos por el lago Tuz, más conocido como “el lago salado”. Se trata del segundo lago más grande de Turquía y del primer lago salado más grande del mundo. Según he leído, la capa de sal que se forma en verano a causa de la evaporación tiene un espesor de unos 30cm. Si se escarba en la superficie, acaba saliendo algo de humedad. Me llamó la atención ver una araña andando por allí. ¡Siempre hay alguien que se las ingenia para vivir en los sitios más inhóspitos!




Al ver los itinerarios de los viajes, tuvimos que elegir entre el Egeo o la Anatolia central (Capadocia), porque no había viajes que cubrieran todo en un país tan grande y sin coger vuelos internos (ya el precio subía bastante).
Y no decepcionó, en absoluto. Fue increíble.

Visitamos el Valle de Dervent, la fortaleza de Uçhisar, el pueblo de Ürgüp, el Museo de Göreme…
En el Valle de Dervent escalé hasta una cueva con “ventanita” al paisaje. La verdad es que creí que no iba a poder, pero pude. Lo que no fue tan fácil fue bajar sin matarse. Ahora entiendo a los pobres gatitos que se suben a los árboles y luego se tiran horas llorando porque no saben cómo bajar… Bueno, no bajé rodando, pero sí un poco de culo (literalmente).

En la foto de abajo, la fortaleza de Uçhisar.
A su derecha, las famosas “chimeneas de hadas”, que estaban en Pasabag. La verdad es que fue muy agradable pasear por allí, en medio de un viñedo.




Lo que sí fue impresionante de verdad fue el Museo al aire libre de Göreme.
Se trata de un recinto que, a simple vista, parece un paisaje volcánico como los demás, impresionante, pero tan impresionante como todo lo que nos mostraron de Capadocia.
Sin embargo, al acercarse más, uno se da cuenta de que todas esas excavaciones en la roca guardan algo más que las casas de los lugareños (como pudimos comprobar en otras zonas durante el viaje).
Al parecer, lo que es hoy el museo fue en su día habitado por una comunidad monástica que se dedicó a hacer iglesias en el interior de las rocas. La de la foto es una de tantas de ellas. Había infinidad de ellas. Es más, había también una catedral excavada bajo tierra, pero de ésta no tengo buenas fotos debido a la oscuridad y la prohibición de fotografiar con flash para no estropear los frescos.




También visitamos una ciudad subterránea, pero lo importante de esto fue la explicación, no las imágenes, que más parecen una cueva desnuda que otra cosa.


Y, a la vuelta, visitamos el Museo de las Civilizaciones de Ankara.

En Estambul sólo pasamos un fin de semana.
Por esta calle entramos desde el aeropuerto y a la vuelta de Capadocia a la calle del hotel (del que no pondré fotos porque era bastante cutre).




Sobra decir que estábamos muertos después de quince horas de autobús (eso sí, amenizadas por radio con un partido de fútbol en turco).

Después de las recomendaciones sobre “qué barrios no visitar” o “cómo regatear en el bazar”, nos fuimos a dormir dispuestos a recorrer la ciudad de punta a punta al día siguiente. Imposible, por supuesto.

La primera mañana la pasamos metidos en el Gran Bazar. La verdad es que fue divertido lo de regatear pero, salvo que se tratara de cosas que en España no hay o cosas que sí hay pero de las que se vende la imitación, no merece mucho la pena el esfuerzo. A mí, desde luego, me parecía agotador lo de regatear… Y, más, con la certeza de que siempre pagabas lo que el vendedor quería y no lo que querías tú, aunque eso fuese lo que te gustaría pensar…
El Gran Bazar me pareció un centro comercial camuflado. De hecho, muchas tiendas tenían cierres plegables de hierro y escaparates de cristal, como cualquier tienda.


Sin embargo, el Bazar de las Especias me gustó muchísimo. Había menos turistas y ¡¡¡era el doble de agobiante!!! Pero el olor, los colores de las especias y del té, los pañuelos de las mujeres, los gritos de los vendedores (en castellano, catalán o euskera, eso les era indiferente… ¡pero cómo nos identificaban con dos palabras y dos gestos antes de desechar el inglés!)…
Allí compramos kilos de delicias turcas y de lo que llamaban “viagra turca”, que realmente era un dulce de azúcar sumamente concentrado y hecho hebras del tamaño de los fideos de sopa. Todo estaba buenísimo.




Cuando nos decidimos por una tienda, el vendedor nos sacó sillas y nos sirvió té (mira que nos advirtieron que no tomásemos agua del grifo, pero se ve que algunos no sabían con qué hacían el té y así de malitos se pusieron, ejem…). Té (“çai”) turco o de manzana. Del de manzana nos llevamos bastante y también té “del amor”, de un profundo color rojo y hecho a base de té, regaliz, rosas y otras plantas. Y, como decía, nos hartamos de delicias turcas. No, no al salir de la tienda, sino mientras pedíamos. No nos dejaban descansar y nos traían de todo; cualquier variedad que señaláramos para decirnos “eso no estará mal” o “qué color tan original” nos lo traían enseguida para que lo probáramos.
También compré un juego de vasos con un cristal que, como me demostró el vendedor “a porrazo limpio” contra el suelo, deben de ser irrompibles.

Cómo no, visitamos también la Mezquita Azul y Santa Sofía (en la foto).
También vimos el Palacio de Topkapi y la Basílica Cisterna.
Advierto que los artículos de Wikipedia sobre estos cuatro monumentos, salvo el de Santa Sofía, no merecen demasiado la pena. Es mejor visitar la página de "All about Turkey", del guía Burak Sansal.




Y la siguiente foto es de la Mezquita de Soleimán el Magnífico.




Se puede ver a varias personas purificándose con agua antes de entrar en la mezquita.
Para entrar a la misma, es necesario descalzarse, no vestir con falda o pantalón corto y llevar los hombros cubiertos. A la entrada hay baldas para dejar los zapatos y recogerlos a la salida. También hay pañuelos por si alguna turista no sabe que no puede ir en tirantes, para que pueda visitar la mezquita sin problema. Yo, debido a que nos informaron en la Embajada de Turquía que era mejor que siempre llevara pantalón largo y un pañuelo en el bolso, así fui de preparada. Luego vi que, junto a las mujeres que llevaban burka (visitantes de los países fronterizos, en su mayor parte), también había chicas turcas (no sólo extranjeras) con falda corta. Por supuesto, no para ir a la mezquita, pero sí por la calle.
En la foto aparecen el interior de la mezquita, con una iluminación maravillosa, y una parte más oscura destinada a las mujeres que van a rezar. Hombres y mujeres no pueden mezclarse durante la oración para que los hombres no se distraigan.


Y, ahora, unas cuantas fotos al azar para representar aquello que me gustó de Estambul: la gente, el atardecer, el tráfico, los vendedores ambulantes, las noches naranjas y la llamada del almuédano, el pacto del precio con los taxistas, la turka-cola, el tranvía, el té de manzana, el auténtico döner kebap, los derviches danzantes, las luces de neón, “la gran vía” istambulense (gentilicio inventado por mí, si no buscad el auténtico… ¡es horrible!), el muelle de Üsküdar, los baños turcos y los masajes exfoliantes, las cachimbas…





Barrio de Taksim denoche. Me habría gustado incluir las fotos que tomé en Tophane, cuando nos fuimos a la típica terracita (¡sí, un barrio lleno de barecitos con terrazas!) a tomar té y fumar cachimbas (todo ello amenizado, como buena noche de domingo, con un partido televisado de la liga nacional). Desgraciadamente, ninguna salió demasiado bien.




Algunas vistas de la Estambul europea. Los minaretes siempre de fondo, los taxis, el mar que enmarcaba casi todas las fotos, las tiendas de las grandes cadenas...








Y otras vistas de la Estambul asiática. Se ve el puente que une Europa y Asia y el barco en el que cruzamos. En el momento de subir, una auténtica marea humana corría hacia el barco... También había barquichuelas que te llevaban al otro lado por un módico precio pero, si ya me daba bastante impresión el barco en el que fuimos, con asientos de madera y salvavidas de antes del Titanic, no podía ni planteármelo...