viernes, 26 de marzo de 2010

Lecturas recomendables


Voy a hablar de varias novelas que he leído y con las que he quedado muy contenta. Para variar, no desvelaré el final de las historias. La primera lectura es mi primer acercamiento a la literatura cubana. La segunda es mi primera novela de Saramago (pues estoy segura de que después vendrán muchas más). Y la tercera es una obra maestra de la literatura universal que, junto con la novela gráfica “Fun Home” de Alison Bechdel (2006), me ha empujado a buscar bibliografía sobre literatura estadounidense.




Leonardo Padura: “La novela de mi vida” (2002) y la saga de Mario Conde (1991 - 1998)


De este autor he leído tres obras. La primera de ellas, “Máscaras” (1997).

Es ésta una novela policíaca de la tetralogía “Las cuatro estaciones”, cuyo protagonista es Mario Conde. Como yo no sabía que se trataba de una serie, fue un libro que cogí en la biblioteca sin más y con el tiempo me enteraría de que era el tercero. No obstante, esto no fue impedimento para seguir la trama ni para disfrutar plenamente de los personajes. Es una característica muy positiva de este libro (y de “Paisaje de otoño” (1998), el cuarto, que también leí) la presentación que se hace de los personajes. Aun en el tercer y el cuarto libro se nos esbozan su historia y caracteres, de modo que no echamos de menos ningún detalle que pudo ser explicado en novelas anteriores, y tampoco cansa por la repetición.

Otra característica que a mí me entusiasmó de “Máscaras” que, a pesar de tratarse de una novela policíaca, hay mucha “literatura” en su interior. Es decir, que hay mucha poesía, mucha descripción; no es, por ser una obra de género, una obra menor en la que hay mucha acción y narración de acontecimientos.

Me gustó mucho asomarme al ambiente de La Habana por medio de este libro. Además, Padura se convirtió para mí en un embajador turístico de Cuba con “Máscaras”. Mientras lo leía, el verano pasado, tumbada en el césped de la piscina municipal, creía estar respirando el aire de La Habana y no el aire contaminado y clorificado que realmente respiraba... Vi colores, vi caras, vi olores; fue una sensación real del ritmo de vida de esa ciudad y de su gente. Y, por supuesto, ¡me sentí muy intrigada por probar su gastronomía!

Otra cosa que aprecio bastante cuando leo literatura iberoamericana es aprender el vocabulario de todos estos países, que me suena exótico y que entiendo sólo a medias. Es ciertamente interesante.

Antes de seguir conociendo a Mario Conde, Carlos el Flaco, Andrés o Candito el Rojo, decidí leer algo distinto. Y entonces fue cuando elegí “La novela de mi vida”, una historia sobre un filólogo, Fernado Terry, en busca de los documentos perdidos de José María Heredia, poeta cubano desconocido por mí hasta ese momento.

La forma en que Padura enlaza dos relatos, el de Terry, un exiliado que consigue volver a Cuba por las cosas que allí le quedan pendientes (entre ellas, la de encontrar una biografía escrita por el mismo Heredia), y el de la vida del poeta, que no es si no ese manuscrito que Terry está buscando.Ambas historias siguen un ritmo cada vez más fuerte, más rápido. Durante todas las páginas vemos a Fernando Terry acercarse al manuscrito y cómo se desvanece la pista que le ha llevado hasta ese punto, sin saber en ningún momento si llegará a encontrarlo o no al mismo tiempo que “leemos” ese manuscrito.

Me pareció una obra muy completa que deja claro al lector que todo en ella es ficción (no es de esas novelas históricas en las que dudas qué sucedió realmente y qué está adornando la historia). Y, al mismo tiempo, los temas de la búsqueda, el reencuentro, el amor abandonado... Todo lo que se plasma en el personaje de Fernando Terry.

Esta es una web para conocer un poquito más al autor.

Y aquí un par de párrafos que me gustaron mucho:

Todo el mundo se olvida de todo y siempre se dice que se puede empezar de nuevo y ya: está hecho el exorcismo. Si no hay memoria, no hay culpa, y si no hay culpa no hace falta siquiera el perdón, ¿ve cuál es la lógica?

Cuando saco esa cuenta, y no te creas que la saco todos los días, por Dios, me da pánico, pero sobre todo me da fuerzas. Porque lo único que me queda claro es que hay que vivir, y ni el odio, ni el resentimiento ni la frustración ayudan. A mí me costó trabajo, pero decidí que tenía que seguir viviendo.

José Saramago: “El hombre duplicado” (2002)


Este ha sido mi primer acercamiento a Saramago y, por lo que he visto en la red, podría haber estado más acertada.

Me quedo pues con las ganas de leer “El evangelio según Jesucristo” o “Ensayo sobre la ceguera”, que en cuanto tenga un hueco me pondré a buscar.Puede que, efectivamente, no sea la mejor obra del autor, pero lo que tengo claro es que yo quedé bastante satisfecha.

Para leer una crítica del libro, muy bien hecha y respetuosa, recomiendo este artículo. Creo que este autor admira la obra del portugués y la conoce, de modo que dice cosas como:

Saramago pertenece a esa estirpe de escritores que cree que la literatura debe articularse en torno a una idea que ayude a explicar o a cuestionar problemas de nuestro mundo o nuestro alma.

Así que creo que ya no sólo por leer las novelas que ha bordado, me nace un interés todavía mayor por el autor.

Algunos de los puntos más interesantes de “El hombre duplicado” han sido los que luego he leído que son los que más le definen como escritor: las oraciones largas, con poca puntuación, la falta de nombres propios y, sobre todo, la falta de comillas o guiones en los diálogos. Creo que todo ellos es muy definitorio de un estilo muy particular e interesante.

Lo que más me llamó la atención fue precisamente la puntuación: uno o dos puntos y aparte por capítulo y comas entre las intervenciones de los personajes. Unido esto a que el protagonista, Tertuliano Máximo Afonso, profesor de historia, habla consigo mismo muchas veces, respondiéndole su Sentido Común, hace difícil seguir la conversación y el quién dice qué. De hecho, en algunos momentos me vi poniendo voz a Tertuliano y a Maria Paz en mi cabeza para saber cuándo hablaba el hombre y cuándo la mujer... Si para la crítica que mencionaba más arriba la intervención del Sentido Común puede ser interpretada como un defecto, a mí me parece todo lo contrario: me parece un recurso muy imaginativo, incluso diría que surrealista (por ejemplo, el Sentido Común “baja” del coche de Tertuliano cuando éste va a cometer alguna temeridad).

Y es que yo veo tres principales actores en esta novela (aparte, lógicamente, de los personajes con nombre y apellidos que forman parte del argumento): Tertuliano Máximo Afonso, su Sentido Común y el Narrador (en la novela no aparece con mayúscula, pero podría perfectamente...). Una cosa es el argumento (el del sosias) y sus protagonistas y otra muy distinta la del montaje que hace el escritor durante la narración. Es decir, que hay un montaje absoluto que, de cara al lector, “se sale” del libro, como esos cuentos con muñecos plegados cuando los cierras y en 3D cuando los abres.En medio de la acción (lenta acción, es cierto, pero como a mí me gusta), el Narrador nos hace tomar consciencia de que existe. Es un Narrador omnisciente pero al mismo caso presente: no es sólo que todo lo sabe, es que existe, por encima de todo lo demás. Y es consciente de su existencia y nos lo hace saber. En algunos momentos, dice algo así como “voy a dejar de pensar en alto porque podría influir en lo que Tertuliano Máximo Afonso piense, pues al fin y al cabo es un personaje”. Me parece pura metaliteratura. El narrador no sólo nos cuenta la historia, sino que nos explica cómo se forja el pensamiento de un personaje y cómo se sabe o no se sabe lo que está por venir, dejando entrever las tácticas del autor. Es decir, que si los magos no enseñan nunca el truco, aquí se nos enseña el truco: se nos descubre que esto es literatura.

Pero, realmente, ¿de qué va el libro? Como dice la misma contraportada y como se puede ver en las primeras páginas, de un profesor de instituto que un día, viendo una película en casa, descubre a un actor idéntico a él, pero idéntico hasta extremos insospechados. Y, después, de la anécdota, se salta al nivel más filosófico de los problemas de identidad y, en cierto modo, de “autenticidad” y “singularidad” del individuo, que no sabe hasta qué punto es prescindible para otros, siendo el único elemento consciente en él el yo.

El blog del autor es éste.


Vladimir Nabokov: “Lolita” (1955)

Quizá cuando estoy escribiendo ya demasiado no debería embarcarme en la recomendación de “Lolita”, pero creo que si le dedico una entrada entera acabaría por escribir páginas y páginas y no sé si lograría darla nunca por terminada...

Si bien las obras anteriores que, aunque a mí me han gustado mucho, son objeto de crítica, por el momento no he encontrado una crítica literaria contra “Lolita”. Y es que creo que si las anteriores son muy buenas obras, esta otra es una obra de la literatura universal.

La historia de Dolores Haze, Lo o Lolita, junto con los pensamientos de Humbert Humbert, son perturbadores.

Para una mente como la mía (yo “crecí en los 90”, aunque no haya canción), el concepto de Nabokov de “Lolita” ya había no sólo desaparecido, sino que había sido totalmente pisoteado. Por un lado, las niñas que crecen a gran velocidad, vistiendo y pintándose a los doce como adultas y, por otro, las adultas queriendo parecer niñas.

Y no sólo eso. Además, quizá propiciada por la película de 1997 (que tendré que ver de nuevo), sólo me quedó en la memoria el simple hecho del hombre de 37 años (48 el actor) que se enamora de una joven de 12 (14 en la película). Es decir, que la historia me pareció una “nadería” después de que la he podido comparar con la novela.

Se trata de una historia, es cierto, de la atracción de un hombre maduro por una niña. Y, además, de una atracción sexual más que enamoramiento y de una atracción sexual consumada.

Lo que quizá no es tan conocido es el carácter maniático y culto de Humbert Humbert o del carácter difícil de adolescente de Lolita, que además es más bien vulgar y soez que fresca y desvergonzada.

La novela está escrita por el mismo profesor Humbert Humbert, que explica al lector de su novela (que es una carta, una explicación de los hechos), qué es lo que le ha movido a actuar como ha actuado y, por tanto, a consumar su relación con Lolita. Explica lo que es para él una nínfula, lo que es un ser que, más que una niña, es algo casi diabólico, algo que parece emanar incluso diríamos un perfume que sólo él puede notar. Algo que se encuentra en el momento exacto en que se va a llegar a la etapa de la pubertad, pero aún no se ha llegado. Y es cuando llega la pubertad, con su exuberancia de formas, cuando toda la magia se acaba.

Por otro lado, Lo es una niña consentida y maleducada que se dedica a comer patatas fritas a manos llenas, helados y todo tipo de comida grasienta. Cada vez que habla dice alguna barbaridad, con un montón de palabras malsonantes en cada frase, diciendo que todo lo que ve y hace con Humbert Humbert es “una mierda” y que “se aburre”. A menudo se escapa, monta un espectáculo, exige lo que quiere e incluso increpa a su amante que no volverá a acostarse con él si no le compra tal o cual cosa.

No se trata tanto de un examen de culpabilidades sino como de ver dos personalidades completamente antagónicas pugnando por lo que quieren; con chantajes, amenazas... Una relación anormal que no es ni siquiera tal relación. La del profesor de buenos modales que se sorprende llevando a cabo sus deseos más inconfesables y que se sorprende al ver en Lolita a quien quiere satisfacérselos (ya sea por aburrimiento o por querer montar un espectáculo que le acaba saliendo mal).

Sé que como opinión no he dicho demasiado, pero creo que esta obra debe leerse siempre. Es un viaje a lo más profundo de la humanidad y de la inhumanidad que, ¿quién sabe? Quizá sea la misma cosa...

Creo que es muy representativo del valor de esta obra que tuviese que leerla con la palma de la mano extendida sobre el texto por leer... porque se me iban los ojos al párrafo siguiente.

Pero igualmente valioso es el prólogo del libro (que yo leí al final, pensando que no era parte de la novela... aunque creo que fue muy valioso leerlo así, aunque no fuese la idea inicial de Nabokov). Y, también, el epílogo, la explicación de Nabokov sobre las dificultades de la publicación de la novela y del problema de firmar o no con pseudónimo, ya que podría haberse tomado el pensamiento de Humbert Humbert como el del mismo autor.

martes, 9 de marzo de 2010

Palomitas sin caramelo y una bélica

Fue una grata sensación la de volver a unos multicines de barrio.
Me recordaba a mí misma viendo “
Pequeño Buda”, obnubilada, y comiendo Rufinos.

Las butacas sin numerar, el acomodador vestido de acomodador (y no de vendedor de productos electrónicos), la señora que vende las palomitas de toda la vida (¿naturales?; sin caramelo, sin colores...).
Bastante nostálgico, aunque imagino que los que han crecido con las grandes superficies del cine no conciben una sala sin numerar ni tampoco una pantalla tan pequeña. Lo cierto es, dicho sea de paso, que ha habido cines en los que me parecía tener que girar la cabeza para ver qué sucedía en una esquina de la pantalla, o sea que tampoco es tan positivo el tamaño por el tamaño.

Lo que sí percibí es que el público de este tipo de cines no tiene nada que ver con el público de las macro salas de los centros comerciales o de los “centros de cine”, donde la gente acude en masa, busca aparcamiento durante unos treinta minutos y va al cine más a engullir palomitas que a ver una película.
El público de las salas pequeñas, de no más de cien butacas, accede a ellas en transporte público y tiene un gusto por el cine que es más morriña que cinefilia (aunque los que engullían palomitas al ritmo de típica comedia americana o típica acción americana tampoco van al cine por el arte que encierra).
El cine es la alternativa al teatro de ocio asequible. Tanto económica como intelectualmente hablando. Es tanto el estrés y el cansancio que sufrimos en nuestra vida diaria que uno no tiene ganas ya no de pensar, sino de prestar excesiva atención a algo. Y últimamente el cine nos ofrece muchas horas huecas de entretenimiento.
Creo que en todo lo anterior están las razones de por qué la sala estaba llena de gente mayor de sesenta años en su mayoría.

Otro motivo para ir ayer al cine, aparte de una supuesta nostalgia, era ver “
En tierra hostil”.
Supongo que a más de uno le habrán pillado de sorpresa
la cantidad de Oscars que ha recibido esta película. Es verdad que puede que sean demasiados, pero lo que tampoco comprende uno es que después de unas semanas un tanto complicadas para poder ir al cine, nos encontremos con que esta película ha pasado sin pena ni gloria por nuestra cartelera. ¿Tan sólo hemos tenido oportunidad de verla durante un mes?
Supongo que no habrá funcionado cuando la gente no quiere ver cosas serias, sino entretenerse o reírse. No es una película para reírse, sino para examinar muchas conductas humanas que vemos diariamente pero que aquí parecen mostrarse sin tanto tapujo como el que nos brinda la rutina.
Pero no ha funcionado tanto comercialmente como “Avatar” (y no va con segundas) o como muchas otras películas.

Pues, como decía, después de haber intentado todos los fines de semana de febrero ir al cine a ver “En tierra hostil”, el primer domingo que tuvimos libre comprobamos que ya había sido retirada de los macro cines que hay al lado de casa.
Y, después de ver en qué acabaron los Oscar este año, ya sí que nos pusimos a buscar dónde siguen proyectando esta película, que es lo que debieron de hacer también los jubilados que llenaron ayer la sala.
Por sorpresa o por dejadez, acabamos los cien llenando la sala de un multicine un lunes por la tarde.

Respecto a “En tierra hostil”, sólo decir que no podía estar más de acuerdo con su candidatura y su premio como mejor película y mejor dirección. Es cierto que no he visto todas las películas que competían a estas categorías pero, por ejemplo, creo que “En tierra hostil” barría tanto a “
Distrito 9” (que fue más publicitada en marquesinas, por ejemplo) como a “Avatar” (un producto de alta calidad técnica pero de contenido de poco peso).
Si como candidata a mejor película le daba a “Avatar” un 5,5, a “Distrito 9” le daría un 7 y a “En tierra hostil” un 9.
Puede ser que “En tierra hostil” no se convierta en un clásico del cine pero, como producto global, es una película realmente buena: historia, diálogos e interpretación.

Me gustó todo de la película, a decir verdad. Me pareció de un acabado redondo.
Los escenarios, los actores, la importancia del protagonista y de los co-protagonistas, la falta de posicionamiento político, la escasez de diálogo y la cantidad de sentimientos expresados.

Me gustó ver determinados tipos (el conciliador, el sumiso, el temerario) que nos presenta nuestra vida diaria, aunque se presenten en un entorno muy distinto. Si estas ideas se hubiesen ubicado en un entorno mucho más común (una empresa, una familia...), la película no habría sido tan impactante para mí. Pero lo que realmente me gustó fue ver a personas normales, de carne y hueso, en una situación fuera de lo normal.
Y ver que el que se hace el héroe no es el héroe, sino el antihéroe. Es decir, que si Matt Damon en “
El caso Bourne” es casi un ser sobrenatural (pese a que no tiene poderes sobrenaturales), el sargento William James (Jeremy Renner) hace padecer a sus compañeros porque su heroísmo es realmente temeridad.
A pesar de que James es el protagonista de la película, comparte casi todo el peso con J.T. Sanborn (Anthony Mackie) y Owen Eldridge (Brian Geraghty), con los que trabaja mano a mano todos los días como artificiero. Aunque le vemos adentrarse solo en la ciudad por la noche, aunque es el único cuya familia conocemos y aunque tiene más minutos metraje que sus colegas, éstos comparten con él todo el peso de la historia.

Una vez más, se trata de una historia de relaciones personales vestida de cine bélico o de cine de acción. En muchos casos, a estos géneros les sobran tiros y movimiento y les falta un poco de humanidad.
Y humanidad es lo que sobra en esta película.

Es curioso el personaje de William James. Harto de todo, fumador compulsivo, hastiado de la vida, sin nada que perder... Al mismo tiempo, si puede ayudar a un compañero le ayuda, aunque sea al que más odie o el que más le odie. Hay muchos así fuera de la pantalla.
Y no menos curioso el personaje de J.T. Sanborn, mi preferido de toda la película. Prudente, consciente de sus funciones y de quiénes están a su cargo (el emocionalmente inestable Eldridge), también sabe preocuparse de quienes parecen no necesitar ayuda (James).

En dos horas de película, en absoluto largas, la acción se desarrolla como “a tiempo real”. Sé que no es así, pero la guerra tampoco es la contienda de “
300” (ahora te meto una flecha en el ojo, ahora una espada entre dos costillas, ahora tú me pisas...), cuerpo a cuerpo y entre dos auténticos batallones.
La guerra en el desierto es imprevisible; unas veces es un ataque sorpresa al que hay que reaccionar en cuestión de segundos y otras veces es una espera de horas para asegurarse de que el enemigo ha sido abatido. Espera y decisiones de vida o muerte, eso es lo que se transmite.
Me pareció muy interesante la escena en la que, en medio del desierto, el equipo de artificieros tiene que enfrentarse a unos insurgentes que se ocultan en una pequeña edificación abandonada. A pesar de que parecen haber acabado con todos ellos, tienen que asegurarse. Mientras tanto, el sol se pone; se nos muestran muchas tomas de primer plano de Sanborn y James, llenos de polvo, sudor y moscas. El desierto.
O esa otra en la que James vuelve a la zona donde están detonando unas bombas para “recoger sus guantes”. Mientras tanto el nivel de exasperación de Sanborn llega a su límite y se plantea si alguien podría sospechar de un detonador defectuoso que, “por error”, ha matado a un soldado...

Y, para escena interesante, la de los tres bebiendo y peleando en uno de los barracones. Peleando Sanborn y James, que tienen una relación de subordinación y odio en la que saltan chispas. Cuando Sanborn pega, pega para hacer daño; y cuando James devuelve, devuelve como fanfarrón que es, riéndose de quien sabe que está furioso con él. Una forma de descargar todo lo que llevan encima, a lo que unos dan mucha importancia y otros, como James, que no le dan ninguna. Es uno de esos momentos en los que, con un diálogo casi nulo, se expresa mucho en la acción, en las miradas, en las risas, en los golpes. Porque todo es expresión, no sólo la palabra.

Por último, están la escena en la que James descubre el cuerpo bomba del que cree que es Beckham, el niño que vende DVDs en el campamento, y la escena en la que intenta salvar a un pobre hombre al que le han puesto encima una bomba con un temporizador.
Creo que no se trata tanto de la humanidad de James como de la humanidad en general. La humanidad, envuelta en una disputa terrible, en la que todos, en última instancia, son víctimas.
Se ve cómo el mismo hombre que ha sido elegido para estallar y hacer daño puede ser un elegido en el sentido más místico de la palabra o un pobre desgraciado que sabe que va a morir y que pide ayuda, desesperadamente, a quien no le cree.
O se ve cómo un coronel, que tiene un relación muy cordial con el especialista Eldridge, muere sin haber apuntado a nadie (se entiende, a nadie durante lo que hemos visto) mientras que otros, James, llaman a la puerta de la muerte a diario y nunca se la abren.


Por último, nos queda el final de la película.
La conclusión, la moraleja del cuento que es, realmente, que no hay moraleja.
Le explica James a su hijo que, a medida que vaya creciendo, irá perdiendo las ilusiones. Que el muñeco que hoy tanto le gusta se convertirá en un trozo de trapo relleno de algodón. Y que llegará un día en que sólo un par de cosas le gusten. O, quizá, sólo una.
Qué será esa cosa dependerá de cada uno. Pero si miramos atrás, pocos obtendrán la alegría de comprobar que cuanto les ilusionaba de niños les sigue ilusionando.

Sobre la polémica...

¿La han votado los actores para evitar que ganase “Avatar”, una película “sin actores”? Como se puede leer en esta página,
en “Avatar” han trabajado actores, no como en otras películas (por ejemplo, “Up”), de modo que este argumento se cae por sí sólo. Pero eso se dice ahora; antes leía que la academia no premiaría a “En tierra hostil” por ser una película incómoda, aunque yo no sepa lo que se quiere decir con ese adjetivo.
¿Por qué se critica a
Kathryn Bigelow como directora? He leído las opiniones de algunas mujeres que critican que Bigelow se meta en un género tan “violento” cuando podría haber hecho cosas “mejores”. ¿Es eso cierto? ¿Es eso lo que las mujeres nos merecemos? ¿Seguir vetándonos aquellos temas crueles, violentos e históricamente masculinos? Creo que el valor de esta directora es doble: porque ha dirigido muy bien su película y porque se ha atrevido con un género que no suelen tocar las mujeres.

sábado, 27 de febrero de 2010

Modificando muñequitas…

Si hace tiempo escribí sobre las muñecas Blythe, como bellezas envidiables y verdaderos objetos de la imaginación de los customizadores, lo que no podía imaginar es que yo acabaría adquiriendo alguna (ALGUNAS) de ellas.

Al poco de escribir la entrada, me encontré pujando por primera vez en e-bay.
Sí, mi móvil es del cretácico, sigue gustándome más escribir a mano que en el ordenador y no tengo ni idea de politonos, tarifas de móviles, twitter y tantas miles de cosas de las que la gente habla.
Pues, como decía, a falta de tiendas en España donde se vendan las muñecas Blythe (las venden algunos particulares que las traen de Japón, pero a unos precios más que estratosféricos), empecé a buscar en e-bay. Y encontré una muñequita peli-morada, ya customizada, por un precio bastante interesante. Había visto otra aún más barata (y peli-rosa de pelo rizado), pero se me metió en la cabeza que si era tan barata algún defecto debía de tener… Y, tras unas cuantas pujas, me invadió un miedo terrible cuando resulté ganadora de la subasta de la Prima Dolly Violettina customizada (las Prima Dolly son las Blythe de Takara más “baratas”, aunque en este mundo nada es barato y hasta las Prima Dolly empiezan a venderse por packs, limitadas, etc.). No sabía si hacía bien pagando una cantidad así por una “muñeca de plástico”; ¿me habrían engañado en e-bay? ¿sería un timo y la muñeca vendría hecha una calamidad?
Pues no señor. Cuando llegó mi Liselotte a casa y abrí la caja se disiparon todas mis dudas (a pesar del tremendo “clic” al cambiar sus ojos de color, que pensé que se me rompía la pobre…; luego me enteraría de que eso era completamente normal). Era una auténtica preciosidad, de labios gorditos y jugosos y pecas fucsias.

Pocos meses después me encontré de nuevo en e-bay, “por cotillear”. Pero para mi cumpleaños volví a pedir una muñeca, esta vez regalada, y un par de vestiditos. Me hizo mi niño sufrir bastante, hasta pensé que la Capuccino Chat (modelo limitado con ojos especiales en color burdeos y pelo champán) se habría perdido en su periplo desde Hong Kong a España. Pero mi lunes me encontré con la cama llena de sobres y paquetes con sellos diversos: China, Tailandia… ¡Ahí estaban mis regalitos!
Y cuando abrí la caja de la segunda nena, mi Geraldine, casi me da algo ya… Medias de rejilla, abrigo de piel… Una niña monísima.

Pero lo que realmente quería comentar aquí es que mi niño y yo nos atrevimos con ella, con Geraldine, porque por algo había elegido una muñeca RBL (con un molde de cabeza que se puede abrir sin demasiados problemas). Aunque me daba mucho miedo poder romperla, mi niño es muy cuidadoso e hizo el trabajo más duro: abrir la cabecita, desmontar el mecanismo de los ojos, cambiar el color de los iris despegando los antiguos y pegando los nuevos y también cambiar las pestañas. Yo me dediqué a limar la piel de la carita, para que los brillos desaparecieran, y luego la maquillé de nuevo los ojos, las mejillas y los labios.
Para evitar errores durante el proceso, hicimos muchas fotografías. La razón de ser de dichas fotos era poder volver a montar todos los mecanismos una vez terminada la muñeca, sin colocar nada “del revés”.
Ahora creo que esas fotos pueden ser de bastante utilidad para quien no sabe qué se va a encontrar cuando abre una muñeca.
Sin embargo, creo que el proceso se basa simplemente en tener paciencia, en no forzar las piezas cuando no dan de sí y en no pensar que en un momento va a estar todo hecho (aunque depende de lo que se quiera hacer con la muñeca). Lo más difícil es, a veces, encontrar información en español y, sobre todo, información de gente que, más que darse a conocer como customizador (que aquí hay un negocio tremendo, con customizadores de renombre más que merecido), lo que quiere es informar por informar, dando toda la información que sabe y no sólo un gancho.
Después de mucho buscar, se puede hacer un collage con todas las explicaciones contenidas en blogs, foros, etc. Por ejemplo, una vez terminada la customización de Geraldine, encontré en flickr una explicación en italiano de las partes internas de la cabecita de las muñecas, algo que habríamos agradecido antes de empezar…

Pero, sin más preámbulo, aquí explicaré cuál ha sido nuestra experiencia por si alguien que esté buscando información fuera de los lugares especializados llega a esta página.

Para abrir la cabecita de una RBL, lo primero que hay que hacer es desatornillas la parte posterior. Es más sencillo con un destornillador automático, sobre todo en el momento de volver a atornillar, para ejercer más fuerza.
Una vez fuera los tornillos, ejerciendo un poco de presión con los dedos índice y pulgar sobre las orejillas de la muñeca, se nota que las partes delantera y posterior se van separando pues en parte están unidas por un mecanismo de presión. Bastará con tirar con los dedos de la otra mano de las partes de la cabeza más cercanas al cuello para ir separando las dos piezas.

Hay que tener especial cuidado porque la parte superior de la cabeza, donde está el pelo, está unida a la carita, de modo que si se tira con demasiada fuerza podría romperse la unión (otro tornillo). Aquí se ve muy bien cómo están unidas las dos piezas y por dónde hay que ir con cuidado.

Una vez separada la cara, se puede empezar con el lijado. Al parecer, hay “esponjas mágicas” que sirven para matizar la cara sin gran riesgo de estropear la muñeca. Otra opción es matizar con un spray la cara, pero en este caso se conservará el maquillaje de fábrica de la muñeca (se puede quitar con alcohol, pero no siempre sale bien…). Y la tercera opción, que es la que yo utilicé, es lijar manualmente con una lija de agua.
Para este tercer método, utilicé alcohol, algodón y lijas de agua. Las lijas tienen que ser de una medida superior al 1000 (cuanto más alta es la medida, más fino es el grano de la lija y menos araña la superficie que se matiza). He leído que estas lijas se utilizan mojadas y que el resultado es mejor, pero yo lo intenté y me costó muchísimo; lo engorrinaba todo y preferí probar con la lija seca. Estas lijas son muy baratas (75 céntimos la hoja) y se pueden recortar trocitos pequeños manejables para ir lijando en círculos y muy despacito. Un poco de lija y después una pasada de algodón empapado en alcohol, porque al plástico se le adquieren con demasiada facilidad los restos de lija. Yo cometí el error (luego vi en los foros que es una barbaridad) de usar acetona cuando el alcohol no me servía, pero al parecer la acetona es corrosiva y se carga el plástico. Por suerte no la utilicé mucho y pude realizar un último lijado sobre las zonas de acetona y limpiar con alcohol. Por eso recomiendo ir limpiando a cada poquito, porque si se deja para el final habrá zonas grisáceas muy difíciles de limpiar.
En la primera foto se aprecia el acabado grisáceo del que hablo. Como luego iba a pintar los párpados, esta parte fue sobre todo una prueba para ver cómo se me daba el lijado. La cara quedó mejor, pero no tengo fotos del proceso. En esta foto se aprecia también la diferencia entre una superficie de fábrica y una superficie matizada.
Respecto al maquillaje, hay muchas técnicas. Pero las que utilicé yo fueron el pastel y el acrílico.
La sombra de ojos y las mejillas, con un algodón manchado con pastel. Es bastante sencillo, aunque hay que tener cuidado con la presión porque pueden quedar unas zonas más coloreadas que otras. Yo tuve que limpiar la sombra de ojos porque no me gustó nada el efecto que me quedó al principio…
Los párpados y los labios, con pintura acrílica. Con esta pintura se logran muchas tonalidades (yo sólo utilicé marrón, amarillo y blanco), pero la dificultad está en que el secado es muy rápido. Por ello, dos consejos: el primero, tener un pincel en agua cercano para retirar la pintura aplicada por error con mucha rapidez; el segundo, para dibujos que van a quedar tapados, hacer una ligera marca en lápiz para guiarse. Yo no lo hice en los párpados porque el motivo fue “sobre la marcha”, pero para un dibujo pensado es mejor no dejar mucho a la imaginación, que juega malas pasadas.

Otra parte muy interesante de la customización de la cara es el esculpido (lo que en todos los foros y webs llaman “carving”).
Me costó mucho encontrar el material necesario para hacerlo, pero finalmente, y tras varios viajes a la ferretería y consultas en Internet, lo que he utilizado (que creo que es lo que generalmente se utiliza) es un cutter de precisión (como el cutter normal, pero acabado en punta) y limas de aguja (son limas bastante finas; las hay para madera y hierro y, para plástico, nuestro vecino el ferretero nos recomendó mejor las de hierro).
Así que, ¡ojo! El cutter de precisión, por ser tan de precisión, donde marca marca de verdad. Y, si es en el dedo, pues mucho cuidado porque el corte puede ser tremendo. Por otro lado, un error de cálculo en la muñeca puede ser desastroso porque, salvo que vayamos a hacer una reproducción del Joker, poco vamos a poder disimularlo con pintura…
Respecto a las limas, son más fáciles de utilizar. No son tan agresivas y, aunque se va despacito, el resultado se controla mejor. Con las que acaban en punta se pueden hacer graciosos agujeros (como los que hice en la comisura de los labios de Geraldine). También se pueden utilizar para achinar los ojos (supongo que el cutter también, pero no me atreví…), para alargar los labios, para profundizar la hendidura entre labio superior e inferior, para esculpir hoyuelos, cejas, etc.
Hay múltiples posibilidades y es una cuestión de maña y mucha paciencia. En esta parte las prisas pueden acabar destrozando el aspecto final de la muñeca.

La última parte de mi humilde tutorial se refiere al cambio de los iris (chips) de los ojitos y al cambio de las pestañas. El mecanismo de los ojos esta metido a presión en la parte frontal de la cabeza; igualmente, con presión lo sacaremos (aunque hay que hacer bastante fuerza).
Si se van a cambiar todos los chips, lo más aconsejable es desmontar totalmente el mecanismo de los ojos para introducir los globos en agua muy caliente (bastará con un vaso de agua lleno de agua bien caliente del grifo). Luego será más fácil desprenderlos. Por lo que he leído, bastará con hacer un poquito de palanca para que salgan, aunque hay que tener en cuenta que están sujetos en el ojo por su forma de seta, así que tampoco se puede hacer demasiada palanca…
Si no se quieren quitar todos los chips, como era nuestro caso (¡no quería perder los burdeos!), está “el método del boli BIC”. Mucha gente compra barritas de silicona que no sé si son mejores pero, la verdad, con lo caro que es el tema de comprar las muñecas, las herramientas, los chips… Todo lo que me pudiese ahorrar mejor para mí. Así que lo que hicimos fue calentar un boli BIC (la parte exterior, se entiende) y pegarlo a los chips que queríamos quitar. Algunos ofrecerán bastante resistencia… Es importante que el BIC siga fundido cuando se pega al chip porque lo ideal es que el chip se pegue bien para que se pueda arrancar, pero al mismo tiempo hay que tener cuidado porque si el BIC cae sobre el globo ocular podría dañarlo.
Después bastará con pegar los nuevos chips en los ojos. Yo compré de los que tienen forma de setita, que encajan hasta el fondo, y también de los planos. Los planos son ideales para poner un fondo totalmente personal (desde un dibujo pintado a mano hasta pegatinas o papel de regalo).

Respecto a las pestañas, ahí sí que desmontamos más a fondo el mecanismo de los ojos porque era imposible quitarlas simplemente tirando. Así que utilizamos el método del agua caliente (¡funciona!) y luego fue pan comido desprender las pestañas con la ayuda de unas pinzas para la depilación de las cejas.
Y a ponerle las nuevas con un poquito de pegamento y siempre utilizando las pinzas. Yo elegí unas negras extralargas. Igualmente, para ahorrar un poco, las compré en el chino. Eran tamaño humano pero, cortando los dos extremos y conservando la parte central, que es la más recta, se los colocamos a Geraldine y le quedaron perfectos. Además, en los chinos, y más en Carnaval o en Halloween, hay una variedad en colores estupenda.

¡Se me olvidaba! ¿Y los “sleepy eyes”? Con esto, lo que se consigue es que la muñeca pueda mantener los ojos cerrados. Con el mecanismo de fábrica, al tirar de la cuerda y cambiar el color de los ojos, siempre vuelven a abrirse.
En este caso, lo que hay que hacer es quitar un muelle que hay dentro de la cabecita (tan sencillo como cortar con unos alicates, se puede ver en la segunda foto que he subido) y anudar un nuevo cordel al agujero que hay en el mecanismo de los ojos (se puede ver dicho agujero muy claramente en una de las fotos que he subido explicando el cambio de los chips).
Yo elegí dos lacitos en lugar de cuerdas, porque me parecían muy originales. Para los “pullrings” (que realmente son “anillos para tirar”, gracias a los que cambiamos el iris en cada momento), utilicé dos ciervecillos que me traje de Nara en uno de mis viajes. Unas gotas de loctite en los nudos de los lazos para que no se deshagan y ya está listo. Con una cuerda cambiaremos el color del ojo, que permanecerá cerrado, y con la otra haremos subir los párpados.

Después de todo esto, volver a montar la muñeca. Es verdaderamente recomendable fotografiar todos los pasos para luego poder desandarlos.


¿Nuestro nuevo reto? Una Blythe negra, que me tienen loca también. He conseguido un pelo rizado de locuela estupendo y esta vez va a ser una muñeca totalmente personalizada, nueva.
No obstante, estamos muy contentos con la nueva carita de Geraldine, que es muy personal y que, ahora que veo, después del tiempo, sus anteriores fotos, me doy cuenta de que es totalmente diferente.

Por último, las páginas que yo he utilizado, por los tutoriales, los consejos, los ejemplos… Y también para comprar.
Por el momento, he comprado eye chips en Cool Cat. Los precios son mejores que en e-bay, aunque en e-bay a veces hay joyas customizadas que son un verdadero lujo. Los pedidos de Cool Cat me han tardado unos quince días. Tienen todo tipo de material.
También he comprado en Goody Blythe, pero esta vez fue una peluca. La gané en una puja de e-bay y me salió mejor que en la tienda, pero por lo general los precios son similares. Hay muchísima variedad en pelucas, aunque también venden otros productos.
Otra cosa que he comprado ha sido el spray Mr. Super Clear. En todos los foros hablan de él y no he conseguido encontrar otro más barato ni más fácil de conseguir, así que al final probé en Les Golfes y ellos me lo enviaron. Sin embargo, sigo pensando que no puede ser el único producto en el mercado que sirva para matizar y para fijar el maquillaje. He peregrinado por ciento y una tiendas de maquetas y manualidades de Madrid y me han dado otras ciento y una opciones, pero no quería estropear mi muñeca y al final compré el famoso spray del que tanto se habla…
Y, por supuesto, está e-bay, aunque recomiendo hacer muchas búsquedas y echar un vistazo a los precios que hay en los blogs y foros para hacerse una idea de lo que es caro y lo que no lo es.
Y luego, webs de gente que se dedica a esto y que explica en qué consiste la customización, hay muchas. Pero voy a destacar varias:
* La web más completa que he encontrado hasta ahora ha sido la de Puchi Collective, aunque está en inglés. Tienen patrones para ropa (como los pantalones que lleva Geraldine en la última foto, aunque no se vean nada…).
* La web de Mimoko. Nos ofrece tutoriales bastante buenos y tiene una plantilla de iris especiales para ojitos planos.
* La web de Pícara, Roguedolls, es un ejemplo de las virguerías que se pueden hacer con las Blythe. Y, lógicamente, cuanto más especial es la muñeca, más cuesta; sólo hay que ver los precios que alcanzan sus customizaciones en e-bay.
* La web de Erregiro, otro de mis preferidos, es también una auténtica maravilla. Nunca he visto subastas suyas en e-bay, supongo que trabajará por encargo. Pero no hay que perderle de vista porque tiene auténticas preciosidades.
* Y la que también customiza por encargo es la dueña de La Boutique de Lupi, que no se dedica sólo a la customización, sino también al patronaje. Tiene vestidos monísimos pero se agotan en seguida…

jueves, 11 de febrero de 2010

Marcianitos azules

Que conste que para mí “Avatar” es una película que ha aprobado. Y ha aprobado con un bien alto que puede optar a notable si se aplica (es decir, que donde cojea hay arreglo, y más si van a hacer una segunda parte).
Pero eso tampoco significa que vaya a estar entre mis películas preferidas.

>> Argumentos en contra

1) ¿Película comercial o “blockbuster”?
Según he leído en internet, hay opiniones para todos los gustos de lo que significa el término “
blockbuster”. Por lo que he visto en inglés, este término en un principio simplemente se refería a la recaudación de una película, es decir, a su éxito comercial (por ello, películas como “Ben-Hur” se consideraban “blockbuster”).
Sin embargo, por lo que yo tenía entendido hasta este momento, esta palabra tiene otras connotaciones bastante negativas, y es que así es como ha ido evolucionando el término (esto, por supuesto, es matizable). Por ejemplo, se habla de “blockbuster” cuando se trata de una película creada específicamente para convertirse en taquillazo, sin importar la calidad final de la obra o su complejidad. Cierto que el cine no es sólo cine de denuncia ni cine histórico, sino que también es ocio, pero hay una diferencia entre tomar una cerveza en un pub con buena música y tomar un mini de calimocho en la calle, ¿no es así?
Está claro que “Avatar” no pretende dejar de lado la parte artístico, pero también hay que decir que ese parte artística a veces se transforma en una mera finalidad estética y no resulta de ello un producto de calidad global. En unas partes hay calidad, pero en otras no la hay, adoleciendo la película de una simplicidad pasmosa cuando lanza muchas ideas en las que se podría profundizar (pero, efectivamente, no es ese tipo de película, sino una película bastante comercial, en la que profundizar no es el asunto).
Así que el dinerete que nos hemos ido dejando en la taquilla puede ser para agradecer un trabajo bien hecho o para responder a un reclamo publicitario como pocos había visto en los últimos tiempos. O hay un poquito de las dos cosas...

2) Calcos de películas. Momentos “
Parque Jurásico” y “Pocahontas”.
Si fuese cinéfila, encontraría más paralelismos, pero no lo soy.
Eso sí, como fan hasta la médula que soy de la saga de “Parque Jurásico”, hubo una escena que sentí como plagio absoluto (aunque es cierto que se trata de una gracieta bastante recurrente en muchas películas dirigidas al público infantil y también en la televisión). Me refiero a cuando Jake Sully (
Sam Worthington) se enfrenta a uno de los tantos animales que pueblan el planeta Pandora y Neytiri (Zoe Saldaña) le insta a desafiarle con rugidos; Jake cree haber asustado al animal y se está jactando de ello cuando se da cuenta de que tiene detrás un animal mucho más grande al que ahora va a tener que esquivar (igual que pasaba con los velociraptor y el tiranosaurio rex).
Respecto a “Pocahontas”, el parecido es tal que sólo faltan las canciones (en lugar del mapache, tenemos al animal volador - ¿
banshee? -).
Cuando Neytiri enseña a Jake el valor de la tierra, de los seres vivos y de la conexión que los Na’vi tienen con ellos, podría cantarle: “¿Has oído al banshee aullarle a la luna azul? ¿Has visto a un direhorse sonreír?” La lluvia de semillas del árbol sagrado (un momento precioso, por cierto), podría compararse con las ráfagas de hojas que aparecen en la película Pocahontas cuando ésta le enseña a John Smith el mensaje de su tierra y el respeto por el entorno en que se vive.
Es cierto que los niños de ahora no han crecido con “Pocahontas” y esto no les va a incomodar, pero a mí sí que me parece un poco reprochable que no hayan encontrado otra forma de enseñar al militar patán que sólo hay un planeta (en este caso, más aún, porque no se sabe si la Tierra se ha convertido ya en un lugar inhóspito y hay que colonizar Pandora – quizá es un buen argumento para la segunda parte) y que hay que cuidarlo. Supongo que todos los padres que han ido al cine vieron en su día “Pocahontas”, pero no he oído muchas quejas al respecto al salir del cine.

3) Argumento plano y sencillote.
Los buenos contra los malos. El malo que se hace bueno. Y, sobre todo, los buenos que no tienen ninguna posibilidad de ganar pero que ganan.
Se me ha argumentado que se trata de dar un final feliz de cara al público infantil, pero no me convence esta idea. En primer lugar, porque a algunos de los niños que veían la película les costaba comprender por qué el protagonista se metía en una cabina y por qué, cuando estaban viendo flores exuberantes y animales multicolores, de repente sacaban el tema del laboratorio. Es decir, que muchos niños, de pequeños que eran, no llegaban a comprender lo que ocurría en la película. Quizá porque esos mismos niños pequeños para los que se crea el final feliz no son el público principal para el que se ha creado esta película.
En mi opinión, muchos niños que sí que comprendieron la película serían también capaces de comprender por qué no pueden ganar los buenos. Aunque las batallas con final feliz gusten a muchos, a mí me pareció un absurdo teniendo en cuenta tantos casos reales en los que se aplasta la naturaleza y el entorno de las tribus para conseguir un bien económico. La
historia está plagada de ejemplos y, sin embargo, no encuentro un caso en el que “los malos” desistiesen de su empeño.
Aún así, salvando el tema del final de la película, ¿qué ocurre con todo lo demás?
Recuerdo que cuando empezó la película confundí lo que estaba viendo con otro trailer. Y pensé: “Quiero ver esa película, Pandora”. Me fascinó la idea que se presentaba al principio de la película, las naves, el 3D... Pero cuando quise darme cuenta estaba viendo “Avatar”. Eso me vino bien, porque había ido al cine con desgana. Pero luego la ilusión volvió a desaparecer: un chico minusválido aceptaba una misión para infiltrarse entre los Na’vi y así conocerlos, mientras que, por otra parte, el que se convierte en su superior militar le pide que descubra sus secretos para poder convencerlos de que abandonen el lugar que habitan o, al menos, para poder invadirles sin grandes problemas.
Se ha expuesto también muchas veces la idea del invasor que se pone del lado del invadido, que se solidariza con él y comprende su posición. Y no es tanto la repetición de ideas como la sencillez de la narración lo que hacen perder puntos a la película:
¡Pobres alienígenas, que se quedan sin casa, ellos que son tan buenos! Y de ahí no salimos.

4) La duración. Excesiva.
De nuevo ataca la moda de alargar las películas lo máximo posible. ¿Será una conspiración para averiguar cuánto se puede permanecer sentado en un espacio más o menos pequeño y sin hablar? Porque no comprendo por qué cuando una película está terminada, cuando una película tiene ya el argumento cerrado y no necesita más giros ni rimbombancias, se opta por volver a repetir una secuencia entera.
Es el caso de “Avatar” cuando, tras un primer ataque de los humanos y una primera expulsión del lugar en que viven los Na’vi, se les vuelve a atacar en el segundo lugar que se instalan. ¿Por qué no una única batalla?
La película podría haber acabado después de la primera batalla, con la masacre de los Na’vi.
O, si se prefiere, sin haber primera batalla y colocando en su lugar directamente la batalla final, en la que la naturaleza (y lo que podríamos llamar “dios”, lo siento, no recuerdo el nombre de esta entidad en la película) interfiere a favor de “los buenos” y son los humanos los vencidos.
Una sola batalla y mi trasero y mi nariz lo habrían agradecido

5) El Coronel Miles Quaritch, cual
Bryan Fury inmortal.
Si hay algo que me saca de mis casillas, son los personajes inmortales. El Coronel Miles Quaritch, sin duda, debió de ser campeón de natación en su juventud. En al menos dos ocasiones, sale al exterior sin máscara y aguanta la respiración todo el tiempo necesario para no morir respirando el aire de Pandora. Por ejemplo, presa de un enfado, abre las compuertas de uno de los hangares y, mientras el resto de compañeros corren a coger sus máscaras, él sale al exterior, dispara, etc., hasta que se refugia del aire de Pandora.
No critico que cuando la nave en la que viaja es disparada y literalmente agujereada por los Na’vi las personas que viajan en su interior no mueran asfixiadas (sería demasiado criticar la película por un simple fallo de guión), sino que este hombre es prácticamente inmortal.
Es como cuando vi "
Halloween H20": el asesino atacado con un hacha, atropellado, después de caer por un terraplén, etc. ¿Alguien se planteó si cada vez que volvía era para atacar o realmente para que alguien le diese el descanso eterno?
Pues al Coronel le sucede algo parecido: manejando un robot mortífero, aguanta la respiración cuando es atacado por Jake Sully y continúa combatiendo...

6) La cara de
Sigourney Weaver. ¿Por qué no está retocada como la del resto del reparto?
No sé si se trata de una cuestión de contrato, pero es un detalle que no me gustó. Mientras el parecido entre los actores y sus avatares está bastante suavizado, a Sigourney Weaver parece que simplemente le han pintado de azul y le han levantado un poco el tabique nasal a la altura de los ojos. Creo que esto le quita realismo a su avatar, mientras que el de Sam Worthington, conservando las gesticulaciones humanas, es totalmente creíble.

>> Argumentos a favor

A pesar de que los puntos “en contra” cinco y seis son percepciones muy personales y poco válidas a la hora de argumentar que una película sea mala, veo que son cuatro puntos en contra y sólo tres a favor...

1) Credibilidad de los “muñecones azules”.
Por una vez, los alienígenas no son gorditos verdes con antenas. Es más, ¡no son verdes! Porque los alienígenas, todo el mundo lo sabe, pueden ser grises
o verdes pero, sobre todo, ¡verdes!
La verdad es que cuando vi el anuncio por primera vez me dije: “¿esto es lo que todo el mundo está loco por ver?” Y, frunciendo el ceño, pensé que eso de los extraterrestres azules no se lo tragaba nadie. Pues, sí señores, ¡es totalmente creíble!
La verdad es que cuando vemos por primera vez las recreaciones de los Na’vi en el laboratorio, cuesta un poco creer en lo que se ve. Son demasiado grandes, desproporcionados, y se encuentran en un entorno que les es totalmente ajeno (camillas, mascarillas, sueros...). Al rato, cuando vemos a otros dos jugando al baloncesto con bermudas ajustadas a esas piernas excesivamente largas, tampoco se ve natural. Es, como siempre, la humanización absoluta de lo desconocido, como si el hombre fuese el centro de todo y el mundo (hasta el ficticio...) tuviese que estar hecho a su imagen y semejanza. Después de tan sólo un par de escenas de los Na’vi en el verdadero entorno de Pandora, se olvidan las colas de esas criaturas, sus miembros excesivamente largos, sus ojos ligeramente bizcos, su pelo extremadamente negro. Enseguida se da por válido lo que se está viendo y eso es lo que hace realista la película. Igual que Sully, el espectador ve el mundo que ven los Na’vi a través de sus ojos.

2) Correcta introducción de la ciencia ficción dentro de película infanto-juvenil.
La película ofrece ideas interesantes acerca de la realidad virtual y, además, hilvana muy bien todo lo que ella supone en la trama: horarios de descanso, alimentación, heridas sobre el avatar o sobre el que lo maneja, etc. Creo que no se ha dejado ningún cabo suelto y que, por ello, una idea que podría parecer descabellada se nos presenta como algo totalmente normal.
Siempre me han gustado películas como “
Gattaca” o “La isla”. Y pocas películas han logrado un entorno de ciencia ficción tan realista como ellas y, aún menos, pocas películas han logrado una credibilidad tan grande como “Avatar” presentando un universo tan ficticio y tan poco explicado al mismo tiempo. Lo que quiero decir es que, a pesar de que son muchas horas de trabajo las que hay detrás de la película y de que no se nos dan todas las claves mascaditas mientras la vemos, se nota ese trabajo en el resultado final. Otras películas necesitan “haber leído” o “haber visto” otros productos antes de visionarlas para poder entenderlas y, en cambio, son enormemente elogiadas y se convierten en películas de culto. Tal es el caso, por ejemplo, de “Akira”.

3) Belleza de los paisajes.
Me parece muy loable la creatividad que ha habido a la hora de presentarnos un mundo tan distinto y a la vez tan parecido al nuestro. Bebiendo de las selvas amazónicas, de las tribus “no civilizadas” o del legado prehistórico de los dinosaurios, se ha ideado un universo entero en el que fauna y flora tienen un aspecto muy especial y también muy reconocible (me figuro que esto también será muy positivo a la hora de vender merchandising).
De nuevo, como fanática de los dinosaurios, me entusiasmó el diplodocus-escarabajo, que es lo que parece ese animal que embiste a Jake Sully y que aparece en la lucha final contra los humanos. Y los perros salvajes que atacan a Sully por la noche son realmente terroríficos...
Tampoco hay que despreciar el aspecto felino y la mirada de ciervo de los Na’vi. De algún modo, al mismo tiempo que se nos da un punto de partida familiar en la imagen humana, luego se distorsiona hasta crear algo nuevo y bastante rompedor.
Pero creo que lo que de verdad ha gustado es el paisaje nocturno de Pandora. Después de la “puesta de sol” y de unos momentos de oscuridad, toda la flora se llena de colores fluorescentes que iluminan el planeta durante la noche. Los insectos que se mueven como molinillos de viento, las plantas que desaparecen el tocarlas, las semillas del árbol de la vida flotando por doquier... Un lugar maravilloso para visitar virtualmente.
Enlazando con esto está la forma en que se ha interpretado la conexión entre los elementos de la naturaleza: todos los seres vivos tienen unos filamentos que pueden conectar con los de los demás, de modo que se da una comunicación telepática muy directa. Así, no es necesario domesticar a los animales, se puede tener empatía y conocer los sentimientos de las plantas, etc.

4) Enseñanza de valores morales. Por ejemplo, el respeto a la naturaleza o a la vida y la superación personal.
Como en “
Buscando a Nemo”. Aunque me han dicho mil y una veces que el valor de esta película es enseñar que con esfuerzo uno puede valerse por sí mismo (a pesar de tratarse de un pececito con una aleta más pequeña de lo normal y con un padre super protector), no creo que esta moraleja haga buena a la película. Será buena por el humor, la animación, etc. (aunque a mí me pareció una película bastante aburrida).
Pero ese no es el caso de “Avatar” porque esta película, en el fondo, es bastante más compleja que la historia de Nemo. Aún así, las moralejas pueden quedarse en un valor añadido en una película que también ven niños pequeños: a mí no me parece un punto especialmente a favor de la película, simplemente una conclusión positiva del argumento.




>> Argumentos a favor y en contra

3D. Una película muy valiosa por sus avances tecnológicos pero, ¿dará la talla sin 3D o en DVD? Muchas veces, los admiradores de los efectos especiales gritan a los cuatro vientos que “ésta (por cualquiera) es una película para ver en el cine”.
Desde luego, el trailer de televisión de “Avatar” dejaba mucho que desear. Ese realismo de lo fantástico no se percibía y, sin embargo, en la sala de cine se palpaba. El sonido envolvente que nos acercaba el chirrido de los insectos y las hojas que parece que van a caer sobre el público: ¿no tiene valor? Por supuesto que lo tiene, tiene un valor enorme.
Pero es el valor que tiene también el teatro de aquellos actores que te hacen saltar o llorar en tu butaca, el teatro de aquellos actores que interactúan con el público. Si vemos el teatro grabado en casa... ¿qué nos queda realmente de la esencia de esa obra?
Cierto que en el cine ciertas películas se ven espectaculares pero, en casa, ¿“Avatar” será buena o sólo mediocre?

¿Hasta qué punto se puede llegar a valorar una película por sus avances técnicos? ¿Es esa la única unidad de medida válida para ciertas películas?

Me reitero en mi idea de que la base de una buena película se sustenta sobre un buen argumento, unos buenos diálogos y una buena interpretación. La película flaquea en los dos primeros puntos. Y, si este triángulo no es potente, no importa la acción ni los efectos especiales: son valiosos, pero no esenciales para una buena película.
¿Valoraríamos igual una película de época en la que el vestuario fuese maravilloso pero el argumento fuese un coñazo intragable?
En cambio, se valora (y valoro) “
Dogville”, donde no hace falta ni escenario porque la base de la película es muy sólida. Otro día hablaré de esta película.

domingo, 31 de enero de 2010

Historia de dos casadas

Cada día me gusta más, casi diría que me apasiona, leer a
Benito Pérez Galdós.
Ya de pequeña leí la versión mini de “Marianela”, si es que dicha versión se llama así, pero formaba parte de una mini-compilación de novelas tamaño Nancy. Curiosamente, recuerdo aún la imagen de la portada y el vestido que llevaba en ella Marianela.

Por eso, cuando en tercero de BUP tuvimos como lectura obligatoria “Misericordia”, enseguida encontré tema para el trabajo libre que teníamos que hacer durante el curso: “Marianela”.
Me comentó mi profesor que, si las dos novelas que hasta ese momento había leído me habían gustado, “Fortunata y Jacinta” me iba a fascinar.
Y así ha sido.

Entre medias leí “La de Bringas” (también este verano), porque la segunda parte de “Fortunata y Jacinta” no estaba disponible cuando yo pasaba por la biblioteca. Como bien imaginé, no habría aguantado leyendo una parte y esperando a que quisieran devolver la otra, así que esperé.

Tras leer “La de Bringas” lo que sí me quedó claro es que tenía que leer “Tormento”.
Y, por qué no, también “Doña Perfecta” y “El abuelo”.
Pero paso a paso, que no me quiero encasillar.

Leer “Fortunata y Jacinta” fue para mí una grata experiencia.
Un melodrama, asomarse a las diferencias entre los burgueses y el pueblo llano, visitar el Madrid de hace más de un siglo... Todo esto es lo que significa esta novela.
En este caso, aparte del dominio sobre la lengua, el magistral uso de las técnicas literarias y el disfrute que en general me ha aportado esta “historia de dos casadas”, puedo resaltar varios momentos/personajes (porque Galdós se vale siempre de los personajes, no tanto de las circunstancias, para construir sus historias), pero ahora no es el momento.
Cuando terminé la novela, me quedé con ganas de más, como cuando has visto cuatro temporadas de tu serie favorita y te dicen que ya no va a haber más.
Por suerte para mí, pude volver a disfrutar de la novela, pero esta vez en televisión.

A finales de los 70, Televisión Española empezó el proyecto de “
Fortunata y Jacinta”, una superproducción televisiva que consta de diez capítulos que se estrenaría en 1980.
La verdad es que, en un primer momento, me costó acostumbrarme a la serie, sobre todo por el sonido. Pero todo lo demás es magnífico: los decorados, el reparto y la adaptación en general. Los diálogos son diálogos sacados directamente de la novela (de ahí también la teatralidad de la obra, que alterna largas descripciones con expresivos diálogos).

Pero lo que realmente me fascinó es el acierto del reparto. En especial, con algunos personajes; en mi caso, Fortunata (
Ana Belén), Maximiliano Rubín (Mario Pardo), Doña Lupe (Mª Luisa Ponte), Don Plácido Estupiñá (Manuel Alexandre) y Mauricia (Charo López).

Es cierto que otros actores bordaron también el papel (como Paco Rabal interpretando a José Izquierdo o Fernando Fernán Gómez como Evaristo Feijoo), pero por el cariño que yo les tenía ya a los personajes o por el valor que añaden a éstos los actores (como es el caso de Ana Belén), son otros mis favoritos.
En primer lugar, recuerdo, del primer capítulo, la imagen de Don Plácido recorriendo el mercado buscando la comida que le ha encargado Doña Barbarita. Cierto que no se aprecia tanto en la televisión como en la novela el carácter hablador y entrometido de este personaje, pero me resultó mucho más cercano en televisión. Digamos, digno de cariño (lo que al mismo tiempo favorece que se le tenga menos aprecio a Doña Barbarita).
También es soberbia la interpretación de Charo López como Mauricia la Dura, a quien yo me imaginaba realmente tal como la vi en TVE. Quizá con el pelo más claro, pero eso es todo. El perfil, su nariz, son idénticos a los descritos por Galdós. Y el episodio de la pelea con las monjas a ladrillazos o el de su agonía en la cama, son también calcados.
Me sorprendió mucho la interpretación de Ana Belén, ya que hasta el momento no conocía su faceta de actriz más que de oídas. Ya no sólo porque es una interpretación fantástica, sino porque descubrí el personaje más a fondo de lo que lo había hecho en la novela. En la novela vi a la mujer fuerte, decidida, despechada e incluso rabiosa, a la mujer que lucha con unas y dientes. Pero en televisión, además, de a esa mujer, conocí a la mujer frustrada, engañada e ingenua. Ana Belén le da al personaje una profundidad digna de elogio (y es que, desde el principio, eso de “Fortunata y Jacinta” sonaba más a Fortunata que a Jacinta...).
¿Qué decir de Doña Lupe? Empezando por que es un personaje que me encantó en la novela (su relación con Fortunata, su relación con Papitos... su relación con el dinero...) y terminando con que Mª Luisa Ponte era una actriz impresionante, poco más puedo decir.

Como se puede ver, me quedo con Maxi, Mario Pardo, para el final.
Para mí, Maximiliano Rubín fue el gran protagonista de la obra literaria (no tanto de la televisiva, aunque creo que sólo porque los guionistas o directores no lo quisieron así). Como decía la misma
Emilia Pardo Bazán (amante y confidente literaria de Galdós), se puede hablar de esta novela como “la admirable epopeya de Maxi Rubín”.
Ingenuo y bondadoso pero al mismo tiempo perspicaz y vengativo: casi como un dios. Él mismo habla de una nueva religión de la que él sólo es el profeta, pues “el mesías” está por venir. Y, con unas frases lapidarias, siembra en el corazón de Fortunata el dolor que a él tantas veces le ha sido infligido, pero sin necesidad de usar la violencia ni el insulto: tan sólo la inteligencia y la palabra le bastan.
¿Pues qué querías tú...? (con sonrisa glacial). Hija, es preciso estar a las agrias y a las maduras. ¿Qué querías? ¿Herir y que no te hirieran? ¿Matar y que no te mataran? El mundo es así. Hoy tiras tú la estocada, y mañana eres tú quien la recibe... ¿Dudas todavía?.
Aquí.
Joven pero al mismo tiempo achacoso, estudiante ensimismado; Galdós describe desde sus pómulos salientes hasta su pelo ralo y sus piernas débiles. Esperaba con la máxima expectación la aparición de este personaje en la serie, pues nunca creí que se pudiese hacer una búsqueda tan perfecta del actor ideal.



Hay mucho que leer aparte de la misma novela (de la que la serie no deja de ser un adelanto, muy leal, eso sí, pero un adelanto), y aquí dejo varios enlaces:
Fortunata y Jacinta, cien años de vida”, un programa dedicado a la novela con motivo del centenario de su publicación en 1987. Interesante repaso a los escenarios actuales de Madrid que se muestran en la novela.
Títulos digitalizados de Galdós en la Biblioteca Cervantes.
Galdós y el melodrama”, por Isaac Rubio.
Galdós y Flaubert”, por Alan E. Smith.

lunes, 25 de enero de 2010

Un programa distinto para un sábado

En lugar de cine + cena + copa (que otras veces nos ha salido por 6€ + 15€ + 8€), esta vez hemos optado por museo + tentempié + teatro (lo que nos ha salido por la increíble cantidad de 8€ + 10€ + 10€). Es decir que, sin un desembolso mayor del habitual, hemos hecho cosas bastante distintas de las que hacemos tantos y tantos fines de semana y al mismo tiempo no hemos tenido que estar tres horas callados (cine) ni salir ahumados, con la ropa para tirarla por la ventana (pub).

Me habían recomendado la exposición de las
Las Lágrimas de Eros en el Museo Thyssen-Bornemisza, pero no había encontrado el momento de ir. Y, sabiendo que la exposición acaba el próximo 31 de enero, no podía esperar mucho más.
Me la habían recomendado por la cantidad de imágenes mitológicas que en ella aparecían. Pero, sinceramente, más que el reclamo de lo mitológico, creo que lo más atractivo de la exposición es la idea que en ella subyace.
Ver los cuadros / fotografías / esculturas que se exponen en una misma sala parece una auténtica locura si no se lee la introducción (a uno que yo me sé tuve que pararle los pies para que no corriera tanto y se enterase de lo que estaba viendo...). ¡Y llegar al museo esperando ver sirenas y después encontrarse con una sala dedicada a San Sebastián puede ser bastante chocante! Pero lo mitológico y lo religioso se funden en uno en esta exposición, encadenados por el tema principal: la relación Eros-Tánatos.

El título de la exposición está tomado del libro
Les Larmes d’Éros, de Georges Bataille, autor que había estudiado a fondo la relación entre “eros” (Ἔρως) y “thanatos” (Θάνατος)
Si bien hay muchas interpretaciones de lo que eros y thanatos significan, originariamente, en la mitología griega, se habla de
Eros como el dios de la “atracción sexual, amor y sexo” y de Tánatos como la personificación de la muerte no violenta, muy relacionado así con el sueño (su hermano gemelo, Hipnos).
A lo largo de los años se han ido dando nuevas interpretaciones a lo que eros-tánatos representan y a la relación que se da entre ambos (incluso hay una teoría psicoanalítica descrita por Sigmund Freud).
Igualmente, se ha plasmado esa relación en numerosas obras de arte desde numerosísimos puntos de vista.

Como podemos leer en la web del museo:

“El punto de partida de Bataille es la certeza de que en la petite mort del orgasmo experimentamos un avant-goût, una anticipación de la muerte definitiva. El recurso a imágenes de la agonía para expresar el clímax amoroso y al lenguaje del éxtasis para representar la muerte no es desde luego una invención de Bataille. Lo encontramos en Wagner, en la poesía romántica, en Bernini y en Miguel Ángel, en los místicos españoles y en la lírica griega arcaica. Lo que Bataille cree haber hallado es un fundamento para la identificación entre Eros y Tánatos: tanto en la muerte como en la consumación erótica regresamos, desde la discontinuidad de la vida individual, a la continuidad originaria del Ser.
Para explorar la íntima relación entre Eros y Tánatos, nuestra exposición dispone las figuras mitológicas en un itinerario casi narrativo que avanza desde la inocencia a la tentación, de la tentación a los suplicios de la pasión, hasta la expiación y la muerte.”

Para comprender la idea de la que nace la muestra, se pueden leer dos artículos muy interesantes de “Revista de Arte”:
éste y éste.

“(...) una gran exposición dedicada a los tormentos de la pasión y al lado más oscuro del deseo. La exposición, comisariada por Guillermo Solana, ha tomado prestado el título del último libro del escritor Georges Bataille “Les larmes d’eros” el cual también ha inspirado algunas de las ideas sobre el erotismo que se tratan en la muestra como por ejemplo la dicotomía entre prohibición y trasgresión, la identificación de lo erótico con el sacrificio religioso o la intrínseca relación entre el Eros y el Tánatos como ejemplo de la sexualidad y la muerte respectivamente.”

Obras renacentistas, barrocas y hasta surrealistas en una exposición que, al menos en la mitad que yo he visto (¡me queda pendiente la exposición en la Fundación Caja Madrid!), es muy completa.

Mis obras favoritas de la muestra y, por qué no, mis ideas favoritas:
1) Las tentaciones de
San Antonio y la forma en que se le relaciona con la actitud del voyeur, que no participa pero que tampoco es un sujeto totalmente pasivo en cuanto a que, efectivamente, de algún modo también es sujeto. Es reseñable la obra de pintura y collage de Antonio Saura.
2)
San Sebastián como icono gay y como perfecta representación del sufrimiento y el placer al mismo tiempo, de modo que esa relación eros-tánatos que pretendía mostrarse en la exposición queda perfectamente ejemplificada. “En muchas pinturas de San Sebastián luce un rostro que expresa una mezcla de placer y dolor. Se considera que esto ilustra el placer por ser coherente con sus convicciones y el dolor de verse atacado por defenderlas” (artículo completo aquí).
3) El mito de
Andrómeda, que ilustra en este caso la esclavitud erótica o el bondage. Es un mito que siempre me ha gustado, pero ahora adopta una nueva dimensión. La obra de Gustav Doré que se exhibe en el Thyssen me cautivó.
4) Por último, el tema de “el beso”. Si alguien espera ver aquí la famosa obra de Klimt, me temo que no la encontrará. Pero es que no es tanto ese beso el que se busca aquí... Como comentan en Revista de Arte, “la muestra no sólo se ha centrado en la representación romántica del beso sino en sus versiones más sórdidas, cercanas al canibalismo o la vampirización”. Impresionante la escultura que se puede ver nada más entrar a esta última sala (lamento no haber tomado nota del nombre del autor, pero creí que en la web del Thyssen lo encontraría y no ha sido así): ese beso final, en el que dos almas se funden y se devoran la una a la otra. También estoy muy contenta de haber conocido
la obra de Franz von Stuck; aunque “El pecado” da verdadero miedo, quedé fascinada con “El beso de la esfinge”, en el que la mujer-león atrapa con sus zarpas a un hombre y lo besa “vorazmente”, hasta el punto que parece que va a partirle por la mitad.

Así que, rapidito al Thyssen, que la exposición termina el próximo domingo 31. De 10.00h. a 19.00h. y por sólo 8€. En la web se puede hacer una
visita virtual para una primera toma de contacto.
Yo intentaré sacar el momento para visitar las obras expuestas en la Fundación Caja Madrid, aunque termina en la misma fecha (eso sí, la hora de cierre es algo más tarde, a las 20.00h.)

Cuando terminamos la visita, estuvimos deambulando por la zona de la Plaza de las Cortes (que en menuda hora, porque está la plaza de obras que da pena verla...). Queríamos encontrar un bar donde tomar algo pero, será porque hay crisis (últimamente es la razón de todo, hasta de que llueva) o porque era demasiado temprano, pero no encontramos ningún sitio decente abierto. Eso nos hizo decidirnos a volver a casa cuando, de repente, vimos un cartel junto a unos andamios de obra... “Duelo de esgrima y palabras”. Al parecer habíamos visto un reportaje en televisión, pero yo no lo recordaba; aún así, me parece perfectamente plausible que después de ver la noticia no dijesen dónde ni cuándo ni quién, como sucede en muchos avances de ocio en programas que no son de ocio (como el telediario).
Estábamos en la puerta del
Ateneo y entramos a preguntar. Al parecer, el sábado por la noche y el domingo por la mañana eran las dos últimas funciones, y eso porque se había prorrogado el espectáculo.

Por sólo 10€, una hora y media de acción y diversión por igual.
Se trataba de un espectáculo teatral en el que se representaban fragmentos de grandes obras de nuestra literatura. Siempre, por supuesto, incluyendo un duelo de espada.






Pudimos disfrutar de la escena de la muerte de Don Juan Tenorio, de un duelo muy simpático de “El Buscón”, de varias escenas de “El capitán Alatriste” o del duelo entre Don Juan Crespo y Don Álvaro de Ataide en “El alcalde de Zalamea”.
Textos adaptados por José Luis Chavarría, también director de la obra; música compuesta e interpretada en directo por Josué Bonnín de Góngora (piano); el maestro de esgrima Jesús Esperanza (siete veces campeón de España de florete, ha sido maestro de muchos actores españoles); y vestuario cedido por el Teatro Español.
Como intérpretes, José Luis Chavarría, Inma Romero, Chema Ruiz, Alejandro Pantany, Ángel Sólo, Tomás Repila, Juan Carlos Puerta, Diego Pizarro, Enrique Inchausti, Verónica Valiente, Jesús Esperanza y Chete Guzmán.
Cabe destacar la actuación de Ángel Sólo como Quevedo. En general todos me parecieron grandísimos actores (aunque se denominasen a sí mismos “actores no profesionales”), pero este Quevedo, que ni llevaba el pelo largo ni lo tenía negro, se me apareció como Quevedo mismo. La voz, el mal carácter... Perfecto.

La complicidad con el público fue total.
Los actores surgían de entre el público y se dirigían a éste (Quevedo increpa a un espectador por ocupar su asiento, un aristócrata amanerado guiña el ojo a otro espectador...). Se invitaba al público a terminar las frases de los personajes, los personajes se mostraban como actores-trabajadores criticando al narrador por su lentitud, el piano restaba dramatismo a la muerte de Don Juan con una música cómica, etc.
La lucha entre Quevedo y el aristócrata francés fue una carcajada tras otra, y la lucha final a cámara lenta entre la posadera y el borracho de “El Buscón” aún más.

Y, como colofón, un homenaje a
Larra en clave de esgrima. Precioso, realmente tocaba algo en nuestro interior, no como otras alegorías que muchas veces nos dejan sin saber qué es lo que hemos visto.

Para quien quiera profundizar más sobre este tema y para no perderse nuevas propuestas:
Maestro de Esgrima y Compañía la Irremediable

miércoles, 14 de octubre de 2009

“El amor duele”

Cada vez que iba a la tienda de cómics me llamaba la atención un pequeño volumen de manga con la sobrecubierta amarilla.

El dibujo principal, aquél que tanto me atraía, era un retrato de una mujer en actitud cotidiana. La chica se agarraba un pelo con una mano y con la otra, ayudada de sus dientes, abría una horquilla para sujetarse el moño. Su mirada parecía absorta y su gesto era lejano; el cuerpo inclinado, el cuello de cisne.
Las líneas delicadas, la superficie plana y negra del pelo y la falta de volumen en el dibujo me recordaban enormemente a los retratos del
ukiyo-e. En ellos, a menudo aparecen mujeres con un espejo, un cepillo, etc. mostrando sus actividades diarias.

Aunque la carátula del manga en español no es la que aparece en
el original, nos da una idea muy acertada y bastante aproximada de lo que vamos a encontrar en el interior (a esto hay que añadir que la imagen del rizador de pestañas utilizada en la portada original también es muy sugerente).

Y, cuando tuve el manga en casa y lo leí, no me decepcionó en absoluto.

Se trata de pequeñas historias, trozos de la vida de unos jóvenes unas veces absortos y perdidos (como la chica de la portada) y otras veces tremendamente decididos. Como ocurre con las novelas de Tanizaki o Kawabata, parece que la autora nos abre una pequeña ventana a la vida de sus personajes. A través de ella los observamos, durante un momento. No hay historia previa ni sabemos qué les pasará en el futuro. Vemos un instante de cotidianeidad plasmado en el papel a través de unas pocas líneas (tanto las que limitan el dibujo como las que sirven de diálogo o pensamiento a los personajes).
Las historias son sencillas: una pareja y un test de embarazo, una chica que le quita el novio a una amiga, un chico que se prostituye para poder vivir despreocupadamente. Quizá no son personajes tan habituales o quizá no estamos acostumbrados a ver personas tan intensas. Quizá es un retrato de la juventud japonesa, que por un lado ha perdido un poco las guías que siempre les han encaminado (o enclaustrado) en su sociedad y por otro quiere salirse de la norma y hacer su propia historia.

Lo que es realmente bello es el dibujo: el trazo simple y ligero, la ornamentación nula y los planos a veces extremadamente cercanos. Por ejemplo, hay una viñeta en la que aparece el torso de una chica desnudo, con el pecho estirado porque está tumbada. La naturalidad de la imagen es de una belleza asombrosa y, curiosamente, lo que le da el realismo al dibujo a la vez se lo quita, porque el encuadre es tan cercano que cuesta distinguir los miembros del cuerpo.
Como ya había comentado, el color (negro) apenas aparece, salvo para algunos personajes a los que se les ha coloreado así el pelo. El dibujo es limpio y los fondos, vacíos casi siempre, son los que parecen llenar el espacio. Es decir, que el espacio está lleno de vacío, aunque sea una paradoja.

A pesar de tanta sencillez (de argumentos y de técnica), es brillante la expresividad que tienen los personajes. Personajes que lloran, gritan, desconfían... Los rostros expresan todo eso y, cuando la autora no quiere que muestren tan abruptamente sus sentimientos, coloca a los lados del dibujo los pensamientos (poéticos) de sus personajes.




Centrándome un poco más en la autora, Kiriko Nananan (魚喃キリコ), no puedo contar mucho. He encontrado poca información acerca de ella y en la Wikipedia (tanto en la japonesa como en la inglesa y la española) los artículos no son nada extensos.
Kiriko Nananan nació en 1972 y en 1997 publicó otra obra que le dio mucha fama: “Blue”. Sin embargo, ésta última no la he leído.
No soy especialista ni muchísimo menos en manga, pues apenas lo leo, pero por lo que he leído, la obra de esta autora se enmarca en el género “jôsei” (女性). El género “jôsei” engloba las obras cuyo público son mujeres, jóvenes y adultas. Además, generalmente la autoría es de mujeres. Se caracteriza también por contar historias más o menos realistas, en las que el personaje es tratado de forma más humana y menos “cómica” o “idealizada” (caso del “shôjo”, 女性).

Lo que me parece una lástima es que un libro como “El amor duele” no haya llegado hasta hace más o menos un año a España. Y llega como novedad, cuando se publicó en Japón en 1997...
La editorial es
Ponent Mon, que ha traído pequeñas joyas realmente interesantes, como “Fresa y chocolate”.