miércoles, 26 de octubre de 2016

Restaurar: ¿hacer nuevo o acentuar lo viejo?

Un día cualquiera, mientras intentas echar la siesta, recibes una llamada de tu chico que está yendo ya camino al trabajo. Te preguntas: ¿qué se le habrá olvidado? ¿le habrá pasado algo con la moto?
Pero, no, no es eso. Te sorprende con un: "No sabes lo que han dejado los vecinos al lado del contenedor. Una silla de las que tanto te gustan, parecida a las de nuestro salón. Baja corriendo antes de que se la lleve otro. ¡Seguro que se te ocurre qué hacer con ella!"
Y tú, que siempre has aborrecido eso de recoger las cosas del contenedor pero que llegaste a leer un artículo sobre el tema en una revista de decoración, le has empezado a coger el gusto al tema... No se trata de recoger porquerías o cosas totalmente desahuciadas, pero a veces la gente deja las cosas ahí (y no dentro) precisamente porque saben que esos objetos y muebles pueden tener perfectamente una segunda vida en otra casa.

Eso es lo que ocurría con la silla de estilo Tapiovaara que había dejado en la calle algún vecino. Obviamente no era una silla de diseño, pero estaba inspirada en ese estilo nórdico que tanto me gusta y que, para un toque en casa, me parece todo un detalle. Al mismo tiempo, el encolado seguía siendo perfecto y el peso de la silla denotaba una calidad nada desdeñable. Así que a casa se vino, si bien no sabía qué iba a hacer con ella ni dónde ponerla.

La silla estaba muy rozada en las patas y en el respaldo. Además, el asiento, lo que peor se veía, estaba en algunas zonas cuarteado. Es decir, que para pintarla habría que lijar sí o sí, y bastante cansada acabé de lija ya con la mecedora infantil.
Aparte de ser la salida fácil (soy experta en eso), ya que no me apetecía mucho pintar y habría supuesto mucho trabajo, me acordé de la técnica japonesa de arreglar los objetos con oro: el 金継ぎ (kintsugi). Se trata de una técnica por la que no se intenta tapar o disimular aquello que pudiera parecer roto o viejo, sino precisamente de acentuar de un modo bello lo que el paso del tiempo deja en todas las cosas. Es también de lo que hablaba Tanizaki en su ensayo "El elogio de la sombra" que tanto me gustó. Es decir: cuando algo tiene historia, cuando algo nos permite ver su pasado a través de sus muescas o sus vetas, ¿es necesario disfrazarlo de color y fantasía para que parezca recién sacado de fábrica? A veces no lo es en absoluto. A veces, aquello que es imperfecto es bello.

Con mi material de décopatch (barniz-cola, brocha, papel de décopatch, agua para limpiar de vez en cuando la brocha y un paño), me puse manos a la obra. No fue difícil encontrar un papel blanco con vetas doradas para que, por un lado, el blanco no cubriese totalmente los defectos de la madera y, por otro, para que el dorado hiciese un poco el juego de (salvando las diferencias) el kintsugi.


 Cortando el papel en pequeños trozos o incluso tapando grandes áreas con trozos más grandes, lo más complicado fue rasgar el papel para conseguir líneas más o menos gruesas que se fuesen estrechando al final y que permitiesen tapar las grietas de una forma natural. Esto es lo que mejor funcionó en el asiento de la silla.


Como en otras entradas he explicado, tan sólo hay que mojar la brocha en el barniz-cola, aplicarlo sobre la superficie que se va a cubrir, colocar el pedacito de papel y volver a tapar con otra capa de barniz-cola. No hace falta ser muy exagerado con la cantidad y, aunque el papel es difícil que se empape hasta el punto de romperse, sería un desperdicio utilizar un producto que no es necesario. Tan sólo hay que asegurarse que debajo del papel en toda la superficie hay producto para que no se formen las indeseables burbujas.
Una vez pegados todos los papelitos que se quiera, ya que en este caso no se trataba de tapar toda la superficie sino de marcar aún más las imperfecciones del mueble, tan sólo hay que dejar el producto secar. Si es verano bastarán tan sólo unas horas para que el producto esté seco. Esto es interesante a la hora de aplicar más papeles o pintar algo encima si así se desea. Si lo que se quiere es utilizar el mueble, aconsejo dejarlo bastante tiempo secando. Es también bastante difícil que se desprenda el papel, pero es cierto que el barniz-cola queda pegajoso durante un tiempo. Existe un líquido vitrificador que deja la superficie totalmente igualada y se puede hasta mojar el objeto sobre el que se ha hecho décopatch, pero yo de momento no lo he utilizado ni lo he necesitado.


Después de terminar la silla (un trabajo que me llevó unas tres o cuatro horas en total), quedaba la cuestión de dónde colocarla. Me gustan los espacios abiertos, las paredes sin cuadros y sin mucho artificio y, la verdad, nuestra casa ya estaba prácticamente terminada en cuanto a decoración se refiere. Así que, por casualidad, la coloqué en la cocina. Había otro hueco en el recibidor, pero en el futuro lo necesitaríamos para el carrito de la bebé, así que allí fue a parar mientras no tenía lugar ni función. Con el tiempo, se ha demostrado el sitio perfecto para dar charla a quien cocina y, no hay duda: va muy bien con el aire semi vintage y semi industrial de nuestra cocina.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Renovar los cojines

A veces, comprar determinados productos con unas imágenes que nos encantan encarece mucho el precio de aquello que compramos. Ya no se trata de la calidad de la tela o de la calidad de impresión sino, simple y llanamente, de que aquello que pintamos pueda estar de moda.

Se nos estropearon los cojines del salón y queríamos comprar algo nuevo. Como ya teníamos los rellenos y sólo queríamos cambiar las fundas, nos volvimos locos mirando en internet. El catálogo es extremadamente amplio. Pero no nos poníamos de acuerdo con lo que queríamos. Yo no quería meter ningún elemento figurativo, ya que en casa tenemos varios cuadros con muñecos, animales, dibujos, etc. Y, especialmente, en la zona del sofá, es donde más se concentran esos motivos. Pero él no quería tampoco estampados tribales ni geométricos que, ahora, la verdad, están muy de moda.

¿Y qué es lo más sencillo (y, además, ¡lo más económico!) cuando no encuentras nada que te guste en el mercado? Pues hacértelo tú mismo: DIY al poder.
Como otra de las discusiones del hogar era "el poco friquismo que rezumaba" (lo entrecomillo porque no comparto en absoluto esa afirmación), se me ocurrió hacer un guiño en los cojines. No creo que muchos de los que los vean sepan lo que es pero, para mi marido, es una fricada porque se trata del emblema de Gondor y, para mí, aunque es hasta cierto punto figurativo, también se trata de un dibujo esquemático y mucho menos rimbombante que un dibujo muy realista y recargado.

Así que, como otras veces, acudí a mis pinturas para textil de Setacolor. Hasta el momento esta pintura me ha dado estupendos resultados en ropa y calzado. Es cierto que el calzado, al estar más en contacto con suciedad, barro, etc., sí que pierde algo de brillo. Pero no así  la ropa, que ha aguantado muy bien los lavados.
Cómo no, la aplicación en textil del hogar es también muy sencilla, puesto que se trata de un material liso y, en el caso de mis cojines de lino, al ser un material bastante grueso la aplicación fue especialmente fácil.

Los pasos son los siguientes:

1. Elegir el dibujo y recortarlo a modo de plantilla.
2. Utilizar un lápiz o una pintura de fácil borrado para marcar los bordes que después se recortarán. Supongo que lo ideal sería el jaboncillo que utilizan en costura para los patrones pero, como no lo tengo, utilicé pasteles.
3. Colocar un cartón debajo de la superficie que se va a pintar. Ya no sólo por proteger la mesa sino, sobre todo, para que la pintura no traspase y no cale la superficie que no se quiere pintar.
4. Rellenar los contornos esbozados con la pintura permanente para textil.
5. Dejar secar al menos 24 hrs. Si el ambiente es húmedo y se ha aplicado mucha pintura, podría ser recomendable dejarlo bastante más tiempo.
6. Colocar un paño sobre la superficie pintada y pasar una plancha por encima para fijar la pintura.
7. Borrar con un paño húmedo los restos de jaboncillo / pastel que hayan quedado a la vista después de pintar la decoración.
8. Quitar el cartón.
9. Lavar, secar y colocar el relleno.



Veo este método, incluso con cinta de carrocero, muy inspirador a la hora de crear motivos geométricos que, como decía, ahora están muy de moda. Precisamente porque se llevan, estos cojines suelen ser bastante caros (aunque, por supuesto, Ikea también nos hace la vida más asequible) y, al mismo tiempo, cuando su precio haya bajado, probablemente ya los veamos un poco "pasados".


En casa estamos encantados con el resultado. Y, curiosamente, han sido renombrados por nuestra hija como "los cojines de Frozen" en lugar de Gondor. Discútele tú la denominación...

martes, 23 de agosto de 2016

Manualidades con niños

Hay cientos de recursos para hacer manualidades con niños. Páginas webs, tutoriales, libros... De momento no tengo ninguno, pero me parece una gran idea cuando mi hija (mayor) es una niña a la que le gustan mucho las actividades tranquilas como pintar, decorar o recortar.
Mientras tanto, lo que he ido intentando en los últimos meses, dado que mi hija (pequeña) estaba por llegar, ha sido implicarla lo máximo posible en las tareas y proyectos referentes al cambio que iba a sufrir nuestro hogar. La recién llegada y su habitación pero también ser cuatro y no tres.
Aparte de hacer algún proyecto para la mayor y que no se viese relegada, se encuentran fácilmente proyectos en los que ella puede ser parte activa. Y, además de aprovechar la creatividad que como niña desprende, ella se siente orgullosa de ayudar y de poder mostrar a todo el mundo lo que ha creado.



¿No son una monada? Con tan sólo unos salvamanteles de corcho y un rotulador edding. Y, como otras veces, irrepetibles.

jueves, 11 de agosto de 2016

Gordibuenas y modelaje

Lleva años hablándose de que en el mundo de la moda el canon de belleza, totalmente antirrealista, se basa en la extrema delgadez. De hecho, incluso modelos anoréxicas, con enfermedades diagnosticadas y en muchos casos sin necesidad de diagnóstico para que cualquiera sepa que padecen una enfermedad, han desfilado en pasarela y han protagonizado campañas publicitarias de gran alcance.
Suele argüirse que este tipo de imágenes impactan enormemente a las chicas jóvenes y pueden llevarlas a padecer anorexia. Es cierto que muchas chicas y mujeres viven con culpa, con baja autoestima… y que lo que venden el mundo de la moda y las revistas “femeninas” no hace sino acentuar todas esas inseguridades. Pero, al mismo tiempo, la anorexia no es un virus “que se coge”; no cualquiera ve una persona huesuda en la pasarela y se ve tentado a dejar de comer. Se trata de un trastorno alimentario bastante complejo que de hecho tratan psicólogos especializados.
En 2006, la Pasarela Cibeles prohibió desfilar a aquellas modelos que tuviesen un IMC menor de 18. Al parecer, según la OMS, el IMC mínimo para considerarse “saludable” es de 18,5.
En abril de este año, en Gran Bretaña se prohibió un anuncio de Gucci por mostrar a una modelo “insalubremente delgada”.
Unos y otros se tiran los trastos a la cabeza cuando discuten sobre este tema, que no deja de levantar ampollas.

Yo, en cambio, y aunque es cierto que en algún punto hay que marcar el límite, no discuto tanto el problema de la delgadez como que creo que la pasarela debería mostrar gente bonita y saludable. No ya por la lectura que se dé a lo que se muestra, sino porque el modelaje es una profesión de belleza. Por ello hay modelos de pasarela, modelos de cabello, modelos de manos… Una modelo de manos o una modelo de crema hidratante para la cara, no tendrá quizá un cuerpazo; ¿por qué habría de tenerlo?
Y, por ejemplo, ¿pondríamos el grito en el cielo porque las modelos de “melenaza” no muestran todas las realidades? ¿Por qué no más pelos cortos, más encrespados, con canas?
En fin, ¿queremos que la pasarela sea bonita o que enseñe personas “reales”? De nuevo, me quedo con bonita.

Como apuntaba antes, para mí “bonita” no significa flaca o gorda. Bonita no era Luisel Ramos, modelo uruguaya de 22 años que murió de una parada cardiorrespiratoria después de un desfile (basta ver la foto y que te digan que llevaba varios días sin comer antes de desfilar para comprender el motivo del fallo). No al menos en su extrema delgadez.

Pero, en cambio, de algún modo parece que las chicas “flacas por naturaleza”, chicas que usan una talla 34 o 36, que las hay, no sean bonitas. Y, en cambio, empiezan a proliferar las pasarelas de “talla grande”, de chicas “XXL”, etc. Creo que ambas, por arriba y por abajo, siempre que tengan un aspecto saludable, pueden ser bonitas y podrían desfilar juntas. De hecho, sería interesante que alguien se planteara colocar el mismo modelo a una 36 y a una 46, que caminasen juntas por la pasarela y que se hiciese ver a la gente que en la diversidad y en lo sano también está lo bello. Porque parece que ahora se quiera, en cierto modo, invertir el cliché y que las chicas “reales” sean sólo las que más pesan.

Dentro de tantísimas bellezas de “talla grande” que hay en los medios últimamente, ¿qué decir de Tess Holliday? (1,65 de altura y 120 kg) Obviamente, no la voy a comparar con Isabelle Caro, pero no sé hasta qué punto es una persona sana. Sí, quizá lo sea, igual que estoy defendiendo que hay mujeres muy delgadas que no tienen ningún problema de salud ni son “feas” por tener un aspecto algo más “extremo” que la norma. Pero sólo quiero que nos planteemos por un momento por qué a unas se las echa de la pasarela y a otras se las invita a entrar. ¿No tienen todas cabida? ¿Por qué se habla de un IMC mínimo saludable y no se un IMC máximo saludable para las modelos de talla grande? Sobre todo para no utilizar un doble rasero a la hora de poner los límites de lo “admisible” y lo peligroso de lo “copiable”.


Y entonces, después de las modelos de talla grande, XXL, curvy, etc., etc., etc… aparece el término gordibuena.
Para gordibuenas, Tara Lynn, Ashley Graham, Marquita Pring…
O la ideal Candice Huffine.
Pero, pensémoslo de nuevo: ¿qué es eso de gordibuena? ¿De dónde ha salido esa definición y qué quieren vendernos? ¿Acaso que si tenemos sobrepeso seguiremos estando buenas? ¿Qué si tenemos sobrepeso tendremos unas curvas de infarto? En mi opinión, ninguna de estas afirmaciones es cierta.

En mi caso personal, por ejemplo, que soy de complexión media tirando a delgada, con poco pecho y facilidad para acumular grasa en el abdomen, el culo y las caderas (creo que bastante parecido a lo que le pasa a la mayoría de mujeres a mi alrededor):
--- Adelgazar no me hace más guapa ni acentúa mi cintura, sólo hace que mi cara se afile y se afile e incluso que me salgan ojeras. A lo mejor mi cuerpo se ve más delgado y esbelto, más bonito según los cánones “erróneos” de belleza de flaca = guapa, pero de cara nunca mejoro.
--- Engordar tampoco me hace más guapa ni me convierte en una curvy de infarto: mi tripa engorda, mis caderas engordan y mi pecho no termina de rellenar la copa que ya llevo, así que parezco una pera.

Es muy fácil decir que con “más kilos estás más guapa” o que “a ellos les gusta tener donde agarrar”, como si por engordar ocho kilos de repente fuese a tener un pecho grande y firme y una cintura marcada, con el precioso cuerpo de reloj de arena que lucen muchas modelos. Y, luego, para que te engañen también con Photoshop, con fajas o con los remedios de las que se ponen corsé durante horas para afinar la cintura o se sujetan los pechos con cinta aislante (o algo parecido).
Por no hablar (y vuelvo a mentar la maravillosa cara de Candice Huffine) que muchas chicas con talla grande engordan y pierden esas finas facciones o engordan también del cuello… Digamos que hay modelos que no se corresponden con el funcionamiento mayoritario del cuerpo femenino.
Esto, en lo que respecta al mundo de las modelos.

En lo que respecta al mundo de las mortales comunes y corrientes (y es que hay cierto error al hablar de mujeres “reales” porque aquellas que tienen tipazo, y siempre que no lo sean Photoshop mediante, también son reales), las gordibuenas se supone que también existen. Y digo, “se supone” porque nos han intentado hacer colar que las gordibuenas y su homónimo masculino, el fofisano (daddy body, ni siquiera se dice igual en su término original), son lo mismo. Y no lo son, en absoluto.
Estos extractos de dos artículos que he encontrado en la red lo explican a la perfección:
Por un lado, esto:
Al final, el fofisano viene a perpetuar la desigualdad con la que se trata la imagen corporal de hombres y mujeres, como explica el periodista de Time Bryan Moylan en un artículo, los hombres pueden permitirse ser flojos, pero esperan que sus mujeres sí hagan ejercicio.
Evidentemente, estamos a favor de los hombres con barriga, en el sentido de que TODO EL MUNDO, debe sentirse bien con su cuerpo y no tenemos que sucumbir a los cánones estéticos que nos impone la sociedad. Que estás gorda y te encantas, genial. Que estás intentando adelgazar con cabeza, perfecto. Que pasas de dietas, pues chachi. Que te gustan los tíos con barriga,  súper. Que te ponen las tías con lorzas, olé tú. Que pasas del gym, maravilloso. Pero esto debe ser aplicado tanto a hombres como a mujeres. Fofisanos y fofisanas, gordibuenos y gordibuenas, gordos y flacos y los del cuerpo ‘normcore’. Todos molamos y todos tenemos derecho a querernos y molarnos. Creo que no hace falta aclararlo, pero ya sabemos que algunos entienden lo que quieren.
Así que, ¿por qué ellos si tienen el sano en su nuevo ‘apodo’?  ¿Por qué a una mujer se le cuestiona más cuando no quiere someterse a los cánones de delgadez?
Y por otro lado, esto, con lo que estoy aún más de acuerdo porque no habla de delgadez, sino de esbeltez, firmeza, esfuerzo tras un cuerpo diez, ya sea de talla grande o de talla pequeña:
(…) han entrado en escena dos nuevas figuras con exigencias estéticas mucho más relajadas: el fofisano (masculino), del que ya mucho se ha hablado, y la gordibuena (femenino) que ahora aparece. ¿Significa que por fin se admiten los michelines? ¿Que la celulitis ya está absuelta? No parece que para las mujeres suponga el fin de la tiranía.
Y en estas aparecen las gordibuenas reivindicando la sensualidad de las curvas. ¿Aplaudimos? Porque podríamos pensar que son el equivalente femenino de estos nuevos ídolos. Pues no, porque no se trata de mujeres con flacidez, michelines o gordas a secas, sino de las que tienen las carnes bien puestas y bien prietas.


En el mundo del videoclip, que de momento parece que recibe menos críticas abiertas de las que reciben la pasarela (delgadez) o los videojuegos (hipersexualización femenina), es muy común encontrar a chicas jóvenes y “tías buenas” de todo tipo (entendiéndose por ello delgadas o tipazos de esos tonificados a fuerza de entrenador personal). No tanto encontrar a chicas de talla grande. Porque éstas, de haberlas, desde luego que no aparecían realizando sus coreografías en ropa interior ni rodeadas de un ambiente sexy en el que eran adoradas. Para ejemplo, Ariana Grande vs. Adele.
Pero, por fin, he descubierto el clip de Elle King, con su “Ex’s and oh’s”. No sólo tiene un cuerpo distinto, sino que no me parece que sea insano. Se pinta, se viste guapa, no necesita mostrarse en sujetador (parece que ir ligera de ropa te hiciera cantar mejor… pero en la ducha vamos desnuditas y las que desafinamos desafinamos igual) ¡y se rodea de un séquito de tíos que la alaban y que le hacen el juego de hombres florero! Divertido, fresco y al mismo tiempo, creo yo, reivindicativo. Algún chico aparece que se sale del cuerpo perfecto a lo Chris Hemsworth, pero lo que está claro es que todos le bailan el agua y es ella la que corta el bacalao. ¡Y eso es lo que mola!


Yo no sé cuál es la solución. Qué debería mostrarse porque, ¡es tan subjetivo! Pero lo que está claro es que están cambiando algo las cosas en el sentido de que lo insano ha de salir de las pasarelas, pero se nos meten otros cánones de belleza por los ojos que siguen sin ser sanos del todo, se nos dice que podemos estar “buenas” siendo “gordas” cuando no es verdad, e infinidad de mentiras más que siguen haciéndonos sentir inseguras. En nuestro cuerpo de gordas o en nuestro cuerpo de flacas. Por exceso de pecho o por falta del mismo. Por ser demasiado altas o por ser demasiados bajas. Cuando mujeres reales somos todas.


Para otro día, reflexiones sobre la belleza de las embarazadas o la necesidad de que ellas y “gordas” se escondan bajo caftanes y capas, para que no se note que su cuerpo no tiene la cintura ideal. Para muestra, las maravillosas y bellas personas Chrissy Teigen y Melissa McCarthy (a esta última, los grandes nombres de la moda no la han querido vestir para que sus modelitos no se viesen "mal"...).

jueves, 14 de julio de 2016

No es necesario ser un experto de ikebana

Si hay una cosa que siempre me ha encantado, a pesar de mi alergia al polen, han sido las flores. De pequeña, aun cuando me dormía dando a la comba sentada en una silla para que saltasen mis amigas (porque el asma me impedía saltar y a veces la fatiga me hacía quedarme dormida en los sitios más insospechados), tenía la ilusión de ser Botánica. Cuando nos mandaron en el colegio hacer una redacción y presentación de un tema libre, elegí las flores.
Y, aunque hubo años relativamente buenos en lo que a alergia se refiere, ha habido también crisis asmáticas que me lo han hecho pasar muy mal.
No obstante, lo bueno de tener un asma alérgica es que no la tengo todo el año y puedo disfrutar de las flores en pequeñas dosis.
Como cuando en la carrera tuvimos una práctica sobre ikebana. He de decir que mi arreglo fue de los más mediocres y que la nota fue normalita, pero, al vivir en un pueblo pequeño, tampoco tenía medios para comprar en una floristería ejemplares exóticos o llamativos como otros de mis compañeros.
O como, últimamente, cuando me decidí, de unos meses a esta parte (porque en cuanto han empezado a florecer todas las plantas he decidido hacer un parón en esta nueva afición), en ir a comprar semanalmente flores para adornar la casa. Liliums, claveles, lirios… Todos son bienvenidos. Dan una alegría y una vida a la casa incomparable.
Además, ¡me sirven para utilizar mi último DIY de décopatch! Guardé hace tiempo unos botellines (o botellones) de cerveza turca en un restaurante donde fuimos a cenar. Me parecieron muy originales y una buena base para hacer algo especial. Así que limpié bien las botellas, quité los papeles que traían y, no sin mucha indecisión, escogí papel de décopatch con el que decorarlas. Es cierto que el color oscuro de las botellas y el exceso de pegamento que utilicé hacen que el resultado no sea tan bonito, ya que no se ven tan claramente los dibujos, pero tampoco estoy a disgusto con cómo ha quedado. Ahora que, para futuras ocasiones, quizá sería interesante poner una capa “base” de papel décopatch blanco, para que los colores que van encima se vean más vivos.
La técnica, como siempre, sencilla. En este caso muchas piezas fueron cortadas más grandes para conservar el cuerpo de las chicas de las imágenes y las tiras doradas fueron cortadas con tijera, ya que el acabado perfecto no se podía lograr de otro modo. Y, muy importante: cuidado con las formas cónicas, ya que cortar líneas rectas hace que la línea se vaya desvirtuando y no se mantenga recta en el borde que le corresponde. Mejor medir, cortar la línea recta y después hacer pequeños trocitos para ir pegándolos seguidos pero poder al mismo tiempo corregir la curvatura.

lunes, 4 de julio de 2016

Libros leídos en abril, mayo y junio de 2016

“Manolón y Miguelín”, de Joao Guimaraes Rosa

Lo más llamativo para mí de este libro, compuesto de dos pequeñas novelas, ha sido la traducción. Creo que la traductora ha plasmado a la perfección (y sin saber portugués de Brasil) el habla de las gentes de Guimaraes Rosa. Además, el ritmo de la historia de “Miguelín” nos hace meternos totalmente en la piel de un niño, en la vida en la selva… En cambio, el ritmo de “Manolón” es mucho más lento, serio, y, aunque interesante, me atrajo muchísimo más la primera historia.

"-“¡Adentro, niño! Que te lleva el viento…” –“Ven a ver allá adelante, lo feo que viene, va a derrumbar el mato…” Era Dito, llamándole. Los cocoteros, por encima del corral, los cocoteros se encorvaban, se retorcían, las hileras de cocoteros viejos, que se doblaban. El viento confuso: fiíf… fiíf… Silbaba en las hojas de los cocoteros. Rosa pasaba, con un balde, que lo habían dejado al borde del corral. Tres hombres en el cobertizo, cavadores, que habían venido a recibir alguna paga en tocino, estaban queriendo decir que iba a ser como nunca nadie había visto; estaban sin saber cómo volver a sus casas, diciendo que todo lo que iba a pasar por allí; estaban medio-tristes, fingían estar medio-alegres. De repente, sonó un estruendo. Que el viento quebró una rama del yenipapero del corral y lo tiró junto a la casa."

“El camino cruel. Un viaje por Turquía, Persia y Afganistán con Annemarie Schwarzenbach”, de Ella Maillart

Una historia más allá del viaje, donde llama la atención la supuesta tranquilidad de dos mujeres que viajan solas por Oriente Medio y que huyen de una Europa al borde de la catástrofe. Porque como libro de viajes, al ser el primero que leo, quizá no lo he sabido apreciar. Pero como retrato de una relación de amistad tortuosa y muestra de una vida de esas que nacen ya marcadas, es un diez.

"A partir de aquel momento, Cristina vivió un nuevo episodio del infierno particular que tan bien sabía prepararse. Algunos pormenores que me dio a este respecto, me permitieron comprender que el hambre o la pobreza son menos temibles que ciertas torturas del alma."
"Simultáneamente se veía desgarrada entre el deseo de esta vida intensa, que ampliaba el campo de su conciencia, y el temor de que esta clase de existencia se le escapase. Esclava de esta necesidad, aceleraba con impaciencia los procesos de la vida. Y en el vacío que separaba dos oleadas de intensidad, se sentía de tal modo dormida, que creía morir."
"- Usted sabe, como yo, que el afgano de las montañas, el tibetano, el mogol, tienen dificultades – añadí –. Pero no los atormenta nuestro afán lacerante de considerar de modo global la miseria del mundo, cual si fuésemos Dios. En cuanto hemos gozado de alguna cosa bella o buena, nos sentimos falibles, nos acordamos de que nuestros hermanos se están matando entre sí en China, o que los hijos de nuestra lavandera están demasiado pálidos y llevan ropas demasiado delgadas."
"La droga era siempre el abandono, la huida ante el exceso de sensibilidad que me hace sufrir, el deseo fatal de matar la vida. La droga es borrar el dolor y la alegría, la tensión-manantial de la actividad humana."

“Las hormigas”, de Boris Vian

Cuando decidí leer esta recopilación de relatos y vi en la contraportada que se hablaba del de Vian como un “universo surrealista”, sentí bastante curiosidad. Aunque hay algunas historias que no me han parecido muy entretenidas, como que no “enganchan” y parecen casi un puro ejercicio de escribir con un propósito muy concreto, basado más en el artificio que en el contenido, la mayor parte de ellas no son así. Para muestra, el comienzo del relato que da título a la recopilación, “Las hormigas”.

"Llegamos esta mañana y no hemos sido bien recibidos, pues en la playa no había nadie a no ser montones de individuos muertos y montones de pedazos de individuos, tanques y camiones destrozados. Llegaban balas un poco de todas partes, y a mí no me gusta tal desorden así porque sí. Saltamos al agua, pero era más profunda de lo que parecía, y resbalé sobre una lata de conservas. Al muchacho que estaba justo detrás de mí le ha arrancado las tres cuartas partes de la cara el proyectil que llegaba en ese momento, y yo me he guardado la lata de conservas como recuerdo. He recogido los pedazos de su cara en mi casco y se los he entregado, y él ha partido a hacerse curar. Pero ha debido equivocarse de dirección, porque se ha adentrado en el agua hasta que le ha faltado pie, y no creo que pudiera ver lo suficiente por el fondo como para no perderse."
"Estaba excitado hasta tal punto que lancé un ladrillo contra la cabeza de Johnny, que acababa de fallarle a uno y, actualmente, tengo dos nuevos dientes de menos. Esta guerra no renta nada en lo que a dientes se refiere."


Por último, el gran descubrimiento de estos meses ha sido la literatura africana. La primera novela por recomendación y la segunda, de nuevo, porque la casualidad quiso que la biblioteca municipal la colocara entre las recomendaciones del mes.
En ambos casos, se trata de las vidas de emigrantes africanos, visiones del mundo (del que dejan y del que empiezan a conocer), de sus familias (la de origen y la que formamos) y, también, historias de amor. El amor incondicional, en cierto modo ese amor romántico y casi platónico, aquel que hace a dos personas estar predestinadas. En ambas novelas se relata la historia desde diversos puntos de vista: en “Americanah”, son ella y él quienes nos cuentan cómo les ha ido emigrar a EEUU y cómo les ha ido volver a Nigeria; en “Lejos de Ghana”, son ella y él los que cuentan su historia de emigración, formación de familia y desintegración de la misma, sin olvidar, muy importantes, las visiones de sus hijos. Añadiría que en el caso de “Americanah” hay también una visión importante porque se da mucha importancia al componente de la “raza”, algo con lo que yo no estaba familiarizada en absoluto y sobre lo que he aprendido mucho.

“Americanah”, de Chimamanda Ngozi Adichie

"Alexa, y los demás invitados, y quizá incluso Georgina, comprendían todos que se huyera de la guerra, de la clase de pobreza que aplastaba el alma humana, pero no entenderían la necesidad de escapar del letargo opresivo de la falta de elección. No entenderían por qué las personas como él, que se habían criado sin hambre ni sed pero vivían empantanadas en la insatisfacción, condicionadas desde su nacimiento a mirar hacia otro lugar, convencidas eternamente de que las vidas reales se desarrollaban en ese otro lugar, ninguna de ellas famélica, ni víctima de violaciones, ni procedente de aldeas quemadas, estuvieran ahora decididas a afrontar peligros, a actuar ilegalmente, para marcharse, ávidas solo de elección y certidumbre."
"- Ese hombre no se puede creer que quieras patatas de verdad – dijo Obinze en tono sarcástico –. Para él, las patatas de verdad son un atraso. Recuerda que este es nuestro nuevo mundo de clase media. No hemos completado el primer ciclo de prosperidad, no hemos vuelto aún al origen, a beber leche de la ubre de la vaca."

“Lejos de Ghana”, de Taiye Selasi

"Los ibeji “gemelos” eran las dos mitades de un mismo espíritu, demasiado grande para que lo albergara un solo cuerpo, y eran también seres liminales, a medio camino entre lo humano y lo divino, a los que por tanto cabía honrar e incluso venerar. Concretamente, el segundo gemelo – el inconstante, el embaucador, menos fascinado por las cuestiones terrenales que el primero – viene al mundo a regañadientes y permanece en él con gran esfuerzo, pues echa de menos el reino espiritual. En la víspera de su nacimiento y su conversión en dos cuerpos físicos, este segundo gemelo de naturaleza escéptica le dice al primero: “Sal ahí fuera y averigua si el mundo es un buen lugar. Si lo es, quédate. Si no lo es, vuelve.” El primer gemelo, Taiyewo (del yoruba to aiye wo, “ver y saborear el mundo”, Taiye o Taiwo en su forma diminutiva), obedece, abandona el seno materno para emprender su misión de reconocimiento y el mundo le gusta lo bastante para quedarse. Kehinde (del yoruba kehin de, “llegar el siguiente), al comprobar que su otra mitad no regresa, se dispone a seguir los pasos de ésta para unirse a Taiyewo, dignándose así a asumir la forma humana. De ahí que los yoruba consideren a Kehinde el mayor de los gemelos: nacido en segundo lugar, pero más sabio y, por tanto, “mayor”."

"Tristeza, tensión, ausencia, angustia, pero todos están enteros, tal como los alumbró, quizá no del todo bien pero vivos, en este mundo, como peces en el agua, así estaban cuando ella los parió (respirando y luchando), y con eso tiene suficiente. Otras quizá no, cavila Fola, esas madres que rezan para que sus retoños alcancen fama y fortuna, el amor con mayúsculas y la felicidad (madres mejores, muy probablemente; pequeñas madres de sonrisa infalible, de ánimo incansable, madres monovolumen), pero ella sí tiene suficiente, pese a que mataría, mutilaría y moriría por cada uno de sus hijos, aun sabiendo que esa disposición a morir tiene sus límites."

domingo, 19 de junio de 2016

Grumpy cat: inimitable

Hace ya algunos años que este “lindo gatito” apareció en la red. Me enamoró completamente, con su cara de disgusto.
Se trata de una gata que se ha hecho famosa en todo el mundo por su cara de mal humor y su dueña la ha llevado hasta a los platós de televisión de EEUU. Cierto que hay muchos gatos famosos, pero sobre todo por ser monos: como Grumpy… ¡ninguno! Cierto también que este gato pueda estar ya un poco "pasado", pero no para mí.










Pero, aparte de su cara, la gracia, sin duda, está en la infinidad de memes y chistes a los que se ha prestado su “gesto”. Y, por supuesto, en incluirle en grandes momentos históricos o en imágenes que todos tenemos guardadas en nuestra memoria.

Aunque haya dejado de seguirle, a día de hoy sigo sonriendo al ver sus fotos.