sábado, 28 de abril de 2007

Algunas preferimos la hierbaluisa


¿Cuánto se puede tardar en leer un libro? Desde luego que se puede tardar, solamente, un Tokyo-Amsterdam. Eso, claro está, si no te entra el sueño ni intentas ver X-MEN 2 en japonés (aunque no hay demasiado que entender, por cierto).
¿Cuánto se puede tardar en escribir un libro? Dedicándole todo el tiempo que uno pasa despierto y sin contar las horas de las comidas, cenas, duchas, pipís y popós, pues tampoco sabría decirlo... También habría que suponer que se tienen las ganas, la fuerza y, sobre todo, la inspiración para escribir un libro de seguido.

Hay siempre una personita rondándome como las moscas en verano (no se te van de la cabeza), diciéndome que debería responder a los comentarios que la gente escribe a mis comentarios. Supuestamente, así ganaría popularidad y más gente leería estas cositas que escribo.
Si quisiese popularidad, ¿escribiría por placer? ¿Escribo realmente para alguien?
Si escribo es para desahogarme. Algunas personas se desahogan (liberan adrenalina, stress o lo que sea que las mantenga nerviosas o abatidas) a través del deporte. Dado que soy una vaga redomada, yo no puedo tomar esa vía. Hay otras personas que se desahogan ahogándose (literalmente) en la piscina o en el alcohol. Pues tampoco es mi solución.
Mi solución es tan sencilla como abrir el WordPad (desgraciadamente no tengo mejor herramienta en este ordenador) y empezar a escribir sin sentido. Sin sentido o recopilando lo que esta tarde pensaba mientras volvía a casa en el cercanías.
¿Qué me inspira? Me inspiran las palabras escritas en los cristales del tren con un llavero. Me inspiran las rozaduras negras de los asientos del tren. Me inspira el movimiento monótono y grasiento de las escaleras mecánicas a la salida. Me inspira la gente que ha quedado con alguien en la esquina del Opencor. Me inspira el kiosko en el que todas las mañanas me prometo comprarme algo cuando vuelva y después, con las ganas de volver, nunca me compro. Me inspira el perro pesado que mordisquea las deportivas del abuelete que lo pasea. Me inspira el chico que canta desafinado cuando escucha su walkman (sí, nada de mp3 ni ipod).
Me inspiran todas esas cosas sobre las que escribía y ya no escribo. Me inspira todo lo que, dentro de mí, quiero recuperar.
¿A quién no le agrada que le lean? Supongo que a nadie.




Por supuesto que me gusta pensar que alguien lee lo que escribo y agradezco enormemente los comentarios.

Pero no necesito la certeza (salvo de esa personita) de que me lean.
Ciertamente, sí que me pregunté si podría llegar a profesional. Hubo un tiempo en que lo ansié con todas mis fuerzas. Hubo un tiempo en que intentaba documentarme, en que escribía, en que tenía un objetivo. Un tiempo en el que registraba lo que escribía y lo mandaba a editoriales o lo presentaba a concursos. Mal no me fue. Pero nunca me sacaría de pobre (tampoco mi trabajo me hará rica).
Pero supongo que el paso del tiempo me decepcionó.

Lo que a uno le gusta no cree que pueda corromperse. Pero, sí, los escritores se corrompen. Lo escritores pagan a otros porque les escriban o, para ahorrarse el dinero, copian libros que creen que su público no conocerá jamás. Los premios no se regalan, se compran. Y poco a poco se pierde la fe.

Me alegro por la chica que escribió una novela hace poco. Una chica adolescente hablando del sexo a su edad. A ella le dieron la oportunidad.
Yo también escribí una de adolescente. Pero supongo que reflejaba la realidad de los adolescentes que los adultos prefieren ignorar.
Sea como fuere, también me animaron desde fuera a seguir. También me dijeron cosas maravillosas mis compañeros y mis profesores. Hasta gente que yo no conocía me conocía a mí por lo que escribía. Pero no fue suficiente.
Algún día, quizá, todo dé marcha atrás y recupere aquello. Pero, ¿quiero recuperarlo? Muchas veces, cuando recibes, estás obligado a que te quiten algo también...
Porque algunas preferimos la hierbaluisa. Y no nos conformaremos con las ortigas para ganar fama, éxito, popularidad... qué más da como lo llamemos.


Cuando leí "El elogio de la sombra", de Junichiro Tanizaki, quedé tremendamente impresionada por las sensaciones que podía despertar un WC.
Cualquier cosa es digna de conmover, ya sea para elogiar o desprestigiar. Pero nada, me atrevería a decir, hay ante lo que un escritor pueda quedarse callado.


En "El elogio de la sombra", Tanizaki expone toda una filosofía del valor de las cosas antiguas (solemos leer "viejas"), revalorizadas con el paso del tiempo (solemos leer "llenas de polvo") y por el uso (solemos leer "destrozadas"). Y para lo que es un ensayo solemos leer "la charla del abuelo".
Me parece un libro magnífico a la vez que curioso. Y, efectivamente, aunque las cosas en las que se nota el uso no me parecen bellas, sí que valoro esta forma de pensar, a veces cargada de razón, a veces casi pintoresca por tratarse de la mentalidad de otro siglo. Que tanto me choca y que tan valiosa fue y es para otros.

No entraré ya en las distinciones del libro entre orientales y occidentales (como la blancura del pueblo nipón y la blancura occidental - americana - ni lo noble de la blancura en Japón - que, como expliqué a colación de hablar del bikini y la exposición al sol, también fue una asociación que se dio en Europa). A veces, más que una distinción de pueblos me parece de generaciones. Porque, a lo largo del libro, no dejan de aparecer frases del tipo "encontrar en una gran ciudad manjares adecuados para el paladar de un viejo es una empresa agotadora". Que me suena a "esto que comemos ahora no es comida ni es ná; estos tomates no saben a tomates; normal, si es que los traen de por ahí, que los crían en viveros". Quizá lo primero suene mejor que lo segundo, pero la esencia es la misma, dicha por alguien que sabe escribir o dicha por alguien que se expresa como buenamente le enseñaron.


Lo que más me extraña es pensar que Tanizaki escribiese "Hay quien prefiere las ortigas" en 1929 y "El elogio de la sombra" posteriormente, en 1933. Y también me extraña pensar que escribiese "Hay quien prefiere las ortigas" con 43 años. Cierto, no era un mozo, pero tampoco el señor mayor anclado en tiempos pasados con el que lo identifico al leer la novela. Y, más, leyendo el ensayo y describiéndose él como se describe.

"Hay quien prefiere las ortigas" no me parece la historia del matrimonio formado por Kaneme y Misako.
Me parece la historia "del viejo", como aparece caracterizado y nombrado por Tanizaki durante toda la novela.
Quizá la lectura que doy de la misma no es sino el reflejo que proyecto en ella de "El elogio de la sombra", que yo leí primero. Por ello me parece que vuelca en ella el contenido del ensayo, cuando es más bien al revés.
Me pareció muy curioso el episodio en que Kaneme va con el viejo y O-hisa (la joven pareja del viejo, su suegro) a ver el teatro de marionetas en Awaji. Más allá del bunraku, la representación o el interactuar de los personajes, me llamó la atención de las palabras que Tanizaki puso en boca del viejo (o El Viejo, universalmente hablando):
"Mientras el teatro de Osaka, subvencionado por la compañía Sochiku, podía permitirse una cierta magnificencia, el de Awaji, por el contrario, distracción de campesinos, salía del paso como podía, con sencillez. Ornamentos y trajes eran muy usados; Miyuki y Komazova lucían una indumentaria algo más que raida.
Pero el viejo, con su afición por los trajes viejos, los admiraba sinceramente.
- Mucho mejores que los de Osaka - decía.

Hacía un rato que estaba mirando con envidia los vestidos de las marionetas, fijándose en todos los detalles: una faja antigua de mohair muy tiesa, un kimono amarillo de Hachijo de mangas cortas.
- Antes los de Osaka eran así también, pero poco a poco los fueron vistiendo cada vez con trajes más chillones y llamativos. Comprendo que renueven el vestuario cada temporada, pero lo que me parece signo de decadencia es que empleen estampados de muselina y purpurina a cada paso. Las marionetas son como los actores del Nô: cuanto más antiguos los trajes, mejor."



Pero todo ello se sitúa al lado de la situación real, llana, sin revestimientos de elegancia ni intentos de mostrar nada especial. Eso le admiro enormemente a Tanizaki: su capacida de observar la realidad que le rodea, sin más, sin tener que tomar un punto de vista distinto al del simple observador:
"Una madre, situándose cabalmente en el corredor central de la platea, ayudaba a un niño pequeño a desabrocharse: fue como si se hubiera reventado una cañería. Hasta el viejo se quedó un poco desconcertado.
- Demasiada naturalidad. Prácticamente en nuestra comida."

"Los cantores habían cambiado; los de ahora eran casi profesionales. Desde un sector de platea alguien gritó:
- Silencio todo el mundo. Es el coro de mi pueblo, ¿qué os parece? Es bueno, ¿verdad?
Y algún otro contestó:
- El del nuestro es mucho mejor. ¡Que se vayan!"

¿Y si se compara con algún pasaje de "El elogio de la sombra"?
"Aquel pecho liso como una plancha al que se ciñen unos senos de una delgadez de papel, aquella cintura apenas menos gruesa que el pecho, aquellas caderas, aquella grupa, aquella espalda recta, aquel tronco estrecho y delgado hasta el punto de resultar desproporcionado con el rostro y los miembros, aquella ausencia de espesor que más que un ser de carne evoca la tirantez de una bola de madera, ¿no es, en conjunto, la estructura del cuerpo femenino de antaño? (...)
Al verlas, pienso irresistiblemente en la varilla que forma el armazón de las muñecas. En realidad, el torso no es sino un soporte destinado a recibir el traje y nada más. (...) si se las despojara de sus vestidos sólo quedaría de ellas, como en las muñecas, una varilla ridículamente desproporcionada".



De "Hay quien prefiere las ortigas" me quedo, sin duda, con este pasaje y con el de Kaname en el baño de la casa del viejo
"Y la penumbra lo hacía aún más desagradable; la única ventanita, enrejada, estaba muy arriba, junto al techo y daba escasa luz incluso en pleno día. Quizás porque Kaname estaba acostumbrado a su cuarto de baño de mosaico, éste del viejo la parecía una celda; y el agua, perfumada con clavo, le daba la idea de un baño medicinal, saturado de sedimentos. (...)
Según su filosofía escatológica, el viejo sostenía que el cuarto de baño y el retrete de color blanco eran una estúpida idea de los occidentales. "Exponer ante uno las inmundicias propias con la excusa de que nadie lo ve denuncia una falta absoluta de sensibilidad y de buen gusto. ¡Cuánto mejor disponer para este menester del rincón más oscuro!" Y pretendía que el retrete estuviese siempre lleno de tiernas cortezas de cedro, ya que tenía la extraña convicción de que un cuarto de baño de puro estilo japonés debe tener ese olor delicado y característico, que le da un aire de gran refinamiento".




Y, en "El elogio de la sombra"...


"Siempre que en algún monasterio de Kyoto o de Nara me indican el camino de los retretes, construidos a la manera de antaño (...).
Siempre apartados del edificio principal, están emplazados al abrigo de un bosquecillo de donde nos llega el olor a verdor y a musgo; después de haber atravesado para llegar una galería cubierta, agachado en la penumbra, bañado por la suave luz de los shoji y absorto en tus ensoñaciones, al contemplar el espectáculo del jardín que se despliega desde la ventana, experimentas una emoción imposible de describir.

(...) un buen día decides poner baldosas e instalar una taza con cisterna, pertrechos, sin duda, mucho más higiénicos y más fáciles de mantener pero que, en cambio, ya no tiene la menor relación con el "refinamiento" o el "sentido de la naturaleza". Colocado bajo una luz cruda, entre cuatro paredes más bien blancas, se perderá toda gana de entregarse a la famosa "satisfacción de tipo fisiológico" (...). Bien es verdad que toda esa blancura es de una limpieza más que evidente, pero la cuestión está en saber si realmente hace falta prestar tanta atención a un lugar destinado a recoger los desechos de nuestro cuerpo."

Estos son los apuntes que recogí en clase acerca de Junichiro Tanizaki y su literatura.

El anti-naturalismo calificaba al Naturalismo de un ensimismamiento que achicaba el mundo literario y que no conducía a nada.
Nagai (永井) Kafû (1879 - 1959) era un estudiante de filología japonesa que leyó a Zola, pero defendía la estética tradicional japonesa (era totalmente contrario a la postura de Tôson o Katai).

Escribió フランス物語 y アメリカものがたり. Su postura es crítica en cuanto a la modernización precipitada y a la acogida sin límites de lo occidental (esto mismo lo criticaría, por ejemplo, Sôseki). Veía contradicciones dentro de las novelas naturalistas: ¿para ser naturalista había que fijarse sólo en lo sucio y en lo negativo? Creía que estaban limitando la literatura. Los anti-naturalistas abren de nuevo la literatura hacia los valores tradicionales de Japón. Nagai escribe, por ejemplo, sobre el río que atraviesa Tokio, el Edo que desaparece…

Esto da pie a la escuela que se denominará 美派 (たんびは) , Escuela de los Estéticos, del deleite en la belleza. Contra los naturalistas, quieren encontrar placer y sensualidad en la literatura.

El máximo exponente de esta escuela es Tanizaki (谷崎) (1886 – 1965), defensor a ultranza de los valores tradicionales.

Su mundo es muy especial (no es un ilustrado de Meiji). Se adentra dentro de sí mismo y busca los pliegues de la emoción humana (quizá por eso es el más leído y comprendido fuera de Japón). Su literatura está marcada por un cierto sadismo y un cierto masoquismo, dos caras de la misma moneda; hay momentos en los s que sus descripciones estéticas dejan boquiabierto al lector, pues es un gran comunicador. A su vez, su visión es un tanto maligna: ve el lado oscuro de las personas y, dentro de esta escuela, se ha dado en llamar a esta tendencia 悪魔派 (あくまは, Escuela de Diablos). Como perteneciente a la Escuela de los Estéticos, se sumerge en la belleza y se empapa de ella, deleitándose. No hay nada de rudo en su carácter y rechaza todo lo malo y sucio sobre lo que escriben los naturalistas (de acercarse a un movimiento, se acerca más al Romanticismo).

Tanizaki nació en Edo, dentro de una familia bastante acomodada, y no tuvo una infancia desgraciada como otros escritores de corte más socialista o naturalista. Siempre fue agraciado en su vida. Su sensibilidad está muy ligada a la transición de Edo a Tokio, a la modernización. Durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, se va transformando de forma admirable; aún en la guerra, siguió escribiendo. Se trasladó a las montañas y allí actualizó el Cuento de Genji. En esa época utilizó temas de la literatura clásica. También escribió una novela basada en el diario de una dama de Heian.

Se habla de él como un conformista con el paso del tiempo frente a los naturalistas rebeldes que se enfrentaban a la marcha del gobierno. Tanizaki siempre fue un conservador y se dedicó de lleno a su creación artística.
Tras el terremoto de Tokio de 1923, Tanizaki no pudo superar el miedo a la catástrofe y se trasladó a Ôsaka. Posteriormente viviría en Kyoto y Kobe (tras su muerte, un terremoto derrumbó su casa-museo). La cultura antigua de éstas serían su inspiración.

Su primera novela corta, “El tatuador” (刺青, しせい), se publica en una revista literaria. Esa obra le hizo muy famoso. En ella canta a la sensualidad femenina y a su maligna belleza, concepciones que impregnan toda su obra.

Luego escribiría 春琴捗 (しゅんきんしょう), la historia de una profesora de arpa. Hija de un importante comerciante, es una mujer malhumorada y difícil de tratar. Ella pronto perdió la vista y su futuro marido, que por entonces era un aprendiz de la casa, la cuidaba. Él la acompañaba a sus clases de koto y acabó aprendiendo de oído a tocarlo. Mientras ella vivió, nunca mostró ante ella su valía musical, aunque tras la muerte de la esposa retomaría la escuela que ella había fundado. Al final de su vida, él también quedó ciego. El secreto que cuenta la
novela es porqué el perdió la vista.
También escribió “El amor del idiota”, historia de un triángulo amoroso (se cree que la experiencia es auto-biográfica, que él estaba casado y apareció un tercero).

En Ôsaka escribió “Las hermanas Makioka” (en japonés, 細雪, ささめゆき). Trata de tres hermanas y de cómo van creciendo y casándose; se percibe en esta historia que en la Ôsaka del momento se pone en escena el ambiente de la época Heian. Además, utiliza el lenguaje de Kansai y su ambiente comercial, muy típicos.

Al final de su vida, Tanizaki trata el problema del sexo en la tercera edad. Lo plasma en “La

llave”, donde un hombre mayor tiene dificultades para convivir con la pérdida de capacidad física.





¿Por qué "Hay quien prefiere las ortigas"? (mejor no leer si uno se está planteando leerse la novela).
Creo que el título viene a colación de Kaname, el casado desenamorado, y a O-hisa, la pareja sin amor.

Ambos prefieren las ortigas, el disgusto, la no acción, con tal de no cambiar sus vidas. Les lleva la corriente, se dejan hacer... No son dueños de sus vidas, porque no le ponen empeño. Y se conforman.
Es mi interpretación del título en español (en el original, 蓼喰ふ蟲).
A pesar de la ventanita que deja abierta Tanizaki al final del libro, una ventanita tan pequeña como la del baño del viejo, no dejo de pensar que no sea tal ventana... Sino simplemente un ventanuco enrejado, taponado por los efluvios de los baños de clavo y la bruma del vapor y la oscuridad.
Cuando me acabé el libro, me repetí: "hay quien prefiere las ortigas". Efectivamente, no hay tal ventana. La situación no cambiará. La situación no dará el vuelco al que estamos acostumbrados en las historias felices, románticas, comerciales, del cine, la literatura o la televisión.

Aún así, yo prefiero la hierbaluisa. Huele mejor y no te pican las manos después de tocarla.

Tanizaki en Wikipedia (versión en inglés).
Un artículo sobre Tanizaki en Biblioteca Itam.

domingo, 18 de febrero de 2007

Don Quijote de la Mancha

En una entrada anterior, ya mencionaba a nuestro héroe Don Quijote. Y le debía alguna entrada a este señor.

Releyendo viejos apuntes, he recordado el tamaño “enciclopédico” de la obra misma, físicamente hablando, y también de su saber enciclopédico.

Recuerdo que estaban excluidos de leer esta obra los alumnos que cursaban Ciencias Puras en el antiguo BUP (Bachillerato Unificado Polivalente). Quizá suene a “hace muchos años”, pero la gran mayoría de la gente a la que conozco cursó BUP y no ESO. No me meteré aquí en discusiones sobre la enseñanza, porque todos creo que las hemos escuchado cientos de veces y cientos de veces hemos participado de ellas. Además, de aquí a unos años, en lugar de la ESO, se estudiará lo OTRO. Vamos, que la cosa no para de cambiar.

Como decía, había unos alumnos de tercero que no leían El Quijote. Una lástima, creo, aunque muchos sufridores de la primera y segunda parte de la obra durante todo un curso lectivo no compartan mi opinión.

Tuve la suerte de tener un magnífico profesor de literatura preocupado por lo factible o no de leer El Quijote y disfrutarlo en un curso y con dieciséis años. Ajustó el libro al calendario escolar y leíamos cinco capítulos por semana. Si se era ordenado, uno por día, y no eran más que cinco o seis páginas. Mensualmente hacíamos un examen tipo test, simplemente para retener el argumento y poder seguirlo a lo largo de todo el curso. El examen se centraba en las características literarias de la obra, el autor, la época…

Tener en casa a verdaderos manchegos de campo y un refranero casi tan gordo como una parte de El Quijote ayudaron mucho en la comprensión.

Aunque haya mucho que hoy nos cueste entender (no sólo porque ese castellano diste bastante del actual, sea enrevesado como la parodia del género de novelas de caballería requiere o contenga palabras sólo utilizadas en la región*), merece la pena. Creo que las versiones modernizadas o para niños perderán parte del valor original de la obra.

No tiene fin lo que se ha escrito de Cervantes y su Don Quijote, así que no extenderé mi entrada en ese sentido.

Información sobre Don Quijote, Cervantes; glosario de la obra, resumen de capítulos y un largo etcétera.
E información en
Wikipedia (que aunque pueda ser criticada porque "lo puede haber escrito cualquiera, a saber si saben lo que han escrito", no creo que lo que yo hago comentando y recopilando información esté por encima de lo que hacen todos los internatuas).

Volviendo a tiempos del instituto, nos mandaron hacer un trabajo sobre El Quijote, pero no como se hacía en cualquier clase de literatura.
Nuestro trabajo consistía en escribir un capítulo más de la obra, atemporal, fuera de primera o segunda parte y fuera de todo contexto.
Se nos propuso trasladar a Don Quijote al siglo XX (porque esto fue en 1999). Sin explicación, sin motivo y sin ningún tipo de guía. Todo valía.

Tras escribir un prólogo despotricando contra la televisión (y recordemos que ni siquiera había llegado aún a España el primer Gran Hermano, hito televisivo donde los haya que se perpetúa hasta hoy), daba paso a reflexiones más centradas en Don Quijote para, finalmente, escribir ese enésimo capítulo que siempre me ha gustado tanto releer.

“Pero lo que tiene de atractivo el Quijote es sin duda la genialidad con la que se ha escrito, esa chispa que hace reír, ese humor entre líneas. He de confesar que en algunas ocasiones (y más muchas que pocas) no he podido contener una sonrisa furtiva al leer un párrafo o, quizás, una simple palabra, pues no se necesita otra cosa.
Muchas veces uno se ha podido preguntar: ¿Qué haría alguien como Don Quijote en esta sociedad? Sin duda, muchas cosas. Pero cosas relativas a nuestra era, a nuestro mundo. Por eso, propongo algo mejor: ¿Qué haría el mismísimo Don Quijote en esta sociedad, en este Madrid del siglo veinte, a las puertas del veintiuno?

Pongamos a Don Quijote en pleno Madrid: en la Gran Vía, en la Plaza de Castilla, en la estación de Chamartín, en Argüelles, en el Retiro... Aunque tampoco es necesario llevarle a Madrid para que encuentre mil y una aventuras, como ya es sabido.
Así que, con el permiso de Cervantes y de Cide Hamete Benengeli, elijo un sitio, cualquiera, completamente al azar, en el que situar a Don Quijote (con caballo, escudero y rucio) como si fuese una cualquiera de sus aventuras y como si el salto del s.SVII al s.XX hubiese pasado por todos y por todo menos por el Caballero de la Triste Figura.”


ENÉSIMO CAPÍTULO
DONDE EL CABALLERO DE LOS LEONES
HALLA LA MÁS INCREÍBLE AVENTURA

Llegaban Don Quijote y Sancho sobre sus cabalgaduras a la gran urbe que es Madrid en el s.XX, a ese hormiguero humano, humeante cual chimenea dorada que necesita de un caballero andante para que la libre de polución.
- ¿Ves allá, ante tus ojos, Sancho, ese infinito reino acosado por gigantes colosales? Esa nube gris que no cesa de tronar encubre floreados prados, blancas casas como las que hay en la misma Andalucía, palacios de oro cuyas torres rozan las nubes... Pero un gigante enorme como jamás el mundo ha visto guarda la puerta del reino. Tan descomunal es su tamaño que tan sólo se ven sus piernas; su cabeza llega más arriba de lo que el mismo Pegaso podía haber llegado volando.
Sancho seguía a su señor, silencioso y mirando al horizonte. Una mole gris se mostraba ante sus ojos, ruidosa. Era para Sancho algo sin igual, mucho más allá de lo que jamás pudiese haber imaginado o pensado, y no sólo por ser hombre rústico e ignorante.
- Pero no habrá en este reino ni en ninguno - prosiguió el hidalgo - gigante que me deslumbre por su tamaño o por sus infames acciones. Yo me haré con él y con todos los que haya en este reino, pues es este un reino sin par del que estaría orgullosa de gobernar la mismísima Ginebra. ¡Oh, mi hermosa dama Dulcinea! A ti encomiendo mi vida, pues seguro estoy de que me espera la aventura más difícil de acometer de entre las que ya he acometido, ora vencedor, ora encantado.
Y sucedió que, mientras iban hacia el gigante, lo que realmente era la Puerta de Europa (más comúnmente conocida como las Torres Quío), huella de la arquitectura moderna, pasó un tren junto a ellos y los animales, que tan tranquilos andaban por donde los amos les guiaban, se asustaron, tiraron al suelo a caballero y escudero y salieron corriendo por donde mejor pudieron.
- ¿Qué ha sido eso, amigo Sancho?
- No sé, mi señor, mas no me importaría no saberlo, pues "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer". Y si mi asno, que es el más burro de todos, sabe que es algo para temer y salir corriendo, creo yo que deberíamos seguir su ejemplo y el de Rocinante, que han tomado las de Villadiego.
- Cómo he de decirte, mi cobarde escudero, que un caballero nunca abandona una empresa. Y esta menos aún, pues no es una dama la que debo rescatar, ni siquiera cien, que es un reino lleno de menesterosos el que reclama la fuerza de mi brazo.
Sancho se resignó, como tantas veces había hecho, a seguir a su amo. No sabía qué era lo que sucedía, pero sí sabía que lo veía con sus ojos: el gigante y lo que había espantado a los animales. Ahora no era la locura de su amo la que debía enderezar y temía muy hondamente lo que les iba a acontecer, pues era más horrible que la fantasía del hidalgo se hiciese realidad que todo lo que les había sucedido en otras ocasiones, incluido el manteo que había sufrido en la venta.
Cuando Don Quijote y Sancho se vieron bajo las desmesuradas piernas del horrible gigante, se dieron cuenta de que estaban rodeados de infinidad de gigantes menores dirigidos por el Enorme Gigante de Cristal (dichos gigantes no eran sino edificios de ocho plantas o más).
- A fe mía, Sancho, que aquellos que se meten en aquella caja de hierro no lo hacen por su voluntad, sino por temor al castigo que les pueda imponer el Enorme Gigante de Cristal.
Para Don Quijote, la terminal de autobuses era una cárcel llena de celdas donde la gente era encerrada.
- Déjelos, que quizá vayan de su grado y se enojen con su valerosa persona por haberles interrumpido, y "quien avisa no es traidor", y "buena cautela iguala buen consejo".
- Cien refranes te diría yo sobre la cobardía si alguno conociese, pero me basta conocer mi deber para hacer lo que debo.
Y con estas palabras comenzó Don Quijote a cruzar la calle, sin conocer nada de pasos de cebra, de coches, de semáforos y menos aún de normas de tráfico.
Entonces se abrió el semáforo para los vehículos y, si Don Quijtoe hubiese nacido en el s.XX, habría dicho que era la mala fortuna que le enviaba el encantador que tanto le odiaba. Pero Don Quijote venía de siglos atrás y para él no era encanto ni podía pensar que lo fuese, pues ni realmente lo era ni su mente podría entenderlo de otro modo.
Autobuses, taxis, coches, motos, furgonetas... Todos de una vez acometían a Don Quijote e intentaban intimidarle con el cláxon, pero el Caballero de la Triste Figura seguía en pie, en medio de la carretera, gritando a los coches:
- ¡Bestias infernales, cuya sangre está enferma desde que caísteis en manos del Enorme Gigante de Cristal, huid si no queréis morir traspasadas por mi lanza!
La gente que esperaba el autobús le dejó marchar cuando llegó a la parada, pues estaban todos los allí presentes deseosos de saber cómo terminaba la aventura. Una anciana, algo despistada, sacó un calendario de la Virgen de la Almudena para asegurarse de que no era Carnaval, pues el disfraz de caballero medieval le parecía original pero inapropiado para la ocasión.
Sancho se maravillaba ante toda mujer que pasaba por su lado, pues vestían falda tan corta que no se atrevía a llamarla ni siquiera falda. Ellas, cuando veían a ese hombre bajito y regordete mirarlas con semejante descaro (era lo que les parecía su asombro), aceleraban el paso y se alejaban lo más que podían.
Entonces un hombre alto y bien trajeado, con maletín de cuero comprado en el Corte Inglés y teléfono móvil de alta tecnología, se puso a llamar a la policía.
- Rápidamente, vengan a la terminal de autobuses de la Plaza de Castilla, que aquí hay un loco vestido con armadura que está dispuesto a matar coches como el que pisa hormigas.
Sancho, que esto oyó, no pudo comprender nada. ¿"Policía"? ¿"Coches"? Pero se dijo para sí que "a buen entendedor, pocas palabras bastan" y se acercó a su amo lo más que pudo y lo más que se atrevió para decirle a grandes voces:
- ¡Deje por una vez la aventura y así no dejará la vida! Que la gente más extraña y lo más imposible tienen lugar aquí. ¡Avisan a la Policía, que no sé quién podrá ser, pero creo yo que debe de ser algo parecido a la Santa Hermandad!
Don Quijote se apartó de la calle y echó a correr tras Sancho, que se había dado prisa en huir sin esperar a la respuesta de su señor.
Pero Don Quijote no se marchaba porque le hubiese convencido su escudero, sino por propia convicción: ¿Quién salvaría a tanto prisionero si él era encarcelado?
Durante un tiempo estuvieron relativamente tranquilos caminando por la ciudad, pues todos les miraban como se mira a los locos, aunque en el fondo les daba lástima de ellos y se contentaban pensando que no hacían daño a nadie.
Don Quijote miraba al frente, caminaba erguido, mientras que Sancho miraba los escaparates del McDonald's, del Burger King, del Pizza Hut... No sabía lo que comían esas gentes de costumbres tan extrañas, pero se relamían que daba gusto verlos y más gusto daría compartir los manjares con ellos.
- Señor, aunque vuesa merced sea caballero, yo soy escudero, y a mí el estómago me pide alimento y el cuerpo sustento, con tanta aventura se me ha abierto el apetito.
- Calla, glotón, y sigamos adelante. Hemos de encontrar otro sitio para atacar al Enorme Gigante de Cristal.
- Sí, estoy de acuerdo, pero antes habría que recuperar las fuerzas y, ¿qué mejor que comiendo algo?
- Pero, ¿qué vas a comer en una taberna de nombre impronunciable, con una m, una c y una d de seguido?
- Yo no sé lo que esa gente se lleva a la boca ni lo que se lee en ese cartel, que para mí no son más que cuatro colores, pero sé que a mí me vale cualquier cosa para llenar el buche y también sé que "a falta de pan buenas son tortas".
Don Quijote accedió a los ruegos de su escudero y ambos entraron a una de tantas hamburgueserías que había en la calle.
Dentro del McDonald's, todos se volvieron al verlos entrar. Los camareros llamaron a los cocineros y todos se pusieron detrás de la barra para ver mejor la indumentaria de los clientes.
Uno de ellos, el más guasón, quiso divertirse un rato a su costa y se puso a despacharles.
- ¿Qué querían?
- Para mí nada, buen mozo, que los de mi oficio preferimos alimentarnos de las hierbas que encontramos en los montes.
Unas risas se les escaparon a dos de los cocineros, pero se callaron cuando Sancho les miró y escucharon a su compañero.
- Quizá prefiera una ensalada el caballero.
- Quizá, pero como bien ha dicho, gallardo mozo, soy caballero, y es esto lo que me prohíbe sucumbir a suculentos manjares. Y cierto será que son suculentos, pues vuestros huéspedes comen a dos carrillos.
- Una buena hamburguesa con ketchup no se puede mejorar.
- Pues mi mujer bien guisa un cocido y mejor una cabeza de cordero - interrumpió Sancho -, pero me da igual si es burguesa o lleva kelchu, que lo que me den bienvenido sea.
Uno de los cocineros se marchó a su puesto y allí, libremente, se puso a reír a carcajada limpia.
- Entonces, ¿qué hamburguesa quiere? - dijo el chico, refiriéndose ya a Sancho.
- No le pregunte a él, que no sabe ni escribir su nombre.
- ¿Que no sabe? ¿Pero hoy día quedan analfabetos?
- Más que letrados, sin duda.
- Entonces, ¿quién me dice lo que quiere?
- Pues déme cuarto de libra que, aunque querría saber de qué es la libra esa, tanto m-c-r y tanto m-c-p no sé cómo se lee.
- Muy fácil: "mac-royal", "mac-pollo"...
- Quedemos en cuarto de libra y no se hable más.
- Por mí - dijo Sancho - no es necesaria ninguna discusión: una libra entera está bien.
- Ahora mismo tiene su hamburguesa.
En esto reparó Don quijote en dos mujeres que estaban allí sentadas, comiendo ensalada. Eran ambas jóvenes y hermosísimas, tanto, que si no hubiese visto nunca a su amada Dulcinea, las habría tenido por las más hermosas en el mundo entero. Y al ver sus cabellos largos y negros cubrirles casi toda la espalda, pendientes y collares adornando aún más su belleza, le resultó deshonesto verla a la una con pantalones de hombre y a la otra con una falda que no merecía ni ese nombre de lo corta que era. Pero para él, las damas tan bellas siempre son honestas y puras, y semejante barbaridad en el vestir no era sino otro agravio del Enorme Gigante de Cristal.
Don Quijote no podía dejar de defender a unas damas de alta posición (aunque realmente eran las dependientas de una tienda de ropa cercana) y, al ver una cortinilla tapando una puerta donde ponía "Privado", se le ocurrió la solución al problema. Se acercó hacia la puerta, arrancó la cortinilla y dejó al descubierto todos los productos de limpieza junto con una fregona y dos cepillos.
- ¡¿Qué hace?! - gritó el camarero desde la barra.
- Lo que cualquier caballero andante haría: ¡¡ayudar a los menesterosos, desenredar entuertos y vengar agravios!!
Y, diciendo esto, cubrió a las dos mujeres de arriba a abajo con la cortinilla hasta encontrar mejores prendas para ellas.
El camarero salió de donde estaba y se dirigió furioso hacia el hidalgo, pero éste le asió del cuello y le puso la lanza a la altura de la nuez.
- ¿Acaso no sabéis quién soy? ¿Cómo osáis tratarme así? Sabed que yo soy Don Quijote de la Mancha, como el Caballero de los Leones también conocido, y no dejaré que nadie se entrometa en las venganzas que han de hacerse a quien que os vuelve la razón.
- ¡Llamad a la Policía! ¡Llamad a un manicomio, a los bomberos, a Greenpeace..! ¡Llamad a alguien!
Don Quijote, tras oír tanto nombre junto, temió que llamasen a la Santa Hermandad, a la Inquisición y quién sabe a quién, y llamando a Sancho, le dijo que con tales locos no podían atenerse a razones.
Sancho se sirvió de su hamburguesa y de otras dos que esperaban a otros desde hacía unos minutos y salió tras Don Quijote.
Los cocineros del McDonald's les persiguieron, pero el caballero y su escudero se metieron en una boca del metro. De lo que allí les ocurrió se hablará en el siguiente capítulo.


Arriba, la estatua de Don Quijote y Sancho Panza en la Plaza de España de Madrid.


“Gachupe”, “gazapo”, "ser más duro que el alcoyano", “echar un agua” o “peazo” son palabras que me resultan bastante familiares. A quien quiera familiarizarse con ellas y reírse un rato, que visite el “vocabulario manchego” de la web del municipio de Campo de Criptaza. Ojo, aquí sólo hay siete de las 422 entradas que han recogido.

A TROMPATALEGA
Dicese cuando se hace algo sin demasiado, cuidado y esmero, excesivamente deprisa y mal. Es sinonimo de 'a cruza barbecho'
AHIVADAI
Quítate diahí leche!
ALGALLOTAS
Acúmulo excesivo de zurraspas en el vello anal.
GACHUPE
Dícese del estado del agua cuando se encuentra ensuciá.
RODÁ
La huella del trastor cuando va por la viñeja.
SAN PEDRO...! (ÉSTO TA’MÁS DURO QUE EL COCOTE SAN PEDRO!)
Cuando el pan está de unos cuantos días y no se le puede tirar un bocao de lo duro que está.
SANAPISMO...! (ERES MÁS CANSAO QUE UN SANAPISMO!)
Puf! Eres más cansino que Bartolo, hijo mío!

domingo, 7 de enero de 2007

Otra historia de Rhode Island

Iba tocando una de literatura (japonesa) pero, por causas ajenas a mi voluntad, no ha podido ser. Quizá en la próxima entrada.

Llega un momento peliagudo a la hora de enfrentarme a una entrada.

Este fin de semana he disfrutado mucho de la televisión. He estado viendo películas que ha había visto, premakes (¿cómo llamar a lo contrario de remake?) y pelis poco vistas por ser europeas. Esto es lo que este fin de semana me han ofrecido TVE1, La 2 y Onda 6.
Aprovecho, por cierto, para aconsejar Onda 6 a todos aquellos que puedan ver esta televisión local. Aquí he visto verdaderas rarezas, pelis muy interesantes y al mismísimo Woody Allen.

Pero, ¿qué ocurriría si a uno le regalara un delicioso pastelito coronado con una guinda cuando aborreces las guindas? Todo sería tan sencillo como quitarle la guinda al pastel y comértelo… Pero, ¿hablarías al resto de la gente de ese pastel? ¿Admitirías que aborreces las guindas?

Eso mismo me ocurrió este viernes, sin ir más lejos.

Toda persona cercana a mí sabe que, además de cierto cocinero, cierto conductor de Fórmula 1 y algún que otro personaje famoso, hay un actor al que tengo una manía inexplicable (o sí).

Hace ya unos años, quedé con unos muy buenos amigos para ver una película del videoclub. Esa costumbre tan bonita que ya hemos perdido los usuarios de Internet… Ya no sabemos lo que es ir al videoclub a media tarde, a comprar bebida, chuches y palomitas y, sobre todo, a intentar elegir una película. Uno no sale del videoclub hasta que anochece y, si se va en grupo, un gran porcentaje del mismo no se marcha demasiado convencido (como me pasaba a mí cuando se elegía una película de terror o, más concretamente, como me pasó con “A todos gas” o “Taxi Driver”). Tampoco sabemos ya lo que se le hace pasar al dependiente (especialmente si no se ha sido uno, como una servidora) del videoclub cuando vamos a por la peli diez minutos antes de que cierre la tienda.

Aquel día, para mi desgracia (o eso creía yo), la película ya estaba elegida y los gusanitos comprados. Suerte que en la casa había chimenea, Trivial y un montón de gatos. Aunque la peli no me gustara, tenía que pasármelo bien.

La película era “Yo, yo mismo e Irene”, protagonizada por Renee Zellweger y… ¡¡¡Jim Carrey!!!

Como sabiamente han dicho en La Off-Off Critica, “Seamos honestos. A Jim Carrey o se le venera, o se le odia con un odio enconado, profundo, nacido de las mismas entrañas de Satán” (crítica completa
aquí).

No sé en qué momento empezó a, digamos, disgustarme este buen hombre.
No voy a decir tampoco que sea un mal actor ni que lo haga de pena. Supongo que hace su papel como es debido.
Lo que me ocurre a mí con Jim Carrey es que me irrita, me enerva, me exaspera.
A todos los que se ríen les diría que lo hacen porque está al otro lado de la pantalla y no creen que pueda estar a su lado. Supongo que el propio Jim Carrey es otra persona en la calle, pero para mí no… Recuerdo a esas personas que cuando te saludan te agarran del cuello, o a esas otras que para cerciorarse de que las escuchas te dan empujoncitos o codacitos.
Jim Carrey es eso mismo multiplicado por un trillón. A veces parece que se vaya a descoyuntar.
Eso, eso es lo que me pone tan nerviosa y es por eso que no puedo ver más películas suyas.

Vi “Ace Ventura”, “La máscara”, “Un loco a domicilio” (suerte que el cine entonces sólo valía quinientas de nuestras añoradas pesetas), “Mentiroso compulsivo” y “El show de Truman”. Creo, además, que las he visto cronológicamente.

Con “Un loco a domicilio” me retorcía en la butaca. Pero nunca me he marchado del cine, la verdad, y he visto películas mucho peores que esa, así que tampoco es plan de exagerar.
“El show de Truman” me gustó muchísimo, pero salí del cine preguntándome por qué le habían escogido a él. Lo hace bien, sí, pero en algunas ocasiones se le escapan esas muecas tan suyas que, por lo menos a mi modo de ver, en esa película no tienen mucha cabida.
El resto de películas me fueron indiferentes, pero no descarto haberlas visto mientras cenaba o mientras chateaba. El caso es que tenía mejores cosas a las que estar atenta y que, quieras que no, el protagonista no me motivaba. No sé, prefiero a Rob Schneider en “Estoy hecho un animal”, por ejemplo.

Son esos gestos “unisex”, que lo mismo valen para un detective que para un idiota, los que me hacen plantearme si Jim Carrey es un actor o cualquier otra cosa.

Afortunadamente, vi “Yo, yo mismo e Irene”, donde descubrí que sí que lo es.

Aún así, ahí acabaron las oportunidades que le daba. Comprobé que sabía actuar, que sólo se dedicaba a las muecas sin ton ni son porque son tan parte de él como su pelo o su cara, y decidí que ya estaba visto todo lo visto.
Después me aconsejarían “Como Dios”, pero es que ahí sale también la Aniston y era mucho pedir.

En “Yo, yo mismo e Irene”, creo que Jim Carrey clava el papel.
Esta película la he aconsejado sin cansarme y, justo en estos momentos, ¡me han dado la razón con lo de las muecas! Todo el mundo dice que gesticula como siempre y que hace el payaso como siempre, ¡pero es que a mí no me lo parece! Quizá, como decía, aquí si venga a cuento.

Para mi gusto, son estos los puntos a favor de esta gran película cómica (harta estoy de los “American Pie 74” o “Scary Movie 28”, a pesar de que las primeras fuesen magníficas):

1. EL DESDOBLAMIENTO DE JIM CARREY
En Charlie veo una persona normal, con sus dejes particulares, pero sin una mueca extravagante ni desesperante. Y en Hank veo a otra persona normal, de personalidad irritante, pero sin especiales muecas tampoco.
¿Por qué me dicen entonces que es el Jim Carrey de siempre? No lo es. Se ayuda de sus gestos para crear a dos personajes distintos, pero sin esa gesticulación exagerada de la que hace uso normalmente.
Precisamente de este desdoblamiento surge una de mis escenas preferidas de la película y, me atrevería a decir, de todas las películas de risa floja que hasta ahora he visto.
“Yo, yo mismo e Irene” no produce risa floja en ningún momento, pero la produciría en esta escena de no ser por lo maravillada que quedé al ver que alguien pudiera hacer lo que Jim Carrey hizo.
Cuando Charlie e Irene bajaban del tren que les conducía a Rhode Island para huir de su perseguidor, Hank le pone la zancadilla a Charlie y este cae de boca al suelo.
¡¡¿¿??!!
Traducción: Jim Carrey pone su pie derecho por delante del izquierdo; cuando quiere mover su pie izquierdo, tropieza con el derecho y se cae de boca al suelo.
Entonces empieza una pelea absurda entre él y él mismo, acompañada de diálogos más absurdos aún entre Charlie, con su voz de buenazo, y Hank, con su voz de macarrilla.
Especialmente divertido es cuando Hank, de espaldas contra el suelo, le lanza un escupitajo en la cara a Charlie.

2. LOS PERSONAJES MOLDE
No sé cómo denominar a los personajes que son tan claramente arquetípicos pero que no son para nada un arquetipo.
Cuando uno ve uno de estos personajes, lo reconoce al instante. Es un personaje en el que se reúnen una serie de características que lo hacen destacar, pero eso no significa que ese tipo de personaje aparezca en muchas películas (como si ocurre, por el contrario, con el negro gracioso que muere el primero en las películas de aventura, la rubia tonta en las películas de adolescentes o el poli bueno y el poli malo en las de acción). Es por esto que llamo a estos personajes “molde”: crean ese arquetipo que se nos queda grabado y podría copiarse pero que no sale en otras películas o, en caso de salir, este personaje molde original tiene una característica inusual.
En “Yo, yo mismo e Irene”, me llaman la atención, por un lado, los “hijos” de Charlie y, por otro, “Blanquito” (también conocido como “Lechoso”).
Los tres hijos negros de Charlie aparecen caracterizados por su corpulencia (a veces gordos y a veces cachas), la música hip hop y un vocabulario especial (como “joputa”). Pero, al mismo tiempo, son unos “pitagorines” que saben el diámetro medio de un huevo de gallina en centímetros y pulgadas (eso sí, para metérselo a un policía por el culo), que hablan (pero no leen) el alemán y que pueden pilotar un helicóptero. Más aún: en su tiempo libre les gusta disfrazarse con su padre de los protagonistas de “El mago de Oz”.
En cuanto a Blanquito, es un albino que usa gafas y monóculo sobre una de las lentes, que se ofende si le llaman “Lechoso” (mote empleado por Hank). Una de sus mejores frases es: “¿Mi familia? Los maté. Maté a mis padres, a mi hermano y a mi hermana con un martillo mientras dormían. Mi hermana estaba despierta. Eso lo lamenté”.

3. RENEE ZELLWEGER
Me encanta esta actriz con labios de pez.
Camaleónica (como Christian Bale: ¡un Oscar para él!). Por un lado, por “Yo, yo mismo e Irene”, que creo que es su verdadero aspecto (unos kilillos más no le vendrían mal; creo que le faltan unas buenas lentejas y una lasaña), por otro, por “El diario de Bridget Jones”. Aunque la película me aburrió bastante (el libro mucho más, y eso que pienso que los libros suelen ser mejores que las películas), me sorprendió, visto su papel de Irene, de dónde sacó ese culo y esa barriga. En tercer lugar, hay que verla en “Cold Mountain”, con un papelón al lado del de Nicole Kidman (aunque la primera hora de película se puede obviar perfectamente, se mire desde el actor que se mire).


Así, termino esta entrada, recomendando de nuevo esta película, aunque poca gente, fuera de aquellos cuatro que la vimos alquilada, la ha apreciado tanto como yo.

Recordar, una vez más, que las grandes películas (así como libros, artistas, etc.) son aclamadas por casi todos, pero el resto son gusto y disgusto a partes iguales.

Cuando queráis leer una crítica, os recomiendo la página de la que antes hacía mención.

Cuando queráis saber algo de Jim Carrey, como siempre, Wikipedia.

Os animo a los fans a que sigáis siéndolo. Creo que en este caso, este buen hombre es más gusto que disgusto.

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Bobby Donnell VS Ally McBeal

Antes, las series de la televisión eran “algo” más variadas. Que sin un bar, una farmacia, un periódico… Luego todo derivó en series juveniles de instituto. Que, por suerte, a mí me coincidieron con la edad del instituto y la del pavo también, así que pude seguirlas. Precisamente, la hora era justo a la que me sentaba a comer después de clase. Ahora, para poder ver algo entretenido y que no sean más series de médicos, forenses o policías, hay que pagar más canales… O recurrir a Internet.

Personalmente, creo que lo interesante de una serie es poder ver un capítulo a la semana (normalmente, para eso están pensadas), después de cenar. Un día de acuestas tarde y no acusas tanto el madrugón (otra cosa es la gente que ve todas las series que salen, ¡hasta tal punto que graban algunas para el fin de semana porque las echan el mismo día!). Además, así no te saturas. Pero, si recurres a Internet, acabas viendo una temporada de una serie en dos semanas y, probablemente, te empalagas… Hay series (o temporadas) que me han parecido malas, y quizá la razón de ello sea haberlas visto en demasiado poco tiempo.

¿Qué es lo que cuenta para que una serie sea una buena serie? (o mala…)

QUE NO SEA UNA PELÍCULA
El capítulo de la serie es una mini película. Hay una introducción, que a veces no es más que un “flash back” o, en otros casos, un adelanto del final.
Hay un nudo. No debe ser sumamente complicado. El capítulo tendrá una duración máxima de una hora, será interrumpido por publicidad (para quitar la mesa, para ir al baño…) o incluso no será escuchado. Hay un desenlace. Es muy importante que el desenlace se dé en el mismo capítulo. Los capítulos sin final defraudan mucho. Si no llevan “to be continued” debajo, además desconciertan.
QUE NO TENGAN DEMASIADAS CONTINUACIONES
Los capítulos dobles están bien de vez en cuando, pero tampoco se debe abusar de ellos. Uno o dos por temporada vienen bien.
QUE NO TENGAN ESPECIAL DE “HALLOWEEN”, DE “AÑO NUEVO”, DE “SEMANA SANTA”, DE “DÍA DE LOS ENAMORADOS”
No hay nada más desesperante que encontrar un capítulo vacío o capítulo comodín.
Los capítulos vacíos son preparados para fechas señaladas, que suelen coincidir con Halloween, Acción de Gracias o Navidad (ya que casi todas las series nos llegan de EE.UU.). En las nacionales, suele haber un capítulo de Navidad, pero no mucho más (que yo recuerde). Aún así, uno al año puede cansar, ya que nunca se adelanta nada de serie ni pasa nada interesante. Suele mostrarse a algún personaje lastimero que no tiene familia y lo pasa muy mal y los compañeros de trabajo/instituto/urgencias le invitan a su casa.
Pero los capítulos comodín son aún peores. Se graban cuatro escenas con dos de los personajes habituales (y normalmente, los menos simpáticos o populares) y el capítulo suele comenzar con “Recuerdo aquella ocasión, cuando Jimmy…” Entonces la imagen se hace nebulosa y aparecen imágenes de la primera temporada. Es entonces cuando rezas porque no hagan un capítulo recordatorio, de esos que graban un día cualquiera para ponerlo cuando los actores están de vacaciones o de baja, pero no apagas la tele… No, no la apagas y, efectivamente, es un capítulo recordatorio, comodín para los productores.
¿Y el capítulo bucle? Porque el capítulo vacío puede tener interés para algunas personas y, el comodín, puede recordar momentos graciosos. Pero el capítulo bucle sí que se da en las series de la categoría más baja. Eso sí que no tiene ni pies ni cabeza… Llegados a este punto, aconsejo ver “El día de la marmota” (o “Atrapado en el tiempo”, título oficial).

En definitiva, que hay y ha habido series para todos los gustos y las seguirá habiendo. Prefiero ver mi hora u hora y media semanal de tele que no mis tres horas de cine y al año que viene otras tres. Porque ahora es así como se hacen las películas, ¿no? Sí, y además nos quitan escenas, para vender DVDs… Otro motivo para no pagar 6€ de entrada, porque las nuevas pelis, ni con tres horas de duración, se entienden… En una serie lo único que no entiendes es lo que no quieren que entiendas… ¡Porque para eso es una serie de misterio!

“¿Por qué habrá titulado esta entrada con los nombres de Bobby Donnell y de Ally McBeal?”

Ahora, porque me apetece y creo que no lo he puesto en mi perfil, hablaré de mis series favoritas (¡e intentaré hacerlo sin recurrir a Internet para recordar nombres de personajes!):

“Blossom”
Una serie que seguía de pequeña (supongo que tendría once o doce años) sin falta. Me fascinaba Blossom, una chica simpática, sin complejos, inteligente y no demasiado guapa que hacía lo que quería. Nadie criticaba lo que hacía porque era una chica perfecta. La verdad es que ha sido siempre un modelo a seguir. Me encantaba también su hermano Anthony (aunque del que tenía los posters era de Joey), estaba casi enamorada de él.
"Se ha escrito un crimen"
Me encantaban los casos de la señora Fletcher. Era muy curioso que todo pasase en un mismo pueblo. Pero la señora Fletcher me parecía encantadora; con su gorrito de pescador, paseando con la bici, horneando un pastel o descubriendo al culpable de un asesinato. También la veía de pequeña.
“Matrimonio con hijos”
Esta serie la veía cuando me acordaba, porque sólo recuerdo que la echaban en La 2. No hablaré mucho de ella porque se merece una entrada completa. La familia Bundy me hacía reír como pocos me han hecho reír en televisión. Y sólo diré que la versión española no me ha decepcionado salvo por la hija y la música (como el “love and marriage, love and marriage, they go together like a horse and carriage” no hay nada).
“LOST”
Descubrimiento de hace un par de veranos que no me deja dormir por las noches. En este caso fue obligatorio recurrir a Internet. La Primera hizo un verdadero estropicio con esta serie (lo mismo que hace con toda serie que emite – salvo que se trate de una serie protagonizada por Ana Obregón…). Cambios de horario, emisión de capítulos salteados (dios mío, en una serie con un hilo como el de “LOST”, “24” o series de ese estilo – que no son por capítulos, vamos – eso es un crimen), etc. Sin contar con que, si una serie triunfa, es mejor no volver a emitirla. En fin. Resaltaré simplemente mi pasión por Jack, Jin y Sayid. En fin, otra serie que merece una entrada especial.
“Smallville”
Criticada por bastantes personas que conozco como “la serie del uni-cara”, Tom Welling, diré, superficial y justificadamente (porque es cierto) que el prota está de toma pan y moja antes de que se enfríe… En serio, otra de mis series preferidas. Las temporadas primera y segunda, fantásticas. Soy una fan de Superman (el héroe entre héroes, je, je), y cuando llegó esta serie tuve que verla. Me pareció increíble el enfoque de cómo un joven que se cree relativamente normal empieza a descubrir que tiene todo tipo de poderes, que no consisten sólo en correr mucho más que un coche o en levantar un tractor en vilo. Fue estupendo cómo descubrió Clark que podía producir calor con la mirada… ¡fue en pleno calentón adolescente! Bueno, en fin, que estamos acostumbrados a que los adolescentes tengan treinta años y a las historietas de amor que nos meten en este tipo de series. También me gustó la participación de Christopher Reeve en la serie. Lo que fue intragable fue que convirtieran a Clark en capitán de un equipo de fútbol americano, que nos metieran de ese modo a Lois Laine en la serie y que convirtieran a Lana en bruja… Por culpa de la cuarta temporada, se acabó esta serie para mí.
“Roma”
Impactante. El primer capítulo es absolutamente impactante. En las películas es difícil ver una imagen de cama realista (con gente sudando, por ejemplo, ¡¡o en la que se vea el culo de un hombre!!), pero en las series no es que sea difícil, es que es impensable. Llegados a este punto, recomiendo “La rosa púrpura de El Cairo”, de Woody Allen (“ahora es cuando hay un fundido en negro y hacemos el amor”). Bueno, pues en “Roma” no sé si eran dos imágenes de este tipo las que se veían en el primer capítulo. Aparte del libertinaje romano de acostarse y dejarse de acostar, las intrigas de los patricios y las escenas de guerra o del circo son muy interesantes. Si queréis ver a Marco Antonio en plena acción (o lo tonto que era), si queréis ver cómo un ex centurión le clava EL MANGO, ojo, de un hacha a un gladiador en la cabeza… Por Júpiter, ved esta serie.

Y creo que voy a parar porque los comentarios de series cada vez me están saliendo más largos.

“¡¡¿Por qué habrá titulado esta entrada con los nombres de Bobby Donnell y de Ally McBeal?!!”

Retomando lo que decía al principio, estamos saturados de médicos (“Urgencias”, “Hospital Central”, “Anatomía de Grey”, “House”), de forenses (“C.S.I.” en sus tres versiones, “En la mente del asesino” y “Bones”, aunque estas dos últimas no las he visto y probablemente esté metiendo la pata) y de policías (“Policías” y “El comisario”, pero sé que entre las extranjeras hay más – en este saco metería la de los bomberos, pero me pareció tan mala y el protagonista tan repulsivo que, bueno, mejor no sigo por aquí…).

¿Y de abogados? Puede que también.
Yo sólo conozco “El abogado” y “Ally McBeal”. Pero para mí sólo existe una: “EL ABOGADO”.

Es probable que estas series parezcan poco realistas (especialmente, “Ally McBeal”). Pero a las personas que no estamos familiarizadas con el mundo de los juicios más allá del programa “Veredicto” que en su día llevaba Ana Rosa Quintana, nos pueden llegar a parecer maravillosas (especialmente, “El abogado”).

Antes de seguir, haré un pequeño paréntesis.
Para los fans de “Ally McBeal”, que me perdonen, pero no soporto esta serie. Ya me costaba soportarla cuando no la veía y más me costó cuando vi los anuncios. Más me cuesta ahora que he visto dos capítulos. No es justo, lo sé, que juzgue una serie sólo por esto. Pero, dios mío, es que si comparo a Ally con Bobby… no hay color… Simplemente, pensad que todos tenemos cosas que no nos gustan (aunque yo me haya propuesto desde el principio no hablar en mi blog de lo que NO me gusta) y manías, que es lo que le tengo yo a la serie de “la lengua serpiente”.

He de decir que “El abogado” la vi en tele de pago antes que en la pública. Por suerte, ahora la echan en la pública (o la echaban, porque no me la he vuelto a encontrar).
En “El abogado”, los argumentos son lo bastante complicados e interesantes como para ver los capítulos. No te aburren, tienes que estar atento, pero tampoco te estresan (conozco a gente estresada por “Motivos personales”, otra serie cuya primera temporada estuvo muy bien).

Sobre los desenlaces, no siempre acaban los juicios en un mismo capítulo, pero siempre queda todo bastante atado y ves algún caso resuelto de principio a fin. Por otro lado, las vidas de los personajes son muy interesantes y crean un hilo conductor que no todas las series logran (algunas, la mayoría, se pasan, cuando realmente se suponía que ese no era el argumento principal de la serie).

Sobre los personajes, hay mucho que decir. Casi todos me gustan. Me encantan Bobby Donnell (Dylan McDermott), Elleonor Frutt (Camryn Manheim) y Helen Gamble (Lara Flynn Boyle).
Elleonor me encanta. Es un personaje que, si existiera, me gustaría contar entre mis amigos. Elleonor es amable, sincera y, por lo menos en español, claro, la voz es una delicia. Es de esas personas que siempre te gustaría que te ayudaran.
Sobre Bobby y Helen, me gustó mucho el “rollito pareja” que tenían durante una temporada. Luego Bobby se casó con Lindsay, personaje que no me gusta nada, qué le vamos a hacer… Me gusta mucho la fiscal, Helen Gamble, porque me siento bastante identificada. Es una persona seria, a veces un poco seca y, sobre todo, centrada. Le pega mucho ser la fiscal. Bobby es buena persona, serio… Y, bueno, la verdad es que ahora que lo pienso los personajes no sonríen demasiado. Quizá es porque la serie va sobre la realidad y no sobre pájaros alrededor de la cabeza, lenguas que serpentean y pantalones sin subir… Bueno, qué decir…
También me gusta mucho Eugene Young (Steve Harris).
Desgraciadamente, Jimmy Berluti (Michael Badaluccio) no me gusta demasiado, aunque su relación con la juez Roberta Kittersol también tuvo buenos capítulos.

Los mejores momentos de la serie (de lo poco que he visto, porque tampoco he visto la serie completa) han sido varios:

LA CENA DE BOBBY Y HELEN
En una cena en un restaurante, Helen le echa en cara a Bobby que sea tan estrecho… Han quedado ya varias veces y no hay indicios de que Bobby vaya a tomar la iniciativa. Fue un sermoncillo el que le echó Helen a Bobby, fue hasta divertido. La verdad es que Bobby es un poco puritano y paradito, pero ahí estaba Helen, para ponerle las pila.
LA JUEZ ROBERTA EN CASA DE BERLUTI
Para recuperar a Berluti después de haber dejado la relación, Roberta se coló en su piso y allí le esperó, desnuda, para sorprenderle y poder retomar lo que habían dejado. Desgraciadamente, él se dio cuenta de que alguien había entrado al piso y, en lugar de pasar, se fue a llamar a la policía. Cuando llegaron y tiraron la puerta abajo, se encontraron a la juez desnuda (no hace falta decir, que todo el mundo allí sabía quién era ella). Ella estaba totalmente avergonzada, pero lo cierto es que todos quedaron admirados de su cuerpazo a su edad.
EL JUICIO DE UN NEGRO QUE LLEVÓ EUGENE
Un hombre negro se vio envuelto en una pelea cuando intentó defender a dos chicos que estaban siendo cacheados en una tienda cara sólo por el hecho de ser negros. El de seguridad la tomó con él y, en un arrebato, le pegó un empujón y lo sacó de la tienda por la cristalera del escaparate. Su defensa la llevaban Bobby y Eugene. Las cosas iban relativamente bien hasta que les dijeron que el guarda de seguridad había muerto a causa del golpe y las heridas. La acusación hablaba de homicidio. Todo parecía perdido y a Bobby lo único que se le ocurrió fue recurrir a un antropólogo que aseguraba que estaba “científicamente probado que el hombre negro no podía evitar meterse en peleas cuando otros hombres negros estaban peleando”, y todo por “causas científicas que habrían de eximirle de culpa”. Fue muy interesante la reacción del acusado, la de Eugene y la de la fiscal (también negra). Lo mejor fue el alegato final de Eugene, en el que rechazó toda teoría racista, y con el que pudo ganar el juicio.
EL JUICIO DE LA PRIMA DE ELLEONOR
La prima de Elleonor pretendía demandar a la agencia de viajes que le había vendido su viaje de bodas. No recuerdo si por el mal tiempo o por algo por el estilo que, al fin y al cabo, te estropea el viaje pero no es culpa de la agencia ni del agente. Quería basar su argumento en que había visto truncado el motivo del viaje, que era poder “consumar el matrimonio” con su marido. Habían carecido de intimidad y el viaje había perdido “todo su interés”. Elleonor se negó en rotundo a defenderla, ya que difícilmente iba a ganar ese juicio. Más aún, con esos argumentos, porque llevaban de novios tres meses y, como su prima decía “claro que me he acostado antes con él”. La agente de viajes, pese a que su abogado tampoco lo veía aconsejable, quería ir a juicio… Cuando su prima le dijo que ella (supongo que por su peso) nunca entendería lo que opinaba del sexo, Elleanor le respondió con un contundente puñetazo en la cara que dio fin a cualquier discusión.
LOS CAPÍTULOS DE LA MONJA ASESINA
De esto no quiero desvelar nada, porque no tiene desperdicio. El título del capítulo es muy parecido a lo que he escrito, así que si alguien quiere empezar a ver "El abogado" puede buscar esto. Muy interesante por lo lioso que es y también por la relación entre Helen y Elleonor o la sangre fría de Helen... Muy bueno.

En “El abogado” nadie se llama “bizcochito”, a nadie se le olvida subirse los pantalones cuando sale del baño ni cogen casos absurdos sólo porque dan dinero. Y mucho menos se les saltan los ojos ni se les enrosca la lengua en las lámparas (esto último no lo he visto, pero seguro que en algún capítulo aparece). Es bastante chocante que “El abogado” sea, realmente, la secuela de “Ally McBeal”, ambas de David E. Kelley. Diez premios Emmy y tres Globos de Oro avalan a “El abogado”. Y, también, sus ocho temporadas frente a las cinco de “Ally McBeal”.

Si a alguien no le convence todo esto después de todo y le sigue gustando más Ally que Bobby, también podéis ver el "crossover"... Hubo un capítulo en el que ambos buffetes iban a trabajar juntos (creo que este capítulo aparece en "El abogado"), pero la cosa no acabó muy bien...





Artículo sobre El abogado en Wikipedia. ¿Problema? Está en francés… Pero no encuentro páginas buenas en inglés.
Wikipedia en español también tiene
un buen artículo, mejor que en francés.
En francés están los títulos de los capítulos de todas las temporadas.

lunes, 9 de octubre de 2006

El héroe más sencillo, el que perdió la heroicidad

Hay héroes de epopeya y héroes cotidianos, pero nadie encuentra fácilmente el héroe simple y mundano más admirable (y, menos aún, entre los pequeños grandes héroes de nuestro día a día…).

Siempre he preferido a los héroes fantásticos antes que a los históricos.
Cualquiera creería que un héroe histórico, fiable, que llevó a cabo hazañas verdaderas y no fabuladas, tiene más mérito que aquel al que alguien sacó de su cabeza.

Pero, para empezar, los héroes fantásticos ya nacen de la cabeza de otro héroe pensador (como Atenea de Zeus). Esos héroes parten de la fantasía e imaginación de su creador (como la criatura – no monstruo – del Dr. Frankenstein) pero, para continuar, ¡la superan y van más allá!
Los héroes que nacen de otro héroe ficticio o de la mente de un creador que los plasma en el papel, en la película o en la memoria colectiva, van creciendo aun cuando su creador muere. Es la leyenda que se forma a su alrededor.
Pero hay algo más. ¿Nunca habéis añadido vuestro granito de arena, vuestro punto de vista, vuestra habilidad mágica a la de ese héroe? Vosotros también hacéis al héroe.

Creo que el primer héroe que me encontré en mi vida (bueno, mi primer héroe fantástico), fue Odiseo.
Un antihéroe, más bien, que no es el héroe fuerte, sino el héroe inteligente y, con el paso del tiempo, como ya apunté en otra entrada, el héroe astuto y en absoluto bondadoso.

También se me presentaron otros héroes, que eran los dioses del Olimpo, que realmente no lo eran, puesto que eran eso, dioses.

Pero hubo una época en la que los héroes se me antojaban seres fuertes, buenos e inmortales. Y ese era el héroe que yo quería ver en las novelas.

Mis siguientes héroes, después de los griegos, serían los de la saga de “El Señor de los Anillos”. Aunque, tristemente, tengo pocos recuerdos vívidos de aquellas lecturas.
No obstante, es todo un misterio, pero el prototipo de héroe que yo buscaba en el momento de leer aquellos libros no era el que hasta entonces había buscado. No era fuerte, aguerrido ni valeroso; no era la personificación del bien; ni mucho menos era inmortal ni tenía las formas de procurarse la vida eterna.
Como a muchos sorprende, mi personaje más querido de “El Señor de los Anillos” es Sam. Un ser normal y corriente, pero fiel y lo suficientemente valiente como para dar su vida por los demás pese al miedo…

Pero no me marcaron tampoco aquellos héroes “veloces como el viento” o “fuertes como qué sé yo”…

Un tercer héroe fantástico que yo recuerde como tal, y cada vez más alejado del prototipo originario de héroe, fue Don Quijote.
La gente suele reírse cuando hablo de Don Quijote (quizá es por ese interés que no comprendo de desprestigiar los bienes nacionales mundialmente conocidos), pero a mí no me importa.
Don Quijote, no sé ni el motivo, fue un héroe. Un héroe de espíritu, es posible, pero un héroe al fin y al cabo.
Un señor mayor, con la cabeza más allí que aquí, con un aspecto más que extraño y unas ideas descabelladas. No era fuerte, sino anciano; era bueno, pero su bondad muchas veces acababa en un punto bien distinto al que buscaba; y más que aguerrido era temerario.

Y me da miedo alargar mi lista de héroes personales, porque cada vez se volvería más irreverente…

¿Alguien puede imaginar un grupo más dispar que Hércules, montando a Pegaso, seguido de Sancho Panza y su borrico y a lo lejos la sombra de Gollum? (esta frase no es mía, se la robo a alguien que no la ha pensado para animarle a sonreír)

Ahora, ¿qué decir de los héroes históricos?
La lista es interminable y hay muchos para elegir.
Los hay que los buscan crueles, los hay que los buscan extravagantes y los hay que buscan al bueno más admirable.
En mi opinión, los héroes históricos no siempre se eligen (o, más bien, se crean) de forma justa. Hay muchos héroes históricos anónimos y muchos que no son nada héroes, sino personas que supieron estar en el lugar de la foto, como quien dice…
Alrededor del héroe histórico se crea todo un mito muchas veces innecesario. Es posible que se borren datos escabrosos de su historia para hacerle más bondadoso o que se le atribuyan aficiones extrañas para tenerle más miedo.

Lo cierto es que el héroe histórico es a veces una pura mentira.
Y, sí, tenemos la certeza de que el héroe fantástico lo es, pero nadie nos hace creer que sea real (si bien hay quien cree en ellos…).

El último héroe al que descubrí no fue, ni más ni menos, que al que redescubrí.
Mucho antes de aprender a leer y mucho antes de que nadie me contara historia, tenía cerca de mis primeros héroes: los cotidianos. En el fondo, eso es lo que son nuestro padre y nuestra madre. Ellos lo pueden y lo saben todo.

Pero el héroe ficticio supera al real, que acaba decepcionándote porque es una persona tan limitada como tú, que efectivamente no lo puede todo. Y el histórico desbanca al ficticio, pues el nuevo héroe es el que lo tiene todo: el que lo puede todo y a la vez es real.

Y aquí es donde aparece el héroe inclasificable. El héroe sencillo, el héroe bruto, el héroe bondadoso y mortal. El héroe que pierde todo lo heroico para convertirse en el más fuerte.

Nunca antes había encontrado a un héroe igual.

¿Cómo puede ser un héroe un bruto y un sabio?
¿Cómo puede ser un héroe un animal y un padre?
¿Cómo puede ser un héroe implacable y tierno?
¿Cómo puede ser un héroe el que calla y ríe? ¿El que llora y besa?

Este héroe tiene nombre y apellidos y es mi prototipo de héroe, el que siempre había buscado cuando leía. Es ficticio, es bueno, es fuerte y tiene características cotidianas.

Su nombre es Caramon Majere.

Cuando empecé a leer los libros de la Dragonlance, he de admitir que fue por resignación. Yo había obligado a cierta personita a leer ciertos libros y, por lo tanto, tuve que leer ciertos otros como medida compensatoria.

Aunque no quiero que esto se convierta en una crítica a los libros de la Dragonlance, sí quiero dejar constancia de mi opinión (siempre tenemos opinión, ¿no es cierto?).
La verdad es que desde pequeña he leído libros bastante complicados. A los once años leí clásicos como “El Lazarillo de Tormes” o “La Odisea”, a los doce “La Ilíada” (aunque incompleto) y a los trece “El Señor de los Anillos” y “El Clan del Oso Cavernario”. Fuera de si son libros recomendables, de si gustan o de si entretienen, creo que son libros con cierta complejidad lingüística.
Por ello, cuando leí los libros de la Dragonlance (hará ahora un año), lo primero que pensé fue que los debería haber leído hacía mucho.
Me parecieron novelas ligeras, entretenidas, con argumentos bastante simples y personajes poco dibujados (hasta el punto de inventarme características físicas de los personajes que sí aparecían en los libros…). Sé que no es agradable leer esto cuando a uno le encantan estas novelas. Pero quizá gusta más que la novela pensar en cuándo uno la leyó…
Eso no quiere decir que no me crearan intriga o que no lo pasara bien. De hecho, leía media novela diaria cuando estaba en paro. Por otro lado, aprendí muchas palabras que no conocía (palabras relacionadas con el mundo de la guerra, por ejemplo).
Parece que no dejo títere con cabeza…
Por supuesto que las novelas tienen cosas positivas.
Sus creadores son otros héroes al crear un mundo entero, con sus razas y sus especies, con diferentes culturas, con diferentes modos de vivir… Yo no habría sido capaz de hacerlo nunca y nunca lo podré hacer.
Pero creo que cuando lo escribieron pensaban en un público adolescente definido.

Sin embargo, se les coló Caramon Majere en las novelas.

Caramon Majere es un personaje enternecedor, un personaje bruto y a veces tonto que, pese a ser un mercenario, no mataría a una mosca que vuela a su alrededor.
Caramon es un héroe originario, fuerte, lleno de músculos y bueno por naturaleza. A veces con menos inteligencia que un héroe prototípico…
¿Pero quién daría su vida por un ser odioso, un parásito, alguien que le odia a más no poder? ¿Quién protegería mientras duerme al que le intenta matar?
¿Conocéis al hombre que tropieza dos veces en la misma piedra? ¿Y conocéis al héroe que tropieza tres? Ese es Caramon Majere.
Se equivoca, maldice, prefiere no pensar cuando no entiende…

Pero crece.

Es el único personaje que crece a lo largo de las novelas. Envejece de forma real. Madura de forma real.
Se le quedan clavaditas en el corazón las astillas de las heridas que más duelen y, como cuando nos hablan de un mal recuerdo, le hacen daño. Cada vez que late su corazón se le clavan un poquito más adentro.
Pero madura, vive su vida (o lo intenta)… Es abandonado, es apaleado, es castigado sin motivo… Y no desea el mal.
Matan a sus hijos… Y no desea el mal.

Es un héroe que empieza a odiarse, un héroe que pierde todo lo heroico, que pierde su fuerza y su dignidad.
Sus músculos se vuelven grasa y sus casi dos metros de altura caen redondos al suelo de las borracheras.

¿Alguien ha visto alguna vez un héroe fantástico tan real y deprimente?
Pero no te decepciona ni le compadeces.
Piensas en él como en aquel amigo que llevó su vida por mal camino, o al que se la hicieron llevar, y sólo quieres que se recupere.

Por eso el héroe menos heroico, aquel que eructa, aquel que insulta, aquel que está podrido por dentro por culpa de una terrible enfermedad que se llama alcoholismo, no deja de ser un héroe.

“Leyendas de la Dragonlance” me parece más la historia de superación de un mortal mundano y corriente que las aventuras de un héroe, hijo de dioses, hijo de la magia o fuerte por naturaleza.

Mientras algunos verán intrigas eclesiásticas o luchas de gladiadores, yo veía a un hombre luchando por conocerse. Ese es el verdadero héroe.

Por eso es el héroe que me gusta abrazar.




Su buen corazón hace que consiga amigos con facilidad, aunque su ingenuidad a menudo saca de quicio a todos. Pese a todo, resulta ser un excelente compañero, tanto por su descomunal fuerza, como por su característica visión del mundo que le rodeaAQUÍ.

Caramon es abierto y honesto, amante de la diversión y jovial, atractivo y de constitución fuerte. Caramon piensa despacio y le hace falta una gran cantidad de tiempo para considerar una situación desde todos los ángulos antes de decidir cómo actuar. Tampoco se valora demasiado a sí mismo, principalmente debido a que su gemelo y todo el mundo le está diciendo siempre que es “lento y torpe”. La verdad es que es bastante inteligente, pero le falta confianza en sí mismo.
Caramon, sin sentir más que vacío en su interior, lo compensa sobreprotegiendo a su gemelo más débil e intentando vivir la vida indirectamente a través de su hermano.
En contraste con su gemelo, Caramon es la viva imagen de la buena salud. Es corpulento e inmensamente fuerte gracias a haber trabajado como campesino en su juventud. Es aficionado a la comida y a los aguardientes fuertes. Con su pelo ondulado y aspecto atractivo, también es el preferido de las mujeres, que se sienten atraídas tanto por su fuerza como por su naturaleza sensible. Aún así, Caramon sigue siendo fiel a su gemelo, incluso cuando Raistlin no parece merecer tal lealtad. A sus amigos les cuesta aceptar y comprender la relación de los gemelos y esperan que, algún día, Caramon se aparte de la sombra de su hermano
.” AQUÍ.

Caramon Majere es un coloso entre los hombres. Tiene 25 años y 6'3" pies de estatura. Pesa más de 220 libras, es enormemente fuerte y, básicamente, un arsenal andante. Al margen de su gigantesco físico, tiene unos enormes y cariñosos ojos azul claro y un largo cabello castaño. Las mujeres encuentran a Caramon increíblemente bien parecido, y sus numerosas cicatrices de guerra hacen que les resulte aún más atractivo. Con frecuencia, se puede encontrar a Caramon con una mirada confusa en su cara.
Caramon es un apacible gigante... cuando quiere. No obstante, en realidad es el mejor golpeando cabezas de goblin entre sí. Caramon tiene la tendencia a analizar excesivamente las situaciones. Esto provoca que normalmente parezca lento y torpe ante sus amigos, pero, si se le da tiempo suficiente, las conclusiones a las que llega son con frecuencia bastante profundas. Caramon tiene tres amores en su vida: las mujeres hermosas, la cerveza y su gemelo. El último de sus amores resultaría una equivocación.AQUÍ.

¿Quién quiere leer? Para quien le gusten las aventuras y los dragones. Y también para quien quiera conocer a un héroe.

El Orbe de los Dragones” me parece una web bastante buena.
Aquí podéis leer la opinión de otros lectores de “Leyendas de la Dragonlance” y “Crónicas de la Dragonlance”, que son los seis libros que yo he leído.

Hay mucho amante de Raistlin (por lo que ya hay aquí escrito, el “tercero en discordia” entre “mi historia y la de Caramon”). Yo creo que “Leyendas de la Dragonlance” (ya respondiendo a los lectores de El Orbe) no es la historia de Raistlin. Ni tampoco creo que sin él no hubiese habido historia. Cierto, no la habría habido, pero tampoco sin Caramon. Son las dos caras de una misma moneda. Y si a unos les atrae el personaje malvado, a otros les atrae el bondadoso. Personalmente, pocos personajes de ficción me han resultado tan despreciables ni tan odiosos como Raistlin. Y no es por su ansia de poder, que puedo comprender, sino por la forma de tratar a su hermano. Pero ahí está el valor de estas novelas. ¡Me hacen enfadar! Y si un libro me hace enfadar, eso es que transmite, ¿verdad?

Por último, había pensado incluir aquí la definición que yo tenía de héroe en mis apuntes, pero no es necesario buscar tanto. En Wikipedia hay un artículo muy interesante. También está muy bien el de “antihéroe”, con enlace en la misma página.

lunes, 7 de agosto de 2006

EN 2006, 60 ANIVERSARIO DEL BIKINI

Han pasado tres meses desde mi última actualización… Cambios en mi vida y, sobre todo, cansancio, han hecho que no haya vuelto a escribir nada, aunque realmente tenía ganas. Pensé en reciclar trabajos, traducciones, etc., pero no me convencía la idea. Es cierto que puede resultar igual de interesante para quien lo lee tanto si reciclo cosas ya escritas como si me pongo a investigar a ver qué encuentro en Internet, pero lo que a mí realmente me divierte es investigar. Husmear en webs, blogs y foros, en periódicos on-line y en páginas de publicidad. Hay un mundo maravilloso que descubrir en Internet.
Esta vez me he decantado por algo muy mío: el bikini. Adoro los bikinis, es agosto, es el cumple de la prendita y todo el mundo tiene algo que decir (si no, mirad en Internet, mirad).
Si ya lo había dicho antes, lo reitero ahora: este blog es para mis comentarios personales, con sentido o sin él, sobre las cosas de la vida que me alegran o me fastidian pero, sobre todo, que me alegran.
No quiero que mis entradas sean críticas o simplemente se conviertan en un lugar donde volcar mi rabia sobre las cosas que no me gustan.
Así que escribiré sobre algo no tan profundo, pero muy divertido y, sobre todo, que a mí me interesa. Empiezo con algo que me encanta y que muchos ya tienen el gusto de conocer como una de mis características: la moda. Qué se lleva, qué no se lleva, de qué están hechas las cosas, qué prendas dan más calor en verano, qué tipo de tacón va más con una falda… Frivolidades que a menudo nos hacen la vida más llevadera.

Pues bien, el bikini cumple 60 años.
Muchos hemos visto cientos de veces las mismas fotos de aquellas actrices y modelos famosas que lucieron por primera vez el bikini. Pero algunos, como yo, no sabíamos (salvo Marilyn Monroe) ni el nombre… Es lo que tiene la incultura del cine…

Pero, ¿qué hubo antes del bikini?
Como bien se apunta en alguna página web, ya había bikinis en la Antigüedad, como muestran unos mosaicos del 300 a.C. hallados en una villa siciliana (si queréis saber más, pulsad aquí y leed en inglés). Pero yo no me quiero remontar a aquellos tiempos…

Si alguien ha estudiado un poco la historia del turismo (aquí hay una buena referencia), sabrá que tuvo su origen en el siglo XIX, con la Revolución Industrial. Sin ella, no habría habido masificación en las grandes ciudades, trabajos aún más esclavos que los anteriores y los consecuentes movimientos a favor del trabajo digno y el descanso. Fue también en aquel entonces cuando se inventó la locomotora, medio de transporte masivo que facilitó el nacimiento del turismo para las clases medias (¿sabéis que se considera el primer viaje turístico el que realizó un grupo de personas para asistir a un congreso anti-alcohol? – qué distinto de las vacaciones etílicas de algunos en las Baleares…).
Pues bien, aunque parezca que nada de esto tiene que ver con el bikini o su primo mayor el bañador, lo tiene.
Antes de que las clases medias (existieran y) pudieran irse de viaje, sólo los ricos y los de sangre azul se permitían viajes semi-turísticos. Los viajes de balneario, tan de moda hoy en día, ya los hacían ellos entonces (podéis leer “Ana Karenina”, de Tolstoi) o los viajes de estudio, algo así como un Erasmus por toda Europa, eran una obligación entre los jóvenes varones “hijos de” (podéis leer “Frankenstein”, de Mary Shelley).
¿Nunca os habíais preguntado por qué los de alta alcurnia tenían la piel blanca como el mármol?
Estar moreno era un símbolo del populacho, que tenía que labrar los campos al sol, llevar los rebaños a pacer o bajar a lavar al río.
Por ello, cuando en el siglo XIX se empieza a ver a señoritingas por las playas de la Bretaña francesa todas llevan vestidos blancos de manga larga y hasta los pies y siempre se tapan la cabeza con una sombrilla a juego. No se trata de combatir el calor al modo de los nómadas del desierto, no. Lo que ocurre es que en aquel entonces se dice del mar que tiene un valor terapéutico y tiene un fin como el de los viajes a aguas termales y balnearios. Además, se viaja en invierno.

No me hagáis recordar en qué momento empezó a llevarse aquello del producto “sol y playa” porque no lo recuerdo. Sea como fuere, a nosotros nos vino de perlas. Será por playas en una península… Si en un principio se vendía el Cantábrico, después se pasó a vender el Mediterráneo…
Y llegó la conocida canción de Fórmula V, de una tal Eva María que se fue a buscar sol en la playa (y que, por supuesto, no olvidó su bikini de rayas), y llegaron las consabidas “comedias” tan típicas y tan conocidas por nosotros como la muerte de Chanquete, en las que los españoles se ponían las botas con las suecas que se paseaban en bikini por la playa (cosa que sé, de fuentes fidedignas, fue verdad: primero con el bikini y más tarde con el topless y el nudismo). Porque, salvo en lo del matrimonio homosexual, España siempre ha ido a la cola de Europa…

Pero antes de saltar a 1946 y al nacimiento del bikini, merece su espacio el bañador (aquí, historia resumida del bañador):
- 1890: Nace el primer bañador: Se constituye de camisa pantalón y calcetines para el hombre y la mujer.
- 1915: Desaparecen los calcetines de la vestimenta de playa, pero las mujeres todavía se ponen camisones, camisas largas y faldas para bañarse. Sin embargo los hombres pueden lucir pantalones cortos.
- 1930: Año en el cual aparece el primer bañador femenino propiamente dicho. Elaborado con lana, su escote en forma de camiseta y los pantalones deberán cubrir los muslos. Esta prenda mojada pesa más de tres kilos. En este mismo año Coco Chanel pone de moda el bronceador del rostro.

Volviendo al 5 de julio de 1946, tras el intento fallido del francés Jacques Heim de popularizar el “átomo”, nombre que le dio a su prenda de baño por su ínfimo tamaño, fue su compatriota Louis Réard quien realmente suscitó la esperada polémica.
Réard bautizó el dos piezas con el nombre del Atolón Bikini de las Islas Marshall, donde desde aquel año y hasta 1958 EE.UU. realizaría pruebas con bombas de plutonio. Tal era el “bombazo” que el creador del bikini esperaba.
Pero el bikini no era una prenda casta que cualquier mujer pudiera llevar en la playa. Ya lo indicaba el hecho de que Réard no consiguió una sola modelo que quisiese ayudarle a promocionar la prenda. Fue Micheline Bernardini, una bailarina del Casino de París, la única que aceptó la oferta.



Los estadounidenses decían del bikini que era “tan pequeño que revelaba todo acerca de una chica salvo el nombre de soltera de su madre”. La actriz estadounidense Esther Williams diría: “Un traje de baño es la menor cantidad de ropa que puedes llevar en público, así que será mejor que te lo pienses. Un bikini es un impulso que ni siquiera se piensa”. En 1951, los bikinis se prohíben en los desfiles tras el Concurso de Miss Mundo.
Pero también hubo quienes apoyaron el bikini. La figura de Brigitte Bardot fue clave en su promoción en las playas de Saint Tropez y Cannes (Francia) y después en la película “Y Dios creó a la mujer” en 1957. Lo mismo ocurriría con muchas canciones en EE.UU., que llevarían el bikini a los oídos de muchas jóvenes.







Aún así, el uso habitual del bikini no llegaría hasta los años 60. Dicho uso fue favorecido especialmente por la invención de la lycra, con la que llegan los primeros bañadores elásticos y, sobre todo, menos pesados que los de lana o algodón, en lo que a comodidad se refiere.

Pero el mayor problema, como reflejan los comentarios de la gente y las prohibiciones, fue la ética. Los regímenes español, griego y portugués, mucho más cerrados, fueron mucho más tardíos a la hora de abrirse al bikini y al escote en la moda de baño.

Una prenda mucho menos conocida y aún más provocadora se inventó poco después, en 1964. Fue el estadounidense Rudi Genreich quien dio vida al monokini, la primera forma de topless. Como se aprecia en las fotos, es una especie de braguita de baño con tirantes, lo que hoy compararíamos más con un trikini picante que con hacer topless.



Y el bikini va ganando adeptos.
En 1966, Raquel Welch luce su bikini en “Hace un millón de años”. Qué decir tiene que el bikini se ha convertido en una prenda más en el camerino de las estrellas: Ursula Andress (en 1962)o Halle Berry (en 2002) como chicas Bond, Carrie Fisher (en 1983) como la Princesa Leia… o Halle Berry (en 2002) como chicas Bond, Carrie Fisher (en 1983) como la Princesa Leia…


Pero hay unas prenditas que le van ganando terreno al bikini, aunque son para las más atrevidas (que no para las más guapas).
Se trata del tanga y del microkini (ni siquiera sabía que existía esta última palabra).
El tanga es muy muy conocido, y no sólo como ropa interior. Ya es un elemento más del ligoteo en la costa de Levante, sobre todo para las que se han pasado todo el invierno dándose rayos uva (algo que me parece malísimo, pero allá cada cuál).
¿Y quién tuvo la idea? ¿Quién creó el tanga? Como ya imaginábamos o sabíamos, el tanga proviene de Brasil. Y la idea fue de Carlo Ficcardi, allá por 1974. Personalmente, no creo correcto considerarle un creador puro, ya que es más obvia la existencia ancestral del tanga que la del bikini (sino, sólo pensad en los nativos de Suramérica o África). Eso sí, es revolucionaria la idea (igual que sucedió con el bikini) de proponer que una prenda de ese tipo se exponga en una cultura como la occidental, si bien el tanga vio el camino un poco más allanado.
Acerca del microkini, es esa prenda tan minúscula (a eso sí que lo imagino como “átomo”) que, cuando la ves en la playa (sin saber, por supuesto, que tenga nombre propio), te preguntas cómo hace esa chica para que no se le vea el vello… Cuando la respuesta es más que obvia…

Así que ahora conozco muchas más prendas de baño de las que jamás creí que pudieran existir, y todo poco después de serme desvelado lo que es un trikini (a mi modo de ver, un bikini que no es bikini porque no hay dos piezas, sino una única o dos unidas por una tercera – que normalmente no se puede separar –, y que tampoco es bañador porque no cubre lo suficiente). Es decir, aquello que uno no sabe muy bien lo que es (¡y a veces ni cómo se pone!) pero que es bastante divertido para la vista y, supongo, para desnudarse después de haber tomado el sol…

Como en casi todo hoy en día, se puede aplicar a los trajes de baño aquello de “el libro del gusto Dios lo dejó en blanco” (dicho de mi abuela que me parece muy original, aparte del de “para gustos los colores”, que viene a decir lo mismo).
Las hay que prefieren el bañador deportivo, las hay que prefieren llevar un micro-tanga y “las habemos” que nos gusta volver al culotte.
Y es que las modas vienen y van, y con la que vuelve vienen los estampados geométricos e hipnotizantes, que conviven con los hibiscos surferos, o los bikinis con cinturón, que conviven con los tangas de “hilo dental”.

Y, ahora, para abroncar un poco a muchos (y muchas, ojo) internautas, diré que el tanga nos está “prohibido para gordas”, ni “prohibido para celulitis” ni “prohibido para feas”.
Por ahora no veo en las playas de Marbella ni a Pamela Anderson ni a Carmen Electra, pero tampoco a Jose Solano ni a Jason Momoa (más desconocidos por eso de que no llevaban pecho de silicona). Sin embargo, sí veo a los David Hasselhoff a los que nadie prohíbe la entrada. Hombres peludos, barrigudos, calvos…
Sí, es que la mayoría de la gente no somos perfectos. Ni yo, ni ellos, ni ellas.
Tenemos estrías, tenemos celulitis, tenemos barriguita… Si no lo tuviésemos, probablemente tendríamos playa privada… o las habría con problemillas.
¡Animo a cada cuál a vestir con lo que más a gusto se encuentre! Son las chicas guapísimas que promocionaron al cumpleañero bikini las que hoy le sacan unos cuantos añitos…

Unas cuantas webs más:

La historia del bikini en imágenes”, de Stilo (Noticiasdot.com)

Más fotos, estas de 20Minutos.

Sobre la historia del bikini.

Y un reportaje más.

domingo, 23 de abril de 2006

Un Mundial de Fútbol, rap-celta francés y clases de historia

Seguro que todos nos hemos preguntado siempre por qué las dos asignaturas más aborrecidas durante nuestros años de instituto eran Matemáticas e Historia de España. Bueno, quizá muchos temíais que llegaran las clases de Lengua e Inglés, pero ese no era mi caso.
Bueno, los misterios son fácilmente desvelables, es decir, no son tales misterios.
De un lado, las Matemáticas se vuelven incomprensibles y aburridas porque en muchos casos memorizamos procesos de acciones sin comprender lo más mínimo el por qué de dichos procesos. Y cuando una profesora maravillosa de Física que dedica su vida a enseñar Matemáticas nos acerca a la utilidad y realidad de la Matemática, ya es demasiado tarde, pues después de años de memoria sin sentido esas fichas de puzzle que pertenecen a puzzles diferentes ya nunca más se podrán adaptar y unir.
De otro lado, la Historia es la asignatura que logra convertir nuestras sillas de madera astillada con tornillos semioxidados en mullidas y dulces camas que nos invitan al sueño. Pero… ¿¿¿¡¡¡por qué!!!???
Pareciera que los profesores de Historia salen de la facultad con un sinfín de cronologías aprendidas que recitan sin cesar en sus clases. Jamás explican quién se lió con quién en la monarquía, quién murió de sífilis o quién mató a su hermano para llegar a rey. Prefieren mostrar un azul árbol genealógico que los alumnos debemos memorizar sin ton ni son (algo así como si de derivadas y funciones se tratara…). Algunos hay que hacen la clase algo más amena, pero se ve que los institutos se los rifan.
Entre dichos profesores, los hay especialmente particulares, como mi antiguo profesor de “Historia de España”.
Vistiendo una gabardina caqui, gorra azul marino tipo “Super Mario”, zapatillas Victoria a juego con la gorra y barba y bigote rubios, apareció en nuestra clase para explicarnos nuestra historia, desde los íberos hasta la Restauración (como siempre, no pasamos ni a la Segunda República). Era curioso que se cambiaba de jersey de lana con pelotillas cada lunes y de pantalón de tergal cada mes.
Lo realmente increíble es que no llegaba a los 35 años ni mucho menos. Un profesor realmente peculiar.
Pero sus clases se nos hacían bastante interesantes. Mezclar su vestimenta con las preguntas irreverentes de mi compañera de mesa (que cambiaba intencionadamente la palabra “cardingo” por “canguingo”), con su repetida frase “y su reino se derrumbó como un castillo de naipes” o con los bocetos que hacíamos de él en la pizarra, eran una especia que aderezaba esas horas.
Pero hasta que no comenzó la asignatura de “Historia Contemporánea (Mundial, habría añadido yo)”, la cosa no se ponía interesante (porque, más que nada, a mí las intrigas internacionales y demás son de lo que más me interesan).
Nunca hay videos ni libros entretenidos que nos acerquen la historia de pequeños.

En 1998 fui a Francia de intercambio. Fue realmente divertido.
Nunca olvidaré el partido de fútbol en que España fue eliminada del Mundial, que fuimos todos a ver en un parking de Nantes donde habían instalado una televisión gigante.
Ni olvidaré dos recuerdos que me traje aquel junio.
El primero fue una camiseta roja de talla minúscula (como vestía entonces, enseñando la tripa) conmemorativa del Mundial “France ‘98” que compré en el “Auchamp” (que no en el “Alcampo”). Aún la guardo. No ha perdido el color, pero no me la pongo para que esté perfecta para su décimo aniversario y poder ponérmela entonces.
El segundo fue el single “Panique Celtique” de “Manau”.
Además de series de risa tipo “El príncipe de Bel-Air” de las que no entendía ni papa, vi varias galas musicales en la televisión francesa (más asequibles a mi nivel). Nunca había imaginado que lo que más triunfaba en Francia era el rap. Estuvimos en el “Festival de la Musique” en Nantes, con conciertos en directo al aire libre en las avenidas y puestos de refrescos y comida rápida. Allí nos tomamos unos refrescos, vimos rastafaris y oímos mucho rap.
Cuando vi a Manu en la televisión, la chica con la que hacía intercambio me explicó: “son unos chicos que mezclan la música tradicional celta con el rap”.
Una verdadera maravilla.
Cuando fuimos a Fnac, no pude evitar comprarme aquel single.
La música es realmente buena, pero la letra lo es más. “La tribu de Dana”. Aparte de la felicidad de entender la mayor parte de la letra la primera vez que lo escuché, es que me encantó. Me costó mucho encontrar la forma de comprar los discos desde aquí, pero ahora sí que los he encontrado. De seguro que me los compraré, por lo menos el primero.


Le vent souffle sur les plaines de la Bretagne armoricaine.Je jette un dernier regard sur ma femme, mon fils et mon domaine.Akim, le fils du forgeron, est venu me chercher;Les druides ont décidé de mener le combat dans la vallée.Là où tous nos ancêtres, de géants guerriers celtes,Après de grandes batailles se sont imposés en maîtres.C'est l'heure maintenant de défendre notre terrecontre une armée de Simériens prête à croiser le fer.Toute la tribu s'est réunie autour des grands menhirspour invoquer les dieux afin qu'ils puissent nous bénir.Après cette prière avec mes frères, sans faire état de zèle,les chefs nous ont donné à tous des gorgées d'hydromel,Pour le courage, pour pas qu'il y ait de faille,Pour rester grands et fiers quand nous serons dans la bataille.Car c'est la première fois pour moi que je pars au combatEt j'espère être digne de la tribu de Dana.
Après quelques incantations de druides et de magie,Toute la tribu, le glaive en main, courait vers l'ennemi.La lutte était terrible et je ne voyais que des ombres,Tranchant l'ennemi qui revenait toujours en surnombre.Mes frères tombaient l'un après l'autre devant mon regard,Sous le poids des armes que possédaient tous ces barbares,Des lances, des haches et des épées dans le jardin d'Edenqui écoulait du sang sur l'herbe verte de la plaine.Comme ces jours de peine, où l'homme se traîneÀ la limite du règne du mal et de la haine.Fallait-il continuer ce combat déjà perdu ?Mais telle était la fierté de toute la tribu.La lutte a continué comme ça jusqu'au soleil couchant,De férocité extrême en plus d'acharnement;Fallait défendre la terre de nos ancêtres enterrés là,Et pour toutes les lois de la tribu de Dana.
Au bout de la vallée on entendait le son d'une corne,D'un chef ennemi qui rappelait toute sa horde.Avait-il compris qu'on lutterait même en enferEt qu'à la tribu de Dana appartenaient ces terres ?Les guerriers repartaient, je ne comprenais pasTout le chemin qu'ils avaient fait pour en arriver là,Quand mon regard se posa tout autour de moi,J'étais le seul debout de la tribu ; voilà pourquoiMes doigts se sont écartés tout en lâchant mes armes,Et le long de mes joues se sont mises à couler des larmes.Je n'ai jamais compris pourquoi les dieux m'ont épargnéDe ce jour noir de notre histoire que j'ai contée.Le vent souffle toujours sur la Bretagne armoricaineEt j'ai rejoint ma femme, mon fils et mon domaine.J'ai tout reconstruit de mes mains pour en arriver là,Je suis devenu roi de la tribu de Dana.



Es una maravilla que un primer disco tenga letras tan buenas. Y es genial también que hayan tenido buenas letras, movidas y además pegadizas, en un segundo disco del que he oído parte.

Es otra visión de los bigotes rubios de Astérix o de mi profesor de historia hablándonos de íberos y celtas, de suevos, vándalos y alanos, de cartaginenses, de fenicios, de bereberes y almohades…

Hoy en día, entre canciones de rap-celta, comic de Astérix y juegos de cartas en los que aparece Vercingétorix, rey galo, me hago una ligera idea – quizá errónea - de cómo pudieron ser los celtas galos.
Pero no tengo ninguna idea, ni errónea ni correcta, de cómo podían ser los íberos hispanos. No les pongo cara, y creo que eso es importante.

Quizá un poco de comic o música orientados a la historia de España harían que no hubiésemos pasados clases y clases copiando apuntes (dictados hasta el punto y la coma) mientras dormitábamos.


Panique celtique - Album CD - 1998 - Polydor :
Intro
La tribu de Dana
L'avenir est un long passé (nouvelle version)
Panique celtique
Le chant des druides
Faut pas tiser en Bretagne
Le chien du forgeron
La confession
Un mauvais dieu
Mais qui est la belette ?
Je parle
Mais qui est la belette ? (remix)
L'avenir est un long passé

Fest Noz de Paname - Album CD - 2000 - Polydor :
L'intro
Tout le monde...
Faut pas faire chier Mémé
La poupée
Dafunkamanau
Je jazz les couleurs
Ca fait du bien
Fest Noz de Paname
Feu follet
Un type bien
Dernier combat
J' Dédicace
Des kilos
De Brunau à Mano

On peut tous rêver - Album CD - 2005 - Polydor :
Con j'pense
Qu'est ce qu'on fait de nous ?
C'était une belle journée
Je sens que j'avance (Le bouzier)
On peut tous rêver
J'aime ce stylee
On ne rigole pas pour une triplette
Le beurre salé
On a mis du temps (Breizh-île)
Farouest
Une génération
Je parle II


Biografía de Manau.

Letras de sus canciones.

Astérix” en Wikipedia.

Vercingétorix, rey de los auvernos (Wikipedia).
Vercingétorix, en “Seditio”.
Vercingétorix, en francés.

miércoles, 29 de marzo de 2006

SUBLIME, YASUNARI KAWABATA

No creo que entendiera realmente el significado de la palabra “sublime” hasta haber leído esta novela.
¿Por qué la leí?
En primer lugar, no habría ni que decirlo, porque es un autor de renombre.
En segundo lugar, porque vi una película basada en uno de sus libros y me encantó.
En tercer lugar, porque una muy buena amiga me recomendó esta lectura.
La película era “El clamor de la montaña”. Una película que despierta cariño, que rezuma encanto. La historia del amor que no existe pero que debería haber existido para hacer feliz a una buena mujer. La historia de amor entre dos personas que no se pueden querer. Ni un “te quiero”, ni un beso, ni un abrazo. Las miradas, el afecto y la protección que velan un amor que no es que no sea imposible, es que nadie lo plantea. Además, tiene el encanto de las películas en blanco y negro, de las faldas que llegan entre la rodilla y el tobillo, de los hombres mayores con bigote y sombrero, de las calles de tierra (no asfaltadas), de las bandas sonoras relajadas y apenas audibles. Ahora sólo recuerdo, entre los personajes, a un señor japonés (con bigote y sombrero) y a una chica a la que le pongo, porque no lo puedo evitar (y que me perdone el cine), la cara de una famosa actriz estadounidense.
Después de algo tan sencillo, casero y familiar, con tanta emoción contenida, no podía evitar buscar una novela de Kawabata.

“Lo bello y lo triste”. “Utsukushisa to sabishisa to”.
Qué bien traducido el título. Porque “Belleza y tristeza” no podría haber estado menos equivado; “belleza y tristeza” tienen un sexo (el femenino), pero “lo bello y lo triste” es más universal, está más cerca del corazón de todos nosotros.
“Lo bello y lo triste” es lo que puede sublimar.
“La pasión y el dolor” son dramáticos, nos hacen sentir, nos hacen excitarnos o llorar.
Pero “lo bello y lo triste” pincha aquello que llevamos dentro sin llegar a hacer un agujero, sin abrir ese camino que nos hace mostrar nuestros sentimientos, sin sacar lo que “la pasión y el dolor” sacan.
“Lo bello y lo triste” es la lágrima que nos asoma en el ojo pero que nunca cae, porque cuando pasa el momento se reabsorbe… Y dentro queda como el eco en nuestros oídos: con ese sentimiento que rebota en las paredes de nuestro cuerpo, sin poder escapar.

Eso es lo que nos sublima. Eso es lo que remueve el agua pero no la agita.
Eso es lo que nos deja a punto de reír o llorar, sabiendo que no hay nada tan bello… ni tan triste… a la vez.




No me importan ni el señor Oki ni la pintora Otoko (personificación de “lo aborrecible y lo indiferente” – lo siento por quien pueda ofenderse, pero esa es mi opinión).
La personificación de “lo bello y lo triste” (o “lo sublime”) es, sin duda, Keiko.

Con Keiko asocia la persona que comenta el libro las palabras “amor y destrucción”. La novela tiene algo de esto, pero quizá sea exagerado. Más bien, como dice después, está “entre la ternura y la obsesión, la serenidad y el arrebato”.

Nunca vi en un libro algo tan bello como un mordisco que expresa amor o algo tan triste como un paisaje nocturno divisado desde un balcón de un restaurante.
Nunca vi en un libro algo tan bello como una mano que agarra a otra y la arrastra al sol, ni tan triste como una mujer resignada a la infidelidad.

Y nunca vi, fuera de esas películas estadounidenses en blanco y negro o “El sabor del saké” (de Yasujiro Ozu) un diálogo tan sencillo y tan logrado al mismo tiempo.
Las palabras más enrevesadas son el camino más difícil; las más sencillas son las más certeras.
Nunca vi unas palabras tan dulces y tan patéticas que expresasen mejor lo que late en el interior del ser humano en el justo momento en que no sabe si reír o llorar.

Nos hace revolvernos el fuego, pero nos subliman las brasas.
El fuego calienta, atrae; pero quema si uno se acerca demasiado.
Las brasas atraen; calientan lo justo, pero no queman. Así es “lo bello y lo triste”. En la brasa gris se ve, refulgente como el verde en las luciérnagas, el rojo vivo de lo que nos sublima. Es bello ese rojo que no se ve del todo, pero es triste saber que no durará.

Son bonitos dientes y cejas. Pero no ojos y boca. Eso es sublime. Eso es lo que no todo el mundo es capaz de ver.

Adoro las palabras de Keiko.

“Me pregunto si este cuadro realmente puede provocarle sueños.”
“Me temo que voy a sentirme tentado de soñar con usted.”
“¡Ay, por favor, hágalo! ¡Sueñe conmigo todo lo que quiera! Pero aún no ha hecho nada para soñar conmigo, señor Oki.”

(hablando de los delfines)
“Los persiguen hasta obligarlos a acercarse a la costa, y entonces los hombres se tiran al agua y los agarran a mano limpia. Los delfines no resisten que les hagan cosquillas bajo las aletas.”
“Pobrecitos.”
“Me pregunto si una chica bonita lo resistiría.”
“¡Qué idea tan absurda! Creo que se defendería a arañazos.”

“Deberíamos darnos un baño antes de cenar. ¿Quiere que juguemos a los delfines?”
“¡Qué cosas tan ridículas dice usted! ¡Se da cuenta de que me está equiparando a un pez! ¿Es necesario que se ponga grosero? ¡Jugar a los delfines!”

Keiko es capaz de gritar el nombre de otra persona cuando hace el amor.

“¡Basta! ¿Por qué me mira así?”
“¡Qué bonitas pestañas tiene usted!”
“Son auténticas. Tire y verá.”

“Me gustaría que me lleve a dar un paseo en bote por el lago Biwa. No es necesario que sea mañana.”
“No se me dan muy bien los botes.”
“A mí sí.”
“¿Y sabe nadar?”
“¿Por si naufragamos? ¡Usted podría salvarme! Lo haría, ¿no? Me aferraría a usted.”
“Si se aferra a mí no podré salvarla.”
“¿Y qué tendría que hacer?”
“Yo la mantendría a flote rodeándola con un brazo por detrás…”
“No me importaría que el bote volcara.”
“No estoy muy seguro de poder salvarla.”
“¿Y qué sucedería si no pudiera salvarme?”
“¡No diga esas cosas! Cambiemos de tema.”
“¡Pero es que me había hecho tantas ilusiones!”

Keiko es capaz de prohibir a un hombre que le toque uno de sus pechos.

“A mí me encantan las orejas de la gente. Raro, ¿no? Me he convertido en una experta en limpieza de orejas. ¿Alguna vez me dejarás hacerme cargo de las tuyas?”

Keiko muerde el brazo que la abraza, la mano que la acaricia. Habla de crueldad y sacrificio y al mismo tiempo es capaz de colocar en su cara una sonrisa infantil y abrumadora.

Perturbador.
Para quien no haya leído el libro, que no lea lo siguiente:
“De modo que usted es la que hizo matar a mi hijo”. …
Keiko abrió los ojos. Las lágrimas seguían brillando en ellos cuando miró a Otoko.

En “La máquina del tiempo” (una revista de literatura):
Algunos libros de Kawabata.
El inútil esfuerzo de lo bello”, por Amalia Sato.

Yasunari Kawabata, Premio Nobel.

Esta vez no he encontrado webs tan buenas como en entradas anteriores.
Revolveré mis apuntes este fin de semana y quizá alargue este texto.